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La melodía como instrumento sanador

Pacientes en estado vegetativo, niños con Síndrome de Down y enfermos cardiovasculares han beneficiado sus vidas gracias a la musicoterapia, una herramienta con la cual el valenciano Mario Bressanutti ha hecho sonreír a muchos venezolanos  Pablo Blanco. Fotos: Natalia Brand

BRESSANUTI EN PLENA SESION

Despues de dos horas de viaje por tierra, desde Caracas, se llega a un acogedor sector del Estado Carabobo, ubicado en las afueras de la ciudad de Valencia: Naguanagua. Nada de fortuito tiene la musicalidad que forman sus consonantes y vocales si se toma en cuenta que, en esta conocida zona, vive precisamente un musicoterapeuta: Mario Bressanutti, quien también ha desarrollado una importante carrera como productor de jingles comerciales y otras producciones para radio, televisión y cine documental. Al llegar a su modesto apartamento la primera visita obligada es a su refugio de creación, un pequeño cuarto que alberga, además del escritorio y la computadora, una variada muestra de instrumentos musicales (flautas en su mayoría) con los cuales compone esa música que él define libre de academicismos y llena de improvisaciones que, en este caso, tienen la intención de sanar el cuerpo y el alma.

“Nada que ver con lo esotérico, eso sí. La musicoterapia es la utilización de melodías, ritmos y movimientos para el bienestar y la salud, lo cual contribuye a devolverles a distintos pacientes un estado emocional aceptable para la sociedad y a prevenir situaciones de estrés. Es una herramienta complementaria a otras disciplinas como la psicología, la medicina interna y la fisioterapia, entre otras. No la inventé yo, tiene años funcionando en todo el mundo. Sólo que hay países en las que es más difundida como Estados Unidos, Canadá, Argentina y Chile”. Agrega Bressanutti que la “música transpersonal” es la que se usa en la musicoterapia. El término proviene de lo que se conoce como psicología transpersonal, que es aquella cuya premisa básica es  aceptar la espiritualidad del ser humano.

El interés de este compositor por la música, según comenta, comenzó desde su más temprana infancia. Una madre pianista le permitía tocar las teclas de su instrumento libremente e improvisar como más le agradara. Esto sin mencionar que fue criado en medio de familiares que practicaban cantos populares en casa y que también tenían el arte y la pintura como vocación. La sensibilidad fue despertada, pero también educada: Bressanutti estudió Teoría y Solfeo en la Escuela José Angel Lamas de Caracas y en el Conservatorio Italiano de Música. Luego incursionó en arte y música en la Putney School of Arts de Inglaterra y, finalmente, ingresó a la Universidad de Oregon, en Estados Unidos, donde se formó como compositor y descubrió que la música es, en sí, un instrumento sanador.

“Corría el año 1979 y, saliendo de una de mis cátedras obligatorias en la Universidad de Oregon, escuché una serie de partes rítmicas desajustadas y desordenadas que provenían de un salón. Al asomarme me di cuenta de que niños con hidrocefalia, Síndrome de Down y parálisis cerebral eran quienes ejecutaban los instrumentos musicales. No pude evitar acercarme. Se trataba de una sesión de la Escuela de Educación Especial de la misma Universidad de Oregon. Orientadores, educadores, investigadores y músicos me empaparon en la materia y me permitieron seguir asistiendo a las siguientes sesiones. Entonces decidí cursar, paralelamente, estudios en técnicas psicomusicales para parálisis cerebral. Posteriormente vino todo mi interés en formarme como musicoterapeuta”.    

La banda sonora individual  
Explica Bressanutti que una de las premisas básicas de la musicoterapia es partir de lo que se conoce como el iso sonoro, algo que él mismo traduce como “la banda sonora de cada individuo”. Se trata del conjunto de sonidos que caracteriza a una persona y la individualiza. Ese conjunto de sonidos conforma la base de las composiciones de esta herramienta. Recuerda el especialista, gratamente, cómo en una oportunidad trató a una niña con Síndrome de Down, a quien sus padres, por sugerencia de Bressanutti, le compraron unos pequeños timbales. Ella no decidió otra cosa que caminar sobre ellos, produciendo sonidos a partir de los cuales el músico compuso la melodía y logró estimular, junto al resto de los especialistas, el área psicomotora de la pequeña.

“La labor fundamental de todo musicoterapeuta es observar y, sobre la base de lo que observe, actuar. Todo queda determinado por lo que escuchamos desde el vientre materno, desde que tenemos apenas cinco meses de gestación. El organismo de nuestra madre y la música que ésta y nuestro padre nos coloquen en plena gestación pueden tener una influencia notoria en nuestras futuras reacciones a los sonidos. Hubo una ocasión en la que tuve que tratar a otra niña, de apenas un año, que tiene parálisis cerebral. Después de colocarle varias melodías, la pequeña reaccionó positivamente al tema El Chacarrón, interpretado por El Chombo, que estaba sonando en la radio. Pues a partir de El Chacarrón le compuse una melodía para tratarla. Es que trabajando como musicoterapeuta no se puede ser prejuicioso”.

Altos decibeles
Rosina Soler tiene 26 años y es economista. Hace tres años sufrió un grave accidente automovilístico por el cual perdió parte de la corteza cerebral. Estuvo varios meses en estado de coma y comenzó a ser tratada en conjunto por el médico internista Manuel Márquez y Bressanutti, quien empleó la musicoterapia para devolverla a su vida cotidiana. Ella misma cuenta el antes y el después. “Los médicos le decían a mi mamá que no había esperanzas de que yo saliera del estado de coma, que rezara porque no se sabía cuándo me podía morir. No conocíamos a Mario, sin embargo, mi cuñada nos lo recomendó. El, según me cuenta mi esposo, comenzó a preguntarle a todos mis allegados qué tipo de música me gustaba a mí. Todos le dijeron que Olga Tañón y esos eran los discos que me ponía, acompañados de sesiones de estimulación en todos los sentidos: visual (con visualizaciones), aromática, gustativa  y, por supuesto, auditiva. Fue un tratamiento arduo de seis meses. Un buen día me levanté como si nada hubiera pasado; claro que había perdido varios kilos y mi aspecto no era saludable, pero con el tiempo me fui reponiendo. Sin embargo, la gente dudaba de que estuviese realmente recuperada. Finalmente a nadie le quedó duda de mi estado de lucidez y bienestar físico después de que hice un postgrado en finanzas en la Universidad de Carabobo”.    

Otro relato significativo en torno a los efectos de la musicoterapia lo tiene Dalay Castillo, abogada, madre de Sarah Paola, una bebé de un año de edad que tiene un grave problema de asimilación metabólica que ha afectado su área psicomotora. “Me habían recomendado a Mario desde hacía bastante tiempo, pero típico que son alternativas que uno usa cuando todas las demás se van agotando. Desde que llevé a mi hija a su primera consulta con él los resultados han sido sorprendentes. Es impresionante ver cómo la niña ha reaccionado ante el sonido de la flauta, es como si lo conociera de toda la vida; se ríe y le sigue el ritmo y mueve las piernas. También la hemos puesto a tocar el pianito de juguete y eso la estimula bastante. Puede estar llorando y le colocamos la música que él le compuso y se tranquiliza casi automáticamente. Y mira que es una niña difícil”.

Comprobar el efecto de estas experiencias “en vivo y directo” es igualmente gratificante. El niño Luis Gómez tiene siete años y sufre de autismo. Su rostro es siempre amable y es de actitud tranquila y, a la vez, atenta. Se relaciona con una profunda mirada directa a los ojos y varios apretones de mano que parecieran tener como finalidad formar grupos de personas, simbolizando una suerte de fraternidad cotidiana. Al escuchar a Bressanutti ejecutando la flauta se despliega sobre su rostro una inmensa sonrisa, indicadora de un gran deleite. Lo mismo sucede cuando escucha la guitarra y se  coloca justo al lado del compositor, como permitiendo que las notas desordenadas lo invadan. Algo similar ocurre con Héctor Jesús, el pequeño hijo del autor, quien a sus ocho meses, baila y ríe a carcajadas cuando escucha las melodías generadas por su progenitor.l

pblanco@eluniversal.com

Oído al tambor

Bressanutti explica, a grosso modo, que estos beneficios corporales que proporciona la musicoterapia tienen su raíz en el hecho de que las melodías empleadas en los tratamientos llegan directamente a las ondas alfa del cerebro. Estas se producen cuando el individuo está relajado, pero atento, por lo general durante el sueño o en estados de vigilia. Partiendo de esta base, Bressanutti, al igual que otros musicoterapeutas venezolanos o extranjeros, acompaña sus composiciones con ejercicios de inducción que ayudarán al paciente según su caso. De su colección discográfica, el autor menciona algunos títulos. “El disco Prenatal, por ejemplo, no es para crear niños superdotados sino para que los padres se comuniquen con sus hijos. El CD  Bienvenido está dirigido a los bebés recién nacidos e inspirado en sus rituales cotidianos que yo llamo ‘mimos’: la hora del baño, la hora de la comida y, por supuesto, la hora de dormir”. Se suman a estos títulos otros como Amor y sensualidad, elaborado con la asesoría de sexólogos quienes le indicaron al compositor emplear violines para generar una atmósfera romántica y mucha percusión para la parte más “sensual” de la melodía. También Música para Feng Shui, para el cual contó con la asesoría de su esposa María Elena Llano. Este último fue creado para activar en casa los fundamentos de este arte asiático milenario. El productor ejecutivo de esta colección es Kay Thielen, la dupla de Bressanutti en sus creaciones y su aliado en la  creación de la Fundación Sonora para Niños con Discapacidad. “Estamos atendiendo familias en el centro holístico Spacio Sadhana acá en Valencia. La idea es que este espacio funcione para atender niños tanto de clase media como aquellos de menores recursos, para que todos sean partícipes de los poderes curativos de la música, incluso sus padres. Todo esto con la asesoría de un grupo de  médicos internistas, psicopedagogos y docentes”. Cualquiera que desee orientarse en torno a este proyecto puede escribirle a Mario Bressanutti a la siguiente dirección: resonan cia_ve@yahoo.com o llamar al 0241-825.1307.

 

 

Ver también en Encuentros:
- Geena Davis. Otra dama de hierro
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