| Problemas de suegras
Karl sabía que su mujer iba a heredar 75.000 marcos por la muerte de su madre.
Max Haines
Karl Hau era suave como la seda y buen mozo como una estrella de cine. También era sumamente vil. El había nacido y sido educado en Alemania. En 1901, cuando era un muchacho de 19, conoció a Lina Molitor mientras estaba en Córcega. Lina era atractiva y venía completa con una madre muy particular: Frau Molitor, viuda millonaria que estaba convencida que Karl no era nada más que un cazador de fortunas interesado en el dinero de su hija en vez de su mente. Cuando Karl y Lina se comprometieron, ella les prohibió casarse. Esto generó que la pareja se fugase.
Frau Molitor no lo aprobó e hizo que su hija y su yerno se enteraran de lo que sentía. Lina estaba tan perturbada que intentó suicidarse pegándose un tiro en la cabeza. Afortunadamente, sólo logró quitarse un delicado rizo del lado izquierdo de su cuero cabelludo. De todas formas, estuvo cerca. Frau Molitor decidió que si su hija amaba tanto a ese bribón ella daría un paso atrás. Una vez que Karl estuvo en mejor situación con su suegra sutilmente fue en busca del dinero que necesitaba para cumplir con su ambición de convertirse en abogado. Su suegra pagó la cuota durante tres años de estudio en la Universidad de Washington. Lina acompañaba a su marido. Luego de graduarse obtuvo un empleo como maestro en la universidad. También se convirtió en el secretario privado del Cónsul General de Turquía. Esta última posición le permitía viajar por el mundo en misiones comerciales. Ahora nuestro Karl nunca fue delicado en cuanto a vivir bien. Creía en las mejores cosas: los mejores hoteles, las mejores comidas y las mejores bebidas.
En octubre de 1906 Karl estaba andando tranquilamente por Europa con Lina. Era la cosa más lógica del mundo que pararan a visitar a Frau Molitor en su casa de Baden Baden, donde vivía con la hermana de Lina, Olga. La visita fue placentera. Cuando Karl mencionó que su próxima parada era París, Olga decidió acompañar a Karl y a Lina para observar los paisajes de la alegre ciudad. Todo el mundo estaba pasándolo muy bien en la “Ciudad de las luces” cuando apareció Frau Molitor. Había recibido un telegrama en Baden Baden. El telegrama decía. “La espero en el próximo tren. Olga enferma. Venga inmediatamente”. Estaba firmado “Lina”. Nadie estaba enfermo. Tanto Lina como Olga estaban rebosantes de salud. ¿Quién había enviado dicho telegrama? ¿Era una broma de mal gusto? De ser así era una broma muy peligrosa. Frau Molitor tenía una condición cardiaca seria y un susto tal podría haber tenido consecuencias fatales. El 31 de octubre Olga y su madre regresaron a Baden Baden. Karl y Lina procedieron a su próxima parada, Londres, Inglaterra.
Seis días más tarde, el 6 de noviembre, Frau Molitor recibió una llamada telefónica del gerente de la oficinal postal de su barrio, pidiéndole que fuera inmediatamente. Tenía información sobre un telegrama falso que había precipitado su reciente viaje a París. Frau Molitor dejó todo. Ella y Olga fueron a Kaiser Wilhelm Strasse. Una vez que estuvieron en la parte más oscura de la calle, se oyó un tiro. Frau Molitor cayó muerta. Olga hizo sonar la alarma. Pronto había policías correteando por todas partes. Rápidamente supieron que las autoridades postales no habían hecho la llamadas llevando a Frau Molitor hasta su muerte. La mujer muerta no tenía enemigos conocidos. Nadie se beneficiaba financieramente más allá de sus dos hijas, a quienes no se les podía reprochar nada. La lógica simple y la historia de Karl de gastar dinero lo convirtieron en sospechoso. Por supuesto, él no podría haber disparado en Baden Baden a las 6 pm el 6 de noviembre, ya que estaba en Londres en ese momento. ¿O no estaba? Los investigadores averiguaron que Karl había sido citado al continente en una supuesta misión secreta del Cónsul General de Turquía. También descubrieron que Karl estaba muy presionado por dinero. Sus deudas eran mucho más que sus ganancias. Cuando Karl se casó con Lina, ella tenía 65.000 marcos, los cuales él había gastado sin que ella supiera. Cada día era más difícil mantener ese secreto. Karl sabía que su mujer iba a heredar 75.000 marcos por la muerte de su madre. Poco a poco la policía unió el rompecabezas del plan diabólico de Karl para asesinar a su suegra. El había enviado el telegrama desde París, creyendo que Frau Molitor podría sufrir un ataque cardiaco al saber que una de sus hijas estaba seriamente enferma. Cuando eso no funcionó, él mismo mandó un telegrama, supuestamente desde el gobierno turco pidiéndole que fuera a Alemania de forma inmediata. Fue él quien llamó a su suegra y esperó en Kaiser Wilhelm Strasse a que apareciera., usando un disfraz. Luego de disparar se subió a un tren y viajó a Karlsruhe para luego regresar a Londres. La policía tenía prueba de cada detalle de los movimientos de Karl. Todos excepto uno. El negaba rotundamente haber disparado el tiro fatal o tener conocimiento que lo implicara en el asesinato.
Karl Hau fue a juicio por el asesinato de su suegra y asumió una de las posturas más fuertes jamás asumidas por un defendido en un caso de asesinato. Estuvo de acuerdo en haber enviado el telegrama de París, pero se negó a decir por qué. Admitió haber estado en Kaiser Wilhelm Strasse con un disfraz la tarde del asesinato, pero rotundamente se negó a dar una razón para haber estado allí.
En el último día del juicio, Karl se puso de pie. En su forma de superioridad hizo una declaración: “Hice el viaje de regreso de Londres al continente para ver una vez más a mi cuñada, Olga, antes de irme a América”. Karl continuó explicando que sólo fue una de esas cosas. Luego de casarse con Lina se había enamorado locamente de Olga. Había peleado contra sus deseos, pero de vez en cuando simplemente tenía que ver a su verdadero amor. Sí, él había mandado el telegrama. Sí, él había hecho la llamada telefónica, pero sólo para poder ver a su verdadero amor aunque fuera por un momento en la calle. Fue un buen intento e incluso engañó a algunos del público, quienes, por proceso de eliminación, sintieron que Olga había matado a su madre. El jurado no lo creyó ni por un momento. Karl fue hallado culpable de asesinato y sentenciado a muerte. Luego su sentencia fue cambiada a prisión perpetua. En 1924, luego de servir 17 años tras las rejas, obtuvo libertad condicional. Dos años más tarde Karl Hau se suicidó con veneno. l
Ilustraciones: David Márquez |