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Chicago
Bailando por el Oscar
Pablo O. Scholz
El musical Chicago, que llegará
a las pantallas del país el 12 de marzo, se alzó con
13 nominaciones a los premios de la Academia. Los protagonistas:
Richard Gere, Renée Zellweger y Catherine Zeta-Jones, ofrecieron
esta entrevista durante el Festival de Cine de Berlín

Las dos
protagonistas se alzaron con sus nominaciones al Oscar,
no así Richard Gere a pesar de llevarse el Globo de oro
como Mejor actor en un musical o comedia
La ciudad amaneció blanca, con
nieve como cubretecho de los Volkswagen y de los Mercedes Benz.
Sobre las ramas peladas de los árboles de los parques hay
una capita de nieve que el frío mantiene sólida. Es
el mismo frío que llega hasta los huesos, y eso que se aproxima
el mediodía. Nada amedrenta a los fans que patean la vereda
del hotel Four Seasons mientras aguardan la llegada de algún
famoso. Tres pisos más arriba, reciben a los periodistas
Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones y Richard Gere, las
estrellas de Chicago, un film que alcanzó 13 nominaciones
al Oscar. Zellwegger es la primera en hablar. "Perdona la tardanza,
pero me quedé dándole un beso enooorme a Rob Marshall
(el director de la película)", es la disculpa. Mira
el afiche de Chicago en la habitación color amarillo
patito. La "C" está compuesta por luces, y sólo
ella está en el póster.
Mucho se ha hablado de su romance con George Clooney, quien le habría
regalado para Navidad un brazalete de diamantes de 30.000 dólares,
el mismo que Renée llevó la noche en que ganó
el Globo de Oro a la mejor actriz de comedia o musical. "Me
exaspera que me inventen romances, que se mienta a costa de uno.
Los periodistas son responsables de lo que escriben. Es nuestra
historia. ¿A quién vas a creerle si te digo que todo
eso es mentira?".
Parece fuera de sí. Se lleva el cabello rubio, muy corto,
detrás de su diminuta oreja. Tiene unos dientes perfectos
y una mirada ce-les-tial. Roxie Hart, su personaje, que sueña
con ser alguien en el show business y termina en la cárcel
por asesinar a su amante, dice que mataría por llegar a ser
una estrella.
¿A qué estaría dispuesta Renée?
"Tengo un trabajo interesante, lo que hago es consecuencia
de lo que realmente amo. ¿Sabes qué? Si estás
motivada, si sabes cuál es tu propósito, mantienes
tu esencia y tu moral, lo puedes lograr en cualquier escala. Y eso
es bárbaro".
¿Tuviste miedo cuando te ofrecieron interpretar a Roxie
en Chicago?
"Pánico. Fue terrible. Mi corazón latía
más fuerte, no paré, no dormía".
A lo que también le tiene miedo es a una guerra en Medio
Oriente. "Estoy orgullosa de ser americana, de los derechos
en los que se basa la Constitución y la democracia de mi
país. ¿Bush? El es mi presidente. No voté por
él. No creo en lo que él cree. No comparto la perspectiva
global que él tiene. Pero lo respeto porque es el presidente
de Estados Unidos. Estoy orgullosa, por otra parte, porque mi familia,
que es inmigrante, que no sabía el idioma, y que conoció
el hambre, hoy puede tener otra realidad".
Renée combina muy bien los colores, pero si sigue tirando
de la manga de su camisa, corre serio riesgo de descoserla. E insiste
con lo de los rumores y las "especulaciones" con George.
"Como eso de que voy a filmar El diario de Bridget Jones,
otra vez. ¿Quieres mi versión? -insiste, con su voz
entre áspera y de pito-. Hablamos y quedamos en que si el
guión es bueno, si podemos hacer la película perfecta,
todo bien". ¿Ella habrá dejado a Jim Carrey,
o habrá sido al revés..?
Mucho más amable y formal hasta preguntar por enésima
vez: "¿No quieres comer algo? ¿Te sirvieron té?",
Richard Gere no viste tan bien como su compañera de elenco.
Su saco es marrón; la camisa, gris; el pantalón, negro;
lleva un colgante rojo, un collar de cuentas de madera pasado tres
veces por su muñeca izquierda, un hilo blanco en la derecha,
un anillo de plata fino en el anular izquierdo, anteojos sin marco
y el pelo casi por completo canoso. Antes de que insista con lo
de la comida, va la primera pregunta.
¿Realmente está conforme con cómo baila
y canta en Chicago?
"Si salió todo tan bien fue porque el trabajo fue extenuante.
Yo soy muy tímido. Cerraba la puerta para los ensayos de
tap. Sentí todo el proceso entre humillante y doloroso",
dice, y marca con golpecitos en la mesa. "Soy músico,
y eso ayuda, sugiere, pero -se verá-, no tanto".
Gere no tuvo ningún doble, como tampoco Renée ni Catherine.
"Me filmaron con cuatro cámaras. La escena del tap
habrá sido tres horas, nada más". Perdón,
dice. Aquí hay que aclarar que Gere se atraganta con un muffin,
uno de los cuatro que se ha servido, y que terminará obsequiando
uno restante.
"Lo más divertido fue filmar con las chicas alrededor.
Son las mejores bailarinas de Broadway. Tienen diecisiete años,
pero son mujeres en sus cuerpos, y en sus mentes". Cierto que
Gere es budista.
"Lo espiritual no es lo que está aquí adentro".
Evidentemente, adentro de la jarra de agua caliente, no. En el saquito
de té de menta que se va tornando más y más
oscuro, tampoco. "Lo espiritual está en una sonrisa,
en cierta mirada, en la caca del perro. Es lo último que
tenemos", casi casi canoniza.
Volviendo a cosas más terrenales, Gere, que esta mañana
se afeitó rápido y mal, asegura que hizo "muchos
musicales de chico", pero también que no le gustan los
musicales en el teatro. "Te dan la idea del entretenimiento,
pero no son entretenimiento. Hay mucho color, muchas chicas -la
obsesión-, mucha música pero no es... ¡mucho!
Fíjate que a la película es más fácil
entrarle por los personajes. Roxie te parte el corazón. Ves
su genuina fragilidad, eso no lo puedes ver en el teatro. Nosotros
trabajamos en cada coreografía las manos, los movimientos
de ojos -los hace girar de un lado a otro durante diez, quince segundos-.
Hay que ser precisos".
Gere insiste en mostrarse erudito con Chicago. Recuerda que
ésta es la tercera versión en cine, que hubo una de
1929 muda, y recomienda, aunque en el país tal vez no se
consiga, la escena en la que Ginger Rogers baila tap en Roxie
Hart. "Es de lo mejor que vi en mi vida", y agrega
que no, que aunque quisiera, no podría dirigir porque no
puede focalizarse durante dos años en un solo proyecto. "Tal
vez en uno, sí".
Y antes de que pregunte por otra taza de té: ¿Es posible
otro romance con Julia Roberts? "Si hay un guión bueno,
sí. No por el momento. Pero llévate uno de estos",
dice señalando un muffin de chocolate.
En el cuarto de Gere hay un afiche de Chicago, pero sin lucecitas.
Y en la foto están los tres. No así en el cuarto de
Catherine Zeta-Jones, cuya habitación es más amplia
que la de Renée, tal vez porque hoy Catherine en verdad son
dos personas: está nuevamente embarazada. A la galesa que
deslumbró en La máscara del Zorro, hay que
decirlo, el embarazo le cayó como una bomba. Está
muy gorda, la carne le flota en los brazos, los anillos de diamantes
(dos) y el reloj plateado le ajustan los dedos y la muñeca.
Su generoso escote permite ver su sostén de encaje negro,
la parte superior del pecho y el cuello con pequeñas cicatrices
y una erupción fuerte en el costado izquierdo.
"Soy ambiciosa si miro adónde fue mi carrera y descubro
que se cumplió mi sueño, pero no soy como Velma Kelly,
la estrella que asesinó a su hermana porque se acostaba con
su amante en la película".
De todas maneras, Catherine -quien bailó en Annie, Bugsy
Malone y 42nd Street de joven- dice que se fue de Londres "por
los paparazzi", y niega que compita con Renée por el
protagonismo, en pantalla y con la prensa. "Tuvimos una maravillosa
camaradería de seis semanas durante el rodaje; a la gente
le hubiera gustado que le clavara un cuchillo en la espalda. ¿El
Oscar? Sería un honor".
Cruzada de piernas, con la mano derecha entre ellas, Catherine cuenta
que cuando le ofrecieron volver al musical no lo pensó dos
veces. "Luego del éxito de Moulin Rouge espero
que haya más musicales. Ahora no, por mi estado, pero es
probable que me lleguen pilas de proyectos... Trato de combinar.
Traffic, Chicago, la nueva comedia de los hermanos Coen.
Oh, Dios, son tan locos. A veces se reían mientras rodábamos
y arruinaban la escena. Por suerte les pedí que pospusieran
el estreno de abril, que es cuando voy a dar a luz".
Catherine dice tener el mejor trabajo del mundo y el mejor esposo.
"Michael (Douglas) es un magnífico papito, está
ahora mismo con Dylan Michael (dos años y medio). Amo estar
embarazada", jura, y no teme no recuperar su figura. Ella tampoco
fue doblada en las escenas de baile -"y es cierto, le pedí
al director cortarme el pelo para que todos vieran mi rostro mientras
bailaba; él quería que estuviera con el pelo largo"-,
y con respecto al canto, "de chica usaba mi cepillo de dientes
como micrófono en el baño. ¿Sabes cuál
es aún mi sueño? Ser cantante. No una pop star,
pero quiero hacer un show en Las Vegas".
No ahora, que el cronista debe ayudarla a levantarse de su sillón,
"porque después de estar con las piernas cruzadas, me
cuesta", añade la actriz. Antes de irse, se devuelve
y se sirve todo el contenido de la botella de agua Evian en un vaso.
Agua sin gas, se entiende, porque lo suyo no es hinchazón.
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