Con un libro
entre manos
No critican a los de su generación que prefieren la rumba reggaetonera a las páginas de un libro. Su vida social está inmersa en largas sesiones de cine de autor, tertulias amistosas y ratos familiares. No recuerdan haber sido catalogados como “niños prodigio” y le huyen a la palabra “intelectual”; la asocian con el cliché de quienes sí se creen “dueños del conocimiento”. No obstante, quizás no representan al “común” de la juventud venezolana. Florencio Quintero, Ana García Julio y Carlos Villarino son tres de los 15 ganadores de la tercera edición del Concurso Anual de Autores Inéditos de Monte Avila, llevada a cabo en 2005. El próximo lunes 17 de abril esta casa editorial cierra la recepción de nuevos trabajos para la edición 2006 de esta competencia literaria. La ocasión es propicia, pues, para conversar con los premiados del año pasado. Pablo Blanco. Fotos: Natalia Brand
Leer por placer
Se graduó de médico en la Universidad Central de Venezuela. Mientras estudiaba tercer año de la carrera se formó, paralelamente, en el Centro de Investigación y Docencia de Psicoanálisis de Las Mercedes. Y, mientras espera un año más para comenzar a especializarse como psiquiatra, está haciendo una pasantía en el Hospital Jesús Mata Di Gregorio como residente asistencial en psiquiatría. También escribe historietas para la publicación impresa Zuplemento —un proyecto editorial que cristalizó junto a un grupo de amigos— y está aprendiendo a tocar flauta. Es hijo de una pediatra y un ginecobstetra apasionados por la literatura. Gracias a su poemario Divertimento, este joven de gran estatura y barba poblada obtuvo uno de los tres galardones de la categoría Poesía del concurso de Monte Avila. Tuvo su influencia en esta vocación el hecho de que durante su infancia y adolescencia recibiera tarjetas de cumpleaños con poemas y sonetos firmados por sus abuelos. A sus 25 años, considera que la lectura debe ser un ejercicio de puro placer.
“A mis cinco años era tan fanático de la serie El Zorro que hasta inventé mi propia versión del asunto en un intento de ‘cómic’: el héroe enmascarado terminaba casado y con varios ‘zorritos’. A los ocho años, comencé a leer novelas que muchos catalogan como ‘literatura menor’: las sagas de Tarzán de los monos, de Edgar Rice Burroughs, o las de Sandokan del italiano Emilio Salgari que, para mí, son maravillosas por esa evocación pictórica que tienen. En el colegio era un cerebrito atípico, porque a pesar de mi buen rendimiento no dejaba de echar broma. No tengo un ritual para escribir; de hecho, a veces lo hago sobre las hojitas de los récipes que tengo que entregar en el hospital (risas). A más de un paciente le he entregado un poema por error. Bueno, no es casual que la poesía pueda tener un efecto terapéutico”.
Florencio tituló su libro Divertimento en alusión al término que, en el ámbito musical, tiene que ver con obras de cámara u orquestales ideadas para el disfrute sin mayor
Llena de cuentos
La primera en sorprenderse de que la llamaran para esta entrevista fue Ana García Julio, una de las ganadoras de la categoría Narrativa, gracias a Cancelado por lluvia, su primera compilación de 55 cuentos cortos. Tiene 24 años y es egresada de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello. Es hija de un administrador jubilado y de una enfermera que, eventualmente, hace recuerdos para bodas. Trabaja como coeditora del semanario Nuevo Mundo Israelita, de la comunidad judía. Es alta y de maneras señoriales y divertidas. Está en plena escritura de su primera novela, de la cual no da mucho detalle por superstición literaria.
“El hábito de la lectura se lo debo a mi papá, quien me leía cuentos a toda hora. De hecho, todavía no entiendo eso de que alguien se quede dormido con un libro entre las manos. Según cuenta mi mamá, yo era de esas niñitas que, si dábamos un paseo en el carro, no dejaba de deletrear todos los avisos que encontrábamos en la vía. Siempre fui una buena alumna, me di cuenta a tiempo de que era la única forma que tenía para lograr muchas de mis metas. Quizás era considerada algo nerd... no sé. Comencé a escribir a mis 16 años, esa edad en la que a uno le pasa de todo. Poco a poco fui construyendo relatos inspirada en lo que me rodeaba, que casi nunca era evidentemente extraordinario ni dramático”.
Ana explica que sus personajes e historias fueron concebidos para despertar asombro desde esos contextos cotidianos. En Cinco minutos antes, por ejemplo, Valenta es una heroína hilarante, anárquica y ocurrente que trabaja en un vivero. La tragedia psicológica y el humor también están presentes en textos como Extrañamiento, relato en el que la autora, en pleno proceso de higiene dental, comienza a dudar de si el cepillo que tiene en la boca es el de ella. Según explica, mientras más lee más cultiva su “voz” literaria. “La escritura es la manera perfecta de comunicarme con los desconocidos e, incluso, con mis amigos”.
Del dolor a la luz
Quizás después de leer unos textos “teñidos” de violencia urbana y exploraciones sexuales como los que están contenidos en el libro Menarquias y otros fluidos, cuesta relacionarlos con su apacible autor, Carlos Villarino, otro de los ganadores de la categoría Narrativa. Tiene 29 años y ejerce su profesión de psicólogo clínico en la Fundación José Félix Ribas, donde trabaja con pacientes fármaco-dependientes. Es, además, docente de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela. También es coeditor de la revista de cultura y ciencia Léxicos. De estatura baja, voz algo engolada y sonrisa de infante, Villarino confiesa que lo que lo hizo engancharse con la literatura fue la novela Peonía del venezolano Manuel Vicente Romero García, la cual leyó a sus 11 años. Según cuenta, comenzó a escribir a los 23. Es hijo de un operador del Metrobús y de una ama de casa.
“Pertenezco a una familia modesta de recursos, nunca tuve la oportunidad de jugar con algún artefacto tecnológico para distraerme. Quizás por eso fue que me sumergí tan fácilmente en los libros. Claro que es algo que le debo, también, a mi papá, quien siempre me inculcó que tratara de aprender cosas. Recuerdo que me encantaba fabular que los helicópteros y los aviones eran naves espaciales y que yo era un extraterrestre. Ya de adulto el tema recurrente que atraviesa todos los cuentos que escribí en Menarquias... es la muerte: la única certeza. En varias oportunidades me han preguntado dónde tengo ese lado que refleja la sordidez, siempre respondo: ‘Escribo cuentos, no mato gente’ (risas). El hecho de que en el mundo la porción de sufrimiento sea mayor a la producción de placer es lo que nos ha permitido apreciar el lado luminoso del ser humano, cuando lo encontramos”.
pblanco@eluniversal.com
DE MILAN KUNDERA A LOS DIABLITOS |
¿Qué leen?
l Ana: “Obviamente, todo lo que hayan producido los argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. Otro que me gusta es el estadounidense John Kennedy Toole. Especialmente su novela La conjura de los necios, una interesante mezcla de humor e ironía”.
l Carlos: “El checo Milan Kundera es un autor que me parece fundamental porque ha dedicado toda su obra a la exploración de la condición humana. Las obras que más me gustan de él son La Inmortalidad, La insoportable levedad del ser y La Despedida. Me gusta también el alemán Gunter Grass por El tambor de hojalata y Años de perro”.
l Florencio: “En poesía soy seguidor del francés Jacques Prévert, sus poemas son tan simples y a la vez profundos que me atrapan; incluso, han sido utilizados para canciones infantiles. De Venezuela, Aquiles Nazoa y maravillas como La balada de Hans y Jenny”.
¿Qué escuchan?
l Ana: “Mis gustos van desde la banda californiana de rock Queens of The Stone Age, hasta el Gran Combo de Puerto Rico, pasando por la brasileña Bebel Gilberto. Utilizo la música para escribir, es como la banda sonora de mis historias”.
l Carlos: “De la música electrónica lo que más escucho es Gotan Project. Pero también me gustan el tango, el latin jazz y la salsa brava, aunque bailo mal (risas)”.
l Florencio: “Principalmente la salsa brava... yo hago el intento de bailar (risas). Del género electrónico mi favoritos son el DJ británico Fat Boy Slim y el goa trance, que es originario de India”.
De directores y películas
l Ana: “Me deslumbra el alemán Win Wenders. Mi cinta favorita de él es Las alas del deseo. Pura melancolía en grandes planos”.
l Carlos: “Los directores que me parecen fundamentales son el danés Lars von Trier y el yugoslavo Emir Kusturica, realizador de la cinta Underground, que, para mí, es una joya del cine”.
l Florencio: “Mi favorito es el estadounidense Stanley Kubrick por su desenfado. Especialmente por la cinta Dr. Strangelove. También me gusta Tim Burton por toda esa cosmogonía particular que está presente en películas como El extraño mundo de Jack”.
Gustos culposos
l Ana: “Bueno, a veces veo telenovelas, pero eso es parte de mi lado femenino (risas). Llegué a ver Amor a palos. Ay, Dios mío, ¡qué vergüenza! En cuanto a los libros, me devoré El código Da Vinci de Dan Brown”.
l Carlos: “Me encanta la saga cinematográfica de La guerra de las galaxias. Supongo que eso es ‘culposo’, ya que prefiero el cine de autor”.
l Florencio: “Colecciono muñequitos de Astérix y Obélix y soy capaz de llegar a apreciar el vallenato de Los Diablitos. Es una melodía obligada cada vez que me tengo que montar en un carrito por puesto. Hasta me he puesto a acompañarlos haciendo percusión sobre el asiento de adelante (risas)”. l |
Coordenadas
Los escritores que deseen participar este año en el Concurso Anual de Autores Inéditos de Monte Avila deben enviar sus trabajos a la siguiente dirección: Avenida Principal de La Castellana con primera transversal, quinta Cristina. Se premian cinco categorías: Narrativa, Poesía, Cuentos para niños, Dramaturgia y Ensayo.
Por cada una de ellas hay tres ganadores. Las bases del concurso están en la siguiente dirección: www.monteavila.com.ve
Ver también en Encuentros:
- Geena Davis. Otra dama de hierro
- La melodía como instrumento sanador |