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Intimidades
ajenas
El género epistolar ha dejado un
estimable legado de cartas. De éstas, las amorosas siempre
han despertado la curiosidad a más de uno. He aquí
unas cuantas correspondencias robadas al secreto de las alcobas.
Adriana Gibbs
Ese cuchicheo escrito llamado carta -conversación
a distancia que camina de lo íntimo a lo público-,
se ha ido convirtiendo en un objeto literario, como bien apunta
el escritor mexicano Alfonso Reyes: "Algunas son vanas en sí
mismas y sólo cobran interés por la persona cuya vida
iluminan, otras pertenecen al legítimo acervo de la cultura.
A veces las colecciones epistolares nos descubren trasfondos de
ciertas figuras eminentes".
Ciertamente, sin el estudio de ellas, la historia y las biografías
tendrían amplios territorios de silencio. Ellas posibilitan
el deleite de viajar por esos paisajes interiores del hombre que
sólo las cartas franquean. "Si algunas fueron concebidas
y templadas para recibir el aire de la posteridad -continúa
Reyes en el libro Literatura epistolar- otras pertenecen
al secreto de las relaciones privadas; y si la curiosidad del investigador
histórico o del mero aficionado se atreve un día a
desenterrarlas, la indiscreción puede ser muy útil
para la biografía o la historia. Ahora bien, es una violación
de correspondencia a tantos años vista".
El género epistolar ha cautivado a no pocos escritores. En
Cartas marcadas, texto publicado en el diario español
electrónico Abc.es, Jesús Marchamalo hace un compendio
literario del género: Los autores franceses André
Gide y Paul Valéry empezaron a cartearse siendo casi adolescentes,
y continuaron haciéndolo durante toda su vida. Es curiosa
la correspondencia de Marcel Proust, dictada a diversas mecanógrafas,
y plagada de faltas de ortografía; la de la escritora argentina
Alejandra Pizarnik, escrita con letra laberíntica. Borges
escribió pocas cartas, al igual que Juan Rulfo, quien respondía
al correo sólo ocasionalmente y casi siempre de mala gana.
A Unamuno le gustaba escribir larguísimas misivas que casi
llegaban a ser pequeños ensayos. Por su sinceridad y espontaneidad,
son preciosas las de Lorca.
Hay cartas que pareciera se escriben para la posteridad, y otras
en las que se abordan la cuestiones más intrascendentes,
y que ofrecen la dimensión estrictamente humana del autor.
Entre estas últimas son curiosas algunas del autor estadounidense
William Faulkner, en las que habla del dinero que necesita para
su granja, de que le van a hipotecar las mulas, de que no puede
pagar a sus peones negros...
"Conservar las cartas obedece a la complicidad de las dos partes",
escribe Marchamalo. Importa el que la envía, e importa el
que la recibe y guarda consciente de leer algo de permanencia superior
a la simple comunicación personal. Así que no es un
milagro que las cartas se conserven, el milagro es que hayan sobrevivido
a una guerra civil, a una postguerra, a un exilio, y muchas veces
también al recelo de los herederos. Gran parte de la correspondencia
de Paz permanece inédita. Su viuda, Marie Jo Paz, no quiere
que se conozcan acontecimientos recientes que puedan afectar a gente
que todavía vive. De ahí que todo ese material permanezca
inédito.
Secretos
de alcoba
"El género epistolar no es ya un caballero del siglo
XVIII que escribe con puños de encaje a la luz de los candelabros
donde arde la cera; no es ya una dama que lee la carta y sonríe,
tumbada negligentemente a lo Pompadour. Pero la verdad es que hoy
hay cartas dignas de recordación", escribe Reyes. "Se
han escrito para declarar amor, pedir perdón, concertar un
encuentro o contarse una pena. Han actuado como poderoso conjuro
sobre la persona amada", reseña el prólogo de
la edición Las más bellas cartas de amor, de
editorial Oveja negra.
Anaïs Nin fue extremadamente cautelosa con la publicación
de su correspondencia con Henry Miller, sobre la que dictó
una escrupulosa censura hasta la muerte de su marido, Hugh Guiler,
en 1985. Guiomar quemó todas las cartas que le envió
Antonio Machado, por considerarlas en extremo comprometedoras. "Esta
fragilidad contrasta con la pervivencia de otros papeles delicados
que se resisten a desaparecer. Las cartas que no se rompen acaban
más tarde o más temprano en manos de alguien que les
da publicidad. Es curioso cómo los papeles sobreviven misteriosamente,
y cómo son precisamente los más comprometedores los
que acaban siempre saliendo a la luz pública", apunta
Marchamalo.
Entre éstas, despiertan particular curiosidad las cartas
de amor. Su lectura en secreto, halaga y enamora los ojos de quien
la lee. Le invitamos a echar un vistazo a unas cuántas correspondencias
que son todo un canto de seducción.
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Del
escritor venezolano Salvador Garmendia
a Elisa (La Negra) Maggi de Garmendia.
Mérida, 17 de octubre de 1973 |
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Calle:
Calle sola, oscurecida, quieta, solitaria,
muda, rota, vieja muda triste calle Negrín
con cien años de noches en los rincones
y los días acumulados en rincones de trastos
y muebles desfondados (...) ...conociste
la calle Negrín? La calle del brujo Negrín con
caserones medio muertos y patios tupidos
de malezas. Antes que tú existieras las recorrí
cien veces y miraba por las rendijas de
las tapias... Y esto a qué viene? Resulta que
me angustia no poder comunicarme contigo
¿Cuál es tu teléfono?... Por qué
no llamas
el lunes a las once a Cultura? La primera
semana de noviembre estaré allá y ya no
regresaré a Mérida hasta el viaje. Es ridículo
que no podamos ir juntos, especialmente
por Barcelona. Pero pronto estaremos allá
de nuevo. Besos a todos y más para ti.
Hasta pronto.
Salvador
Nota: A Elisa Maggi todos las conocen como
"La Negra Maggi" y Salvador Garmendia llamaba a
su esposa "Calle Negrín", nombre de una de
las vías más emblemáticas de Sabana Grande.
El siempre encabezaba sus cartas con frases como éstas:
"Calle", "Callecita", "Calle mía".
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De
Sigmund Freud a su esposa Martha Bernays,
a quien le escribió casi mil cartas. 1893 |
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Novia mía:
Escribes unas cartas tan inefablemente
dulces, tan conmovedoramente tiernas,
que sólo podría contestarlas como se
merecen, con un beso prolongado
y abrazándote amorosamente. (...) Martha, no apetezco
sino lo que tú ambicionas
para ambos porque me doy cuenta de
la insignificancia de otros deseos
comparados con el hecho de que seas mía.
Estoy adormilado y muy triste al pensar que tengo que conformarme
con escribirte en vez de besar tus dulces labios.
Devotamente
tuyo, Sigmund
(Publicada en Las más bellas
cartas de amor, por editorial Oveja Negra)
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| De
la actriz Ingrid Bergman a Roberto Rosellini. 12 de marzo de
1949 |
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Telefoneé diez veces diarias como una tonta. (...)
También es una tontería telefonear a un hotel
que se halla en íntimo contacto con la prensa. Descubrí
a mi regreso de las montañas que se ha escrito demasiado
sobre nosotros. Se dice que mi matrimonio (con Peter Linds)
ha fracasado y que de ahora en adelante usted hará
todas mis películas. Se rumora que le seguí
a Nueva York: un nuevo triángulo dramático ha
surgido en Hollywood. Y así, por el estilo, se expresa
la prensa sensacionalista. Como ello me apena, no quiero echar
más leña al fuego con conferencias telefónicas
cotidianas. Entiéndame y ayúdeme.
(...) Todo el mundo me pregunta qué hay entre nosotros
dos. Por eso, me encerré en mi habitación a
contemplar su fotografía. Aún lo sigo haciendo.
Ingrid
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| Rosellini
telegrafió |
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Todo arreglado. Soy muy feliz. Ansioso
por estos tres largos días. Voy a Nápoles
a preparar film. Mis señas Hotel Excelsior. Vuelvo
Roma sábado. Dios, Dios.
Roberto
(Publicada en Las más bellas
cartas de amor, por editorial Oveja Negra)
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| De
James Joyce a Nora. Dublín, 6 de agosto, 1909 |
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Nora, he sido franco en lo que te he contado de mí. Tú
no lo has sido conmigo. En la época en que solía
reunirme contigo, una noche sí y otra no tenías
una cita con un amigo mío a la puerta del museo, ibas
con él por las mismas calles. Te quedabas parada con
él: te rodeaba con el brazo y tú alzabas la cara
y lo besabas ¿Qué más hacíais juntos?
¡Y la noche siguiente te reunías conmigo!
Acabo de oírlo hace una hora de sus labios. Tengo el
corazón lleno de amargura y desesperación.
Oh, Nora, ¿tiene que acabar todo entre nosotros?
Escríbeme, Nora, por mi amor muerto.
Escríbeme, Nora.
(Publicada en Las más bellas
cartas de amor, por editorial Oveja Negra)
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| De
Franz Kafka a Milena (su traductora). 1923 |
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Algo tenemos en común, Milena: somos
tan tímidos y temerosos, que cada carta es distinta,
casi todas las cartas se asustan
de la anterior y aun más de la respuesta. Reflexione,
además, Milena, en qué
condiciones me acerco a usted, qué viaje
de 38 años hay detrás de mí, y cómo,
al tomar una curva aparentemente casual del camino, la veo,
cuando no esperaba verla, y menos aún tan definitivamente
tarde; entonces, Milena, no puedo gritar, y quizá sólo
advierto que estoy arrodillado al ver que sus pies
están ante mis ojos, y al acariciarlos. (...)
Suyo,
Franz
(Publicada en Las más bellas
cartas de amor, por editorial Oveja Negra)
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| Del
escritor venezolano Julián Padrón a Gladys, su
esposa, 1937 |
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Clandestina:
Pienso que esta noche no te voy a ver. Pero
también pienso que por eso mismo voy a pasar
muy solo toda la noche ¿No querrías tú,
amada clandestina,
vivir en mi compañía la aventura de las primeras
horas de la tarde? Si lo quieres así, dime dónde
puede aguradar tu enamorado.
Clandestino
(Inédita. Disponible en el acrchivo
de Libros raros y manuscritos,
de Biblioteca Nacional)
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De
Antonio Guzmán Blanco a su esposa Ana Teresa.
La Guaira, Diciembre 1867 |
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Mi querida Ana Teresa:
Al llegar te puse un telegrama, y ahora
al embarcarme estas cuatro letras.
Yo espero que no olvides mi encargo de no afligirte. No es
agradable lo que nos pasa,
pero dista de ser una desgracia. En Venezuela yo, podrías
tener motivos de consternación, al paso que ausente
no tendremos sino
la contrariedad de la separación.
No llevo más espina que el temor de que no estés
conforme. Espero que tu madre y tus tres hermanitas se hayan
ido a vivir contigo como me lo ofreció tu papá
y mi suegra misma.
(...)
Sigo viaje en el vapor. Supongo que a mi llegada a Europa
voy a encontrar cartas tuyas. Esas cartas me servirán
de alivio o mortificación, según tengan la expresión
de conformidad o de tu disgusto.
Eres el estímulo, el único deleite, lo que quiere
mi alma,
Antonio Guzmán Blanco
(Inédita. Disponible en el archivo
de Libros raros y manuscritos,
de Biblioteca Nacional)
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Del
escritor venezolano Denzil Romero a su esposa, Maritza. Sofía,
2 de junio, 1986
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Maritza mía:
Si bien es cierto que siempre habíamos celebrado
a Bulgaria; diríase que, ahora, han extremado su hospitalidad.
Ayer asistimos a la fiesta y el desfile anual de las rosas
¡Qué maravilla! Grupos folklóricos danzando
los aires populares con sus trajes, fragancias, lluvias de
pétalos, rostros alegres que me recordaban cada vez
el tuyo... En el valle recogí flores para ti y en las
tiendas compré aceites y perfumes para, a mi regreso,
untarte y llenarte de amor.
Veliko Tarnovo, escarpada rocosa, con murallas que recuerdan
a Avila, es un hogar para vivir. Muchas veces dije, pensándote,
que de tocarnos vivir en Bulgaria, la acogería como
residencia para, amén de escribir novelas, cultivar
amapolas y hacer vida al aire libre; amarte, cada mañana,
con el trino de los ruiseñores.
Te quiero, para decírtelo no caben palabras. Un efluvio
de rosas, líquidas, transparentes, fragancias, quizá
te darían la medida.
Tuyísimo,
Denzil
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| Del
escritor Henry Miller a la actriz Brenda Venus. Ella, de 30
años, fue la última novia de Miller, cuando éste
tenía 82 años. 1973 |
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¡Queridísima
Brenda! Esta mañana ha
llegado tu maravillosa carta. La he leído
con lágrimas en los ojos. (...) Sabes, muchas veces
me despierto de noche, enciendo la luz
y miro tu foto. Pienso en ti como una flor
del profundo sur, con toda su esplendorosa fragancia y aparente
fragilidad. En realidad eres tan fuerte como un tigre, y tan
peligrosa si estás enfadada. Me temo. Mi visión
se
debilita. He estado escribiendo sin gafas.
Pero con tal de saber de ti soy capaz de cualquier cosa. Sólo
gracias a ti continúo vivo.
Lo sé mejor que nadie.
Tu
Henry
(Publicada en Las más bellas
cartas de amor, por editorial Oveja Negra)
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| En
clave de texto |
Ya no hay, específicamente,
género epistolar. Las cartas se estiman hoy por su brevedad
en el correo moderno y el chat. Ni hablar de los mensajes de
texto, que son cortos (160 caracteres es el límite en
un móvil celular). Raúl Cazal, autor del libro
Mensajes de texto, ofrece un compendio de las expresiones más
frecuentes en ese medio.
He aquí las referidas al amor:
¿A qué hora quedamos?
a q hr qdmos?
¿En dónde nos vemos?
dnd nos vmos?
Echar los perros
exr ls prs
Tengo ganas de verte
tngo gnas d vrt
Tengo un regalo para ti
tngo 1 rgalo xa ti
Te quiero
t q
Tirarse al agua
trs l agua
Un beso
1 b
Voy esta noche
voy st nche |
| Cartas
en red |
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www.iespana.es/tijeretazos/Indices/Indices001.htm
Página en castellano dedicada a la literatura, al cine
y al arte. Ofrece una antología de cartas de escritores
(Virginia Woolf, Scott Fitzgerald, Kafka o Joyce)
www.univ-
rouen.fr/flaubert/03corres/conard/accueil.html
La correspondencia de Flaubert, el autor de Madame Bovary,
está disponible en Internet.
www.kafka.org/briefe/index.htm
Frank Kafka no sólo escribió numerosas cartas,
también utilizó el género epistolar para
sus ficciones. The Kafka Project es una excelente web que
permite el acceso a la correspondencia del autor de La metamorfosis.
http://door.library.uiuc.edu/kolbp/
Archivo de más de 1.300 cartas del autor Marcel Proust.
La página está disponible en francés
y en inglés.
www.anais-nin.de/
Una buena página sobre Anaïs Nin en la que se
analiza su estrecha relación con Henry Miller.
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Ver también
en Encuentros:
-
El amor está en todas partes
- Los astros y San Valentín
- Apasionados
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