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revista Estampas
 

Por algo
están aquí ...

Esta vez no se propusieron por
su cuenta —como sí ocurrió
en la edición pasada con la cual
se inauguró el concurso— aunque
algunas confiesan haber tenido
un tanto que ver en la postulación
que hicieran de ellas sus hijas,
una hermana, un esposo, una mamá
y un hijo. Vuelven a ser cinco las mujeres
que aparecen hoy en la portada de Estampas. Razones suficientes han tenido quienes
las rodean para describirlas a través de unas cortas líneas que, no por pocas,
dejan de transmitir, en su justa medida, lo más admirable de cada una. Conózcalas...
María Elisa Espinosa. Fotos: Dumont & Regalado

De izquierda a derecha : Bethsabé, Maybel, Mary Carmen, Rosalia y Yenny.

Accesorios: Vestimenta, Unique y Hugo Espina
Estilismo y cabellos: Richard Ching,
Janeth Moctezuma y Víctor Soto 

 

Cada detalle vale
Rosalía
Pons

 

La voz podría confundir a cualquiera, pensando que se trata de una más
de sus “niñas”. Pero con esa voz
de muchachita, una voz dulce y festiva, es que —justamente— Rosalía Pons
les ha enseñado a sus hijas, hoy
mujeres hechas y derechas, todo
lo que ella ha aprendido en la vida. Y miren que María Eugenia, María Antonieta, María Fernanda, María Verónica, María Angélica y Belkys muy bien lo han sabido agradecer.
Las seis (aunque dirigidas por la idea y la pluma de la mayor de ellas, María Eugenia, quien vive en París), supieron ingeniárselas para que muchos otros la conocieran
hoy aquí, en su justo valor y en su precisa dimensión de madre ejemplar, pero sobre todo de mujer integral, como muy bien lo explica la menor de las muchachas, María Angélica, antes de ser fotografiada en representación del resto: “Ella siempre nos
ha transmitido que debemos ser personas completas, pero sobre todo mujeres integrales… Ella siempre nos ha exaltado nuestra femineidad, pero asimismo que, siendo mujeres, también podemos ser buenas madres, buenas hijas, excelentes profesionales, sin olvidar ningún detalle… ‘Allí está la clave del éxito’, nos dice
a cada rato”. Y efectivamente allí ha estado
el suyo, pues hay que decir que Rosalía
no está en estas páginas de gratis. Bastante llamó
la atención del jurado del concurso esa capacidad que le destacan sus hijas de poder desdoblarse
en tantas facetas, incluida la de la coquetería:
“A mí me visten de felina, que todo eso me
encanta”, atinó a decir ella, muerta de la risa,
durante los preparativos de la portada para
Mujeres Estampas 2007. Pero más que nada
se le ha querido reconocer la voluntad de levantar
a toda una familia, claro que con la ayuda de su primer esposo y del que la acompaña en estos días,
a quienes no les quita méritos. “Creo que la perseverancia
y la lucha es el secreto para tener lo que uno quiere en la vida.
A mí, por ejemplo, me encanta trabajar; yo digo que la fuerza más grande
para mí es el trabajo, porque a través de él te viene el amor, la fe, la esperanza,
la independencia…”. Y lo dice quien en su momento tuvo la decisión de deslindarse
de un quince y último para montar la empresa de asesoría que tiene hoy, gracias
a la cual ha enseñado a gerentes, empleados y obreros a saberse manejar entre
ellos; pero además, con las teorías que va armando “con un poquito de aquí y un poquito de lo otro”, también los ha ayudado a crecer como personas. Y esa es,
según afirma, una de sus mayores recompensas. La otra —¿para qué dudarlo?—
son sus hijas: esas cinco Marías y la única Belkys de la casa, a quien acogió
un día como propia para nunca más soltarla. 

¨ Siempre la he admirado. Desde muy pequeña, en una familia de nueve hijos, responsable y cariñosa, pícara y vivaracha, mi mamá siempre supo que llegaría lejos.
Nada la detiene, es una locomotora.  El trabajo fue uno de los pilares de su vida: su labor como secretaria,  el oficio de la casa, el cuidado de los hermanitos y las tareas escolares
han sido sus principales actividades. Se casó joven y crió seis hijas. Versátil, con soluciones a la mano, desde cómo fabricar el disfraz, hasta hacer sándwiches para la venta de la escuela y dirigir el coro de niños para los aguinaldos. Mi mamá es fuente inagotable de  ejemplos de vida. Ella siempre dice que hay que amar a la gente, hacerla sentir bien, llamarla por su nombre. Ese mismo amor y esa capacidad de trabajo fueron lo que un día la llevó a seguir estudios universitarios nocturnos (con seis hijas, un empleo, un esposo y excelentes notas). Fue con ese mismo ahínco que un día decidió renunciar a un cómodo salario y abrir una empresa de asesoría. Muchas noches en vela creando, ideando y llevando a cabo ese sueño hicieron que llegara lejos, cosechando éxitos en todo nivel. ‘¡Salta al vacío y te saldrán alas!’. Esa es su frase, y ahora mi lema ¨ , María Eugenia Busolo, una de sus hijas

De madera fuerte
Mary
Carmen
Contreras

Vivir. Si algún verbo sabe conjugar contra todo pronóstico Mary Carmen Contreras
es ese. Pero no sólo se queda allí: lo sabe conjugar y lo sabe retar cada vez que
le ha sido necesario. Y precisamente eso
es lo que más admira de ella Karen Materano. Por eso fue que se hizo eco de la propuesta que con todas sus letras le llegó a plantear Mary Carmen cuando supo del concurso este año: “Hermana, postúlame… Estoy segura de que yo gano”. Y dicho y hecho.
Ya para la primera edición de Mujeres Estampas, en 2006, había tenido la tentación
de participar, pero era tarde. Supo del concurso cuando vio a las cinco mujeres plasmadas en la portada y pensó que podía haber estado allí. Entonces se dijo:
“El año que viene lo consigo”. La sorpresa fue cuando se percató de que en esta oportunidad la participación dependería de un tercero, de otra persona… ¿Y cómo
no pedírselo a quien tanto la conoce? Ella, Karen, no dudó ni un segundo en resumir todo lo que admira a la hermana mayor; la que con 40 años cumplidos ha podido ganarle a la adversidad por partida doble: un cáncer de mama y un tumor en el cerebro por los que no le daban más de seis meses de vida; además del autismo leve de su hijo más pequeño, a quien se ha dedicado en cuerpo y mucho más que alma. Por todo eso Karen la compara con un roble, y no habla sin conocimiento de causa: “¿Por qué un roble de mujer? Mi papá es carpintero, trabaja todo tipo de madera y me enseñó a reconocer cuáles son los tipos de árboles que se mantienen a pesar de las tempestades, y ella lo ha hecho. Mary Carmen es un roble”.
No es poco lo que ha aprendido de la hermana. “A mí me duele la cabeza y no me quiero levantar de la cama… Y ahí
es cuando digo: ¡Dios, necesitamos mujeres como ella!
Mi hermana es un ejemplo para mí; son sus actitudes
y sus acciones; ella ayuda a su esposo en su empresa
de transporte, no le tiene miedo a manejar una camioneta cuando así se necesita… Pero además es ese ahínco
con el que enfrenta las cosas más fuertes, son sus afirmaciones de vida cuando hay situaciones
tan duras como la muerte. Ella y yo somos como la noche
y la luna: yo oscurita, porque mi papá es un negrito petareño,
y ella blanquita, porque su papá es español. Pero es todo
lo que irradia por dentro lo que tanto le admiro. Mary Carmen
puede ser una base para muchas mujeres que se quieren identificar con ella y con la actitud con que enfrenta la vida. ¿Y no es acaso admirable todo eso?”.

¨ Un roble de mujer: así es mi hermana con 40 años de edad llenos de experiencias, perseverancia, nobleza, humildad y fe. Desde joven jamás le tuvo miedo a los retos; es así como uno de sus primeros empleos fue como bombera en la estación de gasolina de
La Urbina. Sus ganas de superarse la llevaron a estudiar para convertirse en administradora de una empresa que presta servicios de transporte. Ella demostró ser una mujer fuerte
y decidida. Cuando, hace más de 10 años, le diagnosticaron cáncer de mama, asumió
su realidad y la enfrentó prestándose como ‘conejillo de indias’ a un procedimiento experimental que buscaba dar solución a esta enfermedad. Siempre me pareció una decisión errada y difícil. En muchas ocasiones le pregunté por qué lo hacía, tomando en cuenta
lo peligroso que era por la metástasis sufrida en el cerebro. Un día resolvió responder a mis dudas de la siguiente manera: ‘Si yo puedo hacer algo por la humanidad y si en mis manos
se encuentra la cura que puede salvar las vidas de otras mujeres, a costa de mi propia vida, estoy dispuesta a hacerlo’. Al escuchar esto quedé sin argumentos, y pude ver que mi hermana es mi heroína... ¿Y saben qué es lo mejor?: la voluntad de servicio que tiene
hacia su hijo Alejandro, quien con cinco añitos padece de autismo leve ¨,
Karen Materano, su hermana

Categoría: todo terreno
Yenny
González

Más que difícil resulta amilanar a esta mujer que
se las ha visto, literalmente, dentro del lodo, para luego salir airosa a fuerza de temple, perseverancia
y un sobrado amor por su familia. Madre de
dos adolescentes —cuestión que ya podría
ser considerada una proeza— es además
la esposa de un orgulloso hombre. Tan, pero tan orgulloso, que fue él, Reinaldo Díaz, quien decidió postularla en compañía de sus hijos —y gracias
a un texto escrito por el mayor de ellos— para
que figurara en este especial de las Mujeres Estampas. Lo hizo por suficientes razones, pero sobre todo para reconocerle aquellos duros días
y noches que, tras los deslaves de Vargas a finales de 1999, Yenny debió sortear para sacar a flote
a la familia. Y si bien ninguno de sus miembros tiene
la intención de quedarse enganchado en aquella dura experiencia, Reinaldo insiste en enaltecer cómo fue que su mujer dio el todo por el todo —y no es que él no haya hecho su parte también, ¡pero hasta el momento no se ha inventado el concurso del Hombre Estampas!— de manera de lograr superar tantas penurias. Lo cierto es que es a ella a quien le endilga los mayores méritos, incluyendo el hecho de haber conseguido una vivienda propia en la ciudad de Acarigua, luego de que la casa donde vivían fuera arrasada por la fuerza de las aguas. De allí, al instante que celebran hoy, siguieron brotando cántaros de angustias y necesidades, pero todo —“gracias a Dios”, como bien les gusta a ambos acotar— ha ido tomando su cauce: estudios para los muchachos, mucha salud, además de comida y cobijo que han logrado obtener, gracias al oficio de él como electricista y de ella como conserje desde que decidieron volverse a la capital; pero también está el respeto y el reconocimiento de quienes les rodean, incluidos aquellos habitantes de las Residencias El Rocío de San Antonio de los Altos, donde Yenny tiene más de cuatro años trabajando. Muchos de ellos, seguramente, la verán hoy compartiendo la portada de Estampas junto
a otras grandes mujeres venezolanas, cada una de ellas con suficientes virtudes como
para estar aquí, más allá de que no sean estrellas de la televisión o del firmamento. Ella, con modestia y sin dejar de mostrar una sonrisa, confiesa que nunca pensó
que le iba a chisporretear “esta gota de suerte”… Y asegura que la va a saber aprovechar muy bien. Comenzando porque el dinero obtenido por ganar el
concurso les dará la oportunidad de hacer un viaje de vacaciones —“siempre
y cuando los muchachos se pongan al día con las notas”— y, también, para honrar algunas deudas de las que muy pocos se salvan en estos días. Ni siquiera quien
ha podido más que la furia de un río.

¨ Yenny es una mujer extraordinaria y fuerte. Uno de los golpes más duros que le ha tocado vivir ha sido la tragedia de Vargas. Al principio tuvo que pedir comida en las calles
para poder alimentar a nuestros hijos. Luego de mucho andar, logró conseguir una casa
en el Estado Portuguesa. Por tres años le tocó correr con la responsabilidad de criar sola
a nuestros pequeños, mientras yo trabajaba en Caracas. Al quedar los dos desempleados, pensó en venir a Caracas y, por fortuna y empeño, halló un empleo como conserje. Gracias
a Dios lleva cuatro años aquí, esforzándose día a día, con la esperanza de que pronto surgiremos y tendremos un hogar propio. Sacrifica día a día su salud, su vida y tiene gran
fe en que vamos a salir adelante. Ella es realmente de admirar porque cada día me hace
ser más optimista y seguro. Doy gracias a Dios de haber encontrado tan valiosa joya
en mi camino y estoy muy orgulloso de celebrar a su lado estos 18 años de matrimonio. Espero tener vida y salud para seguir disfrutando de su hermosa compañía ¨ ,
Reinaldo Díaz, su esposo

El orgullo de la casa
Maybel
Ovalles

Nadie puede negarlo, ni siquiera ella: Maybel es la niña consentida de la casa, aunque no es que esto le dé demasiadas ventajas sobre su hermano menor, pues asimismo es el único hijo varón y, por lo tanto, también
está lo suficientemente mimado por el resto de la familia. Es decir, que los Ovalles Monascal son consentidores y consentidos por excelencia, y no les da pena admitirlo.
La madre, Mayfribel, muy por el contrario, está bien orgullosa de ello y no disimula la admiración que siente hacia sus dos retoños, cuestión que, en el caso de Maybel, quedó claramente expresada en los poco más de mil caracteres que escribió sobre ella, y por los cuales la muchacha terminó siendo seleccionada como una de las cinco Mujeres Estampas 2007, por más jovencita que sea. Aunque la historia iba a ser al revés —es decir, se suponía que era la hija quien postularía a la madre—, el asunto se tornó de la otra manera luego de que Maybel, aun cuando quiso resumir en pocas líneas las razones por las cuales su mamá podía clasificar como Mujer Estampas, no lo consiguió. “Es que escribía y escribía, queriendo dar cada detalle, quería hacer algo poético y siempre me pasaba del límite exigido”. Así que no se dijo más: Mayfribel, con la disposición que le caracteriza, y muy a la calladita, prendió la computadora y describió a la muchacha como quien la parió hace 20 años. “¡Mamá, qué lindo!”, fue lo primero que le dijo una a la otra, y lo demás son reflexiones que la hija hace hoy sobre cómo es que la ve la madre: “Me enorgullece mucho que piense todas estas cosas sobre mí, porque es que, al principio, cuando yo quise estudiar Letras, ella no estaba muy de acuerdo; luego fue que se convenció, al ver que me publicaron un libro”. Mayfribel asiente, pero la hija sigue hablando: “También me pasa que siento que ella escribió sobre mí como alguien a quien admira, pero la verdad es que yo creo que soy una joven como otras, que estudiamos y trabajamos… Lo que pasa es que ella lo escribió de una manera muy amorosa y lo transmitió así a las personas que lo leyeron”. Pero aquí es cuando la madre decide llevarle la contraria: “No creo que lo que ha hecho Maybel a su edad sea una cosa que pueda hacer cualquier persona. Yo lo veo como algo extraordinario. Como siempre le digo a ella: A la edad que tiene mi hija, ya yo era su mamá. Por eso es que le admiro tanto que esté trabajando, que esté en su sexto semestre de la universidad; además, ella es muy buena hija, quiere estudiar afuera, quiere aprender otros idiomas… Yo a su edad no pensaba en esas cosas”.  

¨ Día a día suena el despertador a las seis de la mañana, vibra la ducha para despertarla y ponerla a tono con el ajetreo diario. Desayuna cereal, yogur, una barra de granola y un cambur o manzana. Se marcha a la estación El Silencio del Metro de Caracas a trabajar como vendedora de tickets estudiantiles hasta las dos de la tarde. Luego almuerza lo preparado la noche anterior y emprende su faceta de estudiante de Letras en la UCV.  Vive su amor adolescente con Luis, quien la deja en casa a eso de las 10 de la noche. Después de tanto ajetreo llega al hogar con mucha hambre y cena una arepa o un sándwich; se sienta en la computadora para transcribir esas ideas fascinantes que la hacen soñar con un postgrado en el exterior y que la hicieron merecedoras de premios como el recibido por uno de sus poemarios, Entre la memoria y el olvido, publicado por la editorial El Perro y La Rana. Una vez finalizada la jornada toma un baño de vapor, se hace una exfoliación de plátano y miel, se aplica un poco de crema humectante en su lindo e impecable rostro, sin contar con el baño de crema para mantener brillantes sus rizos, terminando el día con la bendición para papá y mamá, el hasta mañana para su hermano, un beso y su frase diaria: ‘Te quiero mucho’. Esa es mi chica Estampas ¨ , Mayfribel Monascal, su mamá

La ganadora on line
Bethsabé
Gavidia
de Parra

 


Esta yaracuyana de tanto guáramo es la única
de las cinco Mujeres Estampas que fue escogida entre treinta preseleccionadas para ser sometidas
al voto popular a través de las bondades de Internet.
Así que todo el que quiso leyó el texto escrito
por su hijo Ramón —con la colaboración de
sus hermanas, el papá y una tía que se encontraba
de visita en la casa— en el que se expusieron
las muchas razones por las cuales valía la pena colocar a Bethsabé en las páginas de esta edición especial de la revista. Aunque no sin picardía dejan de confesar, tanto Ramón como la propia madre, que junto a toda la familia y algunos amigos se dedicaron
a hacer campaña por su triunfo en las calles de Charallave y otras áreas de los Valles del Tuy, donde viven. Entregaron volantes hasta más no poder y el resultado quedó a la vista, pues esta mujer dobló el número de preferencias por la red obtenido por las otras contrincantes, sumándoseles —y eso también se encarga de aclararlo la ganadora— muchas otras que surgieron más allá de esos predios mirandinos como, por ejemplo, los votos provenientes de Estados Unidos, España y otros rincones del planeta. Ella lo cuenta satisfecha y reflexiona sobre lo que pasó: “Pienso que fue así porque muchos se identificaron con nuestra historia. Estoy aquí gracias a que el pueblo de Charallave votó por mí: los amigos de mis hijos y especialmente los muchachos del Instituto José María Carreño de Cúa, donde estudia Ramón; pero también por todos aquellos que supieron de nosotros a través de Internet”. El, sentado en una silla de ruedas, pero no por eso dejando de sonreír bien orgulloso, no pone en dudas el hecho de que su mamá merecía ganar: “por lo maravillosa que ha sido conmigo y con toda la familia”. Ella, siguiendo con el “contrapunteo” de elogios, se explaya hacia el hijo: “Ramón nos ha enseñado cosas muy bonitas de la vida… En mi casa no hay tristezas, en mi casa hay música, hay alegría, hay éxitos”. Lo cierto es que los Parra Gavidia están de fiesta y planificando la inversión que harán con el dinero obtenido. Lo primero: una cama grande en la que pueda dormir cómodo Ramón, quien requiere de cuidados especiales debido a su condición. Pero lo mejor del cuento para él es que, asimismo, al haber sido uno de los postulantes en esta edición 2007 del concurso Mujer Estampas, también acaba de recibir un televisor a través del cual disfruta en estos días de una de las pasiones más grandes de su vida: el fútbol. “¡No me pienso perder ni un partido de la Copa América!”.  

¨ Mi mamá es el fiel ejemplo de una madre tremendamente exitosa. Nos ha enseñado a superarnos y a ser fuertes para enfrentar los obstáculos que se nos presenten en la vida. Somos una familia conformada por cinco miembros: mi papá, mi mamá, mi hermana Raybeth, quien a los 21 años de edad es abogada y está estudiando un postgrado, mi hermana Valentina, quien con 20 años estudia séptimo semestre de Ingeniería de Sistemas, y yo, Ramón, de 18 años, que estudio segundo semestre de Publicidad y Mercadeo, a pesar de padecer de una enfermedad llamada distrofia muscular que me obliga a estar en silla de ruedas. Nada nos detiene. Gracias a mi mamá he logrado hasta ahora todas mis metas, ella ha sido mi mayor aliciente. Mi madre ha sido condecorada como mujer extraordinaria. Para mí, ella es un digno ejemplo a seguir, ya que ha sido luchadora a pesar de las adversidades de la vida. No desmaya en el día a día de mi vida acompañándome a la universidad. En
mi pueblo todos la aprecian y la toman como ejemplo. Me gustaría que ganara este concurso para que ustedes conozcan la historia de una mujer extraordinaria y a su vez premiarla con tan maravillosa experiencia ¨ , Ramón Parra, su hijo

 


Ver también en Encuentros:
- Por algo están aquí ....
- ¨Un día de fama¨

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