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El increíble closet de
Nan Kemper

La exposición que el Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Nueva York exhibe en honor de esta inolvidable dama es una experiencia que muestra —en ropa— la maravillosa vida de una apasionada coleccionista de moda
Mario Aranaga / Nueva York / Enviado especial

Nan Kempner, en mi opinión, siempre representó a la mujer moderna, libre, independiente y elegante. Probablemente
sea la mujer que mejor vistió mi ropa, con la que compartí
la más larga y mayor complicidad
. Yves Saint Laurent,
diseñador

Nan Kempner estaba destinada a ser coleccionista de ropa. Nació en una opulenta familia de San Francisco,
era hija única y representaba la tercera generación de clientes de alta costura de su familia. Su primer vestido
de lujo, un Christian Dior, se lo compró su madre cuando tenía 19 años, en la época en que Yves Saint Laurent diseñaba para la firma.

Vivíamos en Suiza dos meses al año, y ella siempre venía a pasar dos semanas con nosotros. Era una esquiadora hábil. Se engalanaba con las prendas más peculiares. Nunca olvidaré un chaleco para esquiar que estaba cubierto con lentejuelas y plumas de avestruz”.
Pat Buckley, amiga

Nan se casó con Tommy Kempner, el joven heredero de una enorme fortuna, lo cual significaba mucho dinero para vestidos, pieles, joyas y sedas, preferiblemente de París y las grandes casas: Valentino, Ungaro, Channel y, sobre todo, Yves Saint Laurent, de quien se convirtió en su musa de Estados Unidos. Desde 1961 hasta su muerte en 2005, Nan Kempner nunca faltó a ninguna de sus presentaciones.

Nan siempre dijo que la mejor parte de una fiesta era vestirse. Luego, una vez allí, estaba lista para irse a casa. Una vez me contó que dictando una charla en una escuela de moda, uno de  los estudiantes le preguntó qué hacía que una prenda fuese de alta costura en lugar de prêt-à-porter de lujo. Sin perder tiempo se quitó su falda YSL, la arrojó al público y le pidió que la examinara. A ella le gustaba alardear, nunca le importó mucho mostrarse como era.
Loulou de la Falaise, amiga



“Le encantaba la ropa hecha a la medida, tenía muchos vestidos negros, blancos,
rojos y beige, pero también le gustaban
los estampados. Para ocasiones formales, aunque tenía vestidos de noche increíblemente opulentos y románticos, prefería ropa formal que delineara el cuerpo, casi siempre de Valentino o de Saint Laurent. Para un vestido de noche, generalmente compraba una chaqueta o un abrigo, los combinaba maravillosamente, de forma
que su look fuera único”. Harold Koda,
curador a cargo del Instituto del Vestido

¡Y cómo compraba! Por ser sumamente esbelta —medía 1,65 metros y pesaba 50 kilos—, fue la
inspiración del escritor Tom Wolfe para acuñar
el término “rayos X social”, que describía a las
esqueléticas damas de la alta sociedad del Upper East Side de Nueva York, en su famosa novela La hoguera
de las vanidades
.

¨Creo que nunca prestaba su ropa, a nadie le servía. Ella
era muy delgada. No sé cómo lo lograba, porque comía mucho. De hecho, era conocida porque, al terminar su plato, atacaba lo que habían dejado sus vecinos de mesa
¨. Mica Ertegun, amiga.

Por su figura y por su cartera, Nan podía ponerse una pieza de colección apenas ésta bajaba de la pasarela. Era amiga personal de los diseñadores más reconocidos y ellos la consentían como a la mejor de sus modelos.

¨Una noche mientras compartíamos unas copas en una suite del hotel Crillon de París tocaron la puerta, cuando vi la caja n o lo podía creer: parecía una nevera. Ella tranquilamente dijo: ¨finalmente, llegaron mi blusa y mi falda. El nuevo conjunto ocupó todo un clóset del hotel Crillon¨. Paul Wilmot, amigo.

Los viajes de compras a París eran frecuentes y rigurosos, para ella un verdadero trabajo.  Su clóset, recuerda su amigo Alex Hitz, “era un maravilloso cuarto tapizado con una tela de batik que ocultaba todos los estantes. Era enorme y sumamente ordenado, tenía muchas cosas guardadas, perfectamente dobladas y guindadas.
Con el tiempo el espacio se hizo pequeño y le anexó otro baño al vestier. Después
fue el turno de la habitación para huéspedes, la ropa la inundaba todo. Su colección de vestidos, sombreros, carteras, lentes, zapatos, botas... era algo que verdaderamente desbordaba”.


¨Recuerdo un día que me llamó por teléfono y me dijo: ¨Carolina, ¿recuerdas los pantalones bordados con hilo color turquesa?¨. ¨Resulta que me los puse al revés esta mañana y son fabulosos así ¨.Carolina Herrera, diseñadora

La exhibición Nan Kempner: American Chic fue inaugurada en el Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York en diciembre
de 2006 y estará abierta al público hasta el mes
de abril de 2007. La muestra, un auténtico
recorrido histórico por la moda del siglo XX
contiene más de  3.000 piezas.


¨Después de los desfiles de alta costura, siempre regresábamos al taller de los diseñadores
para hacer compras. Bueno, siempre regresábamos al atelier de Valentino, de Saint Laurent
y de Ungaro; recuerdo que ella se probaba cada prenda. Finalmente, después de un buen tiempo, yo le decía, ¨Nan, tengo que irme¨. Siempre esperaba por ella en los ateliers
¨.

Lynn Wyatt, amiga.

“Esta extraordinaria dama era capaz de jugar con la ropa como un artista con una paleta de colores, su capacidad para crear combinaciones era increíble, magistral
e infinita”
. Harold Koda, curador a cargo del Instituto del Vestido

¨Tenía una relación con la ropa que era extraordinaria. Podía usarla, se podía dar el lujo de comprarla y era atrevida en su forma de vestir. Muchas eran prendas de pasarela, pero ella siempre la usaba en una combinación que escogía ella. Nunca estaba demasiado formal ni demasiado casual. Justo lo adecuado para la ocasión, algo que no se ve a menudo¨.
Ariel de Ravenel, amiga.







Según los curadores
del Instituto del Vestido
en su closet tenía 362
suéteres, 354 chaquetas —perfectamente hechas
a la medida— y 106
diminutos bikinis.
Los vestidos de alta
de costura, los abrigos
y los zapatos son tan
valiosos para la historia
de la moda que todavía
están siendo inventariados

 

 

 

 



Sin embargo, Kempner, no se tomaba las cosas
de la moda tan en serio; a juzgar por los comentarios
de sus amigos. La moda, para ella, era una pasión
natural, cercana y llena de alegría. Una manera
de vivir y sin duda, una manifestación de arte
y cultura que aprendió a querer y respetar.
l

 

Traducción de las citas: José Peralta

 

 


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