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CRÍMENES MAX HAINES

LA MASACRE DE LOS DONELLY

Los actos de intimidación contra la tristemente célebre familia llegaron a su fin cuando una turba asesinó a cinco de sus miembros


Éste es un recuento de la historia: Jim Donnelly, su esposa Johannah, sus siete hijos y una hija, vivían en el pueblo de Lucan, Ontario, a mediados del siglo XIX. Los diez miembros de la familia moraban en la calle Vía Romana, así llamada porque sus residentes eran católicos romanos de Irlanda.

Después de que Jim trabajó sus tierras durante varios años, Patrick Farrell adquirió la mitad de su propiedad. Jim y Farrell, que nunca estuvieron en buenos términos, se convirtieron en acérrimos enemigos. El 27 de junio de 1857, Jim mató a Farrell en una pelea que tuvieron en una reunión en el campo para cortar y transportar troncos. Jim fue procesado, hallado culpable y sentenciado a siete años de cárcel en la Penitenciaría de Kingston. Luego de cumplir su sentencia, volvió a casa y se encontró con el hecho de que su emprendedora esposa no sólo había mantenido en buen estado la granja sino que había criado a su extensa prole de forma tal que todos tenían un comportamiento tan rudo y resuelto como el padre.

Tras el regreso de Jim, todos los percances que sufrieron las personas que habían prestado testimonio en su juicio realizado siete años antes fueron achacados a la familia Donnelly. Los Donnelly habían prosperando. En los años posteriores a 1860, se dedicaron al negocio de las diligencias. Tanto Will como Jim, hijo, se dieron cuenta de que tenían ciertas habilidades para los negocios. Según los informes que pudimos recopilar, su pequeña flota de diligencias era la más limpia y eficiente de los servicios de transporte que se prestaban en el área. Su principal competidor, el viejo Bob Hawkshaw, tenía previsto retirarse. Will y Jim le hicieron una oferta para comprar su empresa, pero Hawkshaw decidió venderla a John Flannigan. El Gran John, como era conocido, era querido por todos y confiaba en que el público optaría por utilizar los servicios de su compañía de diligencias en lugar de la de los Donnelly. Flannigan no estaba errado.

Sin embargo, como si el mismo diablo lo hubiera deseado, la compañía de diligencias de Flannigan se vio afectada por una serie de accidentes extraños y fuera de lo común. Un día, el eje de una de las diligencias se rompió y los pasajeros fueron sacudidos de un lado a otro. Poco tiempo después, uno de los establos de Flannigan se incendió por completo. Cinco días más tarde, otro establo de Flannigan resultó dañado por un nuevo e inexplicable incendio.

Como cabía esperar, Flannigan estaba indignado con los Donnelly. Junto a un grupo de 17 hombres, que pensaban que los miembros de ese clan habían ido demasiado lejos, el transportista se dirigió a la granja de los Donnelly. Allí, Will y James estaban preparando su diligencia para hacer un viaje al pueblo de London. La incontrolable turba se detuvo en frente del establo. El viejo Jim y sus siete hijos miraron la turba y se arremangaron las camisas.

El viejo Jim fue el primero en hablar: "Estos caballeros parecen estar buscando problemas. De ser así, muchachos, me complacerá hacerles el favor". Flannigan vaciló ante el comportamiento presumido de Jim. Esos segundos de duda le saldrían caros. Los ocho miembros de la familia Donnelly se abalanzaron contra el grupo de 18 hombres. Los Donnelly le cayeron a palos a sus enemigos y los golpearon hasta que cayeron al piso o huyeron a toda carrera. En diez minutos, la reyerta llegó a su fin, pero la escena de la familia luchando pese a estar en desventaja quedó indeleble en la memoria de los testigos.
Para tener una idea clara del terror que despertaban los Donnelly, sólo basta recordar los cargos penales que se introdujeron en su contra durante los primeros tres meses de 1876. Se trata de una lista de 33 acusaciones, entre ellas agresión, incendios intencionales, lesiones, robos e intento de homicidio premeditado. Como todas las familias pioneras, los Donnelly también sufrieron una serie de tragedias personales. Según algunas informaciones Jim, hijo, murió de neumonía. Sin embargo, como todo lo que rodeaba a los Donnelly, su muerte estuvo envuelta en un manto de misterio. Algunos dicen que murió abaleado. Sea cual fuere la verdad, los restos del hijo de Jim descansan en el camposanto situado al lado de la iglesia de San Patricio. Algún tiempo después, su hermano Michael murió apuñalado en una pelea en un bar. Michael yace enterrado al lado de su hermano mayor.

Las peleas siguieron cada vez más feroces y crueles. Las noticias sobre los actos de terrorismo de los Donnelly se fueron conociendo en las zonas aledañas. En un mundo tan cerrado como el de los pioneros, la desesperación de los hombres del lugar llegó a su punto máximo. Si la ley no podía controlar a los Donnelly, lo mejor era hacerse justicia con sus propias manos.

Jim Carroll fue el catalizador necesario para prender la mecha de la venganza entre los pobladores de la zona. Jim había nacido en el lugar, pero se había mudado a Estados Unidos y había vuelto a Canadá en 1878, con 26 años de edad. Al poco tiempo, tuvo conocimiento del azote en que se habían convertido los Donnelly. Carroll regó la voz de que él no le tenía miedo a la odiada familia. Carroll fue contratado como policía del pueblo de Lucan luego de jurar: "Haré que los Donnelly se vayan de Lucan". En cierto modo cumplió con su promesa.

La noche del 3 de febrero de 1880, unos 40 hombres se reunieron en la escuela Cedar Swamp. El grupo se enfiló a la casa de Jim Donnelly y otros hombres se les unieron en el camino. Entre ellos se encontraba Patrick Grouchy Ryder. Su establo había sido el blanco de un incendio. Después de numerosos aplazamientos, estaba previsto que Johannah y Jim, el patriarca de la familia, comparecieran al día siguiente ante un tribunal de Granton para responder a los cargos de incendio intencional.

La intención era darles una PALIZA, pero algo salió mal y la turba se descontroló por completo

Las faenas del campo constituyen una ocupación muy exigente. Además de las tareas domésticas, hay que alimentar a los animales de la granja. Con ese fin, los Donnelly le habían pedido a un joven vecino, de nombre Johnny O'Connor, de apenas 11 años, que se quedara durmiendo esa noche en casa y se encargara de cuidar a los animales al día siguiente mientras los Donnelly se dirigían en auto a Granton para comparecer ante el tribunal. Bridget, una sobrina de la familia, había venido de Irlanda a visitar a sus parientes. Tom, el más joven de la familia, se había quedado en casa con sus padres.

El policía Jim Carroll dirigía al grupo. El vio que Tom Donnelly estaba dormido en un pequeño dormitorio al lado de la cocina. Carroll lo tomó por las muñecas y le colocó unas esposas. Tom se despertó al instante y gritó: "¡¿Qué ocurre?!'. Carroll respondió: "Queda arrestado".

Johannah se despertó con el ruido, e inmediatamente su sobrina Bridget también se despertó. El viejo Jim Donnelly estaba durmiendo en la misma habitación que el joven Johnny O'Connor. Jim se puso los pantalones y se unió al resto del grupo en la cocina. Vio a su hijo esposado y preguntó airado: "¿Qué? Tom, ¿estás esposado?".
"Sí", respondió Tom. "Él se las da de inteligente". Con una vela en la mano, el viejo Jim regresó a su dormitorio a buscar su abrigo. Johnny O'Connor, quien estaba usando el abrigo del viejo Donnelly como almohada, se lo entregó a Jim, quien regresó a la cocina.

¿Los hombres solo querían darle un escarmiento a la familia Donnelly? Bill Ryder, un sobrino tataranieto de Grouchy Ryder, afirma: "Yo creo que su intención era darle una paliza a los Donnelly, pero algo salió mal y cuando todo comenzó, la turba se descontroló por completo". Todos los que se encontraban esa noche en la casa, con la excepción de Johnny O'Connor, fueron golpeados salvajemente a palos hasta que murieron. Tom Donnelly cayó inerte al piso al igual que sus padres y su prima Bridget. Johnny se escondió bajo una cama, donde pudo ver cómo le daban repetidamente con una pala al cráneo de un Donnelly.

Los hombres incendiaron la casa y a los pocos instantes la turba se alejó del lugar. Johnny O'Connor escapó de la casa en llamas y corrió descalzo hasta una granja vecina. Los asesinos aún no habían terminado su tarea. Siguieron caminando hasta que llegaron a la casa de Will. Su hermano John fue quien abrió la puerta. Su silueta se reflejaba claramente en la entrada de la casa, por lo que fue un blanco fácil. Momentos después, John moriría tras recibir varios disparos. Los miembros del grupo pensaron que habían acabado con la vida del odiado Will. La masacre había terminado. Los hombres se dispersaron dejando muertos tras de sí a cinco miembros de la familia.

Al día siguiente se corrió la voz de los trágicos hechos. En un principio, las autoridades detuvieron a 13 hombres bajo sospecha de asesinato. De ellos, seis fueron acusados de homicidio: James Carroll, John Kennedy, Martin McLaughlin, Thomas Ryder, James Ryder y John Purtell. Los seis fueron encerrados en la cárcel que se encontraba detrás del tribunal del pueblo de London. El 24 de enero de 1881, Jim Carroll fue a juicio por segunda vez por el asesinato de Johannah Donnelly. En esta oportunidad, fue declarado inocente. Como los argumentos presentados contra Carroll habían sido contundentes y sin embargo no se había demostrado su culpabilidad, el juez estimó que sería inútil procesar al resto de los detenidos.

Todos fueron puestos en libertad. Nadie fue condenado por los cinco asesinatos.

Traducción: Gerardo Cárdenas.

Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

 
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