- Las trillizas de oro. Se Dice: El turno de John Kennedy.
- La casa de Theja.
El Dato: Carmen.

- De amor y de otros asuntos. La Cita: Unicas.

 CRONICA
- Los cuatro cafecitos que no me tomé
- El amor está
en todas partes
- Intimidades ajenas
- Los astros y San Valentín por Walter Mercado
- Apasionados
BELLEZA
- Sin rastro de vello
MODA
- Sexy y natural
SALUD
- Cura oriental
para la ansiedad
TENDENCIAS
- Cuerpos más funcionales
FAMILIA
- El ejemplo inculca hábitos sanos
COCINA
- El orégano
MASCOTAS
- Perros citadinos
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 

Intimidades ajenas

El género epistolar ha dejado un estimable legado de cartas. De éstas, las amorosas siempre han despertado la curiosidad a más de uno. He aquí unas cuantas correspondencias robadas al secreto de las alcobas. Adriana Gibbs

Ese cuchicheo escrito llamado carta -conversación a distancia que camina de lo íntimo a lo público-, se ha ido convirtiendo en un objeto literario, como bien apunta el escritor mexicano Alfonso Reyes: "Algunas son vanas en sí mismas y sólo cobran interés por la persona cuya vida iluminan, otras pertenecen al legítimo acervo de la cultura. A veces las colecciones epistolares nos descubren trasfondos de ciertas figuras eminentes".
Ciertamente, sin el estudio de ellas, la historia y las biografías tendrían amplios territorios de silencio. Ellas posibilitan el deleite de viajar por esos paisajes interiores del hombre que sólo las cartas franquean. "Si algunas fueron concebidas y templadas para recibir el aire de la posteridad -continúa Reyes en el libro Literatura epistolar- otras pertenecen al secreto de las relaciones privadas; y si la curiosidad del investigador histórico o del mero aficionado se atreve un día a desenterrarlas, la indiscreción puede ser muy útil para la biografía o la historia. Ahora bien, es una violación de correspondencia a tantos años vista".
El género epistolar ha cautivado a no pocos escritores. En Cartas marcadas, texto publicado en el diario español electrónico Abc.es, Jesús Marchamalo hace un compendio literario del género: Los autores franceses André Gide y Paul Valéry empezaron a cartearse siendo casi adolescentes, y continuaron haciéndolo durante toda su vida. Es curiosa la correspondencia de Marcel Proust, dictada a diversas mecanógrafas, y plagada de faltas de ortografía; la de la escritora argentina Alejandra Pizarnik, escrita con letra laberíntica. Borges escribió pocas cartas, al igual que Juan Rulfo, quien respondía al correo sólo ocasionalmente y casi siempre de mala gana. A Unamuno le gustaba escribir larguísimas misivas que casi llegaban a ser pequeños ensayos. Por su sinceridad y espontaneidad, son preciosas las de Lorca.
Hay cartas que pareciera se escriben para la posteridad, y otras en las que se abordan la cuestiones más intrascendentes, y que ofrecen la dimensión estrictamente humana del autor. Entre estas últimas son curiosas algunas del autor estadounidense William Faulkner, en las que habla del dinero que necesita para su granja, de que le van a hipotecar las mulas, de que no puede pagar a sus peones negros...
"Conservar las cartas obedece a la complicidad de las dos partes", escribe Marchamalo. Importa el que la envía, e importa el que la recibe y guarda consciente de leer algo de permanencia superior a la simple comunicación personal. Así que no es un milagro que las cartas se conserven, el milagro es que hayan sobrevivido a una guerra civil, a una postguerra, a un exilio, y muchas veces también al recelo de los herederos. Gran parte de la correspondencia de Paz permanece inédita. Su viuda, Marie Jo Paz, no quiere que se conozcan acontecimientos recientes que puedan afectar a gente que todavía vive. De ahí que todo ese material permanezca inédito.

Secretos de alcoba
"El género epistolar no es ya un caballero del siglo XVIII que escribe con puños de encaje a la luz de los candelabros donde arde la cera; no es ya una dama que lee la carta y sonríe, tumbada negligentemente a lo Pompadour. Pero la verdad es que hoy hay cartas dignas de recordación", escribe Reyes. "Se han escrito para declarar amor, pedir perdón, concertar un encuentro o contarse una pena. Han actuado como poderoso conjuro sobre la persona amada", reseña el prólogo de la edición Las más bellas cartas de amor, de editorial Oveja negra.
Anaïs Nin fue extremadamente cautelosa con la publicación de su correspondencia con Henry Miller, sobre la que dictó una escrupulosa censura hasta la muerte de su marido, Hugh Guiler, en 1985. Guiomar quemó todas las cartas que le envió Antonio Machado, por considerarlas en extremo comprometedoras. "Esta fragilidad contrasta con la pervivencia de otros papeles delicados que se resisten a desaparecer. Las cartas que no se rompen acaban más tarde o más temprano en manos de alguien que les da publicidad. Es curioso cómo los papeles sobreviven misteriosamente, y cómo son precisamente los más comprometedores los que acaban siempre saliendo a la luz pública", apunta Marchamalo.
Entre éstas, despiertan particular curiosidad las cartas de amor. Su lectura en secreto, halaga y enamora los ojos de quien la lee. Le invitamos a echar un vistazo a unas cuántas correspondencias que son todo un canto de seducción.

Del escritor venezolano Salvador Garmendia
a Elisa (La Negra) Maggi de Garmendia.
Mérida, 17 de octubre de 1973


Calle:

Calle sola, oscurecida, quieta, solitaria,
muda, rota, vieja muda triste calle Negrín
con cien años de noches en los rincones
y los días acumulados en rincones de trastos
y muebles desfondados (...) ...conociste
la calle Negrín? La calle del brujo Negrín con
caserones medio muertos y patios tupidos
de malezas. Antes que tú existieras las recorrí
cien veces y miraba por las rendijas de
las tapias... Y esto a qué viene? Resulta que
me angustia no poder comunicarme contigo
¿Cuál es tu teléfono?... Por qué no llamas
el lunes a las once a Cultura? La primera
semana de noviembre estaré allá y ya no
regresaré a Mérida hasta el viaje. Es ridículo
que no podamos ir juntos, especialmente
por Barcelona. Pero pronto estaremos allá
de nuevo. Besos a todos y más para ti.
Hasta pronto.

Salvador

Nota: A Elisa Maggi todos las conocen como "La Negra Maggi" y Salvador Garmendia llamaba a su esposa "Calle Negrín", nombre de una de las vías más emblemáticas de Sabana Grande. El siempre encabezaba sus cartas con frases como éstas: "Calle", "Callecita", "Calle mía".

De Sigmund Freud a su esposa Martha Bernays,
a quien le escribió casi mil cartas. 1893


Novia mía:

Escribes unas cartas tan inefablemente
dulces, tan conmovedoramente tiernas,
que sólo podría contestarlas como se
merecen, con un beso prolongado
y abrazándote amorosamente. (...) Martha, no apetezco sino lo que tú ambicionas
para ambos porque me doy cuenta de
la insignificancia de otros deseos
comparados con el hecho de que seas mía.
Estoy adormilado y muy triste al pensar que tengo que conformarme con escribirte en vez de besar tus dulces labios.

Devotamente tuyo, Sigmund

(Publicada en Las más bellas cartas de amor, por editorial Oveja Negra)

De la actriz Ingrid Bergman a Roberto Rosellini. 12 de marzo de 1949


Telefoneé diez veces diarias como una tonta. (...) También es una tontería telefonear a un hotel que se halla en íntimo contacto con la prensa. Descubrí a mi regreso de las montañas que se ha escrito demasiado sobre nosotros. Se dice que mi matrimonio (con Peter Linds) ha fracasado y que de ahora en adelante usted hará todas mis películas. Se rumora que le seguí a Nueva York: un nuevo triángulo dramático ha surgido en Hollywood. Y así, por el estilo, se expresa la prensa sensacionalista. Como ello me apena, no quiero echar más leña al fuego con conferencias telefónicas cotidianas. Entiéndame y ayúdeme.
(...) Todo el mundo me pregunta qué hay entre nosotros dos. Por eso, me encerré en mi habitación a contemplar su fotografía. Aún lo sigo haciendo.

Ingrid

Rosellini telegrafió


Todo arreglado. Soy muy feliz. Ansioso
por estos tres largos días. Voy a Nápoles
a preparar film. Mis señas Hotel Excelsior. Vuelvo Roma sábado. Dios, Dios.

Roberto

(Publicada en Las más bellas cartas de amor, por editorial Oveja Negra)

De James Joyce a Nora. Dublín, 6 de agosto, 1909

Nora, he sido franco en lo que te he contado de mí. Tú no lo has sido conmigo. En la época en que solía reunirme contigo, una noche sí y otra no tenías una cita con un amigo mío a la puerta del museo, ibas con él por las mismas calles. Te quedabas parada con él: te rodeaba con el brazo y tú alzabas la cara y lo besabas ¿Qué más hacíais juntos?
¡Y la noche siguiente te reunías conmigo!
Acabo de oírlo hace una hora de sus labios. Tengo el corazón lleno de amargura y desesperación.
Oh, Nora, ¿tiene que acabar todo entre nosotros?
Escríbeme, Nora, por mi amor muerto.
Escríbeme, Nora.

(Publicada en Las más bellas cartas de amor, por editorial Oveja Negra)

De Franz Kafka a Milena (su traductora). 1923


Algo tenemos en común, Milena: somos
tan tímidos y temerosos, que cada carta es distinta, casi todas las cartas se asustan
de la anterior y aun más de la respuesta. Reflexione, además, Milena, en qué
condiciones me acerco a usted, qué viaje
de 38 años hay detrás de mí, y cómo, al tomar una curva aparentemente casual del camino, la veo, cuando no esperaba verla, y menos aún tan definitivamente tarde; entonces, Milena, no puedo gritar, y quizá sólo advierto que estoy arrodillado al ver que sus pies
están ante mis ojos, y al acariciarlos. (...)

Suyo, Franz

(Publicada en Las más bellas cartas de amor, por editorial Oveja Negra)

Del escritor venezolano Julián Padrón a Gladys, su esposa, 1937


Clandestina:

Pienso que esta noche no te voy a ver. Pero
también pienso que por eso mismo voy a pasar
muy solo toda la noche ¿No querrías tú, amada clandestina,
vivir en mi compañía la aventura de las primeras
horas de la tarde? Si lo quieres así, dime dónde
puede aguradar tu enamorado.

Clandestino

(Inédita. Disponible en el acrchivo de Libros raros y manuscritos,
de Biblioteca Nacional)

De Antonio Guzmán Blanco a su esposa Ana Teresa.
La Guaira, Diciembre 1867


Mi querida Ana Teresa:

Al llegar te puse un telegrama, y ahora
al embarcarme estas cuatro letras.
Yo espero que no olvides mi encargo de no afligirte. No es agradable lo que nos pasa,
pero dista de ser una desgracia. En Venezuela yo, podrías tener motivos de consternación, al paso que ausente no tendremos sino
la contrariedad de la separación.
No llevo más espina que el temor de que no estés conforme. Espero que tu madre y tus tres hermanitas se hayan ido a vivir contigo como me lo ofreció tu papá y mi suegra misma.
(...)
Sigo viaje en el vapor. Supongo que a mi llegada a Europa voy a encontrar cartas tuyas. Esas cartas me servirán de alivio o mortificación, según tengan la expresión de conformidad o de tu disgusto.
Eres el estímulo, el único deleite, lo que quiere mi alma,
Antonio Guzmán Blanco

(Inédita. Disponible en el archivo de Libros raros y manuscritos,
de Biblioteca Nacional)

Del escritor venezolano Denzil Romero a su esposa, Maritza. Sofía, 2 de junio, 1986


Maritza mía:

Si bien es cierto que siempre habíamos celebrado a Bulgaria; diríase que, ahora, han extremado su hospitalidad. Ayer asistimos a la fiesta y el desfile anual de las rosas ¡Qué maravilla! Grupos folklóricos danzando los aires populares con sus trajes, fragancias, lluvias de pétalos, rostros alegres que me recordaban cada vez el tuyo... En el valle recogí flores para ti y en las tiendas compré aceites y perfumes para, a mi regreso, untarte y llenarte de amor.
Veliko Tarnovo, escarpada rocosa, con murallas que recuerdan a Avila, es un hogar para vivir. Muchas veces dije, pensándote, que de tocarnos vivir en Bulgaria, la acogería como residencia para, amén de escribir novelas, cultivar amapolas y hacer vida al aire libre; amarte, cada mañana, con el trino de los ruiseñores.
Te quiero, para decírtelo no caben palabras. Un efluvio de rosas, líquidas, transparentes, fragancias, quizá te darían la medida.

Tuyísimo,
Denzil

Del escritor Henry Miller a la actriz Brenda Venus. Ella, de 30 años, fue la última novia de Miller, cuando éste tenía 82 años. 1973


¡Queridísima Brenda! Esta mañana ha
llegado tu maravillosa carta. La he leído
con lágrimas en los ojos. (...) Sabes, muchas veces me despierto de noche, enciendo la luz
y miro tu foto. Pienso en ti como una flor
del profundo sur, con toda su esplendorosa fragancia y aparente fragilidad. En realidad eres tan fuerte como un tigre, y tan peligrosa si estás enfadada. Me temo. Mi visión se
debilita. He estado escribiendo sin gafas.
Pero con tal de saber de ti soy capaz de cualquier cosa. Sólo gracias a ti continúo vivo.
Lo sé mejor que nadie.

Tu Henry

(Publicada en Las más bellas cartas de amor, por editorial Oveja Negra)


En clave de texto

Ya no hay, específicamente, género epistolar. Las cartas se estiman hoy por su brevedad en el correo moderno y el chat. Ni hablar de los mensajes de texto, que son cortos (160 caracteres es el límite en un móvil celular). Raúl Cazal, autor del libro Mensajes de texto, ofrece un compendio de las expresiones más frecuentes en ese medio.
He aquí las referidas al amor:
¿A qué hora quedamos?
a q hr qdmos?
¿En dónde nos vemos?
dnd nos vmos?
Echar los perros
exr ls prs
Tengo ganas de verte
tngo gnas d vrt
Tengo un regalo para ti

tngo 1 rgalo xa ti
Te quiero
t q
Tirarse al agua
trs l agua
Un beso
1 b
Voy esta noche
voy st nche
Cartas en red

www.iespana.es/tijeretazos/Indices/Indices001.htm
Página en castellano dedicada a la literatura, al cine y al arte. Ofrece una antología de cartas de escritores (Virginia Woolf, Scott Fitzgerald, Kafka o Joyce)
www.univ- rouen.fr/flaubert/03corres/conard/accueil.html
La correspondencia de Flaubert, el autor de Madame Bovary, está disponible en Internet.
www.kafka.org/briefe/index.htm
Frank Kafka no sólo escribió numerosas cartas, también utilizó el género epistolar para sus ficciones. The Kafka Project es una excelente web que permite el acceso a la correspondencia del autor de La metamorfosis.
http://door.library.uiuc.edu/kolbp/
Archivo de más de 1.300 cartas del autor Marcel Proust. La página está disponible en francés y en inglés.
www.anais-nin.de/
Una buena página sobre Anaïs Nin en la que se analiza su estrecha relación con Henry Miller.

 


Ver también en Encuentros:
- El amor está en todas partes
- Los astros y San Valentín
- Apasionados

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso
0