TENDENCIAS
PROTAGONISTAS
-

Los "Peas"
en su salsa

- Empieza la fiesta
ibérica
- Preguntas a ...
- Puro sabor
a Venezuela
LA CARACAS DE...
- Federico
Vegas
MODA
-

Macho que
se respete ...

GASTRONOMÍA
- Martiniano
en dos platos
ENCUENTROS
- Llegó
Miranda
-

12 segundos
de oscuridad
y de luz con
Jorge Drexler

-

La mole de concreto
a vuelo de pájaro

-

Claire Danes
Como caída
del cielo

-

Ralph Lauren
Un sueño
americano

VIVIR MEJOR
SALUD
- En torno
al estreñimiento
BELLEZA
-

Básicos
de belleza

BELLEZA
-

Para abrazarlo
mejor

COCINA
- Dips
apetitosos
MASCOTAS
-

Conocer
a los felinos

PUNTO Y APARTE
CRIMENES
HOROSCOPO
HUMOR
MENTE Y ESPÍRITU
CRUCIGRAMA
ARCHIVO
CONTACTENOS

 
 
 

La mole de concreto
A vuelo de pájaro


La capital muestra desde el aire
dos verdades irrefutables: hay
demasiados carros en Caracas,
casi tantos como casas en
los cerros
. Texto y fotos:
Por Johan Manuel Ramírez

Cuántas veces los caraqueños hemos
soñado con recorrer la autopista Francisco
Fajardo en un par de minutos, o con llegar
desde La Pastora hasta Altamira o desde
Prados del Este hasta Plaza Venezuela
en apenas sesenta segundos. Tal fantasía
se hace realidad cuando se está a bordo
del "poderoso helicóptero de Traffic Center", la constante "ave de hierro" que sobrevuela la ciudad de lunes a viernes durante las horas pico.

Apenas la nave se eleva sentimos caer el peso de la congestión: dejamos
el tráfico en el suelo, junto con una ciudad enorme, que a medida que
ascendemos se va haciendo más pequeña, más plana, más atiborrada
de vehículos y de casas en las zonas populares.

Desde lo alto, la autopista parece un enorme espejo que refleja un brillante
sol, mientras, a su lado, el río Guaire se extiende casi de forma paralela
hasta perderse de vista... A varios cientos de pies del suelo, Caracas,
literalmente, se ve enclavada en las faldas de El Ávila. El enorme cerro
luce más alto, más fornido e imponente. Parece una gran muralla que
protege la ciudad. Las sombras que proyecta al atardecer son
sorprendentes. Su verde es limpio, impecable, y contrasta fuertemente
con el smog concentrado que reposa sobre el techo de la metrópolis.

A las cinco de la tarde, Caracas es un inmenso aparcadero de vehículos
en cualquier dirección. Entonces se nota cómo la proliferación de
automóviles hace intransitable la ciudad. Sin duda, hay más carros
de lo normal.



Con sorpresa se comienza a identificar
lugares del día a día que desde
el aire muestran un aspecto pocas
veces apreciado: la belleza europea
de la Plaza Altamira; el confuso
manojo de vías que confluyen
en el distribuidor La Araña; las pobladas
áreas verdes que en su interior atesoran
Los Bloques de El Silencio, imagen
nunca percibida desde la avenida Baralt.



 

 

 

 






Por su parte, los centros comerciales, gigantes desde la tierra, son construcciones que apenas resaltan cuando se observa desde el aire la mole
de concreto que es Caracas. El Tolón no es más que un triángulo modesto, El Recreo un edifico
más, y el Sambil una referencia difícil de ubicar.
Los estadios Olímpico y Universitario parecen piezas de maqueta, pulcros y recién remodelados.
Las torres de Parque Central, usualmente vistas
como el punto más alto de la ciudad, son desde
el helicóptero largos y delgados tubos de cemento que opacan a un minúsculo Teatro Teresa
Carreño.

Parque Central






La amplitud de los campos de golf discrepa
del hervidero de casas que se amontona en
el barrio Petare: grandes montañas cubiertas
de bloques hasta el último centímetro. Millones
de techos de zinc producen un espectáculo
alucinante. Es alarmante observar cómo la ciudad ha sido víctima de la superpoblación.
No obstante, quizá en su esfuerzo último por resistir, se empeña en no perder las formas naturales de sus paisajes, lo cual le brinda
a las zonas populares un aire de bien
elaborada obra arquitectónica. Literalmente,
son montañas de casas. Parece mentira
que haya tantos ranchos en Caracas...



Estadios Universitarios


 

 

 

 

 



Recorremos la ciudad de este a oeste, de norte a sur, todo en un par de minutos;
vamos hasta Hoyo de la Puerta -a la vista la Universidad Simón Bolívar-, luego
pasamos sobre la UCV, y en un instante estamos sobre la UCAB, en Antímano. Apenas si ha pasado el tiempo. Al rato volamos sobre el casco central, después
sobre La Castellana y en un parpadeo divisamos Coche, El Valle, y a dos pasos
el Puente Llaguno; merodeamos una y otra vez Parque Central, el Centro Simón Bolívar y las abundantes piscinas del Country Club, todo a la vez... Sí, Caracas
es pequeña. No obstante, comprobado está, en ella cabemos todos.

Hotel Tamanaco



Ver también:
- Llegó Miranda
- 12 segundos de oscuridad y de luz con Jorge Drexler

- La mole de concreto a vuelo de pájaro
- Claire Danes Como caída del cielo
- Ralph Lauren Un sueño americano

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso
s