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El
amor
está
en todas partes
Mire a su alrededor. Surge
de la manera más inesperada, en cualquier lugar y en cualquier
momento. El film Realmente Amor, que flechará a los
venezolanos a partir de este 25, le recuerda que, como dice el
slogan de un canal por cable: pasa en las películas...
pasa en la vida. Raúl Chacón
Soto
I feel it in my fingers, I
feel it in my toes, Love is all around... dice el famoso tema
de The Troggs que acompaña las escenas iniciales del festín
de besos y de abrazos que llena un día cualquiera en el aeropuerto
inglés de Heathrow. El amor lo rodea todo, y nada es más
cierto para los muchos personajes que toman vida en la primera película
de Michael Curtis, Realmente Amor (Love Actually):
John y Judy se enamoran mientras juntos actúan en una película
casi pornográfica; David (Hugh Grant), recién
elegido Primer Ministro de Inglaterra, es herido mortalmente por
Cupido nada más al ver entrar a su despacho a su nueva y
gordita secretaria, Natalie; la hermana de David, Karen (Emma
Thompson), ve cómo, delante de sus propias narices, una
empleada de su esposo, Harry (Alan Rickman), pretende llevárselo
sin pedírselo prestado; una editora de la revista de Harry,
Sarah (Laura Linney), quien tiene un hermano en un asilo,
no puede ocultar más sus sentimientos hacia Karl, un compañero
de trabajo que la tiene trastornada (y cómo no si se trata
de Rodrigo Santoro); un amigo de Karen, Daniel (Liam Neeson),
acaba de perder a su esposa y de descubrir que su hijastro, más
que por su madre, suspira por otra mujer; otro amigo de Karen, Jamie
(Colin Firth), se va con su música (sería mejor
decir su libro) a otra parte, un pueblecito francés, para
tropezarse con una empleada portuguesa que, confusiones idiomáticas
mediante, le ayudará a olvidar a la novia que le abandonó;
Julieta (Keira Knightley), se casa con Peter para darse cuenta,
al rato, que otro hombre la ama con locura; Colin, un joven desesperado
por tener sexo, de pronto intuye que su problema es haber nacido
en el continente equivocado y emprende viaje para remediarlo; y,
finalmente, Billy Mack (Bill Nighy), un viejo rockero, sueña
con llegar a la cima de la cartelera musical, valiéndose
de una horrible adaptación para la Navidad del tema que empieza
este párrafo... I feel it in my fingers... love is all
around
¿Lo recuerda?
En esta película todos los personajes lidian con el amor.
Unos porque se enamoran, otros porque se (des)enamoran. Los más,
con la persona indicada, y los menos con la errónea. Hay
quienes sólo buscan una aventura, y también quienes
están viviendo el ocaso de un romance... y es que en esta
película se ve al amor empezar... y también terminar.
Está en el aire y toca a todos. Sin distinciones de ningún
tipo. Sin importar raza, sexo, edad o condición social. Amor
de hermanos y amor del bueno. Es el único y gran tema. El
vértigo propio de este sentimiento se apodera de todos durante
algunas frenéticas semanas previas a la celebración
de la Navidad, en las -por lo que se ve-, no tan frías calles
de Londres, vestidas para la ocasión. Todo contado con el
inconfundible acento que le ponen los británicos a su humor.
No podía ser de otra manera. El responsable de esta celebración,
Michael Curtis, es integrante del mismo equipo que con anterioridad
había realizado piezas tan exitosas como Cuatro bodas
y un funeral, Notting Hill y El diario de Bridget Jones.
Toda estas producciones -de lo mejor de la comedia británica
de los últimos años-, llevan su firma en lo que al
guión se refiere. Ese inconfundible toque se aprecia, de
nuevo, en Realmente Amor, sólo que esta vez, aparte
del guión, la dirección también ha corrido
por su cuenta... Afortunadamente para Curtis, el éxito no
se ha hecho esperar. Sobre todo con el público, que acepta
sin objetar la fragmentada trama que une las vidas de unas cuantas
parejas; y que se emociona sin pudores identificándose con
los avatares que las unen y desunen. Quizás no haya alcanzado
la altura lograda con las predecesoras, quizás haya desniveles
entre las historias, y hasta unas situaciones edulcoradas o poco
creíbles, pero, por sobre todo ello, y a juzgar por la reacción
de los espectadores, se impone el homenaje a un sentimiento -el
amor-, que parece impregnarlo todo, incluso a los corazones de quienes
ven la película entre risas, suspiros, y hasta alguna que
otra lágrima.
Mucho del efecto que ejerce esta película en el público
se debe, indudablemente, a la calidad de los actores que aceptaron
el llamado de Curtis. Huhg Grant, por ejemplo, vuelve a hacer gala
de su charm interpretándose de nuevo a sí mismo,
aunque esta vez le haya dado vida al Primer Ministro de Gran Bretaña.
El huésped de la 10 de Downing Street no sólo se enamora
de su secretaria, sino que se da el lujo de aparecer bailando en
los pasillos de la ilustre residencia para no tanta sorpresa de
otra de sus empleadas. Grant hace lo que sólo él sabe
hacer con un personaje que le intimidaba, según confesaría
en una reciente entrevista. Sus admiradores seguramente disfrutarán
con sus conocidos gestos, aunque en esta ocasión su Primer
Ministro tiene que compartir metraje con muchos otros de los caracteres
que pueblan esta película -por cierto, la escena final donde
se ve forzado a actuar en una representación escolar, es
igual a la del cierre de otra de sus películas, About
a Boy-. El actor inglés ha insistido en que dejará
la actuación, pero no se asuste, por lo pronto ya está
garantizada su participación en la segunda parte de El
diario de Bridget Jones.
A Grant le acompañan Colin Firth, quien también
es rostro seguro en las películas de este equipo; Alan
Rickman, Liam Neeson, y, sobre todo, Emma Thompson,
quien luce maravillosa en su personaje y quien interpreta, según
muchos críticos, los momentos más creíbles
y más auténticos del film. La escena cuando descubre
el desliz de su marido es excelente y quizás le valga alguna
nominación a un premio mayor. Junto a ellos aparecen la extraordinaria
Laura Linney -la actriz que los venezolanos acaban de ver
como la esposa de sangre fría de Río Místico-
y la bellísima Keira Knightley -la protagonista de
La maldición del Perla Negra-, a decir verdad desperdiciadas
en dos papeles que no les permiten el lucimiento de sus verdaderas
cualidades. Porque en Realmente Amor hay ciertos desniveles
en la trama, una deficiencia que se refleja en la no muy acertada
resolución de algunas de las historias y hasta en el descuido
del desarrollo de algunos personajes. Algo que no sucede con el
papel encomendado a Bill Nighy quien, como el viejo y disoluto rockero
que escandaliza a la prensa escrita y televisiva con declaraciones
como aquella de haber tenido el peor sexo de su vida con Britney
Spears, se lleva gran parte de los mejores momentos de humor. Según
muchos críticos, el suyo es uno de los personajes más
honestos del film. Por último, y en pequeñas apariciones,
unos invitados particulares: Rowan Atkinson y Billy Bob
Thornton.
La prensa especializada le ha dado una tibia acogida a la película.
Algunos la califican de forzada y, por momentos, sobre todo en la
segunda parte -menos divertida-, de poco convincente. El público
parece no hacerle caso a este tipo de comentarios y la ha respaldado
abiertamente. Incluso los comentarios de los espectadores en sites
como imdb.com reflejan que, aún reconociendo el edulcoramiento,
disfrutan de las vivencias de los personajes y salen de la sala
del cine sintiéndose sencillamente bien. "En momentos
cuando hay tantas películas sobre la violencia, cuando el
horror está en todas partes, ¿por qué no un
film dulce, como un cuento de hadas, de vez en cuando? Cuando la
vida es particularmente amarga, una película como ésta
es como el cielo" dice uno de estos cibernautas. Y no le falta
la razón. Realmente Amor termina con una escena sencilla,
pero conmovedora. Quizás lo mejor sea seguir el consejo de
otro admirador: "No se haga muchas expectativas y sólo
disfrute. Desconéctese, póngase cómodo y pase
el brazo alrededor de alguien a quien quiera". O también
puede ir solo, porque, recuerde, el amor, después de todo,
sí está en todas partes. l
rchacon@eluniversal.com
Ver también en Encuentros:
- Intimidades ajenas
- Los astros y San Valentín
- Apasionados
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