| 
En el país de Shakespeare
Hechos macabros se ocultaban
tras el día a día de los habitantes
de Lower Quinton
En esta ocasión acompáñenme
a Lower Quinton, a unos 15,5
kilómetros por el camino que parte desde Stratford, Inglaterra.
Como todos saben, se trata del país
de Shakespeare. Lo que se conoce menos es que el área está impregnada de superstición y brujería. Aquí le contarán historias de jinetes sin
cabeza, de seres que son mitad humanos y mitad bestias y de
un perro negro con ojos brillantes
que deambula por el campo
en busca de víctimas. Según
la leyenda, aquel que mire al perro negro está condenado. Hasta
este día, se cree que los habitantes
del área, parcos de palabras,
practican la brujería.
Día de San Valentín
Fue el día de San Valentín de 1945 cuando todo ocurrió. Charles Walton, de 74 años, vivía con su sobrina Edith en Lower Quinton. El viejo caballero era un solitario que realizaba toda clase de trabajos en los alrededores de la minúscula comunidad rural. Como nunca se le veía gastando ni un centavo, se creía que Walton estaba más o menos acomodado.
En la época en que se desarrolla nuestra historia, Walton trabajaba de vez en cuando cortando setos para un granjero local, Albert Potter. En este día en particular, mientras se despedía de su sobrina a las 9 a.m., Walton le dijo que regresaría para tomar té a las 4 en punto. Edith estaba empleada en una fábrica cercana que producía materiales de guerra. El tío y su sobrina partieron. Walton llegó a Meon Hill
con ayuda de su bastón. También llevaba una horca y una hoz.
Al atardecer, Edith regresó de su trabajo a casa a las 6 p.m. y esperaba encontrar a su tío. Alarmada por no poder localizar al anciano, llamó a un vecino, Harry Beasley. Juntos caminaron a la casa de Albert Potter. Potter dijo que estaba bien seguro de que había visto a Walton en la distancia, en Meon Hill, poco después de mediodía.
Cayó la noche. Con ayuda de una linterna, Potter se unió a los otros dos, quienes subirían a Meon Hill. Cada tanto gritaban el nombre de Walton. Repentinamente, Potter se detuvo a corta distancia. “¡Alto ahí!”, gritó. “No se acerquen. No deben mirar esto”.
La escena ante los ojos de Potter era totalmente atroz. La garganta de Walton había sido desgarrada con una hoz. Algo incluso más horrendo era que su cuerpo estaba firmemente fijado al suelo por las púas de la horca, que le habían atravesado el cuello y perforado la tierra. El asesino de Walton había dejado cortes en su pecho con forma de cruz.
Se convocó al respetado detective Robert Fabian, de Scotland Yard, para que encabezara las investigaciones. La mañana del 15 de febrero de 1945, el pintoresco Fabian se encontraba en la escena del crimen en Lower Quinton. El investigador no necesitó mucho tiempo para descubrir que no se trataba de un asesinato común, asumiendo que a algún asesinato se le pueda aplicar el calificativo de común.
Los agentes locales informaron a Fabian de las arraigadas supersticiones de los moradores de la región. Incluso le proporcionaron libros sobre el tema. Uno de tales libros describía el caso de una anciana, Ann Turner, que un joven había asesinado en 1875. El arma fue una horca, con la cual le atravesaron el cuello. El motivo del crimen había sido que el asesino creía que Ann tenía un “mal de ojo”, por el cual causaba la muerte de animales e impedía que los cultivos crecieran.
Fabian trató de pedir la ayuda de los residentes del área, pero se topó con un muro
de silencio. Había menos de 500 habitantes en Lower Quinton, cerca de Upper Quinton y Admington. Nadie había visto ni escuchado nada extraño; tampoco
habían visto a algún forastero. De hecho, ninguna persona quería hablar
del asesinato.
Conjuros malignos
Al principio, Fabian se burló de
los cuentos sobre brujas y conjuros malignos. El había investigado y resuelto un gran número de casos de asesinato. La brujería era un fenómeno del pasado. Luego escuchó que varios años antes habían encontrado muerto a un becerro en una zanja. Los vecinos dijeron que
era un mal agüero, así como que era resultado directo de que alguien tuviera mal de ojo. Casi no hablaban de otra cosa.
Extraños acontecimientos obsesionaban
a Fabian. Mientras examinaba la escena del crimen, un gran perro negro pasó corriendo por Meon Hill, cerca del sdesconcertado detective. Cuando le contó a los policías locales sobre el perro negro que había visto con sus propios ojos, éstos le relataron otros cuentos de terror relacionados con el can. Como para ponerle los pelos de punta a cualquiera, horas después de que Fabian narró su experiencia, una patrulla atropelló y mató a un perro negro en Lower Quinton.
Cuando los moradores escucharon que Fabian había visto al fantasmal perro, se negaron a hablar con el detective. Las tabernas se vaciaban cuando él entraba. Los ciudadanos cruzaban la calle cuando él aparecía. Varios días después, otro becerro muerto fue hallado en la zanja. Se encontró un perro negro colgado de un arbusto cerca del lugar en que se localizó el cadáver de Walton.
A fin de comprender mejor a qué se estaba enfrentando, Fabian estudió detenidamente toda la literatura disponible sobre las supersticiones del área. Pese a los grandes esfuerzos del más famoso detective de Scotland Yard, el asesino de Charles Walton nunca fue capturado.
A medida que investigaba el pasado de la región, Fabian llegó a respetar parte de su folclore. Ya no se burlaba de los extraños relatos, y creía firmemente que se celebraron aquelarres en Lower Quinton mientras se realizaba la investigación.
En total, Fabian y sus asistentes tomaron más de 4.000 declaraciones y siguieron todas las pistas, pero no realizaron ningún arresto. En todo caso, el detective sí tropezó con algunos hechos extraños e insólitos. Uno de tales hechos era que,
en tiempos remotos, en el mes de febrero tenían lugar fiestas en las cuales
había derramamiento de sangre. Durante las mismas se dejaba que la sangre empapara el suelo, supuestamente para hacer que la tierra fuera fértil.
Rituales de fertilidad
Unos pocos de los residentes que hablaron con Fabian afirmaron que el asesinato de Charles Walton había sido parte de un ritual de fertilidad. A Fabian le dijeron que el infame perro negro apareció en una ocasión 60 años atrás, en 1885, acontecimiento que algunos de los residentes aún recordaban. Un niño que trabajaba con el arado había visto al perro durante nueve noches consecutivas, mientras se dirigía a casa en la noche.
En la novena noche, el chico vio a una mujer sin cabeza, algo que según todos era una señal de muerte. Al día siguiente, la hermana del muchacho murió. La joven,
muy apreciada en la comunidad, gozaba de óptima salud.
Después de escuchar esta historia, Fabian leyó un libro titulado Folclore, viejas costumbres y supersticiones en la tierra de Shakespeare (Folklore, Old Customs and Superstitions in Shakespeare Land). Encontró la historia del chico agricultor, aunque narrada con más detalles, y quedó desconcertado al leer el nombre del niño: Charles Walton.
El jefe de detectives Robert Fabian murió de causas naturales en 1978. l
|