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Difícil pubertad

Varios estudios descubren las verdaderas razones que se esconden tras la odisea que viven los adolescentes durante esta etapa. Vivianne Parry

Algo muy extraño sucede en la pubertad, cuando torrentes de hormonas comienzan a influir en criaturas que empiezan a dejar la infancia atrás. Niños que una vez eran simpáticos, serviciales y divertidos se convierten, casi de la noche a la mañana, en seres gruñones que no visten otra cosa sino ropa de color negro, permanecen en la cama hasta mediodía y no quedan saciados ni siquiera al engullir toneladas de golosinas hipercalóricas.

Tienen el rostro lleno de granos, a menudo son malolientes, y pierden la ropa en cuestión de unos pocos meses. Traspasan el umbral del aburrimiento en un abrir y cerrar de ojos y, al parecer, ya no pueden concentrarse en nada por más de cinco minutos. Es entonces cuando empezamos a preguntarnos si esos son realmente nuestros hijos.

Los adolescentes están atrapados en el limbo; han dejado de ser niños pero aún no son adultos. Al ser una mezcla atroz de vulnerabilidad y potencialidad -que poco a poco involucra, inspira y enajena a los adultos- todo lo que hacen lleva impreso el sello de un sentimiento de alta intensidad. Lo sabemos porque nuestras experiencias de adolescentes -nuestro primer beso, la primera vez que nos enamoramos, la primera vez que condujimos un automóvil solos- aún las recordamos con gran fuerza después de 30 ó 40 años.

Esta etapa también tiene su lado oscuro: elevados índices de accidentes graves, uso ilícito de drogas y alcohol, comportamiento sexual arriesgado y sus consecuencias, y las primeras señales de desórdenes emocionales que podrían durar toda la vida. Al parecer, los adolescentes son la personificación del caos hormonal. La verdad sobre la pubertad y la influencia de las hormonas no es realmente lo que creemos.

La pubertad es un fenómeno hormonal singular, y los seres humanos tenemos la suerte de experimentarlo sólo una vez en la vida -algo que no es la norma en el resto del reino animal-. La mayoría de los animales no se hace sexualmente activa como el hombre, sino que experimenta el trauma de la embestida multihormonal con cada nueva época de apareamiento.

En el hombre, la pubertad también es algo único porque, a diferencia de los otros animales, en los seres humanos existe una brecha entre el momento en que aparecen las hormonas reproductivas y la edad reproductiva propiamente dicha. Los varones empiezan a ser fértiles a los 13 años aproximadamente, mientras aún son seres enclenques y poco atractivos. Por su parte, las hembras, que si bien adquieren forma de mujer durante la pubertad, siguen siendo relativamente infértiles por varios años. El hombre se desarrolla completamente a los 20 años mientras que la mujer es totalmente reproductiva a los 18.

No tenemos pleno conocimiento del primer fenómeno hormonal que conduce a la pubertad. Entre los seis y ocho años, las glándulas suprarrenales, situadas sobre cada uno de los riñones, empiezan a aumentar la secreción de andrógenos como la DHEA (dehidroepiandrosterona), que el cuerpo utiliza como material de construcción para la producción de otros esteroides. Estos andrógenos preparan los folículos capilares para que crezca vello púbico y hacen que la piel se torne grasienta. El olor corporal es otro de los rasgos característicos de la pubertad. Los padres notan este cambio particularmente en las fiestas de niños, cuando sus hijos -convertidos en toda una furia de emociones- empiezan a despedir un olor particularmente desagradable que antes no tenían.

El próximo gran cambio tiene que ver con las hormonas reproductivas. El hipotálamo, una parte del cerebro situada aproximadamente detrás de los ojos, controla el sistema endocrino y está conectado a la glándula pituitaria o hipófisis. En los hombres adultos, y las mujeres en edad reproductiva, son las constantes pulsaciones de la hormona GnRH -que libera las hormonas gonadotrofinas- las que ordenan a la hipófisis segregar sus hormonas. Estas, a su vez, actúan en los ovarios y los testículos a fin de que produzcan óvulos y esperma, así como estrógenos y testosterona.

Estas hormonas influyen significativamente tanto en el comportamiento como en la forma del cuerpo de los adolescentes toda vez que los convierten en adultos sexualmente activos. En la infancia no se produce GnRH; es casi como si tuviesen un freno. Es únicamente cuando se suelta el freno -y nadie está completamente seguro de cuál es la señal para esto- que comienza la pubertad.

En los varones, la hormona luteinizante segregada por la pituitaria estimula la producción de testosterona por parte de células situadas en los testículos. Simultáneamente, disminuyen los niveles de ciertas sustancias que mantienen la testosterona represada en el torrente sanguíneo (globulinas aglutinantes de hormonas sexuales), lo que permite que haya una mayor disponibilidad de este compuesto. En total, hasta 50 veces más en comparación con el período previo a la pubertad. Realmente se trata de una ráfaga de hormonas.

Cuando los estrógenos y la testosterona empiezan a aparecer, es su impacto en la forma del cuerpo lo que constituye la expresión más impresionante de la adolescencia. Los estrógenos estimulan el crecimiento del útero y los senos, y también determinan la forma de la figura femenina al redistribuir la grasa corporal. En los varones, la testosterona también esculpe el cuerpo, al aumentar la masa muscular y dar forma a otros rasgos, además de promover la aparición del vello corporal y el crecimiento de la barba.

A los adolescentes les apasiona tanto la intensidad como las emociones. ¿Música estrepitosa, montaña rusa, películas de terror? Eso es precisamente lo que les encanta. En algunos, la excitación que les provocan el terror y la búsqueda de lo novedoso es sutil y fácil de manejar. En otros, sin embargo, la reacción es más severa y puede escapar de control. Ello se refleja en las estadísticas de muertes de adolescentes, tres cuartas partes de las cuales son producto de accidentes.

Es tentador pensar -en efecto, siempre se ha dado por hecho- que este tipo de comportamiento sea impulsado totalmente por las hormonas. Al fin y al cabo, ¿no son los adolescentes hormonas andantes? Después de todo lo que se ha dicho aquí, parece lógico. Sin embargo, o es débil o bien no existe una relación entre los niveles de hormonas y el comportamiento de los adolescentes.

No obstante, si el principal factor de riesgo en los homicidios es la masculinidad y el segundo la juventud, y en vista de que los varones tienen enormes cargas de testosterona, y las hembras no (o casi nada), ¿es la testosterona la causa del comportamiento agresivo en los adolescentes?

Realmente no. Ante todo, no hay una relación coherente entre los niveles normales de testosterona y la violencia en los jóvenes. Sin embargo, sí existe una correlación entre los elevados niveles de testosterona y el grado de popularidad y de respeto por parte de sus amigos.

Hay una hipótesis según la cual los varones toman sugerencias del medio en que se desenvuelven y las usan para determinar un comportamiento "normal". Un estudio que realizó recientemente el British Institute of Psychiatry concluyó que no son los niveles de testosterona los que determinan la obstinación en los adolescentes, sino más bien las personas que frecuentan. Si frecuentan malas compañías, se comportarán como ellas. Si tienen amigos de buena conducta, actuarán como ellos.
Las privaciones pueden ser uno de los factores más determinantes de la violencia juvenil. Una teoría sostiene que si un adolescente de la clase baja no tiene nada en términos materiales, no tiene nada que perder al conducirse de manera indebida. Ciertamente, en los seres humanos tanto la violencia como el comportamiento agresivo muestran una pendiente social pronunciada, y es menos visible en la clase alta y más en la baja. Seguramente, esto no es lo que se esperaría si la testosterona fuese el único motor de la violencia.
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Adolescencia en la red

La psicología de la adolescencia, el desarrollo físico, la corporalidad adolescente y su psicosexualidad, el desarrollo afectivo y cognitivo, la identidad del adolescente, la vivencia grupal y las relaciones familiares, son algunos de los asuntos tratados en dos sites que ofrecen variada información, tanto a los padres como a sus hijos, los protagonistas en cuestión.

Para los que quieran ahondar en esta materia, se les sugiere navegar en las siguientes direcciones:


www.adolescencia.org



www.consultealpsicologo.com

 


 
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