| Pruebas y tribulaciones
Es raro que un individuo se presente a juicio por el mismo asesinato cinco veces .
Max Haines
DESAFORTUNADAMENTE, no hay estadísticas sobre la mayor cantidad de números que un hombre se ha presentado a juicio por un mismo asesinato. Muy posiblemente, John Paris de Tururo, Nueva Escocia, tiene ese récord.
Ocurrió un placentero día de verano de 1921. La pequeña Sadie McAuley tenía nueve años ese 2 de agosto, cuando ella y su amiga de 11 años, Hattie Levigne, salieron de su casa en la calle Clarence en Saint John, Nueva Escocia, para recoger moras. El padre de Hattie había dicho que había muchas moras carnosas cerca del parque Riverside.
Allí fueron las dos pequeñas amigas, llevando frascos vacíos. Encontraron los arbustos de moras, y pronto se les unió un hombre que ayudó a Sadie a recoger los frutos. El extraño dijo que había muchas moras sobre la cerca debajo del monte. Sadie acompañó al hombre.
Una vez que estuvo fuera de la vista de Hattie, la niña llamó a su amiga, pero no recibió respuesta. Vio a algunos hombres locales trabajando en la ruta cercana y le dijo a uno de ellos que no podía encontrar a Sadie. Nadie le prestó mucha atención. Hattie bajó el monte, llamó a su amiga una última vez, luego se fue a la casa y le contó a su madre. Unos pocos niños de Levigne buscaron a Sadie durante la tarde. Cuando no pudieron encontrar a la niña, la madre de Sadie llamó a la policía.
Oficiales de la policía y voluntarios rastrillaron la zona en busca de Sadie. Al día siguiente, la búsqueda se intensificó sin resultados concretos. La policía interrogó a los hombres que trabajaban cerca de la avenida Douglas. Ellos recordaron haber visto a un hombre de aspecto sospechoso paseando por allí. Vestía pantalones caqui, pero no pudieron agregar mucho más. Pasó una semana. El 9 de agosto,
James Kimball, de 13 años, fue a recoger moras al parque Riverside. Se dio cuenta de que no podía alcanzar algunas frutas que colgaban de las ramas más altas. James escaló una gran roca y se estiró para alcanzar. De repente, la roca se resbaló. James perdió el equilibrio y cayó al piso. Se quedó mirando atónito lo que había descubierto: el cuerpo de Sadie McAuley.
Pronto, la colina estuvo lleno de policías de Saint John. Parecía imposible que hubiesen caminado a través de esa área varias veces sin haber descubierto el cuerpo. Luego de un examen más profundo, se reveló que alguien había levantado una gran roca del piso y había ubicado el cuerpo en la cavidad resultante. El asesino había cubierto el cuerpo con pequeñas piedras antes de ubicar la gran roca por encima. El cuerpo había sido disfrazado eficiente y completamente. Una autopsia indicó que Sadie había sido violada y estrangulada hasta morir.
El asesino de la pequeña niña, considerado uno de los más despreciables de la historia de New Brunswick, enojó al pueblo. Se ofreció una recompensa de 500 dólares por información que llevara a la captura del culpable. Esta cantidad, una suma considerable para 1921, fue luego duplicada.
Hattie Levigne le dijo a la policía que el hombre que las había ayudado a recoger moras vestía pantalones caqui, un abrigo marrón, tenía pelo largo y tez oscura. Estaba segura de que reconocería al hombre al verlo.
Se comenzó con la búsqueda. ¿Quién era el hombre extremadamente oscuro que había violado y asesinado a una niña de nueve años a plena luz del día y había desaparecido? La búsqueda del hombre fue la más extensa que se haya hecho en New Brunswick. Varios hombres fueron arrestados sólo para ser liberados más tarde cuando demostraron ser evidentemente inocentes.
Un mes luego del asesinato, Ben Humphrey, un personaje no querido y muy conocido en Saint John, fue a la policía con una historia increíble. El sabía quién había matado a Sadie. Según Humphrey, él había llevado a John Paris, un nativo de Truro, a través del río Saint John alrededor de las 11 am, el 2 de agosto. Había acabado cerca del parque Riverside. A la mañana siguiente, Humphrey declaró que una vez más había encontrado a Paris, quien, nuevamente, le pidió que lo llevara por el río hasta un punto cercano al parque Riverside. Durante el viaje, Paris le dijo a Humphrey que había matado a Sadie y quería ayuda para enterrar el cuerpo. Humphrey sostuvo que no participaría de tal propuesta.
Debido a que el personaje de Humphrey dejaba mucho que desear, la policía no actuó en seguida. De todas formas, cuando John MacDonald apareció y le dijo a la policía que Humphrey le había relatado la misma historia a él antes, tuvieron que tomar en serio la historia. MacDonald agregó que también había visto a un hombre de piel muy oscura paseándose por el parque Riverside el 2 de agosto.
La policía de Saint John viajó a Truro, arrestó a Paris y lo llevó de vuelta a Saint John, donde se le acusó de asesinato.
¿Quién era este hombre que la policía sostenía que era un violador y un asesino? John Paris era un hombre nativo de Truro, de 28 años, miembro de la comunidad negra que vivía en el pueblo de Nueva Escocia en ese momento. A pesar de no leer ni escribir, era un hombre apuesto e inteligente que se ganaba la vida como jornalero. Generalmente, viajaba a otros pueblos marítimos para obtener empleo. En el momento del asesinato, tenía un apartamento en Saint John en la calle Water 181.
John Paris estaba en graves problemas. El 28 de septiembre de 1921, se presentó a juicio por el asesinato de Sadie McAuley. Muy rápidamente, se estableció a través de testigos que Paris había estado en Saint John el día del asesinato.
Allfred Byers estaba visitando a su hermana Berta Croft, ese día, y decía que había conversado con Paris. El apartamento de la señorita Croft estaba en el mismo edificio que el de Paris. Ella también sostenía haber visto al hombre acusado. Bill Sweet declaró que había hablado con Paris en Saint John el 2 de agosto. Ernest Campbell atestiguó haber visto a Paris el 3 de agosto en Saint John. Lo más importante de todo, Ben Humphrey sostenía, vehementemente, que Paris le había pedido que lo ayudara a cubrir el crimen. Si se le creía a Humphrey y al resto de las personas, Paris era culpable definitivamente.
Había una falla en el caso de la parte acusadora. Hattie Levigne dijo: “No, él no es el hombre que estuvo recogiendo moras en el parque conmigo y Sadie”.
La defensa de Paris era bastante simple. Sostenía no haber estado en Saint John en el momento del asesinato. Humphrey estaba mintiendo para poder cobrar la recompensa de 1.000 dólares, y el resto estaba confundido acerca de las fechas. La defensa produjo varios testigos de Truro, que juraron que Paris estaba en esa ciudad en el momento crítico y no había forma de que fuera el asesino.
Stanley Nicholas dijo que Paris estaba en su garaje el 2 de agosto. Varios empleados del garaje verificaron el testimonio de su jefe. Otros nativos de Truro aseguraron que habían visto o habían hablado con Paris el 2 de agosto en Truro. Pero otros dieron evidencia fuerte de que Paris había abandonado Saint John el 23 de julio y había regresado el 4 de agosto, dos días luego del asesinato. Para fortalecer su caso, la defensa presentó al jefe de la policía de Truro, John W. Fraser. Atestiguó que mientras investigaba un robo el 2 de agosto, se había detenido y había charlado con John Paris.
Allí quedó la evidencia. Un grupo de testigos estaba equivocado y el otro correcto. Pendiendo en equilibrio estaba la vida de John Paris. El jurado se retiró para deliberar, pero reapareció, en punto muerto. El jurado de 12 miembros estaba a favor de encarcelarlo por una votación de siete a cinco. Se retiraron y se ordenó un segundo juicio.
El 22 de noviembre de 1921, Paris fue acusado de asesinato una vez más. Los mismos testigos desfilaron por el estrado. Si alguna vez se puso el sistema bajo el microscopio, esa fue la vez. El juicio tomó el aspecto de un evento atlético -Saint John versus Truro. El centro de la atracción, John Paris, mostró evidencia durante 10 horas enteras sin perder la compostura ni una vez.
El equipo de Truro había incrementado su lista para incluir a varias personas que habían hablado con Paris el día crucial. Un testigo, James McNaught, de la Eastern Hat and Cap Co., atestiguó que Paris había firmado un recibo con una X el 2 de agosto. Evidentemente, ese día a Paris se le había pagado 90 centavos por la compañía y McNaught hizo que Paris firmara un recibo por el dinero.
La parte acusadora trató de hallar agujeros en los testimonios de la defensa. Por ejemplo, cuando un testigo, Norman Green, juró haber visto a Paris caminando por las calles de Truro a la luz de la luna llena, los abogados rápidamente mostraron un almanaque que indicaba que la luna no se había elevado hasta altas horas de la madrugada a la mañana siguiente.
En resumen, la acusación concluyó que Paris había abandonado Saint John el 23 de julio pero teorizó que había regresado a Saint John el 1° de agosto, volvió a Truro la noche del 3 de agosto, y regresó a Saint John el 4 de agosto. Para aceptar esta teoría, el jurado tuvo que dejar partir a todos los testigos que juraron ver a Paris en el pueblo de Nueva Escocia el 2 de agosto.
El jurado regresó con el veredicto de culpable. Paris fue sentenciado a la horca el 30 de marzo de 1922. Una apelación fue lanzada sobre el tecnicismo de que por unos pocos minutos durante el juicio Paris no había estado en la sala. Una corte apelatoria creyó que eso era suficiente evidencia para invalidar el juicio.
El 25 de abril de 1922, Paris fue llevado a juicio por tercera vez. Incluso más testigos de Truro aparecieron. Saint John contó también con más testigos. Luego de casi 10 horas de discusión, el jurado regresó en punto muerto, siete a cinco por su encarcelación.
El juicio número cuatro comenzó el 4 de julio de 1922. Los mismos testigos fueron llamados a declarar. Todos dieron la misma evidencia, con una excepción.
Hattie Levigne ahora decía que creía que John Paris podría ser el hombre que la ayudó a ella y a Sadie a recoger moras. Luego de 46 horas de deliberación, el jurado regresó en punto muerto con 10 a favor del encarcelamiento y dos por la absolución.
El quinto juicio comenzó el 26 de septiembre de 1922. Una vez más, Hattie Levigne dijo: “En mi juicio y creencia, ese es el hombre”. Sus palabras parecieron caer en saco roto. De hecho, todo el testimonio, repetido por quinta vez, se había vuelto también conocido. El testimonio había perdido toda la carga dramática. El jurado se enfrentaba con el mismo dilema que los anteriores: a quién creer. Como sus antecesores, simplemente, no sabían. Regresaron de la sala del jurado en punto muerto nueve por la absolución, tres por la encarcelación.
Dos semanas más tarde del quinto juicio, el juez J.P. Byrne indicó que no se tomarían más acciones en contra de Paris. En total, los cinco jurados habían votado 39 a 21 por su encarcelación. La Corona insistía en el derecho a un sexto juicio si lo creían necesario. A Paris se le prometió pagarle 1.000 dólares para garantizar su presencia si el cargo en su contra era revivido. Nunca ocurrió.
Luego de ello, John Paris salió de la sala. El asesinato de Sadie McAuley nunca fue resuelto. l
Ilustraciones: David Márquez |