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- El monitor se pasea por el cine.
- La batalla de los sexos. Sabia iniciación al Zen.
- Tres para comerse el cable.

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Marina Baura

Auténtica

Su rostro está grabado en la memoria de la mayoría de los venezolanos. Lejos de las cámaras de televisión desde hace 17 años, la primera actriz venezolana abre las puertas de su casa para contarle a Estampas sobre su actual incursión en el mundo de la radio, y sobre cosas de las que nunca había hablado públicamente. Idalia De León

Punto de partida
"Nací en Galicia, en un pueblito muy lindo llamado Santa María Madre, pero viví todo el tiempo en un pueblo llamado Celanova. La verdad es que llegué a Venezuela por razones ajenas a mi voluntad, porque son los padres los que marcan nuestra vida en ciertas edades, de manera que mi hermano y yo tuvimos que seguir ese destino". Su hermano se llama Jesús y vive con ella.
Marina Baura comenzó su carrera artística por el año 62 ó 63, la fecha no la recuerda con exactitud. Fue modelo, bailó por un mes en El show de Renny, aunque "no sabía bailar"; y tiempo después grabó un comercial de Cerveza Caracas. Hizo de todo un poco. Al mismo tiempo estudiaba arte dramático con Paul Antillano, quien tenía una academia que se llamaba Carmen Antillano. "Realmente lo que me gustaba era la actuación. Como modelo yo era muy mala", señala.
El interés por la actuación no sabe por qué lo llevaba en las venas, puede ser que de vidas pasadas, comenta risueña.
Su primer trabajo fue en Casos y cosas de casa, donde hacía de una mucama que le provocaba celos a América Alonso. "Tenía que decir 'Sí, señor', 'No, señora' y me temblaba todo". Más adelante estuvo con Chuchín Marcano haciendo un programa en vivo, después con Simón Díaz en La Quinta de Simón. Luego vino Madre Soltera, protagonizada por Amelia Román y Jorge Félix. Este trabajo me emocionó mucho porque era la primera vez que me daban un papel importante. Después de esto vino Lucecita, mi primer protagónico".
Abre la puerta de su casa con los pies descalzos y ataviada con un discreto traje hindú de color negro. Limpia de maquillaje y de afeites, Marina Baura resulta tan cercana como una amiga, como una hermana. Viéndola así ya no es posible identificarla con las mil y una pelucas que le exigía la moda de los setenta, ni con los gestos severos que le imponían algunos de los personajes que interpretó. Así, Marina Baura es como ella misma dice, una mujer de carne y hueso. No es más que Julia Pérez, la chica que nació en Galicia, y que llegó a Venezuela a los 15 años, cuando no sabía que en las líneas de su mano se leía un destino brillante lejos de su tierra natal.
Se desplaza con ligereza, se sienta, o más bien se deja caer sobre uno de los sofás que se agolpan en su casa, esa, que durante 30 años ha ido decorando y redecorando, que ha ido llenando de objetos, de cuadros y de recuerdos de sus muchos viajes que hizo alrededor del mundo. No busca poses ni gestos prefabricados. Sonríe, muestra su todavía juvenil sonrisa. No hay duda: Marina Baura es una señora bonita.
Se presta con gusto a la entrevista viendo a los ojos serenamente, y con ese gesto seguro y confiado de quien viene de regreso de librar más de una batalla. Le inquieta un poco la sesión de fotos para Estampas que se hará al día siguiente, pues ésta la reta a ponerse en manos de un estilista. Se resiste, y manifiesta que ella misma hará en su rostro lo que tantas veces hicieron los maquilladores de televisión, y que ella aprendió a hacer bien.
Por estos días se siente contenta y cómoda porque, entre otras cosas, está actuando nuevamente sin necesidad de tener que lucir un vestuario. Se encuentra haciendo algo en lo que no había incursionado nunca y es trabajar para la radio. Específicamente, está dejando escuchar su voz en el espacio Clásicos Radiales, que se transmite por Mágica 99.1 FM y que cuenta con la producción de Alberto Cimino. "Primero me pidieron que hiciera La Loca Luz Caraballo y luego La dama de las Camelias. La verdad es que se me ha hecho muy difícil porque yo nunca había hecho radio, pero afortunadamente tenemos la ayuda de los directores que te dicen 'repite', o bien, 'dale más lento'. Es un trabajo muy grato, diferente, tranquilo, sin maquillaje".
Esta actividad la ha reencontrado con un oficio que había abandonado hace más de 16 años, y del que a veces siente nostalgia. "Realmente yo no me retiré, sino que las circunstancias me llevaron a salir de la televisión", aclara. "Más bien yo podría decir que mi alejamiento pudo haber sido por Doris Wells. ¿Qué cómo es eso? En esa época Doris se había retirado abruptamente de una producción de Radio Caracas, así que me llamaron para sustituirla. Yo le pregunté a Doris que cuál inconveniente había tenido con el proyecto, y me dijo que el papel no se ajustaba a lo que le habían ofrecido. Recuerdo que le dije: 'Lo que es bueno para Doris es bueno para Marina, lo que es malo para Doris, es malo para Marina; yo no voy a hacerlo'. Eso marcó una pauta para retirarme por un tiempo de la televisión. De manera que, aprovechándome de algunas circunstancias personales, renuncié a mi contrato y me retiré. Creo que es la primera vez que hablo sobre esto, y lo digo porque a veces la gente especula cosas y saca muchas conclusiones. Decidí renunciar al contrato porque no quería verme obligada a hacer algo que una actriz de categoría rechazó. No me parecía justo. Así que me dediqué a vivir mi vida".
De la decisión que tomó no se arrepintió. No niega que a veces siente un poco de nostalgia. Sin embargo, esa nostalgia no la ha atormentado ni le ha quitado el sueño, de hecho, la mayoría de las anécdotas las ha ido borrando con el paso del tiempo, pero sí recuerda con cariño a personas como María Teresa Acosta, José Bardina, quien también ha sido su buen amigo, a Raúl Amundaray, a Gustavo Rodríguez. "De esa época conservo algunas amigas, como Marisela Berti y Carmen Victoria Pérez. Tuve a mi lado gente que he admirado mucho como la señora América Alonso, Amelia Román, Jorge Félix, Orángel Delfín, quien ya no está entre nosotros y quien me ayudó mucho; Paul Antillano y Juan Lamata, que fue mi director de toda la vida. Todos ellos fueron mis maestros".
Contra la pared
¿Qué le agradece a la vida?
"Uno siempre tiene que agradecerle a la vida el haber nacido. El estar aquí, por amanecer cada día".
¿Dónde quisiera estar ahora?
"Acá. Ahora estoy acá porque debo estar aquí y me siento muy bien. Cuando deba ir a otro lugar, iré a otro lugar".
¿Sin qué no puede vivir?
"Sin el aire, sin el sol, sin la brisa, sin eso no se puede vivir. Tienes que respirar y respirar lo armónico, y sacar de la mente lo que nos venga para mal".
¿Cuál es la palabra que mejor describe a su país?
"Lamentablemente es incomunicación. Hay mucha violencia y muchos deseos de parte y parte de querer ganar. Y yo me pregunto si alguien piensa en Venezuela. La verdad es que hay varias palabras, y yo diría que la que la describe mejor es pobre Venezuela".
¿Su mayor pérdida?
"La muerte de un amigo que se llamó Juan Lamata".
¿A qué le tiene más miedo?
"Hoy en día no le tengo miedo a nada. ¿Miedo de que le pase algo a un ser querido? No puedes hacer nada al respecto, así que para qué tener miedo".
¿Su peor vicio?
"Qué lástima, siempre he querido tener vicios. En un tiempo me gustó mucho la cerveza, pero ahora la tomo sin alcohol. Ya no fluyo en esa energía".
¿Un plato?
"Las frutas ácidas".
¿Un perfume?
"De flores, de jazmín".
¿Una canción?
"Te puedo decir un compositor: Alejandro Sanz".
¿El talento que más envidia?
"La sabiduría".
¿Un amuleto?
"Las piedras, aunque yo no las llamo amuleto".
¿Un libro indispensable en su vida?
"Los de Sai Baba. En estos momentos son indispensables".
¿A qué le huele su infancia?
"A campo, a árboles, a fruta".
¿Qué le hace perder el control?
"Algunas necedades y tonterías que no me parecen justas, hacen que explote. Soy un poco como el Alka Seltzer".
¿A quien le pediría un autógrafo?
"Es muy difícil lo que yo quiero: a Dios".
¿Bajo las órdenes de cuál director de cine le hubiese gustado trabajar?
"Antes, con Spielberg, ahora elijo a Robert Redford".
¿Una película?
"El señor de los caballos, por su simpleza".
¿Qué obra de arte le gustaría poseer?
"El techo de la Capilla Sixtina".
¿Qué le preguntaría a Dios?
"¿Por qué no me firmas un autógrafo?".
¿Cuál sería el título de su autobiografía?
"Siempre en el centro. No me refiero a siempre en el centro de la gente, sino siempre en el centro del ser".

¿Con cuál personaje el público la recuerda más?
"Mucha gente recuerda Lucecita, con José Bardina, otros recuerdan a La Indomable, La Usurpadora, también la última que hice, Emperatriz. También recuerdan Natalia de 8 a 9, porque marcó un cambio en la temática de las telenovelas. Esa me trajo muchas satisfacciones. Fue una novela corta, y por cierto tuvo bastante problemas por parte de la censura, la cual nos impedía el uso de palabras como amante, por ejemplo".
¿Cuál fue el personaje que le costó más representar?
"Yo diría que Doña Bárbara, porque yo no estaba muy en tipo que se diga. Estaba muy delgada. Me costó un poco de trabajo, al igual que todo lo que vino después: Canaima, Sobre la misma tierra. De resto, todas las novelas han tenido su nivel de exigencia".
¿Qué recuerda de su trabajo con Doris Wells en el unitario La hora menguada?
"Eso fue algo muy bonito, lo hicimos en Sanare, Estado Lara. Todo el equipo trabajó muy bien, bueno, yo en realidad no tengo queja de la gente con la que he trabajado y espero que ellos tampoco hayan tenido queja de mí. Pero con la señora Doris Wells, aunque era la primera vez que trabajábamos juntas, me sentía muy bien. Logramos un buen trabajo a pesar de que sabía que la gente decía muchas tonterías, como que yo no me llevaba bien con ella y viceversa. Y todo ese comentario era muy tonto, porque ¿cómo ibas a rivalizar en un mismo canal donde tú estás protagonizando una novela y yo la otra? Pero es mejor dejar eso en el pasado. Me sentí muy honrada en trabajar con ella. Nosotras nos conocíamos como compañeras de trabajo, nunca cultivamos una amistad, pero sí cordializábamos".
¿Cómo vivió la popularidad en la época de mayor esplendor? ¿No se le hizo pesado?
"Hubo un momento de mi vida en que no lo supe manejar muy bien. Cuando estás empezando sientes que le debes todo al público. Pero cuando llega el momento en que tienes que dar mucho más, empiezas a sentirte agobiada. Me preguntaba si la solución era salirme. Así que decidí apartarme. En aquella época hacíamos una novela tras otra, las vacaciones no existían. Eran 20 días continuos de grabación, descansabas un poco y después seguías. Yo recuerdo que cuando hicimos La Usurpadora, nos quedábamos hasta las cuatro de la mañana. Yo no paré nunca desde que empecé. No corrí con la suerte que corren los artistas de hoy que descansan un año y después vuelven".
¿Cuándo decidió volver?
"Marte TV era una productora que estaba comenzando y a la que yo estaba muy ligada a título personal, así que pensé que yo podía servir de ayuda. Así que José Ignacio Cabrujas me llamó y me dijo: 'Si tú no haces Emperatriz me voy a sentir muy dolido'".
¿Y ahora? ¿Volvería a la televisión?
"Yo no me veo haciendo lo que se está haciendo ahora. A veces uno pone condiciones en la vida, y la gente suele creer que siempre son económicas, y no es así. Yo no sé cómo se hacen las cosas hoy porque no he estado allí, pero sí he escuchado de personas que se quejan del incumplimiento; de que te citan a una hora y la gente llega tarde. Eso es algo que no acepté nunca. Si a mí me citan a las tres, yo llego a las dos y media. Y allí estoy maquillada, vestida, lista para trabajar. Si yo llego a grabar y no hay nadie nadie, espero media hora, y me voy a mi casa. Esas son las condiciones de trabajo que yo pido, y esas son las más difíciles de negociar, pues en las económicas es más fácil porque uno entra en el círculo de ganar ganar, es una energía que fluye. Ahora, por ejemplo, tengo en mis manos el proyecto de un cortometraje que está en camino. Me lo trajeron, lo leí, y dije que sí".
¿A través de sus palabras se intuye que ha estado en una búsqueda espiritual?
"En el momento en que yo me sentí perdida, que me movieron el piso, busqué la manera de buscar el centro. Empecé a trabajar con una persona que se llamaba Rita Hildebrandt, ella me dijo: 'Si vas a tomar el camino espiritual, quiero que sepas que si algo va a cambiar en tu vida, así no te guste, va a cambiar'. Y así comenzó mi camino. Después surgieron otros maestros. Ahora pienso que la búsqueda terminó, pero eso no quiere decir que no siga en ese camino".
¿Cómo hubiese manejado las situaciones que se presentaron en su vida si hubiese tenido el conocimiento que tiene ahora?
"Tú sabes que las cosas llegan cuando tienen que llegar. Si uno dice 'quiero tener dinero', está bien, lo tendrás, pero será cuando tenga que ser. Todo es así. Si hablamos de volver a la televisión, diría que lo haría si las condiciones son armónicas, no sólo para mí sino para los demás. Antes yo no veía las cosas así. Anteriormente estaba en AM y ahora estoy en FM".
¿Se considera una persona afortunada?
"La felicidad va de la mano de la infelicidad. A veces lo eres, a veces no tanto. Yo digo que debe haber un equilibrio. Que no te sientas tan feliz como para que te dé un infarto; que no seas tan infeliz como para que te dé un infarto. No hay que olvidar que todo pasa, tanto la felicidad como la infelicidad".
¿Si volviera a nacer elegiría la carrera de actriz?
"Sí, pero también me gustaría tener el nivel de conciencia que tengo hoy".
¿Qué le diría a las nuevas generaciones de actores?
"En el fondo uno no es quien para recomendar nada. Cada quien que la viva como quiera, de acuerdo con lo que tenga que aprender de la vida. Simplemente les puedo decir que sean ellos, que se abran al ciento por ciento".
¿Cómo es la cotidianidad de Marina Baura?
"No hago de mi día a día un problema. Mi hobby es la jardinería, porque me gustan mucho las plantas, y además me dan mucha energía. Disfruto de mis amigos, de mi gente, de mi familia, de mis tres hijas. Además, recuerda que yo soy ama de casa, que pago el teléfono, la luz, que tengo que hacer mercado. No soy un ser de otro mundo. Soy, eso sí, un ser racional y espiritual en un cuerpo físico, pero todo es tan normal como puede ser en tu vida".
¿Ve alguna telenovela actualmente?
"Veo una telenovela que me parece maravillosa, desafortunadamente no es venezolana, es mexicana. Se llama Amor Total y la transmite Venevisión. Como actriz, te puedo decir que es la mejor superproducción que hay ahora en la televisión. Es bella, bien hecha; y digo de buena nota: '¡Qué envidia que no soy mexicana!', porque me hubiese encantado trabajar en esa novela. Me trae nostalgias ricas".
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En tres de sus caracterizaciones: Doña Bárbara, Sobre la misma tierra
y Resurreción

 

Ver también en Encuentros:
- Los divos del tenis y sus amores
- Homeopatía. Gotas de vida

 
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