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Es grave ir al espacio
Paul Simons
Bueno, lo grave para el organismo es la falta de gravedad. De hecho, superar los problemas de las travesías espaciales bien pudiera conducir a la cura de la osteoporosis y muchas de las otras enfermedades de la vejez en la Tierra.

"Aterricé acostado de espalda y alcancé mi cámara. Se sentía impresionantemente pesada, como una enorme mancuerna de plomo de 20 kilos. Era increíble. Solamente colocar un pie frente a otro exigía un esfuerzo considerable". Esto lo relató el astronauta Andrew Thomas cuando regresó a la Tierra tras pasar cinco meses a bordo de la estación espacial Mir en 1998, mientras daba traspiés y se tambaleaba por efecto del vértigo y los músculos consumidos.
Para preservar la dignidad de sus astronautas que regresan, la NASA los saca del trasbordador espacial con unas máquinas, tras el resguardo de unas cortinas para que nadie pueda ver a los devastados viajeros que apenas pueden permanecer de pie. De hecho, muchos terminan partiendo en sillas de ruedas. A olvidarse de las aventuras espaciales de las historietas, pues los viajes por el cosmos perjudican seriamente la salud. Los astronautas pueden resultar deteriorados por permanecer largos períodos en el espacio: los músculos se consumen, los huesos se debilitan, y el corazón y los pulmones se esfuerzan.
De manera curiosa, todo recuerda la vejez. De hecho, superar los problemas de los viajes espaciales bien pudiera conducir a la cura de la osteoporosis y muchas de las otras enfermedades de la vejez en la Tierra.

Asunto de mayor gravedad
Los humanos no fuimos diseñados para estar en gravedad cero. Evolucionamos para desarrollarnos en un ambiente en que músculos y esqueleto se fortalecen trabajando contra la gravedad terrestre. Aun con riguroso ejercicio, los cosmonautas de la estación Mir perdían entre uno y dos por ciento de masa ósea todos los meses. El riesgo de fracturarse un hueso durante una misión de tres años a Marte se ha calculado en 30 por ciento, con nefastas consecuencias.
"La fractura de una de las extremidades de alguno de los seis tripulantes podría comprometer seriamente los objetivos de una misión", explica Jay Shapiro, del Instituto Nacional de Investigaciones Biomédicas Espaciales de EEUU. Para un ser humano, la ingravidez es como estar confinado a la cama dentro de un yeso corporal completo. Aparte de los huesos, los músculos también se consumen por falta de uso y algunos, como los de las pantorrillas, pueden perder cerca de 20 por ciento de su masa mientras se encuentran en gravedad cero. Los tendones y ligamentos pueden debilitarse al punto de que se rasgan como el papel higiénico. También se afectan los pulmones y los órganos principales.
Asimismo, el sistema circulatorio sufre los estragos de la falta de gravedad. Cuando estamos de pie en la Tierra, la sangre se va a los pies y deja el cerebro más ligero, con lo cual se crea un gradiente de presión sanguínea en todo el cuerpo. No obstante, en el espacio el gradiente de presión desaparece y el cuerpo tiene la impresión de que algo malo ocurre y produce menos sangre, lo que supone inconvenientes para el corazón.
"Si hay menos sangre, el corazón no necesita bombear con tanta fuerza y se atrofia", explica Victor Schneider, investigador médico de la NASA.

En busca de soluciones
Los investigadores están tratando de hallar los medicamentos mágicos para combatir la pérdida de masa ósea, utilizando, quizá, las hormonas naturales o los factores enzimáticos que participan en la conformación de huesos saludables. La NASA también está tratando de desarrollar dispositivos que les permitan a los astronautas mantenerse en forma, pero los ejercicios por sí solos no bastan. Dice Alan Hargens, especialista en ortopedia que trabajó recientemente en la NASA: "No se puede colocar grandes pesos al hueso solamente y esperar a que éste se recupere si no se atiende también la sangre que fluye hacia los huesos".
Uno de los dispositivos en los que se está trabajando parece una secadora de tubo giratorio, que se lleva en la parte inferior del cuerpo y que contiene un molino en su interior que se mantiene a baja presión con una aspiradora. "Hemos descubierto que podemos brindar mayor peso corporal aplicando presión negativa a la parte inferior del cuerpo", dice Hargens. La máquina restaura el gradiente de la presión sanguínea, fortalece el corazón y los músculos y reduce, además, la pérdida de masa ósea.
Si funciona como lo publicitan, podría emplearse en la Tierra para ayudar en la rehabilitación de heridas, embolias, cirugías o el reposo prolongado en cama.
En fin, ir a donde el hombre nunca ha llegado suena muy divertido, pero lograrlo está llevando el cuerpo humano mucho más allá de aquello para lo cual fue diseñado. Sin embargo, una vez que superemos esos problemas, quizás colonicemos el espacio y mejoremos la vida de millones de ancianos de la Tierra.


 
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