EL FENÓMENO
STIEG LARSSON
Ya ha llegado al país la primera entrega de la trilogía Millennium,
el fenómeno editorial del año en decenas de países
La vida de Stieg Larsson (1954-2004) es digna de una de sus ficciones. El escritor sueco, fulminado a los 50 años por un ataque cardíaco poco antes de ver publicada su primera novela -Los hombres que no amaban a las mujeres -, una de las tres que había entregado a su editor, nunca llegó a saborear el éxito. Hoy, las ventas de sus libros le han convertido en un fenómeno editorial sin precedentes.
A Venezuela llegó hace poco el primer título, pero en España y otros países de Europa ya son rotundos éxitos de ventas tanto La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina como La reina en el palacio de las corrientes de aire. Brillantes páginas con muchos hombres mezquinos y bastantes mujeres asustadas. En definitiva, más misterio... Sus infalibles títulos esconden argumentos demoledores y unos personajes antológicos. Mikael Blomkvist -un periodista de investigación y editor jefe de la revista Millennium (que da nombre a la trilogía)- y Lisbeth Salander -una experta en informática- son los protagonistas de estas fascinantes narraciones.
Sin embargo, la realidad a veces supera la ficción y el caso del autor ha generado tanta expectación como la publicación de sus libros. Esta historia tiene su origen en los sesenta. Larsson, hijo de una pareja muy joven, se crió sin sus padres en el norte de Suecia, donde su abuelo decidió refugiarse por su pasado comunista. Su infancia fue dura, pero feliz.
Cuando tenía nueve años y el abuelo falleció repentinamente (a los 50, igual que más tarde la madre de Stieg y él mismo), se reencontró con sus padres y su hermano pequeño, aunque nunca sintió que fueran una verdadera familia. Comprometido políticamente desde muy joven, participó incluso en las protestas contra la guerra de Vietnam. A los 18 años conoció a Eva Gabrielsson, una estudiante de Arquitectura con la que pasó el resto de su vida. La pareja nunca contrajo matrimonio, entre otras cosas porque, debido a las investigaciones que Larsson realizaba para una revista sobre grupos fascistas y de extrema derecha, recibía amenazas y quería proteger con el anonimato a su compañera.
Sin embargo esta cautela se volvió en su contra, ya que a su muerte la dejó sin amparo legal ni económico. Gabrielsson, con quien compartía su modesto piso de 56 metros cuadrados, casi tuvo que abandonar la vivienda cuando los herederos legales -el padre y el hermano- la ignoraron en el reparto de bienes y derechos de autor, aunque gracias a la indignación de la sociedad sueca ella pudo conservar su apartamento. Pero la historia, que tiene todos los tintes de una novela negra, no acaba ahí. Un cuarto libro que supuestamente Larsson estaba ultimando en el momento de su fallecimiento, y que mencionaba nombres vinculados a la ultraderecha europea, desapareció junto con su ordenador. Tal vez Lisbeth Salander, la singular y brillante coprotagonista, debería hacerle justicia e investigar el caso.
| 10 RAZONES para leerlo |
Los hombres que no amaban a las mujeres ha sido uno de los mayores best sellers de los últimos años: diez millones de lectores no pueden equivocarse.
1 Sus personajes son reales, hirientes, amables, honrados, mentirosos... Sin concesiones, pero muy atractivos.
2 Su estructura narrativa no tiene fisuras. Evoca a los grandes clásicos de la literatura de suspense y ha conseguido igualar a Sherlock Holmes.
3 Es irónico, irreverente y mordaz.
4 Empatiza con la fragilidad humana, las mentiras y las debilidades.
5 Es polémico y misterioso al mismo tiempo.
6 Tiene ritmo. A diferencia de las novelas estadounidenses, en las que pasan muchas cosas y hay giros inesperados en la historia, aquí todo sucede de forma paulatina.
7 Es idealista y nos reconcilia con algunas bondades del ser humano.
8 Permite jugar. Su sobriedad y realismo propicia que el lector valore la información, tire de los hilos e incluso llegue a la misma conclusión que los protagonistas.
9 Es comprometido. Trata asuntos de rabiosa actualidad, desde la corrupción económica a la violencia de género.
10 Y sus títulos... ¡son magníficos! |
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Ver también:
- Sandra Bullock. Ingenio y figura
- La minifalda. Una revolución (verdadera)
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