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revista Estampas
 

La chica humilde
y el aristócrata

La unión definitivamente
no fye bendecida por el
cielo

Max Haines

Todas las esperanzas del matrimonio se desvanecieron la noche que la esposa de Price Daniel le disparó un proyectil calibre 22 que entró por su estómago y le cortó la aorta.

Vickie y Price Daniel procedían de medios socioeconómicos muy distintos. Price era de pura sangre azul. Podía remontar su linaje hasta Sam Houston, algo que en Texas era realmente grandioso.

El papá de Price fue fiscal general de Texas entre 1943 y 1950. Dos años después fue elegido senador y se mudó a Washington, y en 1956 se retiró para convertirse en gobernador de Texas. En 1963 fue designado juez de la Corte Suprema de Texas.

Se esperaba que Price siguiera los pasos de su papá. Se graduó de abogado en la Universidad Baylor en 1966. Poco tiempo después contrajo nupcias con la hermosa y sofisticada Diane Wommack, quien también podía jactarse de tener varias figuras de éxito en el árbol familiar.

La pareja se marchó a Austin para dejar su huella en la política. Diane y Price tuvieron un hijo, Thomas, mientras vivían en Austin. Políticamente, Price no descollaba, aunque por ser un hombre que no causaba problemas se convirtió en presidente de la Cámara de Representantes en 1973. Profundamente involucrado en una carrera política que tenía sus altibajos, Price dedicaba más tiempo a su trabajo que a Diane. En 1975, la pareja se divorció.

Vickie Carroll trabajaba en el restaurante de comida rápida Dairy Queen. Vickie, que venía de un hogar destruido, había sido criada por gente desconocida para ella en Waxahachie, un suburbio de Dallas. Cuando era adolescente, Vickie pronto se dio cuenta de que su aspecto y su figura hacían que los hombres voltearan para verla. Poco después de cumplir 20 años conoció al fornido Larry Moore, un operador de maquinaria pesada. Pronto se convirtió en la señora Moore. Un año más tarde dio a luz a una niña, Kimberly. En 1971, el matrimonio fue bendecido con su segundo vástago, Jonathan.

Después del nacimiento de su segundo hijo, Vickie se volvió temperamental. Ella y Larry discutían a menudo y a veces peleaban. A Larry le parecía que cualquier pequeño desaire, real o imaginario, provocaba un estallido de rabia en Vickie. En una ocasión, en uno de sus arrebatos de furia, lo amenazó con un cuchillo. En 1976, Vickie se marchó con sus dos hijos. Para poder pagar las cuentas, tomó un empleo en la sucursal de Dairy Queen de la localidad.

Una noche, mientras servía una porción de helado, se apareció nada más y nada menos que Price Daniel. Entraron en conversación. Price dejó que Vickie se enterara de que él era abogado. Vickie dejó que él supiera que ella necesitaba un abogado para manejar su divorcio. Fue así como una muchacha de un restaurante de comida rápida conoció al hijo del ex gobernador.

Price se encargó del divorcio de Vickie, el cual concluyó en 1976. Más tarde, ese mismo año, estas dos personas de ámbitos tan disímiles de la sociedad estaban unidos por el sagrado vínculo del matrimonio. Para los amigos de Vickie, ella había alcanzado el pináculo del éxito. Los conocidos de Price no podían creer que tal
enlace se hubiera realizado.

Sin dejarse amedrentar, Vickie, junto con sus dos pequeños, se mudó a la mansión con Price y su hijo, Thomas. Exactamente nueve meses después nació Franklin Daniel.

Price pasaba la mayor parte del tiempo reestableciendo su práctica. Incluso cuando encontraba tiempo para Vickie, la pareja discutía incesantemente. En dos ocasiones, por desesperación, ella se marchó y se mudó a un motel. En ambas ocasiones, por petición de Price, ella volvió a su casa grande e infeliz.

En 1980, la beligerante pareja tuvo un segundo hijo. El nacimiento contribuyó en muy poco a cambiar la actitud o el temperamento del esposo o la esposa. El matrimonio era una constante serie de burlas, indirectas y claras expresiones de rudeza de uno al otro. Vickie siempre afirmaba que hacía su mayor esfuerzo por satisfacer los estrictos patrones establecidos por su esposo. A los ojos de él, ella siempre fallaba.

El 19 de enero de 1981, según reconoció la propia Vickie, mató a su esposo de un tiro. Por qué y cómo cometió ese acto provocaría que durante varios meses los texanos hicieran distintas hipótesis y tomaran partido a favor o en contra de la mujer.

Apenas caía la noche cuando se hizo una llamada de emergencia al hospital local.
En cuestión de minutos, el personal de una ambulancia estaba en la escena. Vickie les hizo una pregunta: “¿Cómo está él?”. Luego ella sufrió una especie de ataque, durante el cual sacudía los brazos y rodaba por el piso. Se necesitaron dos hombres fornidos para controlarla. Una vez que Vickie se calmó, los hombres buscaron y hallaron el cuerpo de Price Daniel. A unos seis metros del cadáver se encontraba un rifle calibre 22. Vickie trató de explicar la situación: “Tuvimos una discusión y subió al piso de arriba a buscar algo de hierba. Yo fui a buscar un arma para asustarlo y Price dijo: ‘Oh, no’, y el arma se debe haber disparado”.

Vickie fue llevada a un hospital. Cuatro días después, cuando le daban de alta, fue arrestada y acusada del asesinato de su esposo. Pocas horas más tarde, fue puesta en libertad bajo fianza.

La autopsia reveló que a Price le habían disparado en el estómago y que la bala se había desplazado hacia arriba en un ángulo de 20 grados. De inmediato, la familia de Price introdujo los trámites judiciales para ganar la tutela de los niños. El juicio fue inusual de muchas formas. Vickie no tenía antecedentes penales, pero lo más seguro era que perdiera la tutela de sus hijos. No parecía algo justo. Por otra parte, ¿debería la asesina confesa del padre de los niños estar a cargo de los pequeños?

En la audiencia por la tutela, Vickie subió al banquillo de los testigos y dio detalles sobre el carácter de su esposo. Lo describió como alguien que golpeaba a su esposa y sus hijos y era alcohólico. Cuando le preguntaron por qué no dejaba a un hombre así, respondió lo mismo que muchas mujeres habían dicho antes y han repetido desde entonces: “Lo amaba”.

La noche del asesinato, Price llevó a casa una lista con sus bienes y un documento legal de arreglo relacionado con su divorcio para que su esposa lo firmara. Vickie no quiso hacerlo. Arrojó el documento sobre la mesa de la cocina.

El trago de Price se derramó. Furioso, forcejeó con Vickie y la arrojó al piso. Luego se calmó un poco y la dejó ir. Ella pensó que Price saldría de la casa.

Según Vicki, Price se apareció en la puerta de la cocina y preguntó: “¿Dónde está mi bebida?”. Vickie le respondió: “La tiré por el excusado”.

Una vez más, Price explotó. Subió las escaleras, y Vickie iba detrás de él. Repentinamente, él se volteó y le dio un puntapié en la cabeza. Ella cayó. Price agarró a su esposa, pero ella forcejeó para liberarse y corrió para salir por la puerta trasera. La puerta estaba cerrada. Vickie estaba atrapada. Dentro de un armario, al alcance de la mano, había un rifle de cerrojo calibre 22. Vickie tomó el arma.

En este punto, Price había subido de nuevo las escaleras. La miró con rabia desde arriba. Temerosa de que él estuviera por atacarla, le hizo un disparo por encima de su cabeza. “Te voy a matar”, gritó Price, y bajó los escalones saltando. Una vez más, dijo Vickie, aunque sin recordarlo realmente, debió haber halado el gatillo y matado a Price de un balazo. Luego llamó al hospital.

La audiencia por la tutela se prolongó por seis semanas. El jurado de Texas le dio a Vickie la tutela de sus hijos, y la familia de Price obtuvo el derecho de visitar a los pequeños. Pero los problemas de Vickie estaban lejos de acabar. Ahora debía ser enjuiciada por asesinato. El proceso fue casi decepcionante, dado que toda la evidencia ya había sido presentada en la audiencia por la tutela.

Vickie Daniel fue encontrada inocente de asesinato y salió del tribunal como una mujer libre, algo que no era extraño en Texas. Por algún motivo, en ese estado, las mujeres que se libran de esposos canallas rara vez son castigadas. l

 

Traducción: José Peralta.

Ilustraciones: David Márquez

david.marquez@cantv.net

 
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