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Raulito Amundaray recita
El reconocido actor vivió una prolífica vida estudiantil extra cátedra en sus años mozos. En estos momentos el actor forma parte del elenco de ¿Vieja, yo?, de Venevisión, donde le da vida a Don Pipo, abuelo de José Antonio (Adrián Delgado), el protagonista. Años atrás -según cuenta- era el favorito para los actos culturales. "Para mí era un placer, un honor y un privilegio cada vez que las monjitas del Buen Consejo, de Monte Piedad, me elegían para un acto cultural. 'Hoy Raulito Amundaray recita', 'Hoy Raulito Amundaray hace de sacerdote', 'Hoy Raulito Amundaray hace de médico'… Se volvió una costumbre verme encabezar esos eventos colegiales. Las hermanas tuvieron una visión futurista sobre lo que iba a ser mi carrera. Me enseñaron a recitar poemas religiosos; después, yo caí en lo dramático, en lo romántico y en lo erótico, que era lo que estaba prohibido en el recinto (risas). Me ponía especialmente nervioso en el homenaje a las madres. Para cuando me tocó actuar en el primero ya estaba más grandecito y escribía mis propios poemas a las madrecitas, el pequeño teatro se llenaba, era muy grato. ¿Una anécdota? Había una muchachita que me gustaba mucho y siempre le decía bajito al oído: 'Este poema te lo dedico a ti', y después se lo presentaba al resto del público".

FOTO: CORTESÍA RAÚL AMUNDARAY
Con su música a otra parte
Hace rato que no se sabe de Kiara, pero muy pronto su nombre volverá a sonar con la apertura, en noviembre, del restaurante Capital Jazz & Bistró, su propio negocio gastronómico-musical ubicado en el quinto piso del Tolón Fashion Mall. En medio del ajetreo que le produce tal empresa Estampas escudriña en esas anécdotas escolares que siguen sonando en su memoria. "A mis 13 años, estando como en sexto grado, me metí en la coral de mi colegio que era el Santa Rosa de Lima. Duré muy poco, el profesor de música me botó, delante de todo el mundo, porque, según él, yo cantaba muy duro, muy ronco y con un vibrato especial, lo que me distinguía de las demás, y debíamos sonar como una sola voz. Lo peor es que tenía razón. Hoy en día se lo agradezco porque, a lo mejor, si no me hubiera botado, yo no sería la cantante en la que me convertí. Ahora bien, el hecho de que no estuviese en la coral no me impedía cantar; el Día de la Virgen María o el Día del Árbol, por ejemplo, me sentaba a entonar, con mi guitarra, algo que yo había compuesto y recibía muchos halagos, sin tener la conciencia de ese don para la música que heredé de mi mamá. Una vez hasta le plagié unas líneas a Frank Quintero (risas), de quien siempre he sido admiradora, sin saber, como toda niña, las implicaciones que eso podía tener. Cuando lo conocí se lo dije y se murió de la risa. Comencé tocando, con mi cuatro, las mismas canciones que se aprende todo el mundo cuando está empezando: Compadre Pancho, Brisas del Torbes y para de contar".
Llanera intensa
Elaiza Gil hace las veces de Ixorita Fuentes, una pícara amante del serio Justo (Jean Carlos Simancas) en ¿Vieja, yo? Su presente como actriz oculta un pasado musical gestado en sus años escolares. "Yo estudié en La Concepción de Montalbán. Siempre estuve metida en cuanto acto cultural hubiese (risas). Para esa época también estudiaba en Las Voces Blancas de Elisa Soteldo y todo lo que aprendía allí lo aplicaba en la escuela. En tercer grado, la profesora de matemáticas decía: 'Si terminan de resolver rápido el ejercicio que les puse, Elaiza les baila tap'. Eso me daba cierta potestad para escoger el elenco de las obras: si eras amiga mía estabas dentro (risas). A la hora del recreo no recuerdo haber estado en un columpio o una rueda sino cantando los temas de Timbiriche (risas). Esta foto fue como en primer grado disfrazada de llanerita. Mi mamá me pintó la boca con un rojo intenso y me puso mi flor en la cabeza. No quería comer nada para que n o se me cayera la pintura. Juraba que me la estaba comiendo y terminaba payaseándole a todo el mundo, era muy extrovertida y coqueta. Mi mayor trauma de esa época fue que, en una oportunidad, monté todas las coreografías de las gaitas de diciembre y, al final, me pusieron de Virgen María en el nacimiento viviente. Estaba histérica, lo que quería era bailar. Total que cuando el coro cantaba: 'La Virgen María entró a Nazareth', yo entraba con una sonrisa de oreja a oreja como que estaba en una pasarela. Mi mamá, apenas, atinaba a decirme: 'Pero, hija: la Virgen no es así'".
Muy buena alumna
La despampanante Beba Rojas vuelve a montarse en las tablas con la obra La gran Raquel, a estrenarse a finales de año en el Celarg. Para ella, el teatro ha sido una práctica de vida. Al menos así lo confirma cuando se remonta a su época estudiantil. "Estudié en el Santa Luisa, un colegio de monjas que queda en Prado de María. A las profesoras de música les pareció que tenía buen oído y bonita voz y pronto me convertí en una de las solistas de la coral. Hace poco vi fotos de esa época en mi Facebook y me dio un ataque de risa recordando aquella toga azul larguísima que nos ponían. Siempre estuve involucrada con los actos culturales del colegio y, después, del liceo. Estudié bachillerato en el Urbaneja Achelpohl y allí era reina un año sí y otro no. Sí era una chica popular, justamente por extrovertida y porque, además, fui muy buena alumna. Mi mayor influencia en estos menesteres artísticos es un primo mío que se llama René Romero, que es cantante; de hecho, las pocas fotos que yo tengo de esa etapa colegial se las debo a él. Mi papá y mi mamá no tenían la posibilidad de hacer ese registro porque trabajaban muchísimo para poder darnos calidad de vida a los tres hermanos. Bueno, en esta búsqueda, a mi mamá le dio su carguito de conciencia y me dijo: 'Hija, no hay fotos tuyas de esa época, pero no porque yo no quería sino porque no podía'. Yo le digo: 'Tranquila, mami. Yo lo sé, mami, yo lo sé'. Ella y mi papá siempre me apoyaron en todas mis participaciones culturales en el colegio. Eso sin contar que mi hermana mayor me ayudaba constantemente con las coreografías".

¡O sea, hello!
La simpática Rosmery Marval, quien le da vida a una carismática sifrina que lleva su mismo nombre en la serie Somos tú y yo, de Venevisión, rememora, a sus 16 años, su paso por el kinder. "Estudié en el preescolar Los Tricolores, de Los Teques. Era súper extrovertida, siempre me gustaba estar en todos los actos culturales del colegio. Lo que ves en la foto es una ocasión en la que a todos los alumnos nos tocó disfrazarnos de profesionales de distintas áreas. A mí me tocó de cocinerita. Mi mamá me cuenta que fue una experiencia muy cómica porque, en plena función, ninguno de mis comp añeritos quería hablar, y como yo me sabía el parlamento de todos, levantaba la mano y decía: 'Yo me lo sé'. También me tocó hacer de fantasmita en la obra Los Cazafantasmas que montamos en primer grado del colegio Manuel Díaz Rodríguez".
Chabelita va al colegio
Yalitza Hernández, mejor conocida artísticamente como Chabelita, tuvo -según cuenta- una notable participación en los eventos culturales de su escuela. La actriz y comunicadora social, hoy en día ancla de la emisión matutina de El Noticiero de Televen y voz de las promociones del canal por suscripción Cinemax, hace un flashback en lo que denomina una época dorada. "Estudié en el colegio Niño Jesús de Praga, en Gato Negro. Allí se esmeraban mucho en todos los actos culturales. Y yo siempre levantaba la mano para participar en ellos porque era medio 'salidita' (risas), me encantaba. Empecé como angelito a los seis años de edad. A los ocho, mis momentos escolares coincidieron con mi incursión en la televisión como Chabelita en la t elenovela La Fiera de Radio Caracas, lo cual así como me trajo muchas satisfacciones personales me acarreó rivalidades de mis compañeritas y, también, algunos comentarios malsanos de ciertos profesores. En todo caso, de esa época, recuerdo, gratamente, una presentación en la que me disfrazaron de negrita a punta de panqué. Era un sketch de una mujer que tenía que hacer los oficios del hogar y terminaba evadiendo sus responsabilidades bailando. Al salir de ese acto me fui, sin cambiarme, a una feria en Plaza Venezuela y la gente me veía raro, pero no dudaban que yo fuera realmente una negrita. Ni mi madrina, que sí era negrita, me reconoció. Toqué la puerta de su casa y le dije: 'Señora, ¿necesita una muchacha de servicio?', y me dijo: 'Ahorita no, mija', y me trancó la puerta en la cara (risas). Es una etapa de mi vida que recuerdo con mucha alegría, pero también con mucha nostalgia".
Bailando con una estrella
Carolina Perpetuo, como otros incluidos en esta galería, está en el elenco de ¿Vieja, yo? como Rosalía, una mujer que sufre y perdona la traición amorosa de su esposo, un asunto impensable para Perpetuo en aquellos momentos escolares en los que su mayor preocupación era bailar. "Estudié en el colegio Cecilio Acosta, en la vereda de Coche. Siempre fui una alumna aplicada, de diplomas de buena conducta y demás. Los actos culturales me apasionaban. Desde primero hasta quinto grado participé en todos los montajes. Pertenecía al ballet del colegio y eso me hacía elegible para todas las presentaciones. Eran unas clases de ballet muy elementales, la profesora tampoco era Keyla Ermecheo, pero era muy exigente en la incorporación del elemento histriónico, lo cual terminó sirviéndome para trabajar lo introvertida que era como niña. En esta foto estoy en un número de samba, tipo Carmen Miranda (risas). Los nervios me carcomían, sobre todo cuando me asomaba por el telón y veía que la cosa estaba a casa llena. Este era uno de los muchos trajes que tenía para esos menesteres, mi mamá hizo un gran sacrificio para comprármelo, la pobre. Para mi papá era plata perdida, él decía que yo jamás me iba a ganar la vida como artista".
Dos en una
La animadora Alexandra Braun siempre ha compartido sus minutos de fama con su gemela Karina. Actualmente, ambas conducen I qué decir, un espacio de farándula en Canal I. La figuración por partida doble no variaba en sus años escolares. "Mi hermana y yo estudiamos en el colegio Sorocaima de Baruta. Para todo el mundo éramos las morochitas Braun. Nunca fuimos las chicas populares, más bien solíamos ser recatadas. A pesar de ello, y para martirio de Karina, yo fui la reinita de cuarto grado. Digo para martirio de mi hermana porque a ella le gustaba el rey (risas). Más adelante, en bachillerato, participábamos en los sociodramas, los hacíamos sobre la importancia de la moda en la sociedad venezolana, por épocas: los sesenta, los setenta, los ochenta… Fusionábamos todo en un musical. En esos casos, a mí me tocaba la parte de producción y mi hermana sí estaba en el escenario; se desquitó, pues, de aquel reinado (risas)".

pblanco@eluniversal.com
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