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María Cruz
La tarima le sienta bien

Luego de seis años como vocalista del grupo Tártara, esta cantante decidió lanzarse al ruedo en solitario. Segura al frente de su banda, su espectáculo
habla por sí solo de esa evolución Por María de los ángeles Herrera Fotos: Natalia Brand

En el último año tres de sus temas —Marina, Déjame Libre y, más recientemente, Regalos— han alcanzado el tope del Record Report nacional; un Poliedro a reventar coreó a viva voz parte de su repertorio durante el concierto que Gilberto Santa Rosa y el Gran Combo dieron en julio; su agenda de presentaciones luce bastante complicada hasta finales de año y ya, incluso, algunos medios la han bautizado como la Olga Tañón venezolana. Para muchos no se veía una merenguera criolla con tanto empuje como María Cruz desde aquella generación de principios de los años noventa, cuando Diveana, Natusha y Liz se adueñaron de la escena local con sus frescas y movidas interpretaciones. Pero, ¿qué tiene de especial su show? Esta fue, precisamente, la duda que llevó al equipo de Estampas a colarse en una de sus funciones privadas, para intentar averiguar qué hay detrás de uno de los espectáculos que ha puesto a bailar a la noche caraqueña.

La cita es en la Quinta La Esmeralda, donde se llevaría a cabo la celebración del 35 aniversario del Centro de Maternidad Leopoldo Aguerrevere. Pero no es un viernes cualquiera, pues antes de asumir este compromiso, María Cruz tuvo que abrir el concierto de Gilberto Santa Rosa y el Gran Combo en el Poliedro de Caracas, ante una multitud de 12.000 personas, en lo que constituyó su primera presentación pública a gran escala.

Puntual, la cantante arriba a su segundo show de la noche cerca de las 10:45 pm, una hora antes de que le tocara subirse a la tarima. El tiempo está contado para que su estilista y su maquillador hagan los arreglos respectivos, luego de los sobresaltos del evento previo; pero también para que, además de la entrevista y la sesión fotográfica, María Cruz pueda compartir con sus ex compañeros de Tártara, quienes, paradójicamente, serán sus teloneros de la noche. Contrario a lo que cualquiera pudiera imaginar, no hay roces entre ellos. Apenas la ven llegar, corren emocionados a interrogarla sobre su presentación anterior: "¡Por fin! —responde emocionada—, me aplaudieron y se sabían mis canciones. Estaba un poquito asustada porque era un evento salsero, pero la gente
se portó superbien conmigo". Aunque el balance de la jornada superó con creces sus expectativas, tal vez no lo hubiera logrado si no se hubiese animado a adaptar su repertorio al ritmo de la salsa, para complacer al exigente público que acude a ese tipo de eventos, donde sólo ese estilo
es bienvenido.

Sentada en un rincón del salón que ha sido destinado para albergar a los músicos,
técnicos de sonido y acompañantes de
las bandas que se presentan esa noche,
María Cruz deja que le retoquen el maquillaje. Distintas variaciones de lila y fucsia, pero
nada muy recargado, esa parece ser la
máxima que rige su rostro, lo cual combina
muy bien con la frescura de sus rulos, que
son retocados por una joven estilista mientras todos alaban la ropa que está estrenando: un conjunto de pantalón capri
y chaqueta de blue jean y una camisa blanca —con vuelos en el cuello—
que acaba de comprar recientemente en un recorrido que hizo por Italia.

Antes y durante el show

Son las 11:00 pm. Luego de 15 minutos de ajustes todo parece estar listo para la sesión de fotos. Más que timidez, la expresión de Lila —como le dicen todos a María Lila Cruz de Caputo— revela cierta aprehensión frente al lente, percepción que es confirmada por un comentario de su agente de prensa, quien asegura que sólo Daniel Alonso —el conocido fotógrafo que se encargó de capturar las imágenes que aparecen en todo su material promocional— ha logrado sacarle el lado fotogénico. Mientras posa, los chicos de su orquesta arriban al salón. Esta noche la acompañan 15 músicos, tres coristas, su promotor de radio, su mánager, algunos técnicos y su esposo Miguel Ángel, uno de los dueños de Space Records, la disquera que la representa.

No sólo frente a cámara luce tensa. Durante la entrevista, la cantante no se relaja. Cada respuesta es precedida de unos segundos en los que parece tomarse un tiempo para estructurar bien sus palabras. Luego de recibir unos arreglos adicionales de su estilista y de bromear un rato con los chicos de Tártara —que acaban de finalizar su presentación—, el reloj anuncia la llegada del show. Mientras los músicos y sonidistas hacen lo propio, María respira y se pasea impaciente de un lado a otro. "Muchas veces me pongo nerviosa —confiesa—, porque me crea mucha ansiedad el momento justo antes de salir al escenario, por eso trato de relajarme lo más que pueda y echo broma con los músicos, para que luego la energía fluya".

A medianoche, con 15 minutos de retraso, comienza el toque. María Cruz parece otra persona. Extrovertida y fogosa, en tarima se revela totalmente dueña de su orquesta y, sobre todo, de su público. Los detalles de su espectáculo están bien cuidados: decenas de luces, cuatro pantallas de plasma y dos proyectores —uno a cada lado— se suman a los instrumentos de los metaleros y percusionistas; también hay alguien encargado del sintetizador, un bajista y un guitarrista, además del trío de coristas que la acompaña.

Una larga introducción, con un particular sonido salsero, antecede su salida a escena. Marina es el tema que escoge para iniciar su presentación. Sólo una pareja se anima a bailar, pero al llegar el coro de la canción la pista se llena. "¡Qué bien suena!" y "¿quién será?" son algunos de los comentarios que se escuchan. El reloj marca las 12:15 am y, en medio de su canción Presiento, más de 40 parejas se divierten frente a la tarima.

La tercera letra en sonar no es de ella, es un popurrí de Juan Luis Guerra —con quien siempre ha soñado grabar a dúo. Uno de los segmentos del montaje la lleva a formar dupla con Ale, uno de sus coristas, para interpretar Si tú te vas. Al finalizar el tema, una falla en uno de los sistemas eléctricos hace desparecer la luz sobre el escenario y, también, el sonido de una de las cornetas; pero María ni se inmuta y, mientras los técnicos corren a resolver el problema, la cantante sigue haciendo que más parejas se levanten para bailar.

Luego de nueve canciones suyas y dos versiones —de Guerra y de Marc Anthony— María Cruz está lista para abandonar el escenario, no sin antes agradecer a todos por haberse divertido con ella y de presentar Más Allá, un cha cha chá pop que comenzará a sonar en las emisoras radiales como nuevo promocional. Al despedirse, todos corren a la barra central para refrescarse: y qué podía esperarse después de más de una hora y media de un espectáculo que, en sus propias palabras, está repleto de "ritmos sabrosos para bailar y de letras con contenido y mucho sentimiento".

Asistente de fotografía: Anita Carli

En progreso

• A principios del próximo año espera lanzar su segunda producción discográfica. Si bien aún
no ha podido dar con el nombre, ya está incursionando formalmente en la escritura de las
letras —que serán de temática variada, porque
no quiere encasillarse— y pretende apegarse,
de nuevo, a la fusión de ritmos latinos,
incluyendo un poco más de sonido
pop y salsa.

• A pesar de que sueña dar conciertos masivos
con mayor regularidad, no planea dejar de lado
sus presentaciones privadas en las fiestas criollas, pues además de sorpresas, para ella "la movida
caraqueña siempre tiene muy buen ambiente".


Ver también:
- María Cruz La tarima le sienta bien
- Viejas fotos actuales Divino viaje a lo viejo

- El whisky Vida destilada
- De paseo por la costa



 
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