
Federico
Vegas
¨Todas las ciudades
inspiran, pero ninguna
como Caracas
¨
Creció en los cincuenta, años del esplendor capitalino. En esa época
se enamoró de Caracas, ciudad que más que una influencia es su estilo
de vida Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand
Hace diez años, tras una vida entregada a la arquitectura, Federico Vegas decidió "enseriarse" con las letras para demostrar un especial talento que le acredita la publicación de tres libros de cuentos, tres novelas, dos colecciones de artículos periodísticos y ensayos, y el primer lugar en un prestigioso concurso literario. Quizá por esa mezcla de oficios es que tiene una visión tan particular de esta metrópolis donde nació.
"Las ciudades son arquitectura y literatura", generaliza, y luego apunta: "Y aunque todas causan inspiración, otras no lo hacen con tanta vehemencia como ésta", exclama quien asegura haber vivido la época dorada del desarrollo capitalino.
"Por fortuna, asistí al momento de mayor esplendor de Caracas, aunque fue también el de mayor abandono a la historia, lo cual originó una crisis psíquico-colectiva-urbana que nos confundió los tiempos", dice, y es que, explica, el boom urbanístico
de los cincuenta implicó una nueva organización de la capital, expandiendo sus límites y levantando vanguardistas edificaciones. El problema fue que aquello
ocurrió sin considerar la herencia colonial de la ciudad.
"Aquella Caracas estaba volcada al futuro, era optimista, moderna, emblema sudamericano: eso quedó en el ayer. Pero ese pasado brillante rompió nuestra memoria histórica. Fue una esquizofrenia que estalló con la conquista del este, cambiando lo colonial por urbanizaciones aisladas. De las casas con patio pasamos
a residencias con jardines comunes", asegura, y agrega: "Tenemos un pastel temporal, pues aquel momento cumbre fue a su vez una traición a la historia".
Ya en los setenta Vegas cursaba estudios en la Universidad Central de Venezuela,
un sitio "espectacular, hermoso… Una gloria para todo el que ha pasado por allí".
El escritor recuerda que caminar por sus pasillos le producía una efervescencia indescriptible. Lo que lamenta es que la mayoría de los caraqueños no conozca
este Patrimonio de la Humanidad.
Uno de sus lugares favoritos está bajo el Puente de Las Fuerzas Armadas, pues allí halla un tropel de vendedores de libros a quienes ha comprado muchos de los que hoy conforman su gruesa biblioteca personal. Quizá por ello Federico Vegas no
se indigna tanto por los buhoneros como por la cantidad de autos en las calles.
Asegura que quienes se trasladan solos en enormes carros de lujo son los principales "enemigos" de la ciudad. "Muchos dicen: '¡Qué injusticia, la economía informal se adueñó de Caracas!'; pero no comprenden que lo mismo ha hecho una pila de gente que anda en sus carros por no haber aprendido a compartir y disfrutar el espacio público y, por ende, lo han convertido todo en privado", reflexiona.
Lógicamente, como cualquier ciudadano agradece lo bueno y reprocha lo malo
de su metrópolis, aunque prefiere fijarse en lo grato. "En Caracas lo que no podemos cambiar es maravilloso: la altitud, la colocación con la montaña, la relación con el
mar, el paso de los vientos, el aire y la luz, la topografía autolimpiante, las colinas
al sur, el clima, la temperatura, la ubicación, la bella naturaleza que se da sin ningún esfuerzo", dice con emoción, y remata: "Su geografía es tal que uno puede atravesar urbanismos y arquitecturas terribles y aún decir: ¡Qué bella es Caracas!".
Por eso es que esta ciudad, a través de sus luces, sus verdes y sus voces, le habla
en un tono que entiende y asume no como una influencia, sino como un estilo
de vida: el ser caraqueño.
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