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Vampirismo
Max Haines
A Tracy le gustaba la sangre... y cada
vez quería más
Lisa
Ptaschinski sabía adónde ir para elegir una chica
lesbiana con la que pasar la noche. Cuando conoció a Tracy
Wigginton, en el club nocturno de Lew-Mors, en Brisbane, Australia,
consiguió incluso más de lo que deseaba.
Las dos chicas, que rondaban los veintitantos, se conocieron el
13 de octubre de 1989, por la noche. Inmediatamente, Lisa quedó
prendada de Tracy, que iba vestida de negro, con excepción
de una camisa blanca. Sus zapatos, de mucho tacón, le dieron
la impresión satánica que deseaba saciar.
Pocos minutos después de su primer encuentro, Lisa y Tracy
se fueron a la cama. Fue entonces cuando Lisa se dio cuenta de que
Tracy tenía unas pequeñísimas costras en la
muñeca. No le dio muchas vueltas al asunto hasta que en la
conversación salió el tema de la sangre. En ese momento,
Tracy, bastante orgullosa, le contó que era vampiro. No era
broma: le encantaba el olor y el sabor de la sangre.
Todo empezó cuando tenía 15 años y se hizo
miembro de un grupo de brujas. Entonces, participó en ceremonias
en las que se bebía sangre de animales, pero con los años
pasó a beber sangre humana. Era mucho más sabrosa.
Cuando estaba desesperada, se abría sus propias venas y bebía
su propia sangre. Dijo que le gustaría probar un poco la
de Lisa.
Así empezó todo. Tracy insistió mucho y Lisa
accedió. Tracy tomó un cuchillo y le hizo a Lisa unos
diminutos cortes en las muñecas. Luego, Tracy chupó
la sangre de su compañera. No le hizo daño a nadie,
y a Tracy le encantó la sangre de Lisa.
Al cabo de un día, las amantes se hicieron grandes amigas.
Tracy insistió en presentarle a Lisa sus amigas más
allegadas, Kim Jervis y Tracy Waugh. Ambas chicas tenían
24 años. Las cuatro mujeres congeniaron a las mil maravillas.
En ese primer encuentro en el apartamento de Kim, en la zona de
Clayfield, en Brisbane, Tracy sacó a relucir el tema de la
sangre. Bueno, hizo algo más que sacarlo a colación.
Les dijo que se consideraba vampiro. Ninguna pareció sorprenderse.
Las tres amigas de Tracy llevaban las marcas reveladoras en las
muñecas. Por primera vez, Lisa se dio cuenta de que Tracy
las tenía dominadas a ella y a las otras dos mujeres, obligándolas
a satisfacer sus anormales deseos.
Tracy les dijo, además, que no podía remediarlo. Cada
vez necesitaba mayores cantidades de sangre. Tenía un plan.
Con su ayuda, engañaría a un hombre y lo mataría,
degollándolo para satisfacer su irresistible necesidad de
sangre.
Ninguna de las mujeres se marchó. Ninguna pensó que
era una idea descabellada. Ninguna puso ninguna objeción.
Elegirían al hombre más indefenso que encontraran
y lo matarían para chuparle la sangre.
Ese viernes, Ted Baldock sudó trabajando en su martillo neumático
en las abrasadoras calles de Brisbane. Ted, quien tenía 47
años, estaba felizmente casado con una mujer adorable y encantadora.
Elaine y Ted tenían cinco hijos, pero, al aproximarse la
noche del viernes, Ted no pensaba en su familia. Y es que esa noche
Ted iba a salir y tenía la intención de pasarlo estupendamente.
Esa noche iba a ir al Club Caledoniano de Kangaroo Point. Ted se
quitó su sucio uniforme de trabajo y se bañó
en las duchas de la ciudad. Luego, se puso un nuevo par de pantalones
y una camisa blanca y reluciente.
Ted se fue al club, dispuesto a pasar la noche bebiendo cerveza.
Entre tanto, las cuatro mujeres estaban bebiendo champaña
en otro club. Las cuatro se metieron en el vehículo de Tracy
y se dispusieron a buscar una víctima. No encontraban a nadie
hasta que una de las mujeres sugirió que fueran a Kangaroo
Point.
Ted salió tambaleándose del club, totalmente borracho.
Caminó unas cuantas manzanas pero no podía mantenerse
en pie, así que se apoyó en una farola. Justo en ese
momento pasó por allí un vehículo cuyas luces
le apuntaron directamente. Al estar completamente bebido, cerró
y abrió los ojos para poder ver bien el automóvil.
Kim y Tracy salieron del carro y le preguntaron si necesitaba que
lo llevaran. Ted pensó que le vendría muy bien pero
sus pies no respondían a las órdenes de su cerebro.
Gracias a las dos buenas samaritanas pudo meterse en el vehículo.
Las otras dos mujeres también le ayudaron. Allí estaba
él, sentado entre mujeres fantásticas que le iban
a llevar a su casa.
Una de las chicas le preguntó: "¿Quieres pasártelo
estupendamente?" Ted pensó que se había muerto
y había llegado al paraíso. Aunque estaba bebido,
las intenciones de las cuatro chicas estaban claras. Cuatro mujeres,
dispuestas a pasarla bien, lo habían elegido como amante.
El vehículo arrancó, para luego detenerse en una parada
cercana al Club de Yates de Brisbane Sur. Tracy le dijo a Ted que
la acompañara a la orilla del río. Las otras tres
mujeres llegarían después. Ted pensó que Dios,
con su infinita sabiduría, había decretado que iba
a hacer el amor con las cuatro mujeres, una a una. Era su noche
de suerte.
Tracy le dijo a Ted que se quitara la ropa. Tenía que volver
al vehículo pero regresaría en un momento. En el automóvil,
las chicas discutieron. Kim y Tracy Waugh tenían dudas. Sugirieron
olvidar el plan y marcharse. Kim arrojó su cuchillo en el
asiento. Lisa y Tracy Wigginton no querían ni oír
hablar del asunto. Juntas se fueron hasta la orilla del río.
Allí estaba Ted, sentado, desnudo, como Dios le trajo al
mundo, esperando para disfrutar de su noche pecaminosa y lujuriosa.
Precavido, había dejado el cambio que llevaba y su cartera
en uno de sus zapatos. Mientras dejaba caer su cartera, vio una
tarjeta de crédito que se le había caído a
Tracy Wigginton, sin darse cuenta. Pensando que era suya, también
la metió en su zapato.
Tracy y Lisa se pusieron encima de la espalda de Ted y apuñalaron
una y otra vez a su víctima, que no sospechaba nada. Lisa
sujetó a Ted como pudo mientras Tracy le daba múltiples
puñaladas en la espalda y el pecho. Ted yacía muerto
a los pies de las dos mujeres. Para satisfacer su deseo, Tracy degolló
a su víctima y le chupó la sangre. Cuando terminó,
se bañó en el río.
Al dejar el lugar, Tracy se jactó del asesinato y de haberle
chupado la sangre. Kim y Tracy Waugh lloraban por el horrible asesinato
que sus amigas acababan de cometer.
Al
día siguiente, dos chicos que jugaban cerca del club de yates
se toparon con el cadáver del hombre. La policía fue
al lugar del crimen. Un agente tomó uno de los zapatos de
Ted, recogiendo el cambio que estaba dentro. Por la cartera de la
víctima, se le pudo identificar inmediatamente, descubriendo
que se trataba de Ted Baldock, empleado de la ciudad. En su zapato
también había una tarjeta de crédito a nombre
de Tracy Wigginton.
Los detectives se pusieron en contacto con Tracy que, cuando no
estaba chupando sangre, iba a la universidad. Se negó a colaborar
con la policía, arguyendo que había perdido su tarjeta
de crédito y no tenía ni idea de cómo había
ido a parar al zapato de una víctima de asesinato.
Tracy Waugh y su amiga Kim decidieron ir a la policía y admitir
que estaban implicadas. Casi al mismo tiempo, Lisa le contó
lo sucedido a su casera, quien la convenció para que se entregara.
Las tres mujeres confesaron estar implicadas en el asesinato.
En febrero de 1990, Tracy Wigginton se declaró culpable del
asesinato de Ted Baldock y fue sentenciada a cadena perpetua. Un
año después, Lisa Ptaschinski fue declarada culpable
de asesinato y también fue sentenciada a cadena perpetua.
Kim Jervis fue acusada de homicidio y sentenciada a ocho años
de cárcel. Tracy Waugh fue declarada inocente y liberada.
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