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CRÍMENES MAX HAINES

UN OSCURO SECRETO
DE FAMILIA

Daniel Renault no era precisamente el mejor hermano del mundo. Lo que no sabía era lo caro que iban a costarle sus malos tratos

Daniel Renault fue uno de los hombres más despreciables que haya vivido en este planeta. Se la pasaba rondando bares en Lille, Francia, buscando pleitos, robando a borrachos y ganando algún dinero de manera deshonesta. Se había casado en 1973, pero el matrimonio no duró. En 1977, su esposa obtuvo el divorcio. Quizás el fracaso de su matrimonio fue el factor que desencadenó su falta de ambición y su declive hacia una vida sin rumbo.

Su hermana, Martine, era una belleza de 25 años que compartía con él un apartamento en el número 16 de la Rue Gosselin. Los Renault, cuyos padres habían muerto pocos años atrás, no se llevaban bien.

Daniel tenía el desagradable hábito de trabar amistad con desconocidos en bares y vender el cuerpo de su hermana. Les decía a los hombres que su hermana era prostituta y les cobraba 10 dólares; también les decía que a ella le gustaba que la golpearan antes del acto sexual. Lo que no les decía era que Martine no era una prostituta, sino que estaba totalmente bajo su control.

Martine luchaba contra los hombres, quienes, de hecho, la violaban. La primera vez que esto ocurrió se puso histérica, sin entender en lo más mínimo por qué un desconocido la atacaba en su propio apartamento a plena luz del día y con una expresión de sentirse inmune a cualquier consecuencia.

En la segunda ocasión, el hombre explicó que había pagado 10 dólares a su hermano y que le habían dicho que ella se resistiría. Martine apenas podía creer lo que escuchaba. Sabía que su hermano nunca sería un santo, pero hacer que hombres la atacaran iba más allá de su comprensión.

Daniel le dijo a su hermana que si no le gustaba el arreglo, ella podía marcharse del apartamento que había heredado él de sus padres. Quizás una persona más fuerte se habría largado, independientemente de las consecuencias, pero Martine decidió quedarse.

Con el tiempo, y sin ninguna relación con los conocidos de su hermano, ella trabó amistad con Louis Devynck, un gigantesco hombre que trabajaba como mecánico en un taller en Lille. Louis quedó prendado de Martine y ella a su vez se enamoró perdidamente de él. La pareja fijó una fecha de septiembre de 1980 para contraer matrimonio. Martine nunca le contó a su novio sobre la clase de vida a la que la obligaba su hermano.

El sábado 2 de agosto de 1980 llamaron una ambulancia al 16 de la Rue Gosselin. Daniel Renault tenía un largo cuchillo con dientes de sierra en el abdomen cuando llegó el vehículo.

Martine y Louis observaron mientras Daniel era transportado a la sección de emergencias del hospital de Lille, aún aferrando el mango del cuchillo que sobresalía de su abdomen. Luego llamaron a la policía.

Los detectives interrogaron a los amantes, quienes dijeron que no tenían idea de quién había acuchillado a Daniel. Afirmaron que habían estado solos en el apartamento cuando éste entró tambaleante, aferrando el mango del horrendo cuchillo.

Mientras eran interrogados, se recibió la noticia desde el hospital de que Daniel Renault había muerto antes de llegar al quirófano. Martine se apegó a la historia que había contado desde el principio. Louis repitió la misma versión, a la que sólo agregó que apenas conocía a Daniel. Pero había gato encerrado.

Louis tomó un cuchillo para pan. Aseveró que debió APUÑALAR al hombre aunque no tenía recuerdo de la situación en sí

Los relatos de los dos jóvenes eran claros, pero los individuos con cuchillos clavados en el estómago usualmente no suben escaleras para pedir ayuda a alguna hermana en lugar de gritar para pedir auxilio. Además, los detectives se enteraron del oscuro secreto de Martine durante la investigación en torno al asesinato de su hermano.

Un tal Félix Martins declaró de manera voluntaria que había conocido a Daniel en un bar y se había convertido en cliente. Había ido al apartamento y sometido a Martine a la fuerza. Ella se había resistido, pero Félix creyó que aquello era parte del trato.

Los detectives siguieron adelante y encontraron a otros cuatro hombres que admitieron haber pagado 10 dólares para tener relaciones sexuales con Martine. Otro hombre había ido al apartamento, pero ella lo golpeó tan salvajemente que él desistió. Necesitó tres días para que su ojo amoratado se aliviara.

Ahora que habían descubierto un poderoso móvil de homicidio, los agentes de policía estaban seguros de que Martine había asesinado a su hermano. Esta teoría sufrió un revés cuando Louis Devynck confesó haber cometido el asesinato. Les dijo a sus interrogadores que había mentido cuando dijo que no conocía a Daniel. Era todo lo contrario. El difunto le pedía dinero constantemente, alegando que se lo debía por acostarse con su hermana; incluso le amenazó con golpear a Martine si él no aceptaba. Para evitar que su novia sufriera, Louis había pagado.

El día del apuñalamiento, Louis estaba en el apartamento de los Renault. Daniel llegó y le exigió 25 dólares, afirmando que debía ese dinero a unos rufianes que le darían una paliza si no pagaba su deuda. Louis se hartó. Le dijo a Daniel que intentara trabajar, como el resto de la gente. Daniel no se tomó bien la recomendación. Agarró un frasco de mostaza y se lanzó hacia Louis. Louis tomó un cuchillo para pan. Aseveró que debió apuñalar al hombre que se le venía encima, aunque no tenía recuerdo de la acción en sí. Sostenía el cuchillo a manera de defensa, y dijo que creía que Daniel debió abalanzarse contra la hoja. Dijo que Martine no estaba en la habitación cuando ocurrió el incidente.

Los policías escucharon la confesión, que explicaba muchos de los hechos conocidos, pero aún creían que Martine era la asesina y que Louis intentaba protegerla. También creían que ella no estaba diciendo la verdad porque no quería que su novio se enterara de las actividades a las que la sometía su hermano.

Los agentes de la policía realizaron una reunión. A juzgar por la situación actual, era posible que un hombre inocente fuera enviado a prisión. Las declaraciones de quienes habían comprado los favores de Martine se habían grabado en cinta magnetofónica. Los detectives decidieron reproducir estas grabaciones para que Louis las escuchara; esto eliminaría el motivo de Martine para no confesar.

La estrategia funcionó a la perfección; Louis comprendió plenamente cuál era la situación de su novia. Martine se sintió aliviada porque ahora él conocía su secreto. Ella le dijo a la policía. "Estaba en una terrible situación. Si no confesaba, Louis hubiera tenido que ir a la cárcel en mi lugar, y si confesaba, él habría descubierto todas las cosas desagradables que Daniel me había hecho. No quería perderlo".

Ahora Martine contó la verdad. Louis tomaba una siesta en el dormitorio cuando ocurrió el apuñalamiento. Su hermano había llegado alrededor de las 3 y le había exigido dinero. Dijo que debía 25 dólares a unos hombres que le darían una paliza si no pagaba.

Ella le dijo que bajara la voz porque Louis estaba durmiendo. Daniel enfureció y le gritó obscenidades a Martine; ella respondió gritando también. Daniel tomó un frasco de mostaza y avanzó hacia ella; desesperada, Martine agarró un cuchillo para pan de la mesa y atacó a ciegas a su hermano. El frasco de mostaza que sostenía cayó al piso.
El ruido despertó a Louis. Los dos se quedaron viendo el cuchillo que salía del abdomen de Daniel. Martine Renault fue acusada de homicidio involuntario. El 12 de junio de 1981 fue encontrada culpable con circunstancias extremadamente atenuantes y le dieron una condena condicional de cuatro años.

Dos semanas después de quedar en libertad, Martine Renault contrajo nupcias con Louis Devynck.

Traducción: José Peralta.

Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

 
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