 |
Sus recomendaciones
Irene Paiva dice que en climas cálidos,
como el venezolano, se deben tomar en cuenta las condiciones
de almacenamiento, esenciales para su conservación, pues
las altas temperaturas y el exceso de luz son enemigos del vino.
Si son vinos blancos del nuevo mundo, estos no deben superar
los cinco años, y si son los más baratos, ni siquiera
dos años. En el caso de Castillo de Molina pueden llegar
hasta los cinco años, ya que son vinos para guardar.
En cuanto a los tintos, no deben superar los siete años.
Hay que fijarse en el corcho, que no esté subido; de
ser así, la botella ha estado expuesta a calor excesivo.
El nivel de llenado debe ser parejo. Si al abrir el vino el
corcho está empapado podemos llevarnos una desagradable
sorpresa al probarlo.
Asimismo, se debe cuidar la temperatura del vino al servirlo.
Los blancos deben estar entre 8° y 10°, los tintos entre
15° y 18°; esto quiere decir que en Venezuela hay que
enfriar el tinto y no servirlo a temperatura ambiente, porque
es superior.
Y ya que hablamos de vino ¿qué puede decirnos
de las copas?
"Deben ser transparentes. Las de colores son muy lindas
pero no sirven para tomar vino porque no se puede apreciar visualmente.
Nada de copas de cristal grueso ni tampoco las que son cuadradas.
Las de forma de tulipán son las mejores porque puede
agitarse el vino sin que se derrame, y dejan pasar el oxígeno
al interior de la copa y así estimular su bouquet. Deben
lavarse con muy poco detergente y éste no debe ser perfumado.
No deben guardarse con la boca haciendo contacto con alguna
superficie. La mejor opción es colgarlas".
Como última recomendación la enóloga señaló
que no se debe asistir a una cata perfumado, ya que la fragancia
interfiere con el olor del vino. |
Con delicado bouquet
Mayte Navarro de Veloz
Irene Paiva, una de las enólogas más importantes
de Chile, ofrece sus recomendaciones a aquellos que deseen iniciarse
en el apasionante mundo del vino .
El protagonismo del vino se ha hecho sentir
en estos días; puede ser la cercanía de la Navidad,
tiempo que obliga al brindis y los regalos. Ha sido una actividad
frenética desarrollada por las distintas casas que representan
las marcas provenientes de viñedos europeos y del Nuevo Mundo.
Una de ellas, Tamayo, no se contentó con traer tres de los
nuevos caldos de la casa chilena Castillo de Molina, como son su
Chardonnay, Pinot Noir y Carmenere, además de sus ya consabidos
Merlot y Cabernet Sauvignon, sino que con ellos vino la enóloga
Irene Paiva, considerada una de las siete mejores narices de Chile.
Irene Paiva estudió Agronomía en la Universidad Católica
de Chile y en su último año se decidió por
la Enología, una carrera donde cada día se ven más
mujeres compitiendo con los hombres, quienes hasta ahora habían
ejercido la hegemonía en ese campo.
Esta dama del vino habla con sencillez y no abusa de términos
técnicos y científicos, pero deja ver un carácter
firme y enérgico, capaz de comandar un equipo que durante
la vendimia vive momentos de mucho nervio y adrenalina. Sobre sus
hombros reposa la responsabilidad de hacer nacer nuevos vinos que
no sólo se disfrutarán a los pocos meses, sino aquellos
que verán la luz después de un lustro. Su nariz, su
gusto y vista deben crear vinos que sean orgullo para la Viña
San Pedro.
A su parecer, ¿qué es lo más difícil
en esta disciplina?
"La
vendimia, tiempo cuando las bodegas aumentan el número de
empleados, y la cantidad de horas de trabajo. Además, hay
poco tiempo y mucha responsabilidad".
¿Cree que hay vinos que se ponen de moda?
"Se habla de ello y a la hora de elaborarlos es válido
para un enólogo entrar en las corrientes de la 'moda'; es
una actitud regida por el mercadeo y es otra forma de buscar nuevos
vinos, lo que resulta interesante para innovar, pero es importante
recordar que los buenos vinos lo son para todo el mundo, y cuando
el vino es malo sucede lo mismo. Esto supera cualquier temporalidad.
Cuando un enólogo trabaja para producir vinos que serán
degustados en muchos países, no tiene sentido que piense
en el gusto de un solo sector. Por ejemplo, Viña San Pedro
exporta para 70 países y debe tener un criterio más
universal. En este momento, mucha gente siente preferencia por vinos
más jóvenes. Nuestra viña los tiene, pero no
hemos olvidado los clásicos, aquellos que no se ven afectados
por las tendencias. Por otra parte, el idioma del vino es bastante
universal cuando nos referimos a valores de calidad".
¿Cuáles son los secretos para conocer un buen vino?
"No debe poseer ningún olor extraño, ni sentirse
nada desagradable; por ejemplo, olor a moho. Si se trata de un vino
blanco, no debe ser amarillo oscuro... El vino es como un libro
que debe llenar las expectativas, porque cada uno tiene sus patrones
de calidad que se cumplen al verlo, olerlo y luego probarlo, pero
no debemos confundir calidad con preferencias".
¿Cuáles serían los ejercicios básicos
que deben practicarse para saber disfrutar de un buen vino?
"Hay que desarrollar la vista, el gusto y el olfato para poder
descubrir las diferencias entre un vino y otro; eso se alcanza probando
simultáneamente varios vinos de un mismo tipo.
Escoger tres o cuatro Chardonnay de un mismo país y comparar
su color, descubrir aromas en cada uno de ellos y luego probarlos.
Repetir este mismo ejercicio con un mismo tipo de vino, pero de
diferentes países. Yo recomiendo hacer esto acompañado
de amigos, porque resulta más entretenido y enriquecedor.
No hay que olvidar apoyarse en alguna literatura, ya que ayuda a
manejar conceptos y a ganar vocabulario. Por otra parte, el mundo
del vino es infinito, debido a la gran variedad de caldos que se
producen. Es conveniente comenzar con vinos sencillos y luego pasar
a otros más complejos".
Tocar
el punto del maridaje (combinación de vino y comida) resultó
inevitable e Irene explicó que allí también
se han roto muchos tabúes. "El maridaje comida-vino
ha evolucionado bastante. Lo relevante es que de esa alianza tanto
la comida como los vinos salgan transfigurados. Recomiendo que en
una comida puedan servirse dos vinos con cada plato. Por ejemplo,
con un pescado con mantequilla, dos Chardonnay, para que cada comensal
escoja. Si es un rojo, podrían seleccionarse un Merlot y
un Cabernet. También está la posibilidad de servir
un tinto joven o un blanco con cuerpo. Lo importante es prestar
atención a los ingredientes de los platos. Nosotros, los
enólogos, tenemos la obligación de presentar nuevas
variedades y explicar sus bondades".
¿Cómo hacer para descubrir la añada de un
gran vino?
"En Chile, las condiciones climáticas no tienden a ser
tan marcadas por grandes contrastes, eso hace que la calidad de
los vinos sea bastante homogénea. En Europa esto no es así
ya que un verano puede ser más corto o más caluroso
que el anterior, y esto influye en el vino. Por otra parte, un buen
año para el vino blanco no lo es para el tinto".
|