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Muchas veces, sucesos como los del día
de hoy, me recuerdan la verdadera perspectiva de la vida, me asoman
a una realidad más agradable y definitivamente mucho más
espiritual. A esta hora de la noche, luego de hacer un pequeño
inventario de mi día, siento que renuevo internamente mis
creencias acerca del ser humano y su naturaleza espontánea,
noble y solidaria.
Me encontraba en un aeropuerto esperando la
salida de mis dos maletas, después de haber tenido un vuelo
muy largo que salió con retraso de la ciudad donde vivo.
Después de un buen rato, salió la primera maleta;
mientras esperaba la salida de la segunda, se fue quedando vacía
la sala de equipajes. Se me acercó un empleado de la aerolínea
y me pregunto qué sucedía, yo le respondí que
me faltaba una pieza de equipaje, me pidió el ticket de las
maletas, lo revisó y se dio cuenta de que uno de las dos,
era de otro pasajero que viajaba con rumbo a Quito, me dijo: ¡Señora,
no se preocupe, yo la voy a ayudar! Avisó por radio e inmediatamente
se acercaron dos personas más y entre todos corrían
de un lado a otro, hablando por el radio y el celular varias veces,
hasta que finalmente encontraron mi maleta en el vuelo que iba rumbo
a Ecuador... la recuperaron y me la devolvieron.
Tal vez te parezca el relato de una situación
normal, pero en un momento donde las personas se interesan cada
vez menos por lo que sucede a los demás, este parece un acto
extraordinario de interés, servicio y solidaridad.
Además, afuera me esperaban una amiga
y su hija que habían venido a recogerme. Cuando salí
tres horas más tarde... todavía estaban ahí...
sonrientes y contentas de encontrarme. No hubo quejas ni reclamos,
solo comprensión y alegría.
Qué bonito, ¿verdad? Desde aquí
les envío mi agradecimiento a ellos y a todas las personas
que de una u otra forma han suavizado mi vida con sus gestos y acciones
buenas, limpias y solidarias.
Que bueno es contar con la presencia amorosa,
servicial o atenta, de personas que llegan a tu vida en los momentos
más difíciles, para brindarte su apoyo sin esperar
nada a cambio, completamente desinteresadas. Cada uno de nosotros,
puede ser esa persona especial que haga la diferencia en la vida
de otros. No dejemos que el estrés, las preocupaciones y
las tensiones de cada día, nos conviertan en personas ajenas,
frías y distanciadas de los demás, en especial de
nuestros seres queridos. Lo peor que nos puede pasar, es que nos
volvamos personas indiferentes que sólo se interesan en hacer
cuanto sea necesario para conseguir su beneficio personal, dejando
siempre de lado a los demás.
Cuando realizamos actos bondadosos y desinteresados,
quiero decir desde el corazón y siguiendo un impulso solidario,
el universo se encarga de devolvérnoslo multiplicado en el
momento en que más lo necesitamos.
Este es uno de los maravillosos principios
de la prosperidad. Vamos, en este momento necesitamos más
gente dispuesta a compartir lo mejor de sí mismos con los
demás. Cada día podemos hacer algo bueno por otra
persona y así comenzar a transformar en positivo las condiciones
de vida en nuestro país y en el planeta.
Yo sé que, en la mayoría de los
casos, la dificultad, la necesidad y hasta los temores son algunas
de las razones por las que una persona buena con valores y sentimientos
positivos termina convirtiéndose en un ser humano apático
y egoísta. Este puede ser el momento especial que estabas
esperando para reconectarte con tu verdadera naturaleza, para reconciliarte
con el ser humano y volver a comenzar.
Herramientas
Canaliza el estrés. Elévate
por encima de las preocupaciones, recuerda que todo pasa y que en
la medida en que mantengas la calma podrás tener la claridad
que te permita darle solución.
Sé fiel a tus
valores. No permitas que el primer viento fuerte te haga
poner en duda la importancia que tienen tus valores. Aunque te parezca
que las personas abusivas, egoístas e indolentes obtienen
aparentemente mayor beneficio, sostente en tu decisión de
continuar siendo honesto, servicial, responsable y solidario. Verás
como la vida se encargará de devolvértelo a tiempo.
Interésate en
los demás. Permanece atento a reconocer la oportunidad
de prestarle un servicio a otra persona. Hazlo sin esperar recibir
recompensa alguna para que no te canse la ingratitud de los demás.
Sé agradecido.
Reconoce y agradece en el momento todo lo bueno que otra persona
hace por ti. Inicia una cadena de reconocimiento y gratitud que
mantenga motivadas a todas aquellas personas que realizan el esfuerzo
de vivir la diferencia.
¡Eres especial! Es bueno saber que contamos con personas como
tú, dispuestas y disponibles a compartir lo mejor de sí
mismas con nosotros.
maytte@maytte.com
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