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El ejemplo inculca hábitos
Obligar a los niños a comer algo
que no desean puede causarles un daño duradero. John
Briffa
Dada la cobertura de prensa que ha recibido
en mi país, el Reino Unido, sospecho que la mayoría
de los padres británicos está bastante consciente
de la presencia de una sustancia química cancerígena
llamada semicarbazida (SEM) en alimentos para bebés. Seguramente
este temor habrá hecho que muchos padres pongan más
énfasis en la comida preparada en casa para sus pequeños.
Estos alimentos no sólo los mantienen felizmente lejos de
sustancias químicas peligrosas, sino que también suelen
contener una cantidad mucho menor de los aditivos que se usan en
los productos procesados para la población infantil, tales
como el azúcar y la sal. Sin embargo, hacer un mayor esfuerzo
culinario en cuanto a la comida que damos a nuestros hijos no es
garantía de que quieran comerla. Cuando los chicos rechazan
los platos preparados amorosamente, los padres pueden verse tentados
a adoptar la coerción y la adulación. No obstante,
tratar de obligar a los niños a que coman rara vez da buenos
resultados y puede fácilmente conducir al sufrimiento de
todas las partes en una extensa batalla alimentaria.
Alimentar a los niños en contra de su voluntad es una receta
segura para relaciones familiares infelices, pero también
entraña otros peligros. Los estudios muestran que mientras
más se obliga a los chicos a comer, menos inclinados estarán
a alimentarse en el futuro. Además, hay indicios de que incitar
a los niños a comer cuando no quieren puede causar un descontrol
en su apetito. "Aquí viene el avioncito", "Una
cucharada más para mami" y otras estratagemas como éstas
pueden sofocar las claves internas que le dicen al niño cuándo
están satisfechos y podrían inducir a los excesos
en las comidas a mayor edad.
Sugiero ofrecer porciones pequeñas para los pequeños.
Esto reduce el riesgo de que los chicos coman más de lo que
necesitan y también la probabilidad de que se sientan abrumados
por la comida. Las pocas cantidades son particularmente importantes
cuando se introduce en la dieta un nuevo alimento; también
resulta útil si éste se corta en pedazos pequeños.
Aunque la primera vez que un niño ve una enorme cabeza de
brócoli puede sentirse intimidado, unas pocas de sus flores
generalmente son mucho mejor aceptadas. También puede ayudar
ofrecer un nuevo alimento junto con otros que sean más familiares
para el niño, aunque no aconsejo mezclar uno conocido con
uno nuevo: si percibe que hay algo diferente puede rechazar toda
la comida.
Incluso con estas tácticas, es casi seguro que el niño
rechace algunos alimentos nuevos. Cuando sucede esto, en ocasiones
los padres se sienten inclinados a dejar fuera del menú lo
que a él no le gusta. Sin embargo, hay evidencias de que
el ofrecimiento reiterado de una comida puede llevar finalmente
a su aceptación. La persistencia (sin presión) a menudo
da resultado. Las investigaciones también sugieren que los
padres que desean estimular hábitos alimentarios saludables
en sus hijos deben hacerlo con el ejemplo: los hijos de personas
que comen alimentos saludables como frutas y vegetales tienden a
comerlos también.
Un elemento clave es que los padres que inculcan una buena alimentación
en sus hijos aparentemente no necesitan recurrir a una fuerza indebida.
Un enfoque que combine suavidad con firmeza puede hacer que la alimentación
de los niños con platos saludables hechos en casa no se convierta
en una experiencia agotadora. l
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