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Vista de la ciudad desde el restaurante del Hotel Lido.

SALOMÓN COHÉN

Uno de los empresarios más exitosos del país, reconoce que el camino hacia la riqueza en Caracas está en el mismo lugar de hace 50 años: la construcción
Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand

"El padre del Sambil "

Si se ha preguntado quién es el dueño del Sambil, aquí está: Salomón Cohén. Nació en Jerusalén, y llegó a Caracas a los tres años, cuando su padre buscaba un futuro en Suramérica. Creció en la pobreza, como muchos de los hijos de inmigrantes. Estudió en el Liceo Andrés Bello, daba clases de matemática a sus compañeros para ganar algo de dinero, y ayudaba en la tienda de telas de su padre. En esa época recibía un centavo diario para sus gastos, y no faltaba al cine los domingos. Pero la vida cambió, y hoy, a los 80, es uno de los empresarios más exitosos del país, ingeniero de profesión, y dueño de tantos edificios en esta ciudad que, literalmente, ni él mismo sabe cuántos tiene: "Es que son muchísimos", dice. Ahora, sus días transcurren entre una rutina de ejercicios en el Valle Arriba Atlhetic Club, el dominó puntual de todas las tardes, y los asuntos pendientes de Constructora Sambil, empresa que fundó en 1958 y que dio a la capital no sólo un nuevo paisaje, sino también nuevas relaciones, puntos de encuentro, y enormes centros comerciales sin los que ahora es inconcebible esta metrópolis.

"Claro que me alegra haber construido algo importante para la ciudad, pero no me la paso pensándolo. Yo crecí poco a poco, y cuando eso ocurre, uno se toma todo con calma", apunta.

Ciertamente, llegar adonde está le ha tomado 50 años desde que creó la compañía. "Yo hacía cálculos para obras y me iba bien, pero me di cuenta de que, en esta ciudad, el dinero estaba en la construcción. Entonces tomé dos empleos, trabajaba mucho, hasta las 12 de la noche, y fue la manera como ahorré 100 mil bolívares, que era bastante. Así, por fin, construí mi primer edificio", recuerda.Terminada la obra comenzó otro, y luego otro, y otro, hasta llenar la capital de la llamada "propiedad horizontal".

"Esa idea (la de crear el Sambil) me surgió en Miami, cuando vi la cantida de venezolanos que iba a un famos centro comercial de allá... Aunque aquí teníamos el Lido, pensé que podíamos hacer algo más grande"

A la par se topó con caraqueños definitivos: "Tuve la fortuna de trabajar con Carlos Raúl Villanueva en el Banco Obrero, mientras él construía la Ciudad Universitaria. También fui muy amigo de Billo Frómeta, una gratísima relación", afirma.

Pero no fue hasta 1998 cuando el impacto que ejercía en Caracas se hizo público como nunca. Hasta ese momento, la palabra "Sambil" sólo tenía sentido para los Cohén. Hoy, en cambio, es sinónimo de consumo, y una de las grandes referencias caraqueñas, donde convergen todos los gustos y clases sociales de la ciudad, un elemento que sin duda modificó para siempre la dinámica de esta urbe.

"Esa idea me surgió en Miami, cuando vi la cantidad de venezolanos que iba a un famoso centro comercial de allá, llamado Ventura. Aunque aquí teníamos el Lido, pensé que también podíamos hacer algo más grande", dice. Tiempo después, un amigo le propuso asociarse para concretar un ambicioso proyecto; él aceptó, y nació la mole en el corazón de Chacao. "Qué cosas: y ahora no visito mucho el Sambil, y menos compro en las tiendas. De hecho, rara vez voy a alguna de mis obras. Sólo asisto a las inauguraciones", añade.

Para combatir el tráfico, dos salidas: evita las horas pico, y a veces cruza la ciudad en helicóptero… nada mal. Consciente de su responsabilidad con la ciudad, mantiene Fundana, organismo que socorre a niños víctimas de maltrato, negligencia o abuso en la capital.

Como hace medio siglo, cuando fundó su empresa, cree que el camino hacia la riqueza en Caracas está en el mismo lugar. Por eso, aunque ahora hay más gente y menos espacio, si tuviera que empezar de nuevo en esta ciudad, no lo dudaría: "Me metería en la construcción por 50 años más", asegura.

johan_ramirez3@hotmail.com

Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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