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El gran SEDUCTOR
El bebé despliega sus "armas de seducción" porque necesita y busca la comunicación y el afecto. Al principio, para encandilar a sus papas, y después para atraer la atención de cualquiera Por Coks Feenstra
Parece mentira que una cosita tan pequeña sea capaz de acaparar la atención de todo el mundo y de hacer que los adultos hablen, rían y gesticulen como niños. "Los bebés son una manera maravillosa de empezar a ser personas", escribió Don Herold. Y es cierto. Precisamente por ser como son, se aseguran el amor y la atención de quienes los rodean.
Según el biólogo Desmond Morris, hay ciertas características físicas del bebé que despiertan el deseo de protegerlo: una frente amplia y unos grandes ojos, unas mejillas mofletudas, un cuerpecito llenito y redondo... También su talla (lo pequeño siempre atrae), sus torpes movimientos y su vocecita aguda, que irradia inocencia.
El niño llega a este mundo "diseñado" por la naturaleza para seducir, sobre todo, a sus padres. Y es bueno que sea así, porque con ello se asegura sus cuidados. Además, la seducción es mutua: desde que nace, el pequeño se siente atraído por las personas y se orienta hacia ellas. De los sonidos que oye, el que más le llama la atención es la voz humana (sobre todo la de su mamá, que distingue de cualquier otra). También identifica antes que nada el olor materno. Y de lo que ve, lo que más le gusta mirar son las caras humanas.
Pronto comprobarás que desde los primeros meses tu hijo emplea sus particulares armas de conquista (unas veces inconscientemente y otras, a medida que va creciendo, de forma más voluntaria): su sonrisa, sus miradas, sus pucheros, sus payasadas... Le encanta y necesita querer y sentirse querido ¡y vaya si lo consigue!
| El niño llega "DISEÑADO" por la naturaleza para seducir, sobre todo a sus padres. Y es bueno que sea así, porque con ello se asegura sus cuidados |
MIRADAS QUE ENAMORAN
Nada más nacer, tu bebé está más interesado en mirarte que en mamar. Tumbado sobre tu pecho, durante bastante rato (incluso hasta una hora) te mira de una forma tan directa y
tan intensa que te conquista inmediatamente. Después reclama su primera tetada y al acabar cae en un sueño profundo.
Luego, en los primeros días, descubres esa mirada tan penetrante cada vez que come acurrucadito en tus brazos. No es algo casual: el recién nacido ve mejor lo que está a unos 25 cm de su carita. Y como el entorno permanece borroso, no se distrae y se fija sólo en lo esencial: tu rostro
(o el de su papá, si es él quien le da de comer). A ti esos ojos de pupilas tan grandes y ese modo de mirarte te emocionan
y entre ustedes va creándose, día a día, un vínculo irrompible.
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Cuando ya sabe mantener bien la mirada, alrededor de los dos meses, aparece su primer diálogo visual: tú le hablas, él observa con atención tus ojos y tu boca, esboza una sonrisa y surge una conexión perfecta entre los dos. Sin palabras aún, utiliza la mirada para comunicarse: con ella te dice que te necesita y busca confirmación de tu amor. Más adelante, a partir de los seis meses, el pequeño comienza a interpretar las emociones de los demás (primero las de sus padres y después las de otras personas) a través de las expresiones de sus rostros. Lo que ve le influye mucho, y a medida que pasa el tiempo va descubriendo que también él puede influir en quienes le rodean. Llega así la época, alrededor de los dos años, de las miradas pícaras, o emocionadas, o suplicantes...
LA SONRISA MÁS BONITA
Esta es la forma más precoz de comunicación inteligente del niño con su entorno. Existe ya en las primeras semanas de vida, no como un gesto intencionado, sino como una respuesta refleja a la sensación de placer. Pero no importa: su mamá la interpreta como una señal de apego de su bebé hacia ella y esto estrecha el vínculo que los une. De hecho, Desmond Morris sostiene que esta expresión del lactante equivale a la capacidad del bebé mono para agarrarse a la piel peluda de su madre. Como en el proceso evolutivo el niño ha perdido esa capacidad, llega dotado con la de sonreír. Tanto una como otra sirven para que el pequeño se asegure la presencia de su mamá.
La primera sonrisa intencionada del bebé aparece en torno a la sexta semana. A partir de entonces se produce entre ustedes dos, y entre él y papá, un intercambio sin palabras, pero con mucho sentido. Le sonríes y él te sonríe. Estos momentos especiales refuerzan el amor que sientes por él. Y pronto llega otra novedad: empieza a regalar su sonrisa a más personas: al abuelo que le hace mimos, a la señora que le dice cosas... Hasta que de repente, un día, hacia los cinco meses, le haces una mueca o le das un pequeño susto... ¡y suelta una carcajada! Ya tiene sentido del humor y acaba de descubrir una nueva capacidad que provoca una inmensa ternura.
Sin embargo, alrededor del octavo mes su hijo vuelve a sonreírles sólo a ti y a papá. Parece un retroceso, pero no lo es; lo que ocurre es que ha entrado en la fase del miedo a los extraños (se siente más independiente de ti y eso le causa inseguridad) y, a la vez, se ha intensificado el apego a los más allegados. Es una etapa pasajera; en unos meses volverá a ser tan amigable como antes e intentará captar la atención de cualquiera con sus sonrisas. De lo aprendido sólo le quedará esa mirada cómplice que te dirige de vez en cuando, como tanteando el terreno. "¿Amigo o enemigo?", parece preguntarte. Cuando recibe tu reacción favorable, su cara se ilumina con una sonrisa, que acompaña moviendo brazos y piernas. Viéndole así de feliz... ¿cómo no hacerle carantoñas?
Está demostrado que los niños sonríen y ríen mucho más que los adultos; lo necesitan para crecer. Además, se sabe que los adultos que cuidan niños sonríen más que el resto. Y es que la risa es una expresión de lo más contagiosa y también una de las medicinas más eficaces.
| REGALANDO SONRISAS |
Si bien el bebé viene equipado con la capacidad de sonreír -la manifiesta desde muy temprano como respuesta al placer-, no es sino hasta la sexta semana que aparece la primera verdadera sonrisa en su rostro, aquella que tiene una intención y que suele derretir al padre afortunado de presenciarla. Empieza, entonces, un diálogo de sonrisas: tú lo haces; él lo hace.... esos momentos refuerzan el amor que se siente por él. Al poco tiempo, el pequeñín empezará a sonreírle a más personas... y entonces todos se lo celebrarán. |
EL PODER DE SU LLANTO
| Un bebé nunca llora por molestar o porque sí. Su llanto es una llamada... él NECESITA que tú resuelvas su necesidad o que ACUDAS junto a él para calmarle |
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No hay madre que pueda resistirse al llanto de su pequeño... y es positivo que ocurra así. Desde que nace, tu hijo tiene en esta expresión una de las herramientas más poderosas para comunicarse contigo y con el mundo al que acaba de llegar y para expresar sus necesidades. Al principio, las más básicas: llorando te hace saber que tiene hambre, sed, frío, sueño... Pero pronto empiezan a despertarse en el bebé emociones más complejas que también se reflejan en su llanto: llora cuando tiene miedo, cuando sabe que te vas a marchar y se siente ansioso por la separación o, simplemente, cuando se aburre y quiere que vayas a su lado.
En todo caso, nunca lo hace para molestar ni porque sí. Su llanto es una llamada y el bebé necesita que tú resuelvas su necesidad o que acudas junto a él para calmarle. Dicho esto, también es verdad que a partir de los 15 y, sobre todo, los 18 meses, cuando el niño ya sabe expresarse de otras formas, puede empezar a utilizar el llanto manipulativo: no llora por dolor o por hambre, sino para intentar salirse con la suya. Y, en esta época, al llanto habitual se unen esos pucheros tan conmovedores ante los que no puedes evitar enternecerte. ¿Quién lo lograría?
Es conveniente mantenerse muy alerta para que el niño no se habitúe a este sistema, sabiendo reconocer el tipo de llanto y resistirlo. Pero esto no quiere decir que haya que ignorarlo. Siempre que tu hijo llore, averigua si hay razón para ello. Puede que no la haya, que sólo quiera convencerte de algo y que tengas claro que no vas a ceder. Pero ¿qué tal si en vez de decirle simplemente "no", le coges en brazos y le das un beso o le haces cosquillas? De este modo irá comprendiendo que le quieres aunque no cedas en todo, y poco a poco aprenderá que existen otras formas diferentes de pedir las cosas.
ABRAZOS, BESOS Y MIMOS
¿Has probado a intentar no derretirte cuando tu bebé te abraza o te acaricia? Es imposible. El niño nace orientado a recibir y dar muestras físicas de cariño, y lo hace desde muy pronto. Mucho antes de aprender a dar besos (hacia los 15 meses), tu hijo se refugia en tu regazo si está cansado, te rodea con sus bracitos cuando le coges... Y con cada uno de estos gestos tú sientes que vas queriéndole y uniéndote más a él.
Poco a poco, tu hijo va comprendiendo la gran ternura que despiertan estas muestras de afecto... y utiliza su "poder" con tanta gracia que te rindes ante él. María, de sólo dos años, harta de que su mami esté en la cocina, la lleva de la mano al salón y dice "allí", señalando al sofá, mientras saca su video favorito. No hay duda de lo que quiere: sentarse juntas y mirar esa película que ya se sabe casi de memoria. Por su parte, Juan suele esconder su cabeza en el regazo de mamá cuando ella le riñe: no soporta que esté enfadada y de esta manera intenta que todo se arregle; sólo así podrá volver a sentirse bien. Son gestos enternecedores que demuestran la gran sensibilidad del niño y su capacidad para relacionarse con las demás personas.
El niño también es capaz de saber cuándo alguien está triste y consolarle. Por eso te pone su peluche sobre la almohada cuando tú te encuentras mal, o le da su chupón a otro niño que llora. Seguramente estas sean ya señales de generosidad, aunque influye también el hecho de que él necesita que todo vuelva a su cauce: se asusta al ver triste a otra persona y hace todo lo posible por alegrarle.
LAS GRACIAS Y LAS PAYASADAS
Cuando a Laya, de dos años, le preguntan quién es la niña más guapa del mundo, se señala a sí misma y dice orgullosa: "Aya". Todos se ríen, así que en cada reunión familiar se repite la misma pregunta. Laya se ríe, se tira al suelo haciendo el payaso y se levanta con un saludo de bailarina. Sabe que este gesto volverá a desatar las risas y se siente muy feliz cuando esto sucede.
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El niño también es capaz de saber cuándo alguien está TRISTE
y consolarle |
Todos los niños, a partir de los seis meses, miran a la cara de mamá buscando información (esta capacidad para "leer" sus reacciones se perfecciona aún más entre los 14 y los 22 meses). Por eso cuando tu hijo ensaya una ocurrencia, enseguida escudriña tu expresión facial para ver cuál es tu respuesta. Y si ve que te ha hecho gracia, se siente más animado a repetirla.
Y es que todos los niños disfrutan teniendo público, como demostró una investigación de la Universidad de Indiana (Estados Unidos). Después de pedir a un grupo de madres que observaran a sus pequeños mientras jugaban y que, luego, dejaran de mirarlos, el resultado fue claro: los niños estaban serios cuando se sentían ignorados por sus mamás y sonreían un 50% más si sabían que ellas estaban observándolos. Además, en cuanto crecen un poquito, amplían su público y ya buscan una reacción favorable en sus tíos, abuelos y en personas ajenas a la familia. Provocar la risa les encanta...y les hace bien. En absoluto es malo que tu hijo busque ser el centro de atención mientras lo logre de este modo, y no llorando o portándose mal. Eso sí, todo tiene un límite y a veces repetir una y otra vez su gracia y tener éxito hace que se excite y se alborote; tanta atención es más de lo que puede asimilar, y necesita volver al juego tranquilo o salir un rato de paseo. Por otro lado, conviene vigilar para que el niño no se acostumbre a usar las payasadas para librarse de sus tareas o para "ablandarnos" ante una mala conducta. Hechas estas salvedades, no limites las gracias y las ocurrencias tan divertidas de tu hijo. Demuestran que se siente feliz y logran que los demás se enamoren totalmente de él... como te ocurre a ti.
EL JUEGO DEL COMPARTIR
Un estudio de la Universidad de Zurich (Suiza) ha demostrado que los niños no aprenden a compartir hasta los siete años. Aun así, en el bebé se observa una conducta muy similar a partir del año de edad, aunque en su caso no existe un objetivo altruista, sino una búsqueda de agradar.
Es lo que ocurre cuando llega una visita. El niño mira al adulto con gran interés y siente necesidad de gustarle. Y como no desea quedarse al margen, cuando papá o mamá comienzan a charlar con la visita, intenta hacerse notar. No dispone de muchas palabras... pero tiene sus juguetes. Los trae uno por uno y se los va dando a la visita, esperando respuesta. Es como si le dijera: "Me gustas. Y yo, ¿te gusto a ti?". Si el adulto responde de forma positiva se siente halagado y se esmera en traer más cosas. Y cuando ya no quedan juguetes que repartir, se invierte el orden: es el invitado quien debe ir devolviéndole todos los juguetes.
Este sistema tan peculiar de compartir es uno de los modos más habituales que tiene el niño de acercarse a las personas que no conoce y de formar parte de una conversación a su nivel. Gracias a él se siente aceptado y valorado por los adultos que le rodean. Y es bueno que cuando tu hijo utilice esta o cualquiera de sus otras "armas de seducción", obtenga respuestas que le reafirmen y le hagan sentir que tiene éxito (siempre, eso sí, que no se conviertan en un modo de salirse siempre con la suya). No sólo porque despierten tu ternura, sino porque de este modo va conociéndose, reafirmando su forma de ser y aprendiendo a relacionarse con los demás.
| MANIPULADORES |
Sí, toda madre lo sabe -y hace muy poco para resistirse-, pero los pequeños, después de los 18 meses, saben que su llanto tiene poder sobre sus padres, y pueden empezar a utilizarlo no para manifestar que tienen hambre o que les duele algo, sino, simplemente, para salirse con las suyas. Lo mejor es reconocer que se trata, efectivamente, de un intento de manipulación, y tratar de resistirse a él para que no se acostumbre a llorar con esos fines. Eso sí, nunca ignore el llanto de su hijo... averigüe si hay razón para ello...
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© PRISACOM, S.A./HACHETTE FILIPACCHI. Derechos de El Universal
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