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Pasó hace 100 años

La muerte de Rosa va a cumplir un centenario y todavía sigue siendo un enigma
Max Haines

Este es un caso de asesinato en el que la escena del crimen es desconocida, la causa de la muerte un rompecabezas, y, lo más asombroso de todo, la identidad del asesino un completo misterio
El 15 de diciembre de 1905, Oscar Mangrum, de Nashville, Tennessee, mandó el baúl de su esposa a la estación ferroviaria. Rosa, de 33 años, saldría después de la cena para tomar un tren hacia Chicago. Ella había mencionado que había comprado un boleto de camarote para el viaje nocturno, pero iba a intentar cambiarlo por algo más barato cuando llegara al tren.

Oscar pidió un caballo, el método de transporte más común de la época, para su esposa. Poco tiempo después, Rosa salía en su lomo por la puerta principal. Fue la última vez que Oscar vio con vida a su mujer.

Rosa no estaba acostumbrada a viajar sola. La dama estaba metida en varios grupos de caridad y, de hecho, era una recaudadora de fondos profesional. Los Mangrum llevaban casados nueve años y aunque su matrimonio era armonioso le faltaba chispa.

Rosa era una mujer atractiva y emprendedora, que ganaba su propio salario, una cosa poco normal a principios del siglo pasado. Sus ingresos le permitían vestir elegantemente y viajar a menudo. Oscar pasaba su tiempo en la barbería de la cual era dueño. La pareja no tenía hijos.

Ahora bien, cuando Rosa viajaba y llegaba a su destino, tenía el hábito de contactar de inmediato a su marido. Cuando Mangrum no tuvo noticias de ella, envió un telegrama al hotel Newberry en Chicago, donde, habitualmente, se quedaba Rosa. La dama no se había registrado en el hotel durante más de un mes.

Oscar terminó de alarmarse cuando habló con su cuñado, quien era cajero en el First National Bank. J.H. Mason le contó a Oscar que Rosa había retirado todos sus ahorros, que ascendían a la suma de 1.433,62 dólares. Mason tenía más noticias alarmantes. Rosa se había llevado todas sus joyas y toda la ropa que pudo meter en su baúl. Parecía que ella no pensaba volver. Oscar quedó destrozado ante la noticia.
Oscar se dirigió a la persona más cercana a su esposa... tal vez, demasiado cercana. Se sospechaba que el doctor Herman Feist tenía un lío amoroso con Rosa. Al galeno le encantaba apostar dinero en los caballos y había negociado algunos préstamos con Rosa cuando las carreras le dejaban sin un peso. Oscar pensó que, esta vez, el doctor no tenía nada que ver con la desaparición de su mujer. El médico estaba en Nashville mientras Rosa se encontraba fuera de la ciudad. No obstante, ella había visitado a Feist el día antes de marcharse y desparecer. Oscar le rogó al doctor que le contara cualquier cosa que pudiera ayudar a encontrar a Rosa.

“Ella está bien. Probablemente sabrás algo de ella en uno o dos días”, dijo el doctor de una forma muy desganada. Pero cuando le presionaron, dijo que Rosa padecía de un caso avanzado de enfermedad venérea. Oscar no creyó al hombre ni por un instante.

La hermana pequeña de Rosa, la señora Trousdale, también interrogó al doctor Feist, quien le dijo de mala gana que estaría faltando a su ética médica si revelara lo que le afectaba a Rosa. “Tu hermana tiene una enfermedad venérea en su peor estado. La padece desde hace un año. Nunca se lo había dicho a nadie antes, pero ha empeorado tanto que ha tenido que irse a un sanatorio”.

La señora Trousdale perseguía al médico y le acusaba de mancillar el nombre de su buena hermana. Después salió de la oficina.

El misterio del paradero de Rosa Mangrum se hizo claro como el agua el 26 de enero de 1906, 43 días después de que se dirigiera hacia la estación de trenes en Nashville. George Spence, un piloto de botes a vapor, descubrió a Rosa flotando en el río Ohio, cerca de Cairo, Illinois. La desdichada mujer estaba completamente muerta. También la habían despojado de todas sus joyas y dinero. Cuando se publicó una descripción de la dama fallecida en los periódicos, Oscar Mangrum supo que habían encontrado a Rosa.

Se llevó a cabo una autopsia que reveló unos resultados sorprendentes. El cuerpo de Rosa llevaba en el agua semanas. Tenía dos cortes diminutos en sus labios, que podrían haber sido causados por el contacto de algo que se encontraba en el agua. No había signos de violencia en su cuerpo. Rosa no tenía enfermedad alguna, como había declarado el doctor Feist. De hecho, se encontraba en perfecto estado de salud en el momento de su muerte. Tampoco se había ahogado.

Entonces, ¿cómo murió Rosa? ¿Cuándo falleció? ¿Dónde había tenido lugar su muerte? ¿Llegó a la estación de Nashville? ¿La asesinaron en el camino a Chicago en un punto donde las vías del tren cruzaban por el río Ohio? Ninguna de estas preguntas tenía una respuesta fácil.

El baúl de Rosa fue localizado en un depósito en Chicago, donde había estado desde el día después de haberse ido de Nashville. Rosa, definitivamente, había recogido su baúl en la estación, pero ¿realmente se había montado en el tren? No se podía esperar que el personal del ferrocarril pudiera recordar detalles de un pasajero solitario que habrían visto seis semanas antes.

Cuando se abrió el baúl de Rosa, se encontró entre su ropa una nota de crédito por valor de 50 dólares, firmada por el doctor Feist. ¿Por qué el médico había tomado dinero prestado de Rosa? Cuando la policía descubrió que Feist y Rosa eran amantes, el médico se convirtió en su primer sospechoso.

El doctor Feist fue arrestado y acusado por el asesinato de Rosa. Su sensacional juicio se inició en Nashville el 23 de enero de 1907. Oscar testificó que él había sospechado bastante de la infidelidad de su esposa. La había seguido en numerosas ocasiones y había visto cuando se reunía con Feist, pero no había querido mencionar nada al respecto.

J.H. Mason declaró que su hermana Rosa se había mostrado muy fría con él desde hacía más de un año. Por el contrario, se había vuelto muy cercana y amorosa con Feist. En la noche de su desaparición, Mason le había ofrecido acompañarla a la estación. Su oferta fue rechazada.

Mason siguió dando información financiera. El día que desapareció su hermana, el balance de la cuenta bancaria del doctor Feist era de 67 centavos. Durante años nunca había sobrepasado los 159 dólares. Obviamente, los caballos no habían corrido muy bien en los últimos años.

Cuatro días después que Rosa abandonara su hogar, el doctor depositó 500 dólares en su propia cuenta bancaria. La acusación remarcó que el motivo del crimen fueron los 1.400 dólares y las joyas que Rosa llevaba con ella cuando desapareció. Durante el juicio se estableció que Rosa debía haber comprado su boleto en Chicago para poder despachar su baúl.

Un hombre llamado Mitchell, quien poseía un establo, dijo que en la noche que desapareció Rosa le había alquilado un caballo y una carreta a un tal doctor Bean. La carreta se suponía que iba a estar afuera tan sólo un par de horas, pero Bean la tuvo toda la noche. A la mañana siguiente, cuando devolvió la carreta, estaba totalmente salpicada de barro, así como el caballo. Mitchell identificó al doctor Bean en la sala. Señaló y acusó con su dedo al doctor Feist.

La defensa hizo un gran esfuerzo para situar a Rosa en su camarote del tren camino a Chicago. Tenía una reserva en el camarote número 7. Nadie podía recordar si ocupó su litera o no.

Sin embargo, se requería que un empleado del ferrocarril rellenara un formulario con cada reserva que estaba en uso. Tal formulario no se rellenó en el caso de la litera número 7.

Se hizo un esfuerzo concertado para encontrar el boleto número 4505, el único vendido para un pasaje desde Nashville a Chicago esa noche.

La compañía de ferrocarril no pudo presentar el boleto, lo que le encantó a la parte acusatoria. Ellos aseguraban que el boleto nunca sería encontrado porque el doctor Feist había asesinado a Rosa antes de salir de Nashville. Los fiscales sugirieron que la había llevado en su carreta alquilada, le había dado un poco de ácido o alguna sustancia parecida, le había quitado todas sus joyas y dinero, y había arrojado su cuerpo en el río Cumberland. Después el cuerpo flotó hasta el río Ohio.

Tonterías, respondió la defensa. Si se creía la teoría de la acusación, Rosa hubiera flotado pasando por varias ciudades y, ciertamente, habría sido localizada mucho antes. Los defensores proclamaban que Rosa había subido al tren, pero lo abandonó en el camino y había sido asesinada por una o varias personas desconocidas.

A pesar de que el juez señalara que no se había probado que Rosa hubiese sido asesinada, el doctor Feist fue declarado culpable. El caso fue llevado a la Corte Suprema, donde los jueces especializados tardaron un año en tomar una decisión. Concluyeron que el Estado no había probado que Rosa Mangrum había sido asesinada, y, además, no se había indicado qué condado tenía la jurisdicción para juzgar el caso. Anularon la sentencia de culpabilidad.

El Estado de Tennessee retiró las acusaciones contra el doctor Feist, quien abandonó Nashville para siempre, dejando sin contestar las preguntas: ¿Fue Rosa asesinada? Si fue así, ¿dónde ocurrió el hecho?, y, sobre todo, ¿fue el doctor Feist realmente el asesino? ¿Usted qué cree?. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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