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Más que ALIMENTOS
Los llamados alimentos funcionales están cada vez más presentes en los supermercados, pero ¿sabes qué son y qué efectos tienen sobre tu salud y la de tu familia?
Por Eva Calvo
Un análisis de la literatura existente sobre la hormona de crecimiento humano determinó que si bien la masa corporal magra aumentó, la capacidad de hacer ejercicio no registró ningún incremento.
Cuando éramos pequeños, nuestras madres elegían entre una u otra marca de leche, yogur o galletas para nuestro desayuno guiándose por los sabores que más nos gustaban; y cuando compraban huevos miraban el tamaño o el color.
Hoy, sin embargo, cuando recorres el supermercado empujando el carrito de la compra con una mano y sujetando a tu hijo con la otra, encuentras en las estanterías alimentos enriquecidos con calcio, vitaminas o ácidos grasos Omega-3, productos sin gluten, probióticos... Muchos de ellos se engloban en una categoría que cada vez tiene más peso en nuestra dieta: la de los funcionales. Pero ¿en qué consisten y qué los diferencia del resto?
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BUSCANDO EN LA DESPENSA
Aunque el concepto de ingrediente funcional sea relativamente reciente, hay muchos alimentos que ya se encontraban en las despensas de nuestras abuelas y que contienen de forma natural componentes que pueden aportar beneficios a nuestra salud. En este sentido, también pueden considerarse, de algún modo, funcionales.
Numerosos estudios demuestran que el consumo de aceite de oliva reduce el riesgo de padecer determinadas enfermedades, como las coronarias y la hipertensión arterial. Y hay muchos otros ejemplos: así, el pescado azul es especialmente rico en ácidos grasos Omega-3, los cítricos, el tomate y la papa poseen vitamina C, las legumbres tienen hierro y zinc y los cereales son una gran fuente de fibra soluble y vitamina E. |
Según los expertos, un alimento funcional es todo aquel que contiene uno o varios elementos que, además de nutrir, aportan efectos beneficiosos para la salud de la persona que lo consume.
Es decir: tomados de forma continuada y en cantidades normales dentro de la dieta, estos alimentos pueden mejorar determinadas funciones del organismo o ayudar a reducir el riesgo de contraer enfermedades.
A la hora de consumirlos o de dárselos a tu hijo (ya sabes que en todo lo relativo a su dieta es necesario que consultes con su pediatra), te resultará de gran ayuda saber qué hacen exactamente los distintos tipos de alimentos funcionales.
¿POR QUÉ SURGEN?
Hoy día ya nadie duda de la decisiva influencia sobre la salud que tiene una dieta sana y equilibrada. Y cada vez son más los productos que ofrecen nuevas posibilidades en este sentido. Muchos de ellos están dirigidos a grupos de población con necesidades nutricionales específicas (embarazadas, madres de lactantes, niños y jóvenes en edad de crecimiento, personas con alergias alimentarias...), pero también hay otros que están destinados a toda la población o a aquellas personas que necesitan compensar desequilibrios provocados por nuestro estilo de vida actual, en el que predominan las prisas, el estrés y las comidas rápidas.
INGREDIENTES FUNCIONALES
Para convertir en funcional un alimento pueden seguirse varios caminos. Así, es posible eliminar un componente concreto (es lo que ocurre en los productos para celíacos, en los que se quita el gluten, una proteína contenida en el trigo, el centeno y la cebada). También puede aumentarse la concentración de un ingrediente que tenga el propio alimento o añadir uno nuevo del que hasta entonces carecía, cambiar uno por otro. Entre los ingredientes funcionales más usados están: Minerales. Como el calcio (esencial para los huesos y los dientes, contribuye a prevenir la osteoporosis) o el magnesio, el hierro y el zinc, que fortalecen el sistema inmunológico.
Vitaminas. Entre ellas la D, que favorece la absorción del calcio; la A, que participa en la formación y el mantenimiento de los tejidos; y el ácido fólico, que previene malformaciones en el tubo neural.
Un alimento funcional
es todo aquel que contiene uno o varios
ELEMENTOS que, además de nutrir, aportan efectos beneficiosos para la salud de la persona que lo consume
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Antioxidantes. Especialmente las vitaminas C y E, los carotenos y los flavonoides, que entre otras cosas reducen el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Ácidos grasos esenciales. Como los Omega 3, que también tienen un efecto protector del corazón y mejoran las funciones cerebrales.
Prebióticos. Son sustancias como los oligosacáridos o la fibra soluble, que nuestro organismo no puede digerir, pero a las que sí puede sacarles provecho: llegan casi intactas al colon, donde estimulan la producción de microorganismos buenos para la salud. Probióticos. Son microorganismos vivos (bifidobacterias y lactobacilos) que se encuentran en el yogur o las leches fermentadas y que poseen efectos positivos para la salud. Así, se ha probado su eficacia a la hora de ayudar a fortalecer el sistema inmunológico y, por lo tanto, de defendernos ante las enfermedades. También influyen sobre la función intestinal, ejerciendo un papel destacado en la prevención y el tratamiento de la diarrea y contribuyendo a la recuperación de la flora después de una infección o tras el consumo de antibióticos.
NUTRICIÓN ÓPTIMA
Pero además de estos componentes, la industria está investigando muchos otros elementos con posible efecto funcional. Se trata, en definitiva, de buscar nuevos alimentos que, consumidos dentro de un estilo de vida equilibrado, puedan servir para completar o compensar la dieta y así sacar el máximo provecho de ella.
Y es que el concepto de "nutrición adecuada" (la que satisface las necesidades orgánicas) está siendo sustituido por el de "nutrición óptima": aquella que, además, favorece la salud y el bienestar de la persona.
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