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Cada dia salimos a escena en el teatro
de la vida. Casi todas las situaciones que ocurren alrededor de
nosotros y que nos involucran de alguna manera, nos afectan y terminan
disminuyendo nuestro bienestar. Pareciera que estamos montados en
el subibaja emocional de la vida, a ratos felices, tranquilos y
de repente algo surge y altera por completo nuestro estado emocional,
dejándonos sumidos en una profunda tristeza o con una gran
rabia y sin podernos controlar... Son tantas las emociones y los
pensamientos que guardamos sin expresar o liberar dentro de nosotros,
que fácilmente perdemos el control responsable de nuestras
reacciones. Pero lo más grave es que, a partir de ese momento,
caemos en manos de aquellos que teniendo más control y poder
que nosotros, nos manejan y afectan con sus actitudes, comentarios
y decisiones. Como decía un monje budista del siglo VII:
Cuando experimentes rabia o tristeza, no digas nada, no hagas nada.
Quédate como un tronco, porque cualquier cosa que digas o
hagas no saldrá de ti realmente, sino del desequilibrio emocional
que estas sufriendo temporalmente y es posible que te arrepientas
más tarde, cuando tus emociones se hayan calmado, de lo que
dijiste o hiciste... Es preferible esperar hasta calmarte para actuar,
porque una vez que la emoción haya pasado podrás pensar
de nuevo con más claridad.
En ninguna escuela nos enseñan a manejar las emociones negativas,
en la mayoría de los casos ni siquiera somos conscientes
de que las tenemos y que usamos contra nosotros mismos y contra
los demás. Cuando estamos rodeados de un grupo de personas
negativas o emocionalmente alteradas, es muy fácil contagiarnos
y perder la claridad mental. Por esta razón, es muy importante
no dejarnos afectar ni manipular por los demás, que muchas
veces se aprovechan de nuestras emociones exaltadas para manipularnos
y manejarnos a su antojo. Tomemos una posición en la vida
de acuerdo con nuestro propio criterio, evitemos hacerlo, dejándonos
llevar por las emociones negativas, que en un momento dado, nos
impidan analizar la situación con la claridad y la objetividad
suficientes como para formarnos un criterio propio e imparcial de
la situación que enfrentamos. Además, mientras más
afectados estamos, más equivocaciones cometemos y se nos
convierte en un círculo vicioso, que no podemos romper.
¿Cómo
recuperar
la calma?
Toma distancia. Imagina que subes a una montaña para observar
desde lejos el problema que tienes. De esta manera, podrás
hacerlo sin afectación para analizarlo objetivamente y encontrar
una solución. A veces necesitamos buscar ayuda pues para
una persona que no está envuelta en la situación es
más fácil ver una solución.
Escribe sobre lo que sientes.
Toma un cuaderno y sin pensar mucho comienza por anotar todo aquello
que te agobia en este momento. Te sorprenderá ver con que
facilidad llenas las páginas con toda la información
que tienes guardada dentro de ti. Al final quema el papel imaginando
que todas esos pensamientos y emociones negativas se disuelven.
Libera el exceso de energía.
Cuando sientas que no te puedes controlar, sal a caminar y ojalá
que puedas hacerlo al aire libre. El ejercicio te ayudará
a calmar tus emociones y a liberar las tensiones. Compartir la caminata
con tu pareja o con un amigo te permitirá conversar y relajarte
más fácilmente.
Tranquilízate. Quien pierde
el control pierde la batalla. Aquieta las emociones, toma una respiración
larga y profunda y dite a ti mismo: ahora estoy muy alterado, no
puedo pensar con claridad, me tomaré el tiempo para pensar
cuando no esté tan afectado. Luego coloca tu atención
en otra situación, preferiblemente positiva, para que puedas
relajar y desconectar tu mente de esos pensamientos negativos que
te desequilibran emocionalmente.
La pasión nubla la razón.
Nunca tomes decisiones cuando estés emocionalmente alterado.
Consulta con la almohada, deja que tu intuición y tu buen
criterio tengan tiempo de ayudarte a tomar la decisión más
acertada para no arrepentirte más adelante.
Todo pasa. Nada es absoluto, todo
cambia, volvámonos más flexibles, tolerantes y positivos.
Lo que hoy parece muy importante, mañana lo recordamos con
una sonrisa, el secreto de una vida feliz es no dejarse afectar
negativamente por las circunstancias externas, un disgusto te puede
dañar el día, piensa positivo y suavízate,
la vida es demasiado corta para amargarse por pequeñeces.
Nada es tan importante como para que pierdas tu calma. Aquiétate
y recupera tu salud emocional. No permitas que las circunstancias
externas, te hagan perder de vista el valor de las cosas esenciales
de la vida. Suelta el pasado, no te preocupes por el futuro, vive
el presente, la vida es maravillosa ¡y todo va a estar bien!
maytte@maytte.com
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