- Música para ver y escuchar
- El monitor se pasea por el cine
- Venezuela Viva

CRONICA
- Acuseta
- Filantrópicas
de cuna
- Athina Onassis. La pobre niña rica
- "Mi mamá salió, está en el bingo"
Especial día de las MADRES
- Angel Sánchez Concepto
- Con M mayúscula
- Una
velada especial
- Para mami de...
- Inventos al servicio mamá
- 3 por 3
para ellas
- Gemas según su mes de nacimiento
- Regalos
con sello propio
- Belleza: Perfumes
- Bazar:
Untoque étnico
FAMILIA
- Mi bebé no come
NUTRICION
- Bendita fibra
SALUD
- Recuperando la memoria perdida
SALUD
- Calendario
de salud
FAMILIA
- ¡Apágalo!
COCINA
- Cocinando
con ternera
MASCOTAS
- Perros nadadores
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
E-viajes
 
 

¡Mi bebé no come!

Normalmente, la inapetencia en bebés y niños pequeños tiene soluciones sencillas, pero que requieren la aplicación inmediata de buenos hábitos alimentarios. Lucía Lecuna


FOTO: WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/MIKA/SEFA

Para los latinos, en general, la comida es acto muy importante y agradable, por lo cual es muy frecuente que acompañemos cualquier tipo de encuentro con algún alimento.

Paradójicamente, en nuestra sociedad se están identificando muchos casos de inapetencia en la población de los más pequeños.

Quizás para muchos padres la falta de apetito en sus bebés sea una situación totalmente desconocida, pero una gran cantidad de padres vive o ha vivido la inapetencia, el rechazo a algunos alimentos y apatía frente a las comidas, por parte de sus hijos.

La angustia que esta situación genera en el núcleo familiar se fundamenta en la necesidad fisiológica de la ingesta de alimentos apropiados y en que resulta inexplicable que el bebé o niño actúe de esa forma cuando se supone que tiene buenos ejemplos de una alimentación sana.

Las primeras manifestaciones de la inapetencia pueden presentarse, en algunos casos, en los primeros meses de vida, estando más relacionadas con una enfermedad que esté padeciendo el bebé. Entre esas enfermedades las que, normalmente, generan inapetencia son: gripe, infecciones respiratorias, diarrea, reflujo gastroesofágico, alergias e intolerancias alimentarias y acidosis tubular renal. Cuando el niño está enfermo, en ocasiones la saliva pudiera cambiar por el proceso de la enfermedad, así como por las medicinas que está recibiendo, frente a lo cual es explicable que el sentido del gusto se afecte y rechace alimentos que antes le encantaban.

Una vez que se ha descartado algún problema de salud y se observa que persiste la apatía hacia el acto de comer, los padres y familiares se angustian y comienzan a caer en errores que, al pasar el tiempo, incrementan el problema inicial.

La doctora Elizabeth Dini Golding, médico especialista en Puericultura y Pediatría y Nutrición Clínica, Coordinadora de Salud de CANIA (Centro de Atención Nutricional Infantil Antímano), explica los elementos que debemos identificar como posibles iniciadores del problema y los principales errores que se comenten cuando se está trabajando la inapetencia, junto con las soluciones más eficaces.

Desde el punto de vista de la alimentación, generalmente los padres buscan llegar al balance que incluya alimentos de todos los grupos en las proporciones adecuadas a la edad del bebé. Sin embargo, la vida actual ha obligado a que los miembros de la familia se ajusten a situaciones como la inserción de las madres al trabajo, niños que almuerzan en colegios que no tienen comedores escolares, diversidad de actividades fuera de la escuela, madres con pocas habilidades culinarias, poca supervisión a la hora de la comida y las limitaciones económicas que dificultan el acceso a la variedad de alimentos necesarios para cubrir los requerimientos de cada grupo de edad.

“En muchos casos vemos diferencias significativas entre los padres de hace cincuenta años y los de hoy día. Los de ahora quieren que sus hijos se ajusten al ritmo que exige el mundo del siglo XXI, sin considerar la edad y las necesidades especiales de los pequeños. En relación con la alimentación, hoy vemos que ha cambiado mucho la aplicación de los hábitos y conductas alimentarias adecuadas para tener un ambiente propicio para realizar la comida”, resalta la doctora Dini.

Antes de empezar a tomar acciones es importante detectar precozmente cuándo empieza el problema y siempre consultar los pasos a tomar con su pediatra. A continuación se describen, puntualmente, algunas señales que pueden indicar que algo está mal:

1. En la consulta pediátrica se detecta que el bebé o el niño no crece entre los rangos de referencia para su edad o detiene el aumento de talla o peso cuando no debería.
2. El bebé se enferma mucho.
3. El principal tema de conversación entre los padres, familiares y cuidadores, empieza y recae en: “el bebé comió”, “no comió”, etcétera.
4. Los padres invierten tiempo en comparar la cantidad de alimento que ingiere su hijo con otro del círculo familiar o con los de sus amistades y solicitan asesoría y recomendaciones de amigos y familiares.
Existen muchas razones para que los niños dejen de comer más allá de que padezcan de alguna enfermedad. Entre las principales se encuentran:

l Malos hábitos
La familia, el cuidador o el grupo con el que el bebé vive, no mantienen hábitos adecuados:
-Desorden en los horarios. Varias cosas para picar entre comidas.
-No se practican rutinas vinculadas con las comidas.
-Se ofrecen las comidas en lugares que ayudan a ganar tiempo (en el carro, en los lugares donde hacen actividades extra en la tarde, la plaza y el parque, entre otros).
-Niños pequeños que se acuestan muy tarde en la noche y no se levantan temprano.

l Económicas
-No alcanza el presupuesto para adquirir los alimentos o variar el menú.
-La madre debe incorporarse al trabajo para contribuir con el presupuesto de la familia o mantener las comodidades materiales que permite su aporte económico.
-La preocupación por el rendimiento del presupuesto familiar genera angustia en la madre que está lactando, lo que la lleva a omitir la lactancia materna precozmente.
-La vivienda en la que habita la familia se encuentra en zonas populares que son alejadas de los mercados o automercados, y, por ende, los alimentos se adquieren en bodegas que tienen poca o ninguna posibilidad de diversidad y oferta de alimentos.
-Poca creatividad en la cocina.
-Los padres o cuidadores no ofrecen diversidad en la variedad ni en la preparación de los alimentos.
-La comida del bebé o del niño pequeño se mantiene distinta a la del resto de la familia y consiste, principalmente, en cremas y licuados que parecen fáciles de preparar y de dárselos al bebé, pero que lo aburren rápidamente.

l Problemas familiares
- Discusiones frecuentes en el círculo familiar.
-Problemas de pareja.
-La angustia de los padres porque el bebé no come lo que ellos desean.
-Las madres profesionales que se abocan de lleno a su trabajo y se olvidan de su rol insustituible de ser mamá.
-Ansiedad en el cuidador.
-Negligencia en el cuidado del niño.

Atacar el problema
La doctora Dini comenta que la inapetencia de los bebés y niños debe ser atendida lo más temprano posible pues “la solución es muy sencilla pero requiere hacer cambios de hábitos y conductas en la forma como alimentamos al niño, lo cual lleva tiempo y constancia. Si se hacen los cambios oportunamente, el bebé se ajustará mejor a ellos”.

La inapetencia debe ser tratada de forma individual para lograr que el bebé obtenga las cantidades y diversidad de alimentos que provengan de los distintos grupos.

Los volúmenes
Muchas veces los padres caen en el error de comparar las cantidades de comida que ingiere su hijo con las que consume otro niño de la misma edad, lo cual les genera angustia cuando ven las diferencias. “Pocas veces los padres toman conciencia de que cada organismo es distinto y de que cada uno hace uso de la energía que toma de los alimentos de forma diferente”, señala la especialista. Lo más frecuente es ver que los niños activos comen más que los tranquilos, aunque también se observa que hay muchos niños que comen poco y son bastante activos, y estos son los que, precisamente, generan más angustia en los padres.

Anatómicamente, el estómago es un músculo parecido a un globo. Cuando está nuevo y se empieza a inflar, cuesta mucho que se llene, pero si seguimos intentando, poco a poco se llenará más fácilmente y crecerá. Si se suele ingerir mucha comida el estómago se acostumbrará a que esa cantidad es la que necesita para llenarse y puede que pida más a medida que pasa el tiempo. Dini destaca la acción negativa de algunas costumbres sociales vinculadas con las comidas, como: “cuando se espera que el niño deje siempre el plato limpio, con lo cual se alteran sus mecanismos fisiológicos de hambre y saciedad, creando un problema mayor relacionado con el sobrepeso”. No todas las comidas ni todos los días, el niño o el adulto siente igual intensidad en el apetito (sensación placentera ante el acto de ingerir alimento) y en el hambre (necesidad fisiológica de ingerir alimento).

Otro aspecto relacionado con los volúmenes y las cantidades tiene que ver con la edad del niño. Cuando el niño pasa de lactante a preescolar (2-6 años), su velocidad de crecimiento disminuye y necesitará menos calorías en relación con su peso. Es probable que empiece a comer menos o a dejar comida, cosa que no debe generar alarma si el niño continúa creciendo bien y se mantiene sano. Lo contrario sucede cuando el niño se acerca al período de la adolescencia.

Uso de los utensilios
El uso del tetero sólo podría ofrecerse en los primeros meses si realmente la madre no puede o no quiere dar la lactancia materna. Su uso excesivo afecta la disposición del bebé hacia los alimentos que vienen en la cuchara o el vaso. Para Dini, “lo ideal es que la lactancia materna sea la forma de alimentar exclusivamente al bebé menor de seis meses, para luego pasar a la cuchara y el vaso sin tener que utilizar el tetero para introducir los nuevos alimentos, continuando la lactancia materna. El esfuerzo que hace el niño para alimentarse del seno y el movimiento de su lengua y de los labios para recibir alimentos de la cuchara o del vaso, lo ayudarán a desarrollar su lenguaje y, además, tendrá menos probabilidades de sufrir las afecciones en la dentición asociadas con el uso del tetero”.

Otro aspecto importante es que en cierto momento del desarrollo motor del bebé, específicamente cuando éste comienza a explorar con sus manos todo lo que lo rodea, éste va a querer hacer todo por sí mismo. Se puede permitir que el bebé agarre la cuchara o el vaso, y que agarre los alimentos para que identifique las texturas, colores, olores y sabores, siempre que se asegure que ingiere lo necesario. Esta práctica, que seguramente dejará la mesita del bebé y sus alrededores completamente llenos de comida, lo ayudará a madurar.

Cambios familiares
La angustia puede llevar a los niños a dejar de comer o a comer en exceso. “Realmente los niños sienten la presión que hay entre sus padres para que ellos coman o cuando hay problemas entre los miembros de la familia. Aunque no pueden hablar y expresar sus sentimientos, estos niños usan los alimentos y el momento de la comida para llamar la atención”, destaca Dini.

Por otra parte, el cuidador del niño debe respetar el momento cuando este indica que ya no quiere algo o que está satisfecho.

Los padres deben trabajar sobre sus angustias y problemas para lograr que el ambiente en el hogar y en el momento de las comidas sea agradable.

Ojo con la monotonía
Uno de los retos para trabajar la inapetencia de los bebés y niños es atacar la monotonía en la preparación de los alimentos. Es muy frecuente que el niño se aburra de comer siempre lo mismo y bajo la misma preparación. Sin embargo, antes de modificar todo el menú, se debe probar con cautela ya que se ha observado que en ciertas edades (entre dos y cuatro años) a los niños no les gusta que se les varíe lo que ingieren.

Otro error que se comete es cuando no se le ofrece al niño alimentos que a papá o a mamá no les gusta, sin ni siquiera averiguar si al niño le agradan, reduciendo aún más las opciones que se le ofrecen a este.

Una de las situaciones que lleva a la monotonía y al desaliento es cuando el momento de las comidas ha sido forzado por mucho tiempo, y, recurrentemente, los cuidadores y niños saben que se acerca la hora de las peleas o las persecuciones por toda la vivienda para que coman. En estos casos, señala la doctora, “muchas veces la madre se cansa y no vuelve a ofrecer los alimentos que el niño no quiere. Nuestra experiencia nos ha demostrado que si se mejoran todos los factores de los hábitos y de las conductas alimentarias y se insiste con otras preparaciones, un día el niño se animará a probar”.

Otra de las estrategias que puede ayudar a motivar al niño es incluirlo en la compra y escogencia de los alimentos. Los padres también pueden permitir que el niño ayude en la cocina, siempre que no se ponga en riesgo su seguridad y salud. “Posteriormente, toda la familia debe comerse lo preparado por todos en la casa”, acota Dini. La escuela también puede realizar actividades alrededor de los alimentos para favorecer el consumo de aquellos grupos como los vegetales y las frutas, que normalmente se dificulta que los niños ingieran.

La interacción social del momento de la comida, viendo a los hermanos, a los compañeros, los primitos o a los amigos comiendo, también incentiva las ganas de probar alimentos nuevos. Muchos padres coinciden en que han escuchado que sus hijos comen bien cuando están de visita en casa de un amigo de la escuela.

Premios
Como acto fisiológico, el comer no debe ser un acto que se deba premiar ni castigar. “Hay cosas más apropiadas para premiar y para hacer ver que algo está mal hecho, como ir o dejar de ir al cine, a la playa, a visitar a unos amigos, a pasear en bicicleta, etcétera”.

Comer debe ser algo placentero para todos, por lo que no debe estar sujeto a negociaciones previas que impliquen el premio o el castigo.

Si la negativa del bebé o del niño a comer genera preocupación sobre una ingestión deficiente de algún mineral o de las vitaminas que requiere el pequeño en esa etapa de su vida, los padres deben consultar al pediatra quien indicará las recomendaciones necesarias. En el caso del hierro, mineral que es primordial para el crecimiento hasta los dos o tres años, normalmente se consigue en dosis adecuadas en la leche materna, en las fórmulas lácteas y en las carnes; el calcio, en la leche y sus derivados. Las vitaminas como A, C y los folatos se consiguen en frutas, hortalizas y vegetales en las proporciones adecuadas, por lo que se debe cuidar que en la dieta diaria del niño siempre estén presentes porciones de frutas y vegetales.

Recomendaciones que dan éxito
l Se deben pautar y fijar horarios para hacer cinco comidas al día. Tres comidas principales y dos comidas de menor valor calórico intercaladas entre las más importantes.

l Entre comidas no se puede dar nada, sólo agua. No se debe permitir que el niño cargue un vaso todo el día con líquidos. Paradójicamente, el agua llena y puede evitar que se activen los mecanismos fisiológicos que despiertan el hambre.

l Cuando el bebé pasa de la lactancia exclusiva a la comida complementaria, se deben instaurar los nuevos horarios. Muchas veces, el destete coincide con el hecho de que la mamá tiene que irse a trabajar. Lo ideal es que la introducción de alimentos se haga progresiva, antes de que la mamá no acompañe al niño en sus comidas.

l La duración de cada comida no puede exceder media o tres cuartos de hora.

l Respetar cuando un niño dice que no quiere más. No insistir ni ofrecer premios.

l Evitar la monotonía, y ampliar la variedad y preparaciones de los alimentos.

l Llevar al niño al mercado y dejarlo que vea y toque los alimentos. A los más grandes los padres pueden permitirles que escojan algo y que ayuden en su preparación.

l Se debe inculcar que el desayuno se haga en la casa. Si el niño cenó a las siete u ocho de la noche, y no desayuna antes de salir de su casa, a la hora de la merienda en la escuela el niño tendrá más de 12 horas sin comida. Esto puede hacer que un niño baje su rendimiento, pues se le exige mucho a su organismo para aprender y estar despierto. l

FOTO:WWW.STOCK.XCHING

COORDENADAS: CANIA (CENTRO DE ATENCION NUTRICIONAL INFANTIL ANTIMANO): AV. INTERCOMUNAL DE ANTIMANO C/C AV. PPAL. DE EL ALGODONAL. EDIFICIO CANIA. TELEFONO (212) 471.4848 / FAX (212) 471.4347

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso