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LA CARACAS DE ...
JOHAN RAMÍREZ
 


Frente al Bar Basque en Candelaria

MARIVÍ BARTUREN

Dueña del Bar Basque y todo un personaje de la gastronomía nacional, cree que Caracas se parece a un camembert con miel, a una zarzuela de mariscos, y, sin dudas, a un vino tinto
Foto: Natalia Brand

Con tristeza hay que reconocerlo: Caracas está dividida. Dos puntos cardinales la definen con rigor inclemente, este y oeste parecen separados por una invisible frontera que indigna a unos, espanta a otros, resiente a muchos, pero duele a todos. Hay quienes nunca salen del este, pues el otro extremo de la urbe está estigmatizado; violencia, inseguridad y caos lo describen. Cierto o no, es la visión común de la capital de nuestros días. Sin embargo, en pleno oeste de la ciudad, sembrado en una zona atiborrada de autobuses y peatones en estampida, carente de estacionamientos y abundante en huecos e indigentes, existe un sitio de encuentro, una coincidencia que une ambos polos sin importar el contexto, un argumento que convence al este de venir por fin al oeste, una comida vasca irresistible, un nombre -el Bar Basque-, y una sonrisa -la de Mariví Barturen-, que tiene décadas al frente de este simbólico restaurante que hace de Candelaria una visita obligada cuando se quiere comer bien.

"Hay gente que quiere llevarme a Altamira, a Panamá, a Miami, pero siempre digo que no. A mí me encanta esta zona, y aunque ha cambiado mucho, sigue siendo preciosa", dice mientras recuerda con delicia los años mozos cuando llegó a Venezuela desde su España natal. Entonces recorría las calles para disfrutar la novedad nocturna del clima, pues ella venía habituada a Europa y su calor feroz del verano y su frío intenso del invierno. "Eso me enamoró de Caracas, su clima fantástico y fresco. Y, luego, estaba la gente, tan cariñosa, me trataban como si me conocieran de toda la vida. Eso, 45 años después, me sigue maravillando cada día", agrega y sonríe entrecerrando los ojos: "¿Y qué dices de El Ávila? ¡Ay, El Ávila! ¡Majo, este lugar me chifla!".

"Eso me enamoró de Caracas, su clima fantástico y fresco. Y, luego, estaba la gente, tan cariñosa... eso, 45 años después, me sigue maravillando cada día"

Cuando llegó aquí, en 1964, era común salir a cenar los sábados en familia. Su papá la llevaba a comer parrilla en la avenida Casanova, en el Tropical Room, cómo olvidarlo. Y después era infaltable el paseo sin prisa por el amplio bulevar de Sabana Grande. Caminaban juntos hasta bien entrada la noche, cuando se acababan los temas de conversación a las 2:00 de la mañana. La inseguridad, en esa época, estaba a décadas de distancia. "Caminar, eso lo echo de menos", suspira, a sus 64 años.

En el Basque ha recibido a los más notables personajes que han pasado por aquí. Artistas, modelos y todos los presidentes desde Betancourt hasta Caldera, se han sentado en sus mesas, al igual que banqueros, políticos, empresarios, petroleros, y hasta la distinguida aristocracia europea.

Pero cuando es ella quien quiere comer, no duda: el Maute Grill para las parrillas y La Strega para las pastas. "Aquí se come bien, consigues italiano, árabe, chino, español… ¿pero te digo un secreto? Antes era mejor, la calidad ha bajado", apunta con su exigente paladar.

Y nos pusimos creativos: si Caracas tuviera sabor, sería dulce, dice, por sus cariñosos habitantes; si fuera un plato principal, se parecería a la zarzuela de mariscos, por su combinación de sabores y su cercanía al mar; si fuera un postre, un camembert con miel de almendras por el contraste de sus ingredientes. Ahora bien, en bebidas sería un vino tinto, porque es fuerte, con personalidad, nada de blancos ni espumantes.

Antes de concluir, la última pregunta: Hoy día, ¿qué hay de española y qué de caraqueña en usted? La respuesta vino enseguida, como si no hiciera falta pensarla un segundo: "De española -dijo con su evidente acento natal-, no tengo nada, hombre. Yo soy de aquí y espero no irme jamás. Ay, Caracas -y levanta la voz-, ¡esta ciudad me chifla!".

puede comunicarse con el autor por el correo: johan_ramirez3@hotmail.com

Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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