Esenciales para la salud
Estudios demuestran que muchas de las enfermedades que nos afectan se originan en el útero de nuestra madre debido a una alimentación deficiente en nutrientes como los ácidos grasos omega-3. The Economist
La ciencia ha demostrado que muchas enfermedades que afectan a los adultos como la obesidad, la diabetes y la hipertensión, que pueden causar cardiopatías y deficiencia renal, tienen su origen en la alimentación que recibe un feto en el útero de su madre. De hecho, este cúmulo particular de síntomas es visto por un número cada vez mayor de especialistas en este campo como una sola enfermedad, conocida como síndrome metabólico o síndrome X.
Las investigaciones más recientes se han centrado en la función de los llamados ácidos grasos omega-3, cuyos efectos en los adultos ya son conocidos. Se ha demostrado, por ejemplo, que pueden minimizar los niveles de ira en algunas personas que no pueden controlar su mal genio. Pero todo parece indicar que una ingesta deficiente de estos nutrientes vitales por parte de una mujer embarazada puede aumentar las probabilidades de que el hijo nazca con problemas de idiotez, torpeza e incluso insociabilidad.
Esa es, al menos, la conclusión de un estudio realizado por científicos británicos y estadounidenses cuyos resultados acaban de ser publicados. Los investigadores demostraron que los hijos nacidos de madres que habían consumido pocas cantidades de omega-3 durante el embarazo tenían un coeficiente intelectual más bajo que los niños nacidos en el grupo de control. También comprobaron que tenían problemas de comportamiento para relacionarse con otros niños, además de presentar problemas de coordinación física.
Es mejor prevenir
Este tipo de investigación debería interesar a todos los gobiernos que intentan abordar problemas educativos y actividades sociales. Se sabe que intervenir en la nutrición infantil no es nada fácil. Los científicos observaron, por ejemplo, que a raíz de las recomendaciones hechas en Estados Unidos a las mujeres embarazadas en el sentido de que no deberían comer pescado por el peligro que representa el mercurio metílico presente en muchos de ellos, ellas (y sus fetos) se han privado de una de las principales fuentes de ácidos grasos omega-3. No obstante, si bien la ciencia cambia constantemente, no es arbitraria. A manera de ejemplo, podemos aprovechar la luz del sol para prevenir el raquitismo igual hoy que hace 90 años, cuando se descubrieron los beneficios de los rayos solares.
Así que aunque se establezca ahora un régimen nutricional para mujeres embarazadas no se curaría el mal comportamiento de muchas personas en 20 años y tampoco se crearía un país de genios, hay pruebas cada vez más convincentes de que sí ayudaría.
Tratar el problema de la mala nutrición en las mujeres embarazadas (que no es lo mismo que desnutrición) es importante. Está comprobado que el daño que causan unas condiciones uterinas adversas en el desarrollo del feto es tan irreversible como el efecto de la predisposición genética a algunas enfermedades. Resulta más económico intervenir temprano que reaccionar tarde. Aquí se puede aplicar la versión moderna de la antigua sabiduría: unos cuantos gramos de prevención valen más que medio kilogramo de tratamiento. l
THE ECONOMIST. DERECHOS DE EL UNIVERSAL. TRADUCCION: SERVIO VILORIA |