| “También el Rey de los leones envejece. Había sido el más fiero y poderoso de la selva, pero estaba viejo y casi ciego. A pesar de todo, iba caminando con gran dignidad al frente de su manada de 500 leones. Claro que, como apenas veía, al pasar junto a un pozo cayó en él. Los leones siguieron su marcha. ¿Para qué querían un rey viejo, enfermo y casi ciego? Lo Abandonaron a su triste suerte.
Pero un joven león lo había visto caer en el pozo, y pensó: si durante tantos años he podido vivir a mis anchas, él me alimentó, me protegió y me enseñó a cazar, él me ha favorecido durante muchos años, así que yo debo ahora hacer algo por él”. El león llego hasta el pozo, y comprobó que el Rey no podía salir, porque el caudal estaba bajo. Sacando fuerzas, logró desviar un canal hasta el pozo y, al subir el nivel de éste, el león pudo salir a flote y salvar su vida. No sabemos si el joven león y el Rey siguieron juntos... pero nos gustaría creer que sí”.
Todos llegamos al mundo a través de una familia que nos da la vida, el amor y el cuidado que necesitamos. Sin embargo, cada día hay más personas adultas que no logran sentirse a gusto con la familia. Las relaciones, a menudo, se tornan difíciles, llenas de resentimiento, rencor, envidia, competencia y falta de respeto a la elección de cada uno, especialmente en la etapa adulta. Poner en orden el amor, hace que podamos reconciliarnos con nuestras raíces, y rescatar para nosotros y para nuestros hijos los valores y las tradiciones que alimentaron nuestro árbol de la vida y que nos acompañaron cuando fuimos niños, y que simbolizaron el amor, la educación y la protección que recibimos de nuestros familiares.
Cuando hemos sufrido el distanciamiento o la separación de nuestros familiares, quizás se deba a ciertos eventos difíciles que vivimos junto a ellos, y al no saber cómo solucionarnos optamos por la separación para calmar o desaparecer el dolor. Nos parece que de esta manera podemos dejar encerrados en una especie de cuarto oscuro del subconsciente, aquellos recuerdos negativos que nos afectaron y que nos marcaron en la mayoría de los casos, cambiando nuestra manera de ser o de relacionarnos con los demás. Lo cierto es que todavía siguen ahí, esperando la oportunidad de salir a través de alguna de tus reacciones, en el momento en que alguna situación se asemeje a otra del pasado, y estimule los sentimientos que tienes guardados. Por eso es muy importante hacer una especie de limpieza de viejos recuerdos haciendo uso del perdón, eligiendo el momento en el que estemos más fortalecidos, de manera que vayamos al reencuentro de ellos para enfrentarlos sin temor, y así vaciar ese contenedor, de manera que podamos volverlo a llenar con nuevos y positivos sentimientos y experiencias.
Reconciliarte y aceptar a tu familia es importante para sentirte bien contigo mismo y con los demás. Esto no quiere decir que debas insistir en mantener una relación ideal con ellos, sobre todo si no están dispuestos a hacerlo, lo importante será aceptarlos como son, y tener encuentros de vez en cuando, donde el amor, la aceptación, el respeto y los límites nos permitan compartir e intercambiar el cariño, sin vernos afectados por las diferencias personales.
Poder vivir la relación con nuestros padres, a través de la gratitud y el reconocimiento de todo lo bueno que nos dieron, hará que brote el amor incondicional que sane y fortalezca el vínculo que nos une. Claves para buscar la reconciliación
Acepta a los demás tal y como son. Esto significa reconocer y aceptar las limitaciones y los valores de tus familiares con empatía y tolerancia. Si te resulta muy difícil aceptar a alguno en particular, piensa en cuatro cosas positivas que recuerdes de esa persona en el pasado. Recordar algún aspecto positivo te permitirá verlo de otra manera.
Trabaja en el perdón. En algunos casos no vale la pena recriminar a los padres por los errores que cometieron, más bien perdonarlos y pensar que trataron de darnos lo mejor de lo que tenían, y comprendiendo cuál fue su vida y qué recibieron, podemos conectarnos al amor, para sanar el pasado y borrar cualquier resentimiento para iniciar una nueva relación con ellos.
Asume la responsabilidad de tu felicidad. Deja de buscar culpables o responsables de tu infelicidad, deja de esperar a que te reconozcan y celebren junto a ti tu éxito personal. Busca tu felicidad, experimentando la seguridad y el placer que produce vivir tu independencia emocional, cuando la tengas, compártela con ellos sin temor a perderla o a que te la quiten.
Sé positivo. Mantén siempre una actitud positiva, minimizando lo negativo y exaltando lo bueno. No te dejes enganchar por cualquiera de sus actitudes, comentarios o actuación negativa, recuerda que ya no son determinantes para ti, pues tú has adquirido madurez e independencia emocional y ahora estás en posición de dar y no de pedir.
QUERIDA MAYTTE, me gusta leerte los domingos, porque me parece muy refrescante. Tengo 57 años, y definitivamente tengo miedo a envejecer. Por dentro me siento igual, la misma persona y tal vez este sea el problema, cuando me veo en el espejo resaltan los cambios, ya no tengo la misma energía a pesar de que me mantengo activa. Tampoco quiero caer como algunas amigas en vestirme y someterme a cambios físicos para extender una falsa juventud. ¿Cómo aceptar la vejez sin sentir que pierdo parte de mi vida? M.T.D.
Es natural sentir temor a envejecer, sobre todo en una sociedad que rinde culto a la juventud y a la belleza física, donde a las personas de la tercera edad, con toda la experiencia y el conocimiento que han adquirido a lo largo de sus vidas, se les hace difícil encontrar un lugar desde donde seguir aportando a los demás.
Aprender a envejecer es determinante para vivir el resto de la vida de una manera plena. Todos deberíamos prepararnos para aceptar con serenidad y dignidad cada etapa de nuestra vida. Tratar de detener el tiempo, vistiendo o tratando de actuar como lo hacíamos cuando éramos mucho más jóvenes, puede hacernos lucir fuera de nuestra realidad, haciéndonos perder la perspectiva y nuestra autoestima. Yo creo que es importante llevar una vida sana, acompañada de una buena dieta, de una actividad física constante y disciplinada que nos lleve a experimentar mayor vitalidad y a asumir los cambios físicos de una mejor manera, vestirnos de forma juvenil sin caer en extremos y mantener una actitud positiva y entusiasta frente a la vida. Es tu momento para aprovechar la oportunidad de usar tu tiempo libre, para dedicarte a practicar alguna afición, para ayudar a otros, para compartir con tus seres queridos y con tus amigos. Resistirte a aceptar los cambios físicos, sólo te producirá ansiedad y malestar.
Aprende a ver la belleza en todos esos cambios, acéptalos con calma y con dignidad, y sigue proyectando tu belleza esencial, que después de todo es la verdadera.

HOLA, MAYTTE, estoy pasando por una crisis muy grave en mi vida. Hace ocho meses me separé de mi esposa y de mi hijo de tres años. Me siento desolado y no he podido superarlo, a pesar de que mi familia me ha dado todo su apoyo. Ella no me deja ver al niño y no quiere hablar conmigo. Dice que está dolida y que no me va a dar la oportunidad de herirla más. Yo fui el que tomó la decisión, porque nuestra relación no funcionaba, teníamos muchos problemas y seguíamos viviendo con ellos. Quiero pasar la página, como tú dices, pero no sé cómo hacerlo. R.P.
Una separación sentimental es uno de los eventos más estresantes y difíciles de superar en la vida. En una separación hay que afrontar los miedos a equivocarse, a no saber cómo continuar con la vida, a no ser capaces de superar la ruptura, a estar solos y a poder retomar la vida sin necesitar culpar al otro de la infelicidad.
En este caso, tu pareja, que es la persona abandonada, seguramente se sentirá desolada y al mismo tiempo furiosa por lo que le hiciste, sobre todo si no lo esperaba. Ella deberá, poco a poco, aceptar lo sucedido y aprender a recuperar la confianza en ella misma y en su capacidad de retomar su vida.
Mientras que tú, al ser la persona que tomó la decisión, es posible que experimentes muchos sentimientos encontrados, culpa, duda de haber tomado la decisión correcta, pérdida del rumbo por haber cambiado radicalmente su estilo de vida. Por todo esto es necesario vivir un período de duelo, un tiempo suficiente para aceptar lo sucedido, pasar dejar salir todas las emociones y los sentimientos que guardamos adentro, de manera que podamos superarlo más fácilmente. Hay que evitar obsesionarse por lo que ha ocurrido, dejar de darle vueltas en la cabeza una y otra vez, pensando en lo que pudimos hacer que no hicimos, evitar quedarnos solos y ampliar el círculo de amigos con quienes compartir. Cuando tenemos niños es importante recordar que a pesar de los que sentimos el uno por el otro, debemos mantener una relación madura y cortés, que nos permita ocuparnos de ellos, sin afectarlos con nuestros temores o resentimientos personales.
Hacerlos sentir que seguimos siendo sus padres aunque físicamente vivamos separados y transmitirles la seguridad de que no van a perdernos los ayuda a superar la situación con más facilidad. l
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