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Problemas
con la balanza

¿Su familiar tiene sobrepeso? Si su respuesta es afirmativa, las siguientes líneas son para usted, a fin de que sepa qué hacer y cómo puede ayudarle. Ludwig Johnson

Yo a usted no la/o conozco, pero sé que sufre por el sobrepeso de su familiar. Ya le ha hablado por las buenas, le ha buscado los mejores médicos y le ha seguido en los tratamientos. Sin embargo, siente que ya no hay nada que hacer. "Resignarme, ¿qué más me queda?", dice usted. Después de todo, nadie puede hacer que hagamos lo que no queremos, ¿correcto?

Bien. He querido escribirle este artículo porque pienso que es muy fácil empeorar las cosas en un mundo que propone comer sin hambre y que al mismo tiempo impone la esbeltez. Y pienso además, que esto de ayudar a un familiar en cualquier área de la vida no es tarea fácil, sobre todo porque implica madurez, manejo de las emociones y sinceridad por parte de quien lo intenta.

Antes de empezar, permítame recordarle que su familiar sufre muchísimo más que usted por su sobrepeso, y que es el primer interesado en adelgazar, aún y cuando "no esté haciendo nada" para cambiar.

Como le digo, yo no le conozco. No sé si en el pasado fue obesa y ahora su hija está en el mismo camino, siempre solitaria o saliendo con usted. Su otra hija se casó, y sus amigas, o también se casaron o están metidas en "otra nota".

No sé si su caso es el de la mujer que conquistó al mejor postor, pero que con el tiempo se convirtió en el hombre obeso que le cambió la intimidad.

O si es la madre que va a piñatas y piensa, "Si mi hijo perdiera unos kilos…". O el hombre delgado con la mujer de mucho peso, o el divorciado "sin moral" para pedirle a su hija que adelgace, o si tiene una nieta que la evita porque es gorda y usted delgada, o si su hija llora porque nada le queda, o si su madre sufre de mucha obesidad.

No sé quién es, pero sea quien sea, me alegra que esté leyendo este texto que desde hace tiempo le he querido escribir.

Si me preguntara qué es el sobrepeso, le diría que es como cualquier otra área de la vida. Como el trabajo por ejemplo, o el amor, o el dinero, áreas todas poliédricas donde la herencia, la percepción de uno mismo, el ambiente y el momento que estamos atravesando, danzan al unísono con nuestra motivación. Por eso la gente debería llamar a la radio a preguntarles a los astrólogos por el peso:

"Muy buenos días. Soy Aries, y quisiera saber cómo voy a estar con el peso para el próximo año".

Así como el amor, o el trabajo, o la cuenta bancaria, el peso tiene muchas aristas que son algo más que hacer ejercicio y cambiar de hábitos. Decirle esto a un paciente con sobrepeso, es como decirle a una persona sin dinero que trabaje más.

¿Permitiría usted, estimado amigo, que cualquier persona le hiciera un comentario de su trabajo monótono y estancado?, ¿permitiría que le comentaran que cómo es posible que habiéndolo tenido todo, su vida haya resultado un fracaso?, ¿o que nunca le alcance el dinero?, ¿o que a estas alturas todavía no se haya casado?, ¿o que por qué no tiene hijos?, ¿o por qué su pareja le es infiel?, ¿permitiría además, que nosotros "los expertos" habláramos de usted a diestra y siniestra como si su vida nos perteneciera, e hiciéramos conjeturas magistrales sobre lo que usted debería de hacer, pero que no hace?

¿No le parecería, que aún y dándole un buen consejo, mucho de lo verdaderamente importante para sacarlo adelante (el hiperinsulinismo, la hipoglicemia reactiva, la resistencia a la leptina, el síndrome de ovario poliquístico, y las bajas concentraciones de serotonina por sólo mencionar algunos) se nos escaparía al hacer nuestras magistrales conjeturas?

¿Cómo cree que reaccionaría?, ¿con una sonrisa hipócrita?, ¿defendiéndose?, ¿cerrándose?, ¿se alejaría de nosotros "los expertos"?

Su familiar ya sabe que tiene sobrepeso. Muy a pesar de la negación, del no verse en el espejo, del "no poner de su parte", su familiar se siente atrapado y desesperado en lo más profundo de su ser. Ya conoce todas las dietas, ya sabe que se está haciendo daño, ya le ha escuchado una y mil veces que hay que hacer ejercicio, y ya ha sido víctima de los mil comentarios, pero ahora… usted lo quiere ayudar ¿verdad?
Muy bien. A usted le preocupa y lo hace porque lo quiere, correcto, pero… ¿se ha preguntado qué puede hacer en realidad?

¿Repetirle lo que ya sabe?, ¿regañarlo?, ¿llamarle la atención?, ¿decirle que no le va a comprar ropa?, ¿rechazarlo por su gordura?, ¿retirarle un beneficio?, ¿ofrecerle algún premio?… ¿o qué se yo qué otra cantidad de cosas que no funcionan para nada?

Ayudar implica inspirar. Lo otro sería obligar, coaccionar, maltratar, someter… y en consecuencia, aún y dando resultado, crearía resentimiento y se perdería el corazón del seguidor. Y… ¿de qué nos sirve un familiar delgado que nos guarda rencor?
La culpa, la vergüenza, el resentimiento y el dolor, son siempre grandes motivadores, pero únicamente de adentro hacia afuera. Intentar producirlos de afuera hacia adentro es, en el mundo del sobrepeso, siempre un error. Por eso AYUDAR implica el manejo de las emociones por parte de quien lo intenta, lo otro sólo empeora las cosas. Escuche:

l "A uno le da mucha rabia las indirectas como "no te sirve la ropa". Eso te molesta porque es verdad, pero te escondes, y luego como no te puedes vestir, te aíslas".
l"Los médicos son lo peor. Cuando me decían: no puede ser que estés tan gorda" me volvía una ñoña".
l"No deberían hablarle a terceros de la obesidad de uno".
l"Para una mamá es muy fácil ayudar. Con sólo no comprar lo que engorda, ya tiene. A mí me comían en frente porque ellos nunca estaban a dieta".
l"Uno siempre sabe que está gordo. Uno siempre lo sabe. Lo que pasa es que lo vas dejando. Hasta que ya no lo soportas. El otro día mi hija me evitó frente a sus amiguitas. Y eso me afectó (ojos aguados)".
l"Cuando estamos solos siempre necesitamos a alguien. Aunque no parezca, necesitamos a alguien".
l"Yo me acuerdo que pensaba, "si de verdad quieres que adelgace, ¿Por qué compras chocolate?".
l"Me daba rabia que me compararan con alguien que había adelgazado".
l"Es como si viviera con el enemigo por dentro. Te lo juro. A veces pienso que me estoy autodestruyendo. Y me da miedo. Me da mucho miedo, porque no se a dónde voy a llegar".
l"Cuando me escondían las chucherías pensaba: Igualito me las como en el colegio".
l"Muy bien, pero si hubieses hecho ejercicios hubieses perdido más". Pero bueno, ¿es que acaso uno nunca es suficiente?".
l"Me da miedo un infarto. ¿Y tú crees que no lo pienso? Yo sé que si seguimos así, nuestros hijos se quedan huérfanos".
l"No sé lo que es salir sin talco entre las piernas".
l"Lo peor es que pierdes tu nombre. Cualquier desconocido te llama gordo. Como si uno llamara a la gente calvo o enano o cabezón. ¿Sabes lo que es usar tu nombre únicamente en los cheques?".

Si quiere ayudar tenga paciencia. No compre dulces ni harinas. No premie con comida. Busque un profesional. Respete que no esté listo para el cambio. Hágale saber que está a su lado para cuando lo desee. Conviértase en ejemplo. Consiga algo en lo que ambos estén deacuerdo. Atrápelo haciéndolo bien. Edifique con la palabra (Wiston Churchill dijo: "Me he dado cuenta de que la mejor forma de que una persona adquiera una virtud es decir que la tiene). No haga que confiese. Viva en la solución, no viva en el problema. Recuerde que la solución, el éxito o el progreso no es de usted (no diga, "Porque como yo le…, entonces adelgazó". Entréguele el éxito y la habilidad de adelgazar). Ayúdelo a que haga lo que no quiere, pero recuerde que no es lo que a usted le interesa, sino lo que a él o ella le interesa. Muéstrele Kitakilos 2005, el evento nacional de adelgazamiento, por Internet. Entréguele herramientas. Tómele fotos, fotos y más fotos. No diga indirectas. Y lo más importante de todo, conozca hasta donde puede llegar. Tenga paciencia, su familiar quiere adelgazar. Todos los días está a punto de tomar la decisión. l

 
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