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Roma II temporada
Nace el imperio


La serie coproducida por HBO
y la BBC —la más costosa
de la televisión con sus
más de 100 millones de dólares
de presupuesto—, promete ganar
en intensidad en esta su segunda
y última temporada, lo que es
mucho decir a juzgar por lo ya visto.
Las emociones fuertes regresarán
a la pantalla chica a partir del próximo
domingo, en este retrato de aquella
histórica batalla por el poder
con resonancia en el mundo actual.

Raúl Chacón Soto / Londres / Enviado especial

Quienes vieron la primera temporada de Roma aún deben recordar el impactante final: Julio César asesinado salvajemente en el propio Senado, a manos de muchos a quienes consideraba sus seguidores, entre ellos Bruto. La segunda empieza ese mismo día, el 15 de marzo del año 44 a.C. Todavía no se ha enfriado la sangre derramada cuando ya empieza la lucha por el poder entre los líderes que le sobreviven, y también entre sus mujeres. La muerte del gran jefe significó, históricamente, el fin de lo que se conoce como la república; y marcó el inicio del proceso que llevaría a la conformación del imperio romano. A este parto, doloroso, asistirán quienes sintonicen HBO a partir de este domingo.

Esta segunda temporada, que será también la última por razones estrictamente económicas —siete millones de estadounidenses y unos tres millones de británicos vieron la serie, lo que no está mal, pero tampoco muy bien—, contará, entonces, lo sucedido en un periplo de 14 años, hasta llegar al 30 a.C. Si los primeros episodios sorprendieron por su carga de violencia y sexualidad —no faltaron desnudos frontales ni cruentas imágenes de rojo incendiario—, los que se verán a continuación prometen ir mucho más lejos —por lo menos así se ve en los dos primeros capítulos que mostraron a la prensa en Londres—, habida cuenta de que los creadores han decidido condensar lo que estaba previsto para varias temporadas en sólo diez entregas de una hora de duración.

No vayan a pensar, quienes aún no han visto la serie, que el énfasis en el sexo y la violencia es gratuito.  Por el contrario. Son dos aspectos ineludibles a la hora de hacer un retrato fiel de lo que fueron esos días. Dos de los productores así lo explican: “Estos elementos son orgánicos dentro del guión. Hay una línea divisoria entre el sexo por el sexo y el sexo real. En este caso hay un propósito definido”. Ese propósito no es otro que el de tratar de mostrar a Roma como realmente era. Lo dice el propio Bruno Heller, uno de los guionistas: “Lo que hizo Stamp (Jonathan, coproductor y asesor histórico) es, precisamente, pasar sobre todas las representaciones dramáticas, teatrales y literarias del período e ir a las fuentes, para ver ese momento en su pureza, sin el elemento mítico que le rodea... para ver a Roma como una ciudad real, concreta, a través de la gente en sus calles. Yo creo que la premisa original es mostrar este famoso período de la historia desde el punto de vista de la gente ordinaria. Así que puedes ver todo desde diferentes ángulos”. Es por ello que, a la par de lo que sucede con las figuras históricas por todos conocidas, en Roma se da importancia, también,
a lo que acontece a un par de soldados cuyas acciones se relacionan, no siempre
con entera fortuna, a los grandes acontecimientos relatados en la trama. 

Pero es el propio Stamp quien, en las notas de producción entregadas a los reporteros, explica los tres temas clave
de esta segunda temporada: “Políticamente, la gran
pregunta es quién será el sucesor de Julio César. Según
su testamento, su heredero legal es Octavio, para sorpresa de todos y amargura de Marco Antonio”. Justamente estos dos personajes se convierten en los principales
contendores de una batalla en la que no faltan otros retadores, como es el caso del propio Bruto. El nombre
de quien resultará vencedor es, obviamente, conocido
por todos. “Octavio (futuro Augusto) triunfa gracias a una extraordinaria combinación de tenacidad, astucia
y fuerza bruta. Hay algo monstruoso en él, algo que
saben muy bien su madre, Atia, y su hermana, Octavia”.

Una mirada al surgimiento del monoteísmo, a través del retrato que se hace de la comunidad judía presente en Roma, será el segundo tópico al que se le dará importancia. “Aunque todavía estamos en la era precristiana, ya se ve en el horizonte. Hay señales de la existencia de una comunidad judía en esta ciudad que datan de 250 años antes de Cristo, lo que la convierte en una de las más antiguas en el mundo. Claro que su cultura no era tan desarrollada como ahora, pero era reconocible. Para el momento de nuestra historia los judíos no eran considerados como una amenaza, aunque se olía en el aire un ambiente de choque entre la religión romana y sus crenecias”, explica el historiador.

El tercer tema no podía ser otro que el de la apasionante relación entre Marco Antonio y Cleopatra. Stamp asegura que se le dio un giro a la historia tantas veces contada: “Estos personajes son míticas figuras; tanto, que es casi imposible que la audiencia
los vea como verdaderos seres humanos. Lo que creo que logramos es que sus relaciones puedan ser vistas como las de dos personas reales. Eso es lo diferente. Buscamos un retrato muy cercano al registro histórico. Marco Antonio era un
bon vivant, mujeriego, un hombre muy cercano a su gente. En nuestra historia Cleopatra no es su único amor. El todavía siente algo por Atia, y esos sentimientos
no resueltos añaden complejidad a la trama... Para Cleopatra no había distinción
entre la vida romántica y la vida política. Tener sexo era un acto político, casarse también. El hecho es que ella es muy joven, su vida está en constante peligro y está peleando por tratar de preservar  ambas cosas: su poder y la integridad de Egipto”.
Lo cierto es que la pareja mantuvo, en palabras del propio Stamp, una relación “tóxica”, destructiva, comparable a la que,  en los tiempos que corren, han sostenido conocidos rockeros.

Roma, como ven, estará que arde. l

rchacon@eluniversal.com

•Marco Antonio•
El heroe revisitado

“No sean tímidos, disparen”, dice el actor británico James Purefoy, quien en persona es tan locuaz y enérgico como su personaje. No la tenía fácil al encarnar al mítico Marco Antonio. Pero le ha encantado, y mucho más en esta temporada, donde su rol se convierte en verdadero protagonista. “Durante la primera estuve a la sombra de Julio César, pero en esta ocasión aparecen los momentos cumbres de su vida: la toma de Roma, la batalla de Filipos, el encuentro con Cleopatra… ha sido muy intenso. El personaje llega adonde no había llegado antes. Se le verá muy vulnerable, enamorado por primera vez”. Dicen que las comparaciones son odiosas y mucho más cuando los referentes son Marlon Brando y Richard Burton. “Me gustaría pensar que la gente está viendo lo más cercano a lo que fue el hecho histórico. El público relaciona a Marco Antonio con palabras como valiente, romántico… pero si uno va a las fuentes, Plutarco, los diarios de César, puede ver al hombre de su tiempo, y es muy diferente al que hicieron Brando, Burton”. “¿El mejor Marco Antonio?”, le dispara alguien: “¡No, por Dios... periodistas!”, suelta en medio de una carcajada. “No he dicho eso, yo no les llego ni a sus talones... lo que sucede es que lo veremos como no se había visto. Se supone que fue un héroe, pero fue una persona con cualidades muy humanas. ¿Era violento?, sí, ¿arrogante?, también, pero cuando lleguen al capítulo diez verán a un hombre muy diferente”. La relación con Cleopatra es uno de los platos fuertes de esta temporada. “El entenderá el significado del amor, en este caso algo sexual y político a la vez... hay escenas realmente fuertes con ella. En una él le está enseñando a cazar con el arco y la flecha y al final apuntan y matan a un pobre esclavo. Eso no se había visto antes”. “¿Es una relación del tipo Kurt Cobain-Courtney Love?”, le dispara otro. “Ellos  fueron dos a quienes escuchamos cuando preparábamos las escenas. Lyndsey y yo teníamos en nuestros iPods a Nirvana, los Sex Pistols… Simpatía por el diablo de los Rolling Stones también nos sirvió de mucho. Queríamos compartir canciones que dieran la sensación de nihilismo. Tainted Love de Marilyn Manson fue un gran número para ellos”.

 

•Cleopatra•
Mordedura de serpiente

“¡Fantástico!”, fue lo primero que pensó Lyndsey Marshal al saberse la escogida después de seis meses de audiciones. Pero luego vino el terror. No podía ser de otro modo: el reto que tenía enfrente era darle vida a Cleopatra, icónica figura de la historia, de quien todo el mundo tiene una idea preconcebida. Y, además, con rostros tan ilustres —y tan bellos— como el de Elizabeth Taylor, Sophia Loren y Vivien Leigh de referencia. Quizás por ello, al verla frente a frente, muchos periodistas se sienten un tanto decepcionados. El asunto no es que le falte hermosura a esta actriz inglesa, porque la tiene, pero no están los ojos violeta ni las facciones de diosa inalcanzable… Lo que, quizás, es prudente, si se toma en cuenta que la verdadera Cleopatra no era precisamente un ejemplo de belleza. Tampoco le falta magnetismo, evidente desde la primera vez que aparece en escena. Los gestos, las miradas, incluso los movimientos, cargados de sensualidad, dan fe de un gran trabajo corporal. “Sentí mucha presión. Tuve que trabajar duro sólo para saber cómo aproximarme al personaje. Leí libros, fui a museos, vi pinturas... Fue importante acercarme a ella como una página en blanco,  buscar su verdad y reflejar su vida lo más honestamente posible, con sus lados buenos y malos”. Recuerda que Cleopatra llega a ser reina de Egipto a los 18 años, y se mantiene en el poder durante 21. “Fue una mujer muy fuerte, una figura política, muy inteligente. El asunto era sobrevivir, y cómo hacerlo en un mundo de hombres”. Con ese fin, todos los recursos eran admitidos, incluido el de la sexualidad. “Ella usa todo lo que puede usar... es mujer”. La actriz también recurrió a la música para encontrar el tono de su interpretación. “Sí, hay canciones que me ayudaron. ¿Cómo hacían el amor?, ¿qué pasaba puertas adentro? Ambos estaban completamente enamorados. Teníamos que crear la sensación de que se querían comer, penetrar en la piel del otro, consumirse… había que abandonarse en la escena”. Marshal tuvo otro gran reto que afrontar: aparecer en escena rodeada de serpientes —Cleopatra muere mordida por una. “Les tengo pánico, por lo que fue muy difícil. Quería aparecer lo más natural posible, por lo que tuve que trabajar con ellas durante dos semanas hasta sentirme cómoda”.

 

La serie se filmó
en el más grande
set que se haya construido en el
mundo para una producción
televisiva -ocupa una extensión de 20.234mts2 en los legendarios estudios
de Cinecittá, en Roma. La recreación del foro romano fue hecha a un tamaño
que corresponde a 60% del original

 

•Servilia•
Rivalidad extrema

El público venezolano quizás recuerde a Lindsay Duncan en el personaje de Katherine en Bajo el sol de Toscana. Aquella alocada mujer, toda sensualidad, a quien la protagonista —interpretada por Diane Lane— le debe unas cuantas lecciones sobre el disfrute de la vida, está a años luz de distancia de la severa y muy peligrosa Servilia, la madre de Bruto, instigadora del asesinato de César, protagonista de una rivalidad —con la no menos despiadada Atia, verdadera arpía madre de Octavio, interpretada por Polly Walker— que muy bien podría ocupar un lugar entre las grandes confrontaciones femeninas en la historia de la TV. La verdad es que tal metamorfosis no debería sorprender a nadie. La actriz escocesa, de 56 años, que le da vida a Servilia es una de las grandes damas de la escena teatral británica. En algún rincón de su casa debe lucir el premio Tony y los mayores reconocimientos que otorga la crítica de su país por sus roles en piezas  como Vidas Privadas y Relaciones Peligrosas. Tanto pedigree parece no envanecerla a juzgar por su actitud ante la prensa. Encantadora, habla con emoción de su personaje, a quien le encuentra lados positivos a pesar de tanta perversidad: “Es una mujer muy fuerte. Es capaz de sentir gran pasión, algo que no se puede decir de cualquiera. Es inteligente, orgullosa y luchadora”. Entiende que las acciones de su personaje obedecen a muy distintas razones a las que impulsan a Atia, su gran enemiga. “Ambas se odian, sólo que operan de diferentes maneras. Servilia es muy orgullosa, para ella la dignidad es muy importante, es un asunto de familia… su lucha tiene que ver menos con el poder, y más con la dignidad y la venganza”. El final de la primera temporada deja el enfrentamiento con ventaja —por puntos— para Servilia, quien no deja de recordarle a Atia —después de conocida la muerte de César— que pronto le llegará la hora. El combate promete. La misma Duncan asegura que lo mejor —o peor— está por verse. “Las mujeres no podían luchar en el Senado, tampoco en el campo de batalla, entonces, dónde podían ir… ellas no podían montarse en un caballo y blandir una espada… son manipuladoras, pero qué más podían hacer”. Por lo ya visto, más de lo que cabría imaginarse.

 

•Julius Vorenus•
La cara del dolor

Kevin McKidd, el muy rubio actor escocés, de 33 años de edad, hizo su debut en el cine en Trainspotting, la película de Danny Boyle que, con los años, se ha convertido en objeto de culto. Quizás lo recuerde, pues allí interpretaba, con sus 1,84 metros de estatura, al grandulón Tommy, uno de los personajes principales —curiosamente es el único que no aparece en los carteles de promoción de esta cinta, pues no pudo asistir a la sesión fotográfica por encontrarse enfermo esos días. A diferencia de muchos de sus compañeros en Roma, no tuvo que preocuparse por lo que representaba interpretar a una figura mítica. Lucius Vorenus es, junto a su amigo Titus Pullo, uno de los dos soldados que si bien realmente existieron, en realidad sirven a los productores para presentar la historia desde otros ángulos, distintos a los de la clase dirigente. Esto no significa que los retos hayan sido menores. Como el propio McKidd lo explica, la segunda temporada ha sido de mucho riesgo. “Es un hombre que tiene que lidiar con sus emociones, su dolor, después de que su esposa, a la que amaba profundamente, se mata. Yo lo discutí mucho con Bruno (Heller, uno de los guionistas)... él quería usar esa oscuridad, su torcido sentido de la realidad, su locura, incluso, para convertirlo en un verdadero líder de las pandillas que empezaban a manifestarse en ese entonces, lo que sería el inicio de la mafia. Fue difícil para mí porque el personaje cambió sustancialmente. Era un miembro honorable de la sociedad, en términos morales, y se desmorona para volver como un ser humano completamente diferente”. Curiosamente, quien fuera, del par de amigos, el más recto, termina transformándose por el dolor. “Si alguien sale victorioso, es Pullo —un mujeriego simpático y despreocupado, interpretado con maestría por Ray Stevenson—, porque él era quien no quería nada. Vorenus, quien empieza a tener el sueño de subir en la sociedad, se derrumba. Bruno quiso mostrar que no era lo suficientemente fuerte para no sucumbir a las tentaciones del mundo material”. Así, pues, los roles cambian. Como lo dice el actor: “Pullo se convierte en un animal doméstico, con su esposa e hijos. Será el protector de Vorenus. Es complejo, pero se verá una más profunda relación de amistad”.

 

Se requirieron cerca de 4.000 piezas
de vestuario y 1.250 pares de sandalias. Las ruinas de Pompeya, Herculaneum
y Ostia Antigua fueron
referencia para escoger
los colores de los templos, estatuas
y calles así como los graffiti. Ya sabe por qué costó más
de cien millones de dólares

 

 


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