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Acuseta
Mónica Montañez

 

Pido excusas de antemano porque me voy a meter con un tema que no domino, pero lo voy a hacer desde un punto de vista materno-infantil que, como madre, no es que me atreva a decir tanto como que lo domino, pero sí que frecuento diariamente.

El tema es la corrupción, tan pan nuestro de cada día. El tono es para meterme dentro del sacote. Resulta que yo soy de las que cree firmemente que el problema de la corrupción se arregla sólo con el castigo, con el castigote, ejemplar él, de esos castigos que hacen no que a uno deje de ocurrírsele la idea de meterse en el “asuntito”, pero sí al menos que uno diga, chico, mejor no me meto porque se me puede fregar la vida, como se le fregó a sutanito. Una vez aclarada mi creencia paso a lo que voy.

Yo de verdad no entiendo por qué es que en nuestros colegios se insiste con la mandadera de trabajos en equipo. Uno sabe, como estudiante que fue y como madre que es, que con los trabajos en equipo siempre pasa lo mismo: hay un bobo que los hace solito y los demás van y firman. Eso es así, siempre ha sido así. Ahora, si uno lo sabe, ¿cómo es que las maestras no, e insisten en mandarlos? Porque entonces va el hijo de uno, que siempre es el bobo que hace el trabajo solo (básicamente porque cuando el hijo de uno es de los que se limita a firmar uno no se entera), y le echa piernas a su cosa solito, y llamadas van y vienen, y e-mails van y vienen, y no hay caso, los otros ni portaron por ahí. Y viene el reclamo materno sobre la injusticia y el cómo es posible y el le van a poner la mismita nota a todos cuando el único bobo que trabajó fuiste tú (nótese que la información y la idea de que el que trabajó es un bobo no falla), que suele terminar con la propuesta de “deberías decírselo a la maestra”. Propuesta insólita porque uno sabe también que el hijo no le va a decir nada a la maestra por aquello de “acuseta cara de pantaleta” con el que crecimos todos y en el que creemos firmemente porque de verdad a nosotros nos parece feísimo andar acusando a nadie y a un pana menos. De hecho nos parece espantoso que los gringos como que sí acusan, lo vemos como una terrible falta de solidaridad, absolutamente contrapuesto con lo que aquí entendemos como ser pana. Eso es así, y el muchachito va y entrega su trabajo en equipo hecho por él solito con las firmas de toditos su panas y la maestra va y corrige y le pone la mismita nota a todos, sabiendo como tiene que saber que sólo trabajo uno, el bobo. Muy bien. Ahora, uno se pregunta, o debería preguntarse ¿qué lección estamos dando ahí? Porque yo no es que crea, ni por un segundo, que hay que ponerse a acusar entonces. Primero, porque no lo vamos a hacer, y segundo, porque de verdad me parece feísimo. Tampoco me voy a poner en una de que los muchachitos que sólo firman los trabajos en equipo van a convertirse en futuros corruptos, ni que el bobo va a coger una bronca tan grande que se va a poner en una de cuando yo sea grande ya verán. Pero sí me pregunto si no estaremos criando a los muchachitos dentro de un climita de amplitud hacia la sinvergüenzura, como algo no sólo factible sino exitoso, que además no trae consecuencias negativas ni serias nunca. Sé perfectamente que, ante un trabajo en equipo, siempre va a haber uno que haga su cosa, y sí, cómo no, es el único que aprendió algo, faltaría saber qué, y otros que se las echaron al hombro y también aprendieron algo, qué es que eso se puede hacer.

Como quiera que no vamos a acusar a nadie para no tener “cara de pantaleta” y porque somos panas, ¿por qué no nos dejamos de andar mandando trabajos en equipo ya que somos así? No sé, digo yo. l

 
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