| Baila conmigo
Tango, samba, danza oriental,
rueda de casino... no importa cuál ritmo prefiera, en Caracas
encontrará dónde aprenderlo y, lo más importante,
dónde bailarlo. Raúl
Chacón Soto
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Danza oriental |
Danza que hipnotiza
Dicen que todo cambió después de que transmitieran
El Clon. La telenovela brasileña marcó un verdadero
antes y después en lo que se refiere a la cantidad de féminas
interesadas en aprender los sensuales movimientos de la danza árabe.
Por lo menos fue lo que ocurrió con las clases de Abril Valero,
quien a sus 16 años ya es una experta bailarina de estos
ritmos, y hasta transmite sus conocimientos a mujeres de todas las
edades que, por unos instantes, dan rienda suelta a su más
profunda feminidad. Y es que en las clases de Abril se pueden ver
desde niñas hasta señoras ya abuelas, que desafían
cualquier prejuicio para entregarse a los sensuales movimientos
que, con toda seguridad, las hacen sentirse mucho más mujeres
-la danza árabe está “diseñada”
para el cuerpo femenino, con ese énfasis en los músculos
abdominales, y movimientos de caderas y del pecho-. Gabriela De
Turris, una de las participantes que demuestra mejor dominio de
su anatomía -no en balde practicaba danza contemporánea-,
explica que sencillamente le hizo caso a la abuela, quien trabajaba
en un sitio donde se bailaba este tipo de danza. Ahora lo disfruta
al máximo: “Sientes cada movimiento que haces, y eso
me gusta. Hay unos fáciles y otros difíciles, pero
con la práctica se va mejorando”. De la misma opinión
es Mariana Noguera, quien ya lleva dos años aprendiendo los
rudimentos de la danza, y todavía siente que le falta mucho:
“es que soy muy tiesa y me cuestan, particularmente, los movimientos
bruscos, pero he mejorado”. Abril asegura que a los cuatro
meses ya se maneja la técnica básica, aunque, por
supuesto, dependerá de la práctica la maestría
con que se baile este tipo de danza. Las venezolanas, en particular,
aprenden rápido. “Yo he tenido alumnas europeas, latinas
y árabes. Parece mentira, pero la danza le cuesta a muchas
mujeres árabes, aunque hay otras que parecen haber nacido
con los movimientos. A las europeas les resulta más difícil,
y a las latinas no, aprenden rápidamente. Las venezolanas
tienen un toque que no se ve en otro lado”. Se nota hasta
en las más niñas, que mueven sus caderas quizás
emulando a Shakira y se adornan con un movimiento de manos que hipnotiza.
Ayudan, es cierto, las faldas multicolores y vaporosas; y todos
los adornos que, estratégicamente usados, sirven de cómplices
a los movimientos. Es un baile sensual, sin duda, aunque como remata
la propia Abril, no debe malinterpretarse. “Es arte”,
dice... y nadie puede negarlo.
Clases:
Abril Valero. Teléfono:
0414 293.1833. Club Libanés.
Academia de María Eugenia Lugo, en el C.C. Los Geranios
Sitios para bailar:
Especialmente en restaurantes como el Andrea’s,
en Campo Alegre; Fenicia, en Los Palos Grandes,
y el Café Damasco, en Chacao. Las personas pueden llevar
su propia música y salir a bailar.
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Tango |
El hombre conduce, la
mujer seduce
Aprender el tango no debe ser nada fácil. Por lo menos así
parece cuando se observa el complicado entramado de pasos que las
parejas veteranas resuelven con suma elegancia y sensualidad, en
el Centro Uruguayo Venezolano. La mayoría de quienes concurren
al enorme galpón sabe que se topará con un evento
que tiene mucho de celebración familiar, pues casi todos
los allí presentes están hermanados por el amor al
tango: en la pista, entonces, y con las mesas estratégicamente
ubicadas para contemplar el espectáculo, las seis o siete
parejas que se entregan al disfrute del ritmo que tanto auge ha
vuelto a alcanzar en el mundo por estos días. Parejas de
principiantes comparten espacio con las más veteranas, esas
a las que de sólo verles un instante se les adivina el baile
de toda una vida. No se vaya a creer que es una afición de
mayores. Jovencitos, en su mayoría mujeres, llenan la sala,
así como algunas horas antes habían colmado la clase
que, los sábados, dicta el venezolano Franklin Zambrano,
discípulo de grandes maestros como Sergio Vásquez,
Alejandro Filardi y Mora Godoy. El también director de la
agrupación Tango Caracas, es el encargado de enseñar
los pasos, o mejor dicho, la técnica básica que, después
de mucha dedicación y mucha milonga, servirá de base
para lucir en el salón como todo un argentino -o uruguayo-.
Andreína Quintero, quien no parece ser una principiante,
afirma -y se nota- que ha progresado mucho en sólo cinco
clases. Pero es una bailarina, y así no se vale. “Pensé
que iba a ser más difícil”, asegura, y explica
que le gusta la música y le encanta la pasión con
la que se baila. Andrea Russi y Antonio Ponte, quienes también
llevan pocas clases, afirman que les gusta porque es una actividad
diferente -incluso extravagante-, de la que hablan orgullosos con
amigos. “Es nuestra actividad de los sábados... con
gente distinta. Es muy agradable y rompes con la rutina. Nos sentimos
como si estuviéramos fuera de Caracas”. Casi. La verdad,
como dice otro asistente, es que el espacio es mágico. “Casi
surrealista, donde se pueden ver a personas que vienen vestidas
como para una fiesta junto a otros que andan bastante informales”.
Lo que no falta son los zapatos de tacón alto en las mujeres
de todas las edades; féminas que se dejan llevar por sus
parejas, en una danza donde el hombre conduce, y la mujer seduce,
como bien señala un conocedor. ¿Difícil? “La
danza árabe no es fácil -dice Nora Riera-, pero depende
sólo de ti, mientras que el tango depende de la pareja, y
ahí está el problema, el hombre te tiene que llevar”.
Pocos hombres pueden apreciarse en las clases, por lo que las mujeres
deben sortearse el papel del caballero. Pero es lo de menos. Terminadas
las clases, las parejas se adueñan del lugar, y es un deleite
observar sus desplazamientos.
Clases:
Centro Uruguayo Venezolano: Miércoles
y sábados
de 5:00 a 6:30 pm y de 6:30 a 8:00 pm.
Dos niveles (principiantes e intermedio)
de seis clases cada uno. Teléfono: 234.0317
PRECIO:
45 mil bolívares cada nivel.
Sitios para bailar:
Centro Uruguayo Venezolano, los miércoles y sábados
después de las 8:00 pm.
Centro Cultural Venezolano Húngaro. Milongas cada 15 días,
los viernes. (Acá todo el ambiente es especialmente preparado
para el baile del tango. Las damas llegan maquilladas y con vestidos
y tacones; los caballeros hasta engominados).
TELEFONO:
235.66.10
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Samba |
A mover la colita
El secreto está en las nalgas. Hay que moverlas. Eso dice
Simone sin ningún tipo de rubor. La clase, en su enorme mayoría
conformada por mujeres, suelta la risa, y acto seguido, sigue a
“pies juntillas” -aunque mejor sería decir, a
saltitos de pies-, las indicaciones que da la profesora, quien es
bailarina y directora del Simone Samba Show, un espectáculo
de garotas que se presenta en distintas salas del país. La
experta tiene un currículum envidiable, pues lleva más
de 20 años enseñando en Venezuela no sólo cómo
seguir los acordes del samba -y de cuanto ritmo brasilero fue hecho
para bailar-, sino otros aspectos de la cultura de su enorme nación,
Brasil. Casada en el país, y con tres hijos venezolanos,
uno de los cuales le sirve de apoyo en las clases, Simone se esmera
en enseñar, en cuatro lecciones, los movimientos que dejan
a tanto hombre con la boca abierta, cada vez que a una menina se
le ocurre dejarse llevar por esos sonidos que alegran el alma. Acá,
la presencia masculina es muy reducida: 27 mujeres y dos hombres
se contonean en la festiva clase de Simone; todas ellas luciendo
sobre los jeans una pequeña y colorida faldita con flecos
-cortesía de la casa-, que sirve para atestiguar cuánto
se está meneando esa cadera. Los participantes no sólo
aprenden a bailar samba, pues la instructora se encarga de enseñar
los pasos del forró, del frevo, de la bossa nova, de la lambada
y de la toada, y hasta de algunas de esas canciones brasileñas
que tienen su propia coreografía y que tanto han pegado en
las emisoras de aquellas y de estas tierras. En un momento de descanso,
una de las jovencitas que mejor movía sus caderas, explicó
que había llegado al curso motivada por su hermana, quien
baila muy bien el samba. Aseguraba que el movimiento le resultaba
sencillo, pero que todavía no había alcanzado el nivel
deseado. Por ello está repitiendo el curso, donde ahora luce
sobrada. Carmen Ayala, principiante, confiesa que en sólo
tres clases es mucho lo que ha mejorado. Ella acude al lugar con
una amiga y las hijas de ambas. Curiosamente, también asiste
a clases de tango, por lo que el baile se asoma como pasión.
“Me encanta porque es muy relajante. Es un ejercicio muy intenso
y de paso aprendes de una cultura diferente”. A Carmen, por
el contrario, el famoso ritmo brasileño le parece difícil:
“Está basado en el movimiento de los glúteos,
pero no es tambor, tampoco se pueden mover los pies como si fuera
salsa... Fue en la tercera clase que sentí los pasos más
organizados en la mente. Es sensacional”. Simone explica los
movimientos, y los ilustra en su propio cuerpo. En efecto, no es
salsa; es otra la cadencia, la postura del cuerpo, el quiebre de
las rodillas, el movimiento de los brazos y de las manos, que tiene
su encanto particular. La presencia del hijo de Simone puede resultar
un alivio para los interesados del sexo masculino, pues muestra
cómo lucen los movimientos con acento viril. No hay muchos
sitios donde se baile samba en Caracas, pero en cualquier reunión
siempre hay lugar para algún alegre tema brasileño
que puede ser la oportunidad para lucirse como pocos.
Clases:
Centro de Estudios Brasileños,
los viernes entre 6:00 y 8:00 pm. El curso completo consta de cuatro
sesiones de dos horas de duración.
PRECIO:
15 mil la inscripción y 50 mil la mensualidad.
DIRECCION:
Avenida San Felipe (paralela a la principal), entre primera y segunda
transversal de La Castellana. Quinta Degania. Teléfonos:
266.1476 / 4302
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Rueda de Casino |
Todos para uno, uno para todos
Verlos bailar en rueda (formando un círculo) es un verdadero
espectáculo. Las parejas, unas ocho o nueve, atienden la
voz del líder quien les indica el paso o la vuelta a seguir;
a continuación, cada una demuestra que se lo tiene bien aprendido,
dando como resultado una vistosa coreografía donde la sincronía
de movimientos es esencial. La voz cantante señala que hay
cambio de pareja, y, de inmediato, las mujeres pasan a bailar con
el compañero de al lado, y, quizás, hasta se salten
un lugar para terminar en brazos del segundo, pues así se
les ha solicitado. El ritmo que guía sus movimientos es el
denominado casino cubano -la timba, el nombre preferido de los cubanos
para oponerse al término salsa-, que se puede bailar sólo
en pareja, y en forma de rueda, como nació en los famosos
casinos cubanos de los años 50, y que si bien parecía
haberse estancado en la tierra natal, ha cobrado numerosos seguidores
en países latinoamericanos, Estados Unidos y Europa. Por
ello no es de extrañar tanta página web cuando se
teclean las palabras “rueda de casino”, que así
se llama esta particular manera de disfrutar y gozar de la salsa.
En la Casa Monagas, el profesor cubano Pedro González –quien
introdujera esta modalidad en la capital en 1996, y de quien han
aprendido otros jóvenes que ahora se dedican a enseñar-,
dirige los pasos de las decenas de jovencitos que se han dado cita
en el lugar para aprender a bailar la rueda. Aquí la mayoría
es muy joven y salta a la vista un mayor equilibrio entre los sexos,
si bien el propio profesor comenta que algunos varones se prestan
gustosos a suplir las faltas en la siguiente clase. Un grupo que
ha venido desde Guarenas conversa mientras observan las numerosas
vueltas que los chicos tratan de aprender con sus chicas. La mayoría
ha llegado por comentarios de amigos. A todos les encanta. Dicen
que es divertido, que les permite conocer a otras personas, y que
es un excelente antídoto contra los males del estrés.
Nicolás Serrano, fotógrafo de profesión, asegura
que no es difícil aprender los innumerables pasos que llevan
nombres tan peculiares como “dile que no”, “la
prima”, “enchufe” -los venezolanos le han puesto
su toque a la rueda agregándole vueltas que reciben los muy
criollos nombres de “tamunanguéala”, “pégale
un cacho” o “torniquéala”, haciendo referencia
al torniquete del Metro-. Lo dice quien asegura ser muy tieso bailando,
al punto de que la incursión en la rueda tuvo como motivación
la insistencia de una esposa cubana, y bailarina, que quería
ver en su pareja un mejor desempeño a la hora de enfrentar
con el cuerpo la invitación de un sabrosón ritmo de
su país. Otros participantes, intermedios y hasta avanzados,
lo confirman: No es tan difícil como parece. Gabriel Palacios,
formado en la Fundación Bigott con los primeros alumnos de
González, y quien da sus clases los sábados en Neodanza,
es de la misma opinión: “visto desde afuera parece
demasiado complejo, pero después el asombro es verse dentro
de la rueda haciendo aquello que parecía imposible”.
Por su academia han pasado decenas de alumnos que se sienten satisfechos
por el rápido avance logrado, lo que obedece a la especial
dedicación que puede brindarles por haber menos participantes
en las clases. Para él, como para tantos otros, la rueda
es una pasión.
CLASES:
Academia Salsa Casino en la Casa
Monagas, UCV y Sabana Grande. El curso es de cuatro niveles, cada
uno conformado, a su vez por tres subniveles de un mes de duración.
TELEFONO:
682.0379 (entre 8:00 am y 4:00 pm) y 324.2119 (entre 5:00 pm y 9:00
pm).
Neodanza: Martes, jueves y sábados. Teléfonos: 0416
704.8707 / Tel-Fax: 451.1215
Sitios para bailar:
Discoteca Latino All Star, en el Centro Comercial Los Chaguaramos.
Todos los jueves después de las 11:00 pm. Hay competencia.
Teléfono: 693.5345
Azúcar, en Las Mercedes
Fiestas especiales a las que se convoca a todo amante del casino,
y que se llevan a cabo en la Casa Monagas y en el Salón Coquivacoa
del Círculo Militar
rchacon@eluniniversal.com
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