
En el lugar de los hechos y -mejor aún- sin guantes, así encontró Estampas al creador y los elencos (Las Vegas, Miami y Nueva York)
de la serie que convirtió a los detectives forenses en los héroes
más buscados de la pantalla chica. Por Enmar Pérez. Los Ángeles

Fotos: Cortesía CBS/Paramount
El actor David Caruso sigue en el
set las instrucciones del director
El jefe de CSI Miami,
Horatio Caine,
no pierde el estilo
para examinar
la escena del crimen |
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Son gente de pocas palabras y sus diálogos habitualmente incluyen términos como luminol, transferencia de ADN
o hemorragia petequial, entre otros cejudos tecnicismos. Llevan guantes
de látex la mayor parte del tiempo, meten el dedo en cuanta llaga ha dejado una bala, pasan horas en la morgue y es poco lo que dejan saber de sus vidas privadas. Son hombres y mujeres expertos en medicina forense, balística
o explosivos, y resuelven los casos hurgando bajo las uñas, introduciendo
un hisopo en la boca de los sospechosos o recogiendo cabellos dejados al azar. ¿Quién hubiese apostado, una década atrás, que con ese perfil lograrían convertirse en los detectives más seductores y copiados de la televisión estadounidense? Al menos no la cadena ABC, que tuvo en sus manos al autor intelectual de CSI, Anthony Zuiker, y lo dejó escapar con un "esto nunca va a calar en la audiencia". Hoy día, lo que terminó transformándose en una exitosa franquicia -CSI: Crime Scene Investigation (2000), ambientada en Las Vegas, CSI Miami (2002) y CSI New York (2004)- producida por CBS, puede alcanzar un promedio de 25 millones de espectadores en un estreno de temporada en el vecino del norte, se transmite en más de 200 países -en la señal de AXN en Venezuela- y, lo que es más, ha logrado que el número de jóvenes interesados en convertirse en investigadores forenses en la tierra del Tío Sam se incremente en más de 300 por ciento. Touché.
Con su arrollador estilo visual y sus innovadores flashbacks, sus magnéticos elencos y un humor tan inteligente como negro y sutil, tal ha sido su impacto en el modo de concebir los espacios policiales que varios se han visto obligados a incluir a un forense perspicaz entre sus protagonistas. Eso, por no hablar de lo que ahora es moneda corriente en esos programas: rupturas de tiempo en las historias y empleo de avanzados recursos técnicos. "Que nos copien es el mejor halago, pero nadie puede hacerlo como CSI", comenta, sin falsas modestias, Anthony Zuiker, un hombre que tres años antes de concebir el show, manejaba un tren en el casino Mirage de Las Vegas por ocho dólares la hora. A estas alturas, el costo de un episodio de la serie puede situarse "al norte de dos millones de dólares y al sur de tres", como prefiere decir el propio Zuiker, a quien la idea se le ocurrió viendo el programa Los nuevos detectives (Discovery Channel), donde expertos -de la vida real- muestran cómo resuelven un caso gracias a los avances de la ciencia: "En un capítulo descubrían al criminal analizando una hebra de cabello. Me dije: '¡Guao!, todo lo que se puede extraer de un simple pelo', y me di cuenta de que allí había un mundo todavía no explotado en (los seriados de) la TV".

"Las personas mienten, pero las pruebas no". El santo y seña de la
serie está escrito en una caja, dentro
de la oficina del jefe del team de
Las Vegas, Gil Grissom -interpretado por William Petersen. Los insectos,
los textos científicos, el escritorio,
todo luce tan personal que, a ratos,
se llega a olvidar que aquello es una fantasía y que se está en un estudio
de grabación en Los Ángeles (Universal City), pues, lo que pasa
en Las Vegas, en realidad se queda
en Hollywood, donde se graban casi en su totalidad las tres versiones de CSI. "Cuando empecé a concebir a Grissom junto a Will Petersen me decía: Este no va
a ser un personaje que saque su arma de buenas a primeras, tampoco va a saltar
de un helicóptero y mucho menos va a salvar el mundo -refiere Zuiker. Este va a
ser un pensador educado y enigmático, especializado en entomología (estudio
de los insectos) y en el comportamiento humano, para quien la evidencia será
materia sagrada".
A pocos pasos del refugio de Grisson se encuentran los laboratorios y la morgue, equipados con cuanto aparato es punta de lanza en el análisis forense. "Son de verdad, algunos cuestan millones de dólares, pero la mayoría no tiene la computadora adentro", aclaraba alguien del equipo de producción. En todo caso, lo que se observa allí -y lo mismo se apreciará en los sets de los derivados de Miami y New York- es sumamente hi tech. No en balde, un criminalista escribía en The New York Times: "En el show, la ciencia luce, incluso, más sexy que los protagonistas". Cuando se está a punto de darle la razón, comienza a aparecer el elenco: a lo lejos, la contraparte femenina de Grissom, la no menos magnética Catherine Willows, interpretada por Marg Helgenberger, está siendo grabada en una secuencia. En un alto en la filmación, la actriz -mucho más guapa en persona-, comenta que las mujeres de la franquicia -particulares y sacadas de todo cliché- están a la altura de sus pares masculinos, por lo que sus papeles son más gratificantes. "Catherine es segura, inteligente, y para destacar en ese mundo no compromete sus ideas ni su feminidad. Me halaga que ella sea una inspiración para que algunas jóvenes se hayan interesado en las ciencias criminales". Y después añade riendo: "Claro, tampoco es que puedo decir que alguna bailarina exótica (lo que era su personaje en el pasado) se me ha acercado para decirme que la inspiré para cambiar de carrera".
George Eads (Nick Stoves) y Gary Dourdan (Warrick Brown), tan amigos en pantalla como fuera de ella, también están rodando ese día. Eads recuerda que su rol nunca le exigió tanto -y jamás le dio tanta satisfacción- como cuando estuvo a punto de morir, enterrado vivo, en el episodio que dirigió Quentin Tarantino, admirador confeso de CSI, en el cierre de la quinta temporada. Dourdan, de su lado, adelanta que Warrick no se quedará atrás, y tendrá una historia destacada -donde le tocará ir contra la mafia-, en un futuro capítulo dirigido por una batuta nada despreciable: "Lo condujo William Friedkin, el mismo de Contacto en Francia y El Exorcista". Cuando los actores son llamados de nuevo a escena, una periodista suspira: "Estos tíos están de muerte".
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Nick, Warrick y Catherine escrutan el lugar en busca de evidencias. El equipo de Las Vegas estrena canal, pues pasó de Sony a AXN, que ahora transmite
toda la franquicia |
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| CSI: Crime Scene Investigation. Octava temporada. Lunes, 7:30 pm (hora de Venezuela) por AXN |
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Una Hummer -de verdad- se consume bajo las llamas en la pista del aeropuerto Torrence. "Se supone
que la manejaba Horatio", revela
el publicista de CSI Miami, refiriéndose a Horatio Caine (David Caruso), el líder del equipo que tiene como epicentro la ciudad de Florida.
Pero sigue siendo Los Ángeles
y ahora se está en los estudios
de Manhattan Beach, donde habitualmente se filma este derivado
de la serie. Es claro que algo falló
en el atentado, pues Caine, genio
y figura hasta la sepultura, está examinando la escena enfundado en un impecable traje de Prada y con sus inseparables lentes de sol muy bien ajustados. Su aparición en la pista tiene algo de fantasmal. "Cuando estaba discutiendo por primera vez el programa con los productores, me preguntaba cómo debía ser este personaje que
iba a representar el bien en ese mundo que tiene que lidiar con tanta oscuridad. Se me ocurrió que, quizá, para lograr más efectividad, este hombre debería asustar tanto o más que los propios delincuentes. Los criminales son personas peligrosas, así que a veces es una herramienta útil saber cómo quebrar sus espíritus", dice Caruso a los periodistas, una vez concluidas sus tomas. "Horatio es como un sabueso cazando a su presa -extiende su punto de vista Anthony Zuiker. Siempre se engancha con el sobreviviente y le promete al principio del show que va a atrapar al culpable". Pero como el actor no carga con el peso de su alter ego en pantalla, se presenta relajado y de buen humor. "¿Que si Horatio vive en un apartamento? Sí, pero no debe tener muebles porque todo se lo gasta en trajes", bromea ante una pregunta. Más adelante asumiría un tono más serio para explicar por qué, para él, a la franquicia aún le queda larga vida: "CSI es una nueva manera de contar historias en la TV. En el pasado se hacía, sobre todo, de tres formas: los programas de abogados, de doctores o de policías. Nosotros combinamos los tres mundos, porque, como forenses, lidiamos con aspectos policiales, médicos y legales. Así que son muchas las entradas y mucha la cuerda que se le puede dar todavía". Aunque, quizá, es justamente por aquello de amalgamar tantos mundos -y en vista de la popularidad de la serie- que algunos expertos se han visto obligados a aclarar ante la audiencia que el show altera demasiado la realidad, por lo que no se debe esperar que todos los casos criminales se resuelvan con pruebas de ADN y con tal celeridad. "La verdad es que para obtener los resultados de uno de esos tests pueden pasar meses y, para resolver un crimen, años -señala John Dove, ex policía de Nueva York, hoy guionista y asesor de la versión situada en la Gran Manzana. También es cierto que un porcentaje muy pequeño de los delincuentes es atrapado gracias a las pruebas de ADN, que a veces ayudan, pero que no son concluyentes por sí solas. Así que, ciertamente, aceleramos el tiempo, pero esto es entretenimiento. Eso sí, en lo que respecta a los procedimientos somos muy cuidadosos y nos apegamos a la realidad". En el apartado de los homicidios que se ven en la serie, no obstante, en ocasiones pareciera que es poco el límite que se le pone a la imaginación. "Les aseguro que la vida puede superar con creces a la ficción - comenta Dove. Yo llegué a ver cosas que ustedes jamás creerían". ¿Dónde? En New York, New York.
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Al grupo de Miami le tocará revisar
la escena de un atentado contra
Horatio, cuya Hummer
se enciende en llamas |
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CSI Miami. Sexta temporada. Miércoles,
8:30 pm (hora de Venezuela) por AXN |
 
¡Bienvenidos a Nueva York!, exclama Gary Sinise, quien asume al detective Mac Taylor, cerebro de CSI en la ciudad que nunca duerme -y que,
por lo visto, tampoco lo dejará
pegar un ojo a él en esta temporada (la cuarta), pues a alguien le ha
dado por acosarlo por teléfono,
a diario, justo a las 3:33 am.
Aunque todo sigue ocurriendo en
Los Ángeles -esta vez se está en Radford Studios, en Studio City-, nadie se atrevería a llevarle la contraria a Sinise, que está sentado en la modernísima oficina de Mac, con una impresionante gigantografía que recrea a Manhattan en el fondo. Así que al otrora teniente Dan, de Forrest Gump, lo que jamás le quitará el sueño, pues, es tener que trasladarse continuamente a la metrópolis de los rascacielos para otorgarle veracidad al programa, del cual, por cierto, también es productor. Es más, grabar en Hollywood tiene sus ventajas: "Para la vida familiar es lo mejor. Vivo a 20 minutos de los estudios y mis hijos van al colegio a sólo cinco minutos. Así que es un trabajo muy cómodo y estable". ¿Y dónde quedó aquel espíritu rebelde e inquieto que fundó en el pasado la compañía teatral Steppenwolf junto a su amigo John Malkovich? "Miren, ¿cuántos guiones de cine buenos puede haber allá afuera? Sobre todo para los actores de mi edad -cumple 52 años el 17 de marzo-, no existen, en estos momentos, mejores oportunidades que las que hay en la televisión, que hoy día está llena de escritores extraordinarios. Por eso se ven veteranos del calibre de James Woods (Shark), Anthony La Paglia (Without a Trace) o Hugh Laurie (Dr. House) laborando en este medio. En el caso de CSI New York tenemos un equipo de escritores de primera línea, y como productor siempre estoy aportando ideas. Yo creo que estamos haciendo un trabajo de gran calidad". De otro lado, al también muy respetado Sinise, la tranquilidad que le proporciona la TV le permite dedicarle más tiempo a su banda Lieutenant Dan, con la que ha entretenido a las tropas estadounidense en Irak, en más de una ocasión. ¿Y allí toca con o sin piernas?, bromea un periodista. "Allí nos damos con todo", se ríe el actor. También se dan con todo en el set, por eso en el show no se descuida ningún detalle, y mucho menos en lo relativo a materia forense: asesores expertos -como el ya citado John Dove, cuya experiencia en NYPD fue de 20 años- orientan a actores y guionistas en lo que debe hacerse para no incurrir en errores. "Aunque, en este sentido, podríamos ser más relajados", refiere Robert Joy, quien da vida al patólogo de la serie neoyorquina. "Varios forenses me han comentado que, de hecho, tiene que haber mucho humor en una morgue porque, sino, ellos se volverían locos. Así que resulta natural y auténtico cuando mi personaje apela a uno que otro chiste, negro, como corresponde, en ciertos momentos". Más, si hasta en la ficción habría que tener demasiado buen talante y mejor estómago para enfrentar un cadáver: "Algunos maquillajes son realmente perturbadores". Como para que no quede la menor duda, "una muerta" pasa caminando por detrás de él. La pobre chica se encuentra en condiciones deplorables. "Creo que me buscan", se despide Joy. Al rato se le ve con su "cadáver", preparado para grabar una secuencia en la -demasiado real- morgue. La maquilladora del show, quien ha quedado libre, invita a la prensa a pasar a su centro de acción. Entonces empiezan a aparecer periodistas abaleados por los estudios. Eso sí, todos se quedarán con las ganas de que aparezca Grissom para decir: "Esto no es ningún crimen: él solito se mató".
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En el set de CSI New York, la acción transcurre entre un colegio y la morgue, que, de tan real, produce escalofríos |
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| CSI New York. Cuarta temporada. Jueves, 7:30 pm (hora de Venezuela) por AXN |
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