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Entenderles no es tan difícil


Foto: www.shutterstock.com/joseph

"No sé que hacer con esos muchachos". Esta es la expresión más común que sueltan los padres como grito de auxilio, cada vez que tienen que lidiar con la explosión de hormonas y el carácter atormentado de sus hijos adolescentes. Pero no es imposible acercarse a esta especie de "dimensión desconocida" llamada pubertad. Por Efraín Castillo

 

Recientemente, el psicólogo venezolano César Landaeta publicó Esos "monstruos" adolescentes, libro de orientación para que los padres puedan acercarse, comprender y terminar de criar a los púberes sin morir en el intento. Apelando a sus 25 años de experiencia en el área, el especialista ofrece 10 consejos que podrían ser muy útiles.

Tome nota

No lo olvide: usted también fue adolescente. "El padre tiene que recordar los aspectos positivos que disfrutó en su tiempo, pero también las ansiedades que sufrió y el comportamiento inadecuado que tuvo, para entender un poco la situación actual que atraviesa el hijo". Sin embargo, Landaeta advierte que el progenitor en ningún momento debe justificar los "momentos de rebeldía" de sus hijos utilizando los que él vivió. "Avalar malas conductas con frases como 'yo también me robé el carro' o 'yo me emborraché alguna vez' no ayudan sino refuerzan esas situaciones. El padre debe reconocer esas actitudes de su pasado como debilidades e inconsistencias, de manera de explicarle al adolescente que deben ser superadas y no perpetuadas".

Póngase en el lugar de su hijo. Según Landaeta, hay que aprender a desarrollar la empatía para entender a los muchachos y lograr que ellos entiendan la posición de los padres. "Al recordar las ansiedades y dificultades que se tuvieron para superar la adolescencia, el padre logra conectarse con el hijo y comunicar mejor lo que le quiere enseñar, porque lo ve desde su perspectiva. Una buena opción siempre será decirle: 'yo te entiendo, yo pasé por esto y aquí estoy para ayudarte a superarlo'. Verá que sus hijos estarán menos a la defensiva".

Las reglas deben tener un razonamiento. "Las normas no pueden basarse en 'porque yo lo digo', 'porque me da la gana' o 'porque así me lo enseñaron a mí', porque esto puede exacerbar el espíritu de rebeldía del adolescente. Toda regla debe tener una argumentación sólida soportada en la realidad. Los padres son los representantes de la realidad a la que los adolescentes tienen que estar siempre conectados".

Sea firme, pero no agresivo. "El padre es como una pared que tiene una puerta y un pomo para abrirla. Si el adolescente quiere pasar, no puede estrellarse contra la pared sino buscar la forma de abrir la puerta. Es decir, el padre no debe ser impenetrable ni violento, pero sí lo suficientemente fuerte para hacerle entender al adolescente que no puede hacer todo lo que le motiva su espíritu rebelde".

Aprenda a negociar. "Los padres tienen que enseñar al hijo a negociar equitativamente y aprender ellos a negociar justamente. No con trampas o engaños ni con promesas de premios o castigos, sino con argumentos maduros. Es importante sentarse a hablar para que padres e hijos cedan y en la negociación ninguno pierda".

No trate de ser amigo de sus hijos. De acuerdo a Landaeta, los amigos están a un mismo nivel y pueden hacerse cómplices de travesuras y malos comportamientos. "Los adolescentes encuentran sus amigos en la calle. El padre es la figura de autoridad que debe estar por encima de los hijos, guiándolos y normando su comportamiento hasta el momento en que puedan independizarse".

Esté siempre alerta. Landaeta exhorta a los padres a mantenerse siempre en estado de observación del comportamiento de los hijos, bajo el esquema de alerta pasivo. "No se trata de que estén encima del muchacho porque deben respetarle su espacio. Se trata de observarlos a distancia y verificar su comportamiento de acuerdo a las normas establecidas en casa y a las características propias de la edad. Si el muchacho se aparta de esa línea, el padre debe prestarle atención a la situación y empezar a averiguar qué sucede. Si las señales se vuelven peligrosas (signos de aislamiento severo, borracheras, violencia extrema, etcétera) actúe para detener la situación. Evalúe su entorno".

Adáptese a la realidad actual. El psicólogo recomienda no repetir los patrones que le impusieron en el pasado y comenzar a entender que su hijo ya no es un niño. "Hay que adaptarse a los nuevos tiempos. En esta época, el adolescente es mucho más independiente fuera de la casa y vive en un mundo más abierto. Por eso el padre no puede arriesgarse a castigos corporales o gritos destemplados, sólo porque 'a mí me lo hicieron'".

Escoja sus batallas. "No cace peleas innecesarias con los hijos. Entienda que hay cosas que pueden perderse", dice Landaeta. "El padre no puede buscar ganar todo el tiempo o tener hijos totalmente sumisos o sin rebeldía. Existe un rango de rebeldía sana que le permite al muchacho reafirmar el yo y le da herramientas para su autonomía. A veces los hijos les enseñan a los padres cuando les llevan la contraria y uno no puede aplastarles ese instinto".

Si es necesario, busque ayuda. "Los padres buscan ayuda sólo cuando el muchacho falla en los estudios, porque el rendimiento académico es lo que más les preocupa. Sin embargo, a veces dejan pasar situaciones de riesgo como la promiscuidad sexual, una tendencia a accidentes o un consumo de licor preocupante". Landaeta pide buscar ayuda psicológica cuando sientan que el asunto con sus hijos se vuelve inmanejable. "No es que van air al psicólogo por una pelea. Traten de resolver los problemas con sus propias herramientas. Si no les da resultado, recurran al especialista".

efcastillo@eluniversal.com

Coordenadas:
César Landaeta.
Esos "monstruos" adolescentes. Manual de
supervivencia para padres.
Editorial Alfa. 2008.

Ver también en Encuentros:
- Rostros de la adolescencia
- "Pertenezco y luego existo"

- El arte como escuela
- Un morral lleno de novedades

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Tremenda tarea
- Sube el telón

 
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