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La cara oculta de un asesino
Max Haines
Pilar de su comunidad, Robert Hansen estaba
casado, tenía una hija adolescente
y era un hombre de negocios respetado
En
la cuadriculada historia del crimen, sólo un asesino serial
usó un avión para llevar a sus víctimas al
aislamiento y la nada. Para los campesinos de Anchorage, Alaska,
Robert Hansen era un ciudadano bueno y notable.
Robert había vivido en el norte de la ciudad durante 17 años.
Estaba casado, tenía una hija adolescente y era una hombre
de negocios respetado, dueño y operador de una pastelería
exitosa. Robert contaba entre sus amigos a los profesionales y líderes
de negocios más prominentes de la comunidad.
A decir verdad, Robert no era un hombre muy impresionante. Era extremadamente
delgado, tenía la cara marcada por la viruela y tartamudeaba.
Su pasatiempo era la caza por deporte, algo muy popular en Alaska.
Para poder darse el lujo de su interés, era dueño
de un aeroplano Piper Super Club, que podía aterrizar cerca
de los espesos bosques vírgenes, donde abundaban los animales
para cazar. También era dueño de un rifle calibre
.223 Ruger Mini-14, un arma generalmente usada para cazar desde
los aviones.
Lo que nadie sabía es que el inofensivo pastelero era el
asesino en masa más prolífico que jamás se
haya visto en el suelo del estado de Alaska.
El procurador general de distrito, Victor Krumm, me dijo desde su
oficina de Anchorage, "Hansen era un sujeto que llevaba dos
vidas diferentes. Al ser pastelero, tenía una buena excusa
para estar lejos de casa varias noches por semana. Generalmente
pasaba esas noches recorriendo las calles en busca de prostitutas
y bailarinas exóticas".
Secretamente, Robert Hansen estaba atacando a la sociedad y en especial
a las chicas. Años antes, mientras crecía en Pocahontas,
Iowa, anhelaba tener citas con chicas bellas, pero lo rechazaban.
Simplemente, no les gustaba su cara marcada y su persistente tartamudeo.
Ahora, pensaba Robert, él haría lo que quisiera con
las chicas. Con muchas chicas.
Robert llamó la atención de la policía por
primera vez cuando una adolescente fue recogida en Anchorage con
unas esposas colgando de una de sus muñecas. La prostituta
de 17 años contó la fantástica historia. Había
sido levantada por un delgado hombre pelirrojo con la cara marcada
de viruela y un severo tartamudeo. Hicieron un trato. Ella lo haría
por 200 dólares. Fue llevada a la casa del hombre y fue esposada
al pilar del sótano. Cuando estuvo indefensa, fue abusada
y torturada durante horas.
Finalmente, la chica fue sacada de la casa esposada a su captor.
El condujo hasta Merrill Field donde señaló su aeroplano.
Volarían juntos. Le dijo a la aterrorizada chica que, generalmente,
él llevaba a las mujeres en la cabina para tener sexo y torturarlas.
Cuando acababa con ellas las asesinaba.
El hombre abrió las esposas para que la joven pudiera entrar
en el avión. Ella dio un salto abrupto y corrió para
salvar su vida. En la frontera de la ciudad, afortunadamente, fue
recogida por la policía.
La chica contó todo y acompañó a la policía
a la casa donde había estado secuestrada. Era la residencia
de Robert Hansen. Luego llevó a la policía a Merrill
Field, donde señaló el Piper Super Club propiedad
de Hansen.
Robert fue interrogado y cooperó con la policía. Aseguró
que todo era o bien un error ridículo o alguna joven prostituta
que quería perjudicarlo. No podía imaginar la causa.
La joven identificó al pastelero de 44 años como su
secuestrador. Robert estaba asombrado. Le dijo a las autoridades
que él estaba en su casa cenando con unos conocidos del trabajo
en el preciso momento en que esta prostituta dijo haber sido torturada.
Otro amigo pasó por la casa a esa misma hora. Ellos sabían
que la esposa y la hija estaban de vacaciones.
Los hombres de negocio fueron interrogados. Corroboraron la historia
de Robert en detalle. La policía se enfrentaba a un dilema.
Sabían que no podían comprobar sus sospechas, pero
tomaron nota mental de Robert Hansen y lo observaron de cerca.
Paula Golding, de 30 años, había perdido recientemente
su empleo como secretaria. Para poder mantenerse, trabajaba como
bailarina exótica. Ocho días después desapareció.
Unos cazadores encontraron los restos de su esqueleto en una zanja
en los bancos del río Knik.
En noviembre de 1981, alrededor del momento en que se encontró
el cuerpo de Paula Golding, la bailarina exótica Sherry Morrow,
de 23 años, fue reportada como desaparecida. Sherry vivía
en tránsito, y trabajaba en el bar durante unos días,
unas semanas o unos meses sin hacer verdaderos amigos. Un año
luego de su desaparición, unos cazadores se toparon con ella
en una zanja en el río Knik. Se hallaron dos casquillos de
bronce al lado de su esqueleto.
El hallazgo de los cuerpos de las chicas llevó a creer en
las sospechas de la policía en cuanto a que las mujeres desaparecidas
habían sido asesinadas por algún maniático.
Las bailarinas exóticas, en particular, estaban cayendo en
grandes cantidades.
Se estableció que Paula Golding había sido asesinada
con un rifle calibre .223 Ruger Mini-14. Los casquillos encontrados
junto al cuerpo de Sherry Morrow provenían del mismo tipo
de rifle. Ambos cuerpos habían sido enterrados relativamente
cerca de la cabaña de Robert Hansen.
La policía chequeó los rifles. Antes del descubrimiento
de las tumbas de Golding y Morrow, los cuerpos de otras dos chicas
fueron hallados. Uno de ellos tan destruido por los osos que la
identificación fue imposible. El otro, supuestamente el de
Joanne Messina, había sido recuperado cerca de los bosques
profundos. La identificación positiva nunca pudo ser hecha,
ya que no se obtuvo nada de la piel.
Los detectives creían que Robert Hansen era su hombre, más
allá de la fuerte coartada. Una vez más se acercaron
a los dos respetables testigos. Esta vez les informaron a los hombres
sobre la seriedad de sus sospechas. Ambos hombres palidecieron.
Explicaron que habían contado sus historias para ayudar a
un amigo, creyendo que éste había sido pescado en
una situación comprometida con una prostituta. Algo totalmente
diferente era la sospecha por asesinato y no querían verse
involucrados en nada tan serio. Habían mentido. No habían
estado con Robert como habían asegurado previamente.
Se hizo una orden de careo, permitiéndole a los oficiales
revisar el avión de Robert, el auto y la cabaña. Su
rifle calibre .223 Ruger Mini-14 fue confiscado. Los expertos en
balística probaron que era el rifle que había sido
usado para quitarles la vida a Paula Golding y a Sherry Morrow.
Un mapa de aviación fue encontrado con 20 marcas. Los oficiales
pudieron identificar cuatro de las marcas como los lugares donde
cuatro de los cuerpos fueron descubiertos.
Robert Hansen fue incriminado con evidencia en su contra. Quiso
negociar al aceptar declararse culpable de los cuatro asesinatos
recientes si era juzgado inmediatamente y no procesado por ninguno
de los otros. Krumm aceptó sus condiciones. No había
pena de muerte en Alaska, pero la culpabilidad de Hansen sobre los
cargos de los cuatro asesinatos le aseguraría que nunca saldría
de prisión.
La
historia de tortura, abuso sexual y asesinato fue contada por Hansen
de forma natural en una grabadora. No podía recordar los
nombres de la mayoría de las chicas pero podía recordar
detalles. El relato sobre los terribles detalles de la muerte de
Paula Golding es suficiente para saber el destino del resto de sus
víctimas. Voló con Paula hasta su cabaña, donde
la torturó y la violó. Una vez desnuda, fue liberada
y se le dio ventaja hasta que Robert la persiguió con su
caro rifle. La chica corrió para salvar su vida, pero luego
tuvo que detenerse, exhausta. Robert la siguió hasta que
encontró a su presa. La mató de un tiro.
Hansen dirigió a la policía con el helicóptero
a las otras 16 marcas en su mapa. Meses después, cuando el
suelo comenzó a descongelarse, los oficiales trataron de
recuperar más cuerpos, pero nunca lo lograron. Krumm señaló:
"Las marcas estaban en un mapa aéreo. Es un país
grande y los cuerpos pueden no encontrarse jamás. Además,
estábamos buscando en el campo abierto. Probablemente no
quede nada".
Robert Hansen fue sentenciado a cadena perpetua por un asesinato,
y a 99 años por cada uno de los otros tres. También
fue sentenciado a 40 años por secuestro y violación
de la joven que hizo que Hansen fuera localizado por la policía.
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Ilustraciones: David Marquez
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