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El índice glicémico:
la nueva dieta de moda

¿Harto de la dieta Atkins? No se preocupe, hay un nuevo régimen que podría tener beneficios para la salud. Lucy Atkins

El indice glicemico (IG) de la comida se está convirtiendo rápidamente en uno de los temas de mayor auge en el área de la nutrición. En pocas palabras, el IG es un sistema empleado por nutricionistas para clasificar los alimentos, el cual se basa en la rapidez con que se eleva el nivel de azúcar en la sangre de una persona. Los comestibles con un IG bajo (tales como los granos o las lentejas integrales) provocan que el azúcar sanguíneo suba y disminuya lentamente. Los alimentos con un alto IG (tales como el pan blanco), por otra parte, son asimilados fácilmente por el cuerpo y provocan que los niveles de azúcar en la sangre aumenten, lleguen a un máximo y luego se desplomen.

Muchos nutricionistas ahora creen que este proceso puede afectar nuestra salud a largo plazo. Por su parte, los gurúes de las dietas se están incorporando a esta lucrativa fiesta al afirmar que el IG de los alimentos también tiene implicaciones para su cintura. Entonces, ¿será el IG nuestra próxima gran preocupación en materia de salud? ¿Reemplazará este índice las grasas, la fibra o las proteínas en nuestro léxico de elementos permitidos y prohibidos? ¿O es sólo la última moda en el creciente campo de la "cháchara nutricional": una pseudociencia mal aplicada que se usa para vender sopotocientos libros de dietas?

Sin duda, hay cierta evidencia que vincula al IG de la dieta con varios aspectos de la salud. Algunos temas de investigación son más nuevos y polémicos que otros. De acuerdo con un estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition, las mujeres que en las primeras etapas del embarazo consumieron una dieta de abundantes alimentos con un IG alto -tales como pan blanco, tortas y puré de papas- pudieran presentar un riesgo ligeramente mayor de tener bebés con defectos del tubo neural tales como espina bífida.

Los investigadores descubrieron que el riesgo de defectos congénitos se duplicaba en mujeres que consumían muchos alimentos con un IG elevado e incluso se cuadruplicaba entre las obesas. La idea es que el aumento del azúcar que se obtiene por comer alimentos con un IG alto pudiera interferir con etapas importantes del desarrollo fetal, tales como la formación de hueso alrededor de la médula espinal.

Andrew Russell, presidente ejecutivo de la Association for Spina Bifida and Hydrocephalus, señala que es la primera investigación que encuentra tal vinculación, por lo cual debe ser examinada con mucho cuidado. "Decirle a una madre que comió tortas de crema al comienzo de la gestación que es responsable por los defectos congénitos de su bebé, sencillamente no se justifica en esta etapa", advierte. "Las investigaciones sobre defectos del tubo neural son muy complicadas. La idea de que un incremento del nivel de azúcar en la sangre de la madre podría causar espina bífida, si bien no es imposible, necesitaría una considerable corroboración en estudios de seguimiento. Lo que sabemos a ciencia cierta es que una escasez de ciertas vitaminas -entre las que destaca el ácido fólico- en los primeros días del embarazo puede causar defectos del tubo neural. Pero la vinculación con el IG de la dieta, aunque digna de investigación, de ninguna manera está demostrada".

Muchos científicos concuerdan con un nutricionista de la escuela médica de la Universidad de Harvard que describe el IG como "el área más fascinante y prometedora de la investigación en nutrición hoy en día". Pero los abanderados más destacados de este emergente campo de investigación son los autores de libros sobre cómo perder peso. De hecho, una nueva dieta de moda que proclama la importancia vital del IG de un alimento amenaza con desbancar la controvertida dieta Atkins, que se caracteriza por un alto consumo de proteínas.

El líder de esta tendencia es Arthur Agatston, cardiólogo estadounidense y autor de The South Beach Diet (La dieta de South Beach). Agatston aboga por un régimen rico en proteínas como en la dieta Atkins, aunque, al contrario que esta última, permite que quienes la sigan -grupo que aparentemente incluye a Bill y Hillary Clinton, además de Kim Cattrall, estrella de Sex and the City- coman carbohidratos "buenos", pero no los "malos". Los carbohidratos malos tienen un IG alto. Logran que uno se sienta temporalmente lleno cuando los come porque hacen que los niveles del azúcar sanguíneo aumenten rápidamente. Pero estos niveles caen con celeridad, lo cual deja a la persona sintiéndose letárgica y hambrienta. Este ciclo, asevera, puede provocar que comamos en exceso y ansiemos alimentos azucarados que nos harán engordar.

The New Glucose Revolution (La nueva revolución de la glucosa), de Jennie Brand-Miller y otros, y The GI Diet (La dieta IG), de Rick Gallop, son otros libros sobre la dieta que se están vendiendo rápidamente y exponen ideas similares. Esta clase de autores aboga por una dieta basada en alimentos saludables con un IG bajo, tales como lentejas, avena, granos integrales y frijoles, que dejan a la persona con una sensación de llenura durante más tiempo y sin ansias incontrolables de comer carbohidratos. Entonces, ¿deberíamos buscar todos una tabla de IG y dar una patada definitiva a La Nueva Revolución Dietética (el libro de la dieta Atkins)?

La doctora Azmina Govindji, portavoz de la British Dietetic Association, señala que el IG es mucho más complicado de lo que parece. "Para comenzar, no todos los alimentos con un IG bajo son saludables. El chocolate, por ejemplo, tiene un IG relativamente bajo", indica Govindji. "Igual ocurre con el helado. Pero usted no perdería mucho peso si el chocolate y el helado fueran una parte básica de su dieta. Gran parte del IG de un alimento tiene que ver con cómo es procesado por el cuerpo. Esto puede ser increíblemente complicado. Por ejemplo, el organismo descompone el pan de harina integral rápidamente -por lo que tiene un IG alto-, pero toma un largo tiempo para descomponer los granos del pan de harina integral de trigo malteado, que por lo tanto posee un IG bajo".

Hay infinitas variaciones, aparentemente ilógicas. El IG de la pasta (sorprendentemente bajo) depende de su forma (el de los macarrones es más alto que el de los espaguetis). Lo que se come junto con un alimento altera su IG (un pudín con elevado contenido de grasas puede modificar el IG de la pasta que usted se comió como plato principal), y la forma en que se cocina un comestible también cuenta (el puré de papas posee un IG mayor cuando está caliente que cuando se enfría).

Sin embargo, las investigaciones han mostrado que el IG de un alimento muy bien pudiera afectar el apetito. "Los científicos estudian actualmente la influencia del IG de un alimento en la sensación de saciedad", indica el doctor Toni Steer, de la Unidad de Investigaciones sobre Nutrición Humana del Consejo de Investigaciones Médicas, en la Universidad de Cambridge. "Aunque no hay ningún estudio de envergadura que vincule el IG de los alimentos con la pérdida de peso, varios estudios realizados a pequeña escala han arrojado resultados prometedores". Por ejemplo, investigadores de la Oxford Brookes University, en Inglaterra, encontraron que los niños que desayunan un cereal con un IG elevado sienten hambre antes del almuerzo y tienden a comer chucherías e ingerir más calorías en total.

Se han realizado nuevas investigaciones sobre las implicaciones más generales para la salud. "Los estudios han mostrado que la gente que come más alimentos con un IG bajo presenta niveles más elevados de colesterol 'bueno' en su sangre y tienen un menor riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas coronarias", señala Steer. Por otra parte, según Govindji, "algunos estudios sugieren que si usted tiene el 'síndrome X' (una forma de resistencia a la insulina) comer alimentos con un IG alto puede ser contraproducente".

Si usted presenta este padecimiento, los tejidos de su cuerpo se tornan menos sensibles a la insulina. "La gente con síndrome X es más propensa a sufrir problemas cardíacos y diabetes", indica Govindji. "Por lo tanto, enfocarse en alimentos con IG de bajo a medio puede ayudar a estabilizar los niveles de azúcar en la sangre y controlar mejor el padecimiento".

El IG de lo que come una persona también es importante para quien ya sufre de diabetes. "En la diabetes, el azúcar sanguíneo y los niveles de insulina necesitan estar muy bien controlados", dice Govindji. "Así que el IG de su dieta puede ser útil como parte de un plan general de tratamiento de la diabetes".

Pareciera, entonces, que la locura por el IG avanza a paso firme. Hablar sobre el IG se volverá tan común como las conversaciones sobre los carbohidratos. Los envases de yogur serán etiquetados "bajo IG" y todos sabremos el valor de los ñoquis en comparación con los fideos. ¿Le suena muy poco probable? Esperemos que no: después de todo, el musli, que se inserta perfectamente en una dieta que tome en cuenta el IG, es mucho mejor para usted en el desayuno que los platos grasosos contemplados en la dieta Atkins. l

La dieta IG cambio mi vida. ALex Scott

" El índice de glicemia cambió mi vida. Me dio la respuesta a una pregunta que me hacía desde la infancia: por qué yo era gorda, mientras que el resto de mi familia -padres, tres hermanos, dos hijos y cualquier número de primos- eran esbeltos, bien proporcionados y atléticos. Yo no ingería alimentos significativamente diferentes ni grandes cantidades de comida y era tan activa como ellos, pero mientras mis parientes parecían quemar las calorías sin ningún esfuerzo, yo comenzaba a sofocarme bajo una cada vez más gruesa capa de grasa.

Parecía tan injusto. Tenía una constitución pequeña y un enorme trasero. En las ocasiones en que perdía peso a lo largo de los años, cosa que frecuentemente hacía, siempre regresaba -la eterna queja de quien hace dieta-.

El IG cambió todo eso. A los tres meses de comer sólo alimentos con un IG bajo había perdido casi 10 kilos. Además, esta nueva forma de comer no sólo me hizo perder peso, sino que también alteró mi forma completamente. Con el tiempo, pasé de tener la típica figura de pera que había tenido desde la adolescencia a ser alguien cuyas caderas ya no sobresalen más que mis hombros. La mayor parte de la celulitis desapareció, al igual que mis "cauchos". Pero lo mejor de esta dieta fue que repentinamente comencé a sentirme fantásticamente. Tenía un nuevo entusiasmo por la vida -y todavía lo tengo-. Me había sentido cansada y pesada por varios años, pero súbitamente parecía disponer de acceso a vastas reservas de energía. Eso se sentía tan bien.

Fue una transformación asombrosa. Según la teoría del IG, no puedo procesar pan/almidones refinados (a menos que sean orgánicos y hechos en casa), papas, granos refinados. Esto se convierte en azúcar, que luego el cuerpo almacena en forma de grasa para el caso de que haya una hambruna -lo cual, por supuesto, nunca ocurre-. Esto se conoce como hiperinsulinismo -a veces como Síndrome X-. Sólo yo lo tenía en mi familia. Es por ello que todos podíamos comer más o menos lo mismo, pero yo era la única que engordaba. No soy científica, pero he leído la teoría y, como alguien que ha estado comiendo de esta forma durante 18 meses sin arrepentirse, tiene mucho sentido para mí. Pero no me importa cómo funciona -sólo sé que es efectiva-.

Fue liberador descubrir que después de comprender cómo funciona el IG y recordar qué podía comer y qué no, no había necesidad de seguir ninguna dieta especial. Era mucho más fácil que contar calorías.

Nunca hay necesidad de pesar nada. Comer tomando en cuenta el IG no es sólo una forma de combinar los alimentos con un nombre rimbombante. Si sigue las sencillas reglas del IG, que apuntan a los alimentos fáciles de digerir, usted se sentirá más fuerte, saludable, feliz y liviano que nunca antes. Se lo prometo".

 
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