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Nicotina: La gran enemiga de la mujer (1)

Más allá del riesgo de padecer enfermedades coronarias y cáncer de pulmón, el cigarrillo se ha convertido en una amenaza para los huesos y la piel de las fumadoras. Envejecimiento prematuro del rostro, menopausia precoz y osteoporosis son algunas de las consecuencias de esta nociva adicción. María de los Angeles Herrera

Fumar no sólo es la causa más frecuente de muerte que puede ser evitada, es también el origen de numerosos problemas físicos y estéticos que atacan específicamente a la mujer y que van mucho más allá de la aparición de patologías coronarias y lesiones cancerígenas. Si usted es fumadora le interesará conocer las consecuencias que este mal hábito le traerá a corto y mediano plazo, y que necesariamente implican un arribo anticipado a la menopausia, la pérdida de la lozanía y firmeza de la piel, la debilidad del cabello y, sobre todo, la increíble fragilidad de los huesos.

Tal vez usted piensa que las afirmaciones anteriores son una exageración, pero la explicación médica estriba en la pérdida acelerada de estrógenos -a través de la orina- producto del ingreso de la nicotina en el organismo. Aunque las féminas que consumen cerca de dos cajas de cigarrillos al día son las más afectadas, no existe información que certifique que las que fuman en menor medida estén exentas de estos padecimientos, por ello es mejor que tome medidas preventivas, mientras aún está a tiempo.

Compuesto adictivo
Alfredo Martínez Conde, médico internista, explica que la nicotina “es un alcaloide del tabaco que produce adicción y que se absorbe fundamentalmente a través de los pulmones y, en menor medida, a través de la piel, de la mucosa bucal y de los plexos sublinguales”. Pocos lo saben, pero un cigarrillo estándar de un gramo contiene de 10 a 20 miligramos de nicotina, así que ya podrá imaginar usted cuánto consume un fumador promedio a lo largo del mes.

La sensación adictiva, según Martínez, viene dada por la penetración de la nicotina en el torrente sanguíneo y su llegada -casi inmediata- al cerebro: Luego de aproximadamente diez minutos de haber sido inhalada la primera bocanada de humo, el fumador comienza a sentir satisfacción, saciedad y estimulación, efectos que cesan luego de aproximadamente dos horas, momento en el cual reaparece la necesidad de encender otro cigarrillo.

Si el fumador logra controlar sus impulsos, la nicotina actuará como un psicoestimulante, cooperando con su capacidad de concentración; mientras que las dosis altas que se aprecian en personas de hábito frecuente desencadenan un efecto tranquilizante, debido a que la nicotina actúa como depresor. Lo anterior explica por qué muchas personas se hacen adictas al cigarri- llo. No se trata únicamente de una necesidad física, sino también de un requerimiento psicológico, ya que los fumadores utilizan el tabaco como elemento esencial para la relajación -ante un momento de estrés o tensión emocional- y para enfrentarse a situaciones cotidianas que impliquen el uso de sus capacidades intelectuales.

Huesos quebradizos
Los estrógenos ayudan a proteger los huesos. Martínez señala que estas hormonas son antirresortivas, es decir, inhiben la activación de los osteoclastos -que son las células que tienen como finalidad la destrucción de los huesos más viejos-, al tiempo que estimulan la acción de los osteoblastos -o células encargadas de la construcción de nuevo tejido óseo-. Adicionalmente, los estrógenos colaboran en la síntesis de colágeno, mejoran la absorción de calcio en el intestino y reducen la desmineralización.

La pérdida acelerada de estrógenos producto de la nicotina no sólo anticipa la llegada de la menopausia en las mujeres, sino que genera una mayor pérdida de hueso en la etapa del climaterio, debido a que este estimulante inhibe la actuación de los osteoblastos. Adicionalmente, el humo del cigarrillo tiene agentes oxidantes que producen radicales libres, sustancias inestables que degradan el oxido nítrico liberado del endotelio, lo cual oprime los vasos, causa daño endotelial y altera el proceso de recambio óseo.

La baja densidad ósea que reina en las mujeres fumadoras aumenta el riesgo de padecer fracturas y es un pasaje directo hacia la osteopenia, una enfermedad poco conocida, considerada como el paso previo de la osteoporosis, ya que produce una desmineralización progresiva de los huesos, pero -a diferencia de ésta- sus efectos pueden revertirse al modificar radicalmente el estilo de vida y adoptar hábitos saludables, entre los cuales destacan una alimentación balanceada, la práctica periódica de ejercicios y, sobre todo, la eliminación del tabaco y la ingesta de alcohol excesivo. l

mherrera@eluniversal.com

Mitos y realidades
El cigarrillo me quita el apetito y si lo dejo, seguramente, engordaré.
VERDADERO. Al dejar de fumar se pierde la sensación de saciedad producida por la nicotina. El olfato y la capacidad de degustación mejoran, por lo que aumentan
los deseos de comer, especialmente azúcares; sin embargo, luego de seis meses el cuerpo recupera su balance y se comienza a perder peso.

Fumar es símbolo de estatus.
FALSO. El cigarrillo se ha convertido en sinónimo de enfermedad; de esta manera, las personas que no fuman realmente demuestran preocupación por su
salud.

El cigarrillo me ayuda a manejar las tensiones
VERDADERO. La nicotina es un estimulante que mantiene el organismo en estado de alerta, por lo que al eliminar su consumo se experimenta nerviosismo y se alteran el apetito y el sueño. Una buena alternativa es utilizar técnicas de relajación para manejar el estrés

El cigarrillo es un símbolo de seducción
FALSO. Aunque en el pasado era utilizado para llamar la atención del sexo opuesto, esa creencia ha perdido vigencia debido a que las personas que fuman padecen de
mal aliento, poseen desagradables manchas en los dientes y lucen menos saludables.

Fuentes: http://salud.discapnet.es/ http://www.aapec.org/ http://www.tabaquismo.freehosting.net http://www.alemana.cl/atb/atb006.html

 
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