EL ARTE como escuela
La plástica ayuda a ver el mundo de una manera distinta, el teatro mejora la disposición para lo científico y la música favorece la concentración. Así lo explican tres apasionados docentes cuyo eje central de enseñanza es la actividad creativa, esa misma que -según ellos- alborota las neuronas para bien del aprendiz
Por Pablo Blanco. Fotos: Natalia Brand

Carlos Alzuru encuentra
estimulante buscar nuevas
formas de enseñar |
¡OH, CAPITÁN!, ¡MI CAPITÁN !, LEVÁNTATE Y ESCUCHA LAS CAMPANAS, LEVÁNTATE, POR TI SE HA IZADO LA BANDERA, POR TI VIBRA EL CLARÍN, PARA TI RAMILLETES Y GUIRNALDAS CON CINTAS, PARA TI MILTITUDES EN LAS PLAYAS, POR TI CLAMA LA MUCHEDUMBRE, A TI SE VUELVEN LOS ROSTROS ANSIOSOS: ¡VEN, CAPITÁN! ¡QUERIDO PADRE !
-Walt Whitman |
¿Para qué sirve el arte? Si se introduce esta pregunta en algún buscador de Internet se encontrarán respuestas como: "para nada". Y es que, desde tiempos remotos, no es extraño escuchar prejuicios en torno a este tipo de actividad creativa como forma de vida. A propósito del tema, y en el marco del inminente regreso a clases, tres docentes, encargados de despertar la sensibilidad artística de sus alumnos, exponen sus experiencias académicas y sus filosofías de enseñanza. Carlos Alzuru, maestro de Artes del Colegio Integral El Ávila, Basilio Álvarez, docente, actor, director y dramaturgo, fundador del taller teatral Skena, del Colegio Champagnat, y Víctor Mata, violinista profesional y profesor de música del Colegio Emil Friedman, responden, en las líneas que siguen, para qué sirve el arte dentro del aula de clases.
Érase una vez la plástica
"¿Sabían ustedes que el papá de Paul Klee no quería que él fuese pintor sino pianista? Pues sí, entonces él tenía que hacer sus dibujos a escondidas. ¿Que quién es Paul Klee? Ya les voy a contar". Así puede comenzar una clase de Artes para los alumnos, en edad preescolar, de Carlos Alzuru, maestro del Colegio Integral El Ávila, de Terrazas de El Ávila, cuenta-cuentos profesional y pintor por naturaleza. Su meta como docente, según explica, es no repetirse. Su esfuerzo ha valido la pena. "En una oportunidad, uno de los representantes de una alumna mía, de cinco años, me contó una experiencia sorprendente que tuvo con la pequeña en el Museo del Louvre, en París. Cuando ya tenían dos o tres horas recorriendo el recinto, la pequeña le dijo: 'Papá, vámonos, estoy muy cansada'. A lo que él le respondió: 'Pues no, la entrada a este sitio es muy cara, así que nos quedamos hasta recorrerlo completo'. En medio del estrés que les generaba a ambos la situación, la niña se detiene a ver un cuadro y le dice: 'Este me lo sé'. Y él, incrédulo, le inquiere: 'Ajá, a ver, ¿cómo se llama?'. Y la chiquilla responde: 'Son Las Bodas de Caná de Tintoretto'. El padre apenas pudo acercarse a ver la inscripción de la obra y comprobó que lo que la nena decía era verdad. Eran Las Bodas de Caná de Tintoretto".
Retrato de un maestro
"La principal ventaja que tengo es que el Colegio Integral El Ávila pertenece a un proyecto que se llama Centro de Artes Integradas, por el cual el arte es parte fundamental del pénsum", continúa Alzuru. "Siempre comienzo mis clases con las biografías de los pintores nacionales o universales que vamos a estudiar, desde Reverón hasta Picasso. Y como soy cuenta-cuentos uso esa herramienta para relatarles la historia, subiendo y bajando mi tono de voz, buscando distintos matices para hacerles el asunto interesante. Con el tiempo me he dado cuenta de que los detalles biográficos que más les interesan a mis alumnos son aquellos que hablan de cómo los artistas se hicieron artistas, a veces, en contra de la voluntad de sus padres. Como mi mamá que siempre decía que el arte era pa' locos. Ya no lo dice, aunque creo que aún lo piensa (risas). Yo, particularmente, creo que el mayor aporte de la plástica es que ofrece una manera distinta de ver el mundo, además de que te genera tu propio sentido de la estética. La inteligencia consiste en hacer asociaciones y eso es lo que permite, no solamente la plástica, sino toda actividad creativa. En la medida en que eres más creativo tienes mayor flexibilidad y apertura mental ante las cosas".
La sociedad de los poetas vivos
"Mi interés por la plástica llegó a mí un poco tarde, exactamente a mis 22 años (tiene 48), y gracias a esa búsqueda en la que ya andaba como docente recién graduado", prosigue Alzuru. "Recuerdo, especialmente, un taller de poesía que dicté, en 1997, para cuarto grado de primaria de este mismo colegio. En ese proceso de reinventar la cátedra compartía con los niños fogatas, tardes de lluvia y sesiones musicales. Después les pedía que escribieran sobre eso, mientras estudiábamos las metáforas de Lorca y Neruda. Al final del curso les pedí que elaboraran un dibujo sobre su poema. Terminamos haciendo un libro al que bautizamos El cuarto poético, en alusión a esa sección de cuarto grado. La portada la componían cuatro dibujos que resultaron ganadores de un concurso que llevamos a cabo en el que les solicité que intervinieran la obra El Cuarto, de Vincent van Gogh. Hubo quien le puso una tabla de surf, otro una alfombra de Mickey Mouse… Todo eso lo incorporamos, posteriormente, a la clase de matemáticas de la siguiente forma: Les dije a los muchachos: 'Vamos a montar una empresa'. Le pedimos al colegio que nos hiciera el préstamo de un capital al tres por ciento de interés. Con eso le pagamos a una amiga mía para que nos dictara un curso de encuadernación. Hicimos marca libros y carpetas y los vendimos. Con el dinero obtenido mandamos a sacar una copia a color de El cuarto poético para cada alumno. No te imaginas lo gratificante que es, para mí, crear maneras de enseñar".

Más que para aprender a actuar,
los talleres de Skena les sirven a los
pequeños para aprender a expresarse |
Teatro para la vida
"En mi familia, antes de que yo naciera, todo el mundo se había puesto de acuerdo para no relacionarse. Por eso tengo que agradecerle al teatro y, en particular, a los miembros de este grupo, el hecho de que se hayan convertido en una nueva familia para mí". Lo dijo Gustavo, un adolescente de quien no se revelará su verdadero nombre por razones obvias. Como alumno del colegio Champagnat, de El Cafetal, perteneció a Skena, taller teatral permanente de ese recinto, fundado -hace 29 años- por Basilio Álvarez, de conocida trayectoria sobre las tablas. Lo que comenzó como un grupo escénico estudiantil terminó funcionando como un proyecto de teatro educativo. Hasta la fecha, el experimento ha traído resultados impensables. Así lo explica Basilio. "Los representantes de los estudiantes y yo temíamos que los muchachos fuesen a descuidar los estudios. Pero nunca ha sido así. Incluso los chamos que tienen récords académicos muy malos se meten en el taller y comienzan a salir bien en sus materias, simplemente porque entienden lo que una disciplina. Después, también descubrí que el teatro mejora la disposición para lo científico. Un dato curioso es que la gran mayoría de los que pasan por aquí no termina dedicándose a las tablas, pero si te los encuentras en la calle son, casi siempre, profesionales exitosos a los que les notas una particular conciencia de trabajo en equipo. Con todo y eso mucha gente todavía piensa que el arte es para loquitos irresponsables".
Las tablas, espacio sagrado
"Si quiero sacar un conejo del sombrero, ese conejo tiene que estar dentro del sombrero. Es una frase de Skena que lo que quiere decir es que la magia no surge por arte de magia, sino que todo, absolutamente todo, es cuestión de preparación", comenta Álvarez refiriéndose a su método de enseñanza. "Más que para aprender a actuar los talleres de Skena les sirven a los muchachos para aprender a expresarse tanto vocal como corporalmente. Este es un espacio sagrado donde nadie te juzga, donde se propicia la comunicación con el otro y el respeto por lo que ese otro es y hace. No hay evaluación. La idea es hacer un trabajo en equipo que termina en una obra de teatro. Durante los primeros tres meses ellos ni saben qué obra van a montar, por la sencilla razón de que, en muchos casos, la pieza se escribe para el grupo de turno. En cuanto a la teoría, si es un texto de algún autor clásico se estudia la época de ese autor, así como el contexto de la pieza. Pero en el taller le damos a todo una aplicación práctica. Todo lo que les mandamos a investigar lo van a emplear dentro del montaje como referencias de escenografía y vestuario, entre otros elementos. Todo el grupo está involucrado en la producción. La idea es que hasta el más mínimo pedazo de tirro haya sido pegado por ellos. Que cuando entren puedan decir: 'Ese tirro lo pegué yo, qué orgullo'".
La lección de Eva
"¿Que cómo me convertí en profesor de teatro?", recuerda Basilio. "Estando yo en cuarto año del Champagnat pasaron unos ex alumnos por el salón invitando a formar el grupo de teatro del colegio. Ni les hice caso, no me interesaba. Hasta que dijeron: 'Eva, tú no puedes faltar porque eres muy buena actriz'. Eva Briceño era una muchacha de la que yo estaba enamorado, de manera que yo tampoco podía faltar. Finalmente, llegó aquel viernes, 13 de octubre de 1979, y lo que, en principio, no me llamaba la atención en lo más mínimo, terminó conquistándome. El primer ejercicio era crear una historia con el significado de tu propio nombre. Basilio, en griego, significa 'rey', entonces tuve que armar la historia de mi reinado. Me gustó tanto la dinámica que allí me quedé. Cuando me hice docente en física y matemáticas, quise darle la vuelta a las sesiones de teatro y las transformé en un taller educativo, con el apoyo del director del instituto Raúl Salas. ¿Eva? Nunca asistió a aquel llamado".
El instrumento del alma
El pequeño estudiante de violín no progresaba. Y eso que, desde el principio, se empeñó en que lo que quería era ser violinista, pero le había costado mucho adaptarse al instrumento. Sus padres sufrían y él, por supuesto, también. Un buen día, se le ocurrió acompañar a un amiguito a sus clases de contrabajo. De repente, su maestro de música se dio cuenta de que aquel jovencito tenía vocación para ese instrumento. En tres meses progresó el doble de lo que había avanzado en tres años. Hoy en día es uno de los principales contrabajistas del colegio Emil Friedman, de Los Campitos. Su nombre es Alfredo Supino y es protagonista de una de las anécdotas del profesor Víctor Mata, violinista y docente de este recinto, miembro fundador del Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. "¿Que cómo me ven a mí? Algunos como el profesor serio y formal, otros me tutean, me tratan como a un pana. Yo no les pongo barreras más allá de la formalidad académica de que yo soy quien los está instruyendo. Acá tengo 10 años enseñando música a grupos de preescolar y a muchachos de bachillerato. Los adolescentes ya uno sabe que son rebeldes, pero de los más pequeños nunca se sabe con qué van a salir (risas)".
El Efecto Mozart
"La premisa del maestro Emil Friedman es la formación integral del estudiante", explica Mata. "Decía que las ciencias servían para el intelecto, el deporte para el cuerpo y las artes para el espíritu. La filosofía que yo aplico en mis clases de música es la misma de todo el colegio: aprender haciendo. No aplicamos la vieja escuela que dicta que el muchacho tiene que pasar un par de años estudiando teoría y solfeo para tocar un instrumento. Por supuesto que se estudia la parte teórica pero, paralelamente, se incorpora lo práctico. Aquí, desde pequeñitos, los ponemos a ejecutar, así sea Los pollitos dicen. ¿Qué si la música favorece el estudio? Ahí tienes el llamado Efecto Mozart, el experimento que demostró que las composiciones de Mozart tienen una repercusión totalmente positiva en el razonamiento. Bueno, para mí, Mozart es la cúspide de todo. La música clásica dispone al muchacho a la organización, favorece la concentración y la creatividad y hasta puede llegar a aumentar el coeficiente intelectual de un individuo. De hecho, acá en el colegio, los alumnos con mayor promedio de notas son los que ejecutan algún instrumento musical. A la hora de estudiar la obra de algún maestro clásico trato de poner en palabras sencillas la importancia de su legado. Y ahora, como tenemos la tecnología a la mano, siempre les pido a mis estudiantes que busquen referencias en Internet. El asunto se torna interactivo porque, a veces, se consiguen unas cosas en Youtube que yo desconocía. Es un constante aprendizaje mutuo".
Pentagrama de alegría
"De muchacho no estaba muy convencido de ser un músico profesional", prosigue Mata. "Llegué a la música por pura casualidad, relativamente tarde, a mis 13 años. Yo vivía en Puerto Cabello y resulta que un compañero mío del liceo, que pertenecía a la Orquesta Juvenil de Venezuela del Estado Carabobo, me animó a que aprendiera a tocar violín. Y aquí estoy. ¿Lo más gratificante de este oficio? Ver a los muchachos triunfar. Cuando llega el día del concierto, y todos lo hacen bien, yo me percato de sus caras de satisfacción. Esa es, para mí, la mayor recompensa. Me erizo cuando te digo todo esto".

La mayor recompensa
de Víctor Mata es ver
a sus pequeños triunfar
el día del concierto |
pblanco@eluniversal.com
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