Nadie le para el trote
Ya llegó a las pantallas del país La leyenda del Zorro, una secuela que devuelve al enmascarado de negro a sus galopantes correrías, y a Antonio Banderas y Catherine Zeta-Jones a los roles protagónicos de esta aventura. Estampas conversó con los actores sobre este nuevo film que da continuación a la saga.
Enmar Pérez Garmendia. Los Angeles. Enviada especial
Siete años han pasado desde que Catherine Zeta-Jones y Antonio Banderas se sentaran ante la prensa para promocionar La máscara del Zorro (1998), un film que representó para la galesa su ingreso al star system de Hollywood y para el malagueño su definitivo asentamiento como actor dentro del engranaje de los grandes estudios californianos. La película, que contaba en el reparto con el legendario talento de Anthony Hopkins y que fue dirigida por Martin Campbell (Golden Eye, Vertical Limit), dejó para entonces un buen sabor entre los nostálgicos fanáticos del héroe enmascarado y recaudó en taquilla más de 250 millones de dólares a nivel mundial. Razones suficientes dentro de la cultura hollywoodense como para que las pantallas de cine estén exhibiendo hoy su secuela, La leyenda del Zorro —otra vez con Campbell en la dirección—, y como para que el par protagónico esté de nuevo instalado ante los medios internacionales en el hotel Four Seasons de Beverly Hills, Los Angeles, charlando sobre sus afinidades con el proyecto y acusando recibo de que el tiempo, el que pasó, si bien ha sido totalmente benevolente con ambos, no deja de mostrar su costado implacable.
“Esta vez fue mucho más cansón”, dice sacudiendo la cabeza de un lado a otro y riéndose de sí mismo Banderas, quien hoy suma 45 muy bien sorteadas primaveras. “Créanme, ¡muy cansón!, porque incluso cuando el guión estaba perfectamente preconcebido, por la manera en que trabajábamos, yo no gozaba de mucho descanso. Apenas terminaba mis escenas habladas ya tenía que saltar a ponerme cables, arneses, montarme en los caballos... Cuando haces eso por cinco meses el asunto comienza a dejar de ser gracioso. Hay momentos en los que piensas: ‘¡Dios mío!, tengo que salir vivo de esto’, y todo el sentido del film termina siendo ¡sobrevivirlo!”.
No en balde el hispano ha asegurado: “Esta película fue hecha con mucho sudor y, en ocasiones, incluso sangre, pero creo que el espectador sabrá apreciar eso”. Sangre, por cierto, que no corre necesariamente en la cinta, concebida expresamente para un público familiar, por lo tanto con bajas dosis de violencia pura y dura.
Pero tanta exigencia física, vale aclarar, no vino precisamente por parte de los productores. El actor español, siempre de buen humor y ciertamente muy franco, admite que terminó exhausto gracias a un rasgo esencial de su carácter: “Eso también pasa porque yo soy muy testarudo y quería hacer la mayoría de mis stunts (escenas realizadas por dobles). Me empeño en hacer lo más que puedo porque me gusta ser honesto con la audiencia y me agrada que me reconozcan en esas tomas, aunque, obviamente, hay ciertas acrobacias que no intenté, específicamente las que son muy peligrosas”.
Y no son pocas: de proezas físicas y demás audacias está plagado el film —es el Zorro, ¡faltaba más!— y la mayoría de ellas luce, gracias al toque divino de los efectos especiales, imposible para un ser humano. Especialmente en la secuencia final de 20 minutos —el clímax de la cinta—, donde el héroe enmascarado persigue a caballo un tren y termina montado —corcel incluido— en el techo de un vagón que se mueve a alta velocidad. ¡Impensable en la era del gran sargento García! No obstante, Banderas insiste en que no hay exageración en ese departamento.
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LA PAREJA DE LA VEGA (BANDERAS Y ZETA-JONES) |
JOAQUIN DE LA VEGA
(ADRIAN ALONSO) |
EL RIVAL, ARMAND
(RUFUS SEWELL) |
“Las peleas en este largometraje están hechas como esas que se realizaban en los años cincuenta. No es una película que esté muy afincada en la tecnología. Incluso los efectos digitales poseen algo de la transparencia que solían tener los efectos de aquellos años, y esto fue hecho conscientemente por Steven Spielberg (es una producción de Amblin, su compañía) y Campbell. Ellos no querían esa clase de film perfecto... Así que cuando se ve a una persona resbalando de un caballo, había realmente alguien cayendo de uno... Es duro, pero el resultado final tiene ese espíritu de los cincuenta, sesenta, y eso es algo que yo particularmente adoro”.
La historia, asimismo, pretende volver la mirada hacia las producciones románticas del pasado: “Es una especie de regreso al Hollywood de las comedias en las cuales el héroe y la heroína no podían vivir el uno con el otro, pero tampoco el uno sin el otro”, comenta el director en las notas de prensa.
Así las cosas y humor mediante, esta vez el jinete de negro se ve obligado a enfrentar enemigos más temibles y bastante más cotidianos que los propios villanos: una esposa a punto de abandonarlo si no para —literalmente— el trote, un hijo que cree que su padre no le presta la debida atención por atender sus prósperos negocios y el más feroz de los monstruos: celos, malditos celos. Y lo peor: ¡de un francés!
 De la Vega versus De la Vega. Cabe recordar que La máscara del Zorro concluye con el matrimonio del hacendado don Alejandro de la Vega con Elena (Zeta-Jones), un cierre que, en el mejor estilo de Hollywood, no admitía mayores especulaciones que la premisa: ...y fueron felices para siempre. Pues, no. A La leyenda... no le quedó otra opción que revisar esta unión diez años más tarde, cuando ya un hijo ha pasado a engrosar las filas familiares y California está a punto de convertirse en el 31 estado de la Unión (Estados Unidos). En vista de que todavía hay unos cuantos opositores a esta última idea —malos y desalmados—, el audaz enmascarado se ve obligado a entrar en acción. Un paso equivocado que causa la ira de la señora De la Vega, aferrada a la promesa de que su galán abandonaría sus correrías sobre el brioso corcel Tornado. Pero el deber llama más que la familia y la impetuosa dama opta por dejar el hogar y llevarse con ella al pequeño, una traviesa criatura que no sospecha ni remotamente que su padre es, justamente, el valiente jinete de negro al que tanto admira. En el panorama, entonces, aparece de pronto un nuevo rival: Armand (Rufus Sewell), un negociante venido de Francia, propietario de viñedos y portador de todo el savoir faire galo, que no sólo pretende conquistar a Elena, sino que guarda un explosivo secreto. Entre uno y otro giro de la trama, la familia De la Vega, en pleno, termina teniendo tanta actividad como Los Increíbles, aun cuando sus correrías sean más terrenales... Aunque algunos piensan que la belleza de uno de sus miembros es prácticamente celestial...
Z-Jones. Catherine Zeta-Jones pela los ojos cuando se le pregunta por las extenuantes secuencias de acción de las que ya había hablado Banderas y exclama: “¡Es que en realidad son nueve años desde que comenzó el rodaje de aquella primera, siete desde que se estrenó! En mi caso, creo que si no me hubiese entrenado tan bien con las espadas para la película original, ponerme en forma de nuevo hubiese resultado bastante más difícil... Y, sí, hubo varios moretones —agrega riendo— pero nada grave”. Los ojos, vale decirlo, son el rasgo más resaltante en el ya de por sí hermoso rostro de la actriz. Tanto como para que una reportera oriental no pudiera reprimirse un comentario al verla entrar: “¡Luces asombrosa!”, le soltó sin pensarlo. El piropo agarró tan de sorpresa a Zeta-Jones que apenas atinó a decir: “¡Gracias! ¡Tú también!”.
Al menos en esta ocasión, la ganadora del Oscar por su rol en Chicago estuvo muy lejos de comportarse como una diva. Tanta fama y aplausos no están por encima de su vida en familia junto al veterano actor Michael Douglas, materia que ocupa buena parte de sus comentarios durante la entrevista: “Es verdad que siento un gran cariño por esta película. Mi esposo me vio por primera vez en la original (se dice que se enamoró al instante), y hoy estamos casados y con dos hijos. Un día se presentó en el set con ambos de la mano, mientras estábamos filmando. Yo estaba metida en el personaje y por un momento tuve una especie de conmoción. Michael se acercó y me dijo: ‘I remember you’ (Me acuerdo de ti). ‘¡Seguro que sí!’, le contesté... Fue un instante especial”.
Siendo un actor de tan dilatada trayectoria ¿le da el señor Douglas consejos a su pareja en el terreno de la actuación? “Oh, no... El sólo me dice: ‘Relájate y disfruta’, porque yo, a pesar de haber hecho varias películas, siempre me pongo muy nerviosa apenas sé que voy a empezar un rodaje. Al comienzo voy al set pensando que no voy a lograrlo”.
En todo caso, se ha relajado lo suficiente como para tener ya una estatuilla de la Academia en sus manos, y es claro que lo sentimental no ha arropado necesariamente las consideraciones de índole profesional: “Ninguno de nosotros se hubiera embarcado en este proyecto si no pensáramos que iba a ser incluso mejor que el primero. Creo que una de las cosas que le dio otra dimensión a la historia es la inclusión del personaje del niño: Joaquín (Adrián Alonso), a quien empiezas a amar apenas aparece”. En ello hay que coincidir con la entrevistada. También en que el tono de este film es definitivamente familiar. Ya lo había asomado Banderas: “Creo que pusimos mucho de nuestras experiencias personales de hoy día en esta nueva cinta. Ahora, por ejemplo, estoy consolidado como todo un padre; recuerden que cuando hice la primera mi hija apenas tenía dos semanas de nacida. Así que muchas de las cosas que pasan en esta historia pasan en mi vida real, como la separación permanente de mi hogar por diferentes razones. Eso de la separación lo entiendo perfectamente...”.
Queda claro. No hay que darle muchas vueltas al asunto. Que si hay anacronismos históricos en el film... Que si el Zorro está inspirado en un bandolero mexicano... No problem! “Esta es una producción de Hollywood que tan sólo persigue entretener al espectador... aunque la pregunta es muy interesante”, había comentado el productor Lloyd Phillips un rato atrás.
Como diría Michael Douglas, señores: “Relájense y disfruten”. l
| El hijo del zorro |
A decir de Antonio Banderas, durante la filmación de La leyenda del Zorro se sufrió pero se gozó. No obstante, es claro que nadie la pasó más “padre” que Adrián Alonso, un novel actor mexicano de diez años que no sabía nada de inglés en el momento cuando fue escogido para asumir el rol de Joaquín De la Vega —el hijo del héroe enmascarado. Con una corta experiencia en comerciales de TV y apenas dos filmes en su currículo (Voces Inocentes de Luis Mandoki es uno de ellos), Alonso enamoró sin mucho esfuerzo a los encargados del casting, que ya tenían varios meses buscando a la criatura en Los Angeles, Miami, España, Nueva York y el propio México. No poco sudor le costó a los productores, pues, convencer a los estudios en Hollywood de que Adrián era el niño ideal a pesar de no hablar el idioma, y, afortunadamente, fue su excepcional talento lo que se impuso a la hora de tomar la decisión.
“Adrian es totalmente natural y tiene un gran sentido de la comedia y la coordinación,
el don más precioso que puede poseer un actor. La verdad es que eso no lo había visto antes en un niño”, dice el director Martin Campbell.
¿Cómo te preparaste para el papel?, se le pregunta al pequeño. “Pos, nada. Ocho horas diarias de inglés...”. En fin, un intensivo que lo ayudaba a repetir sus parlamentos perfectamente, aun cuando todavía no entendía todo lo que estaba diciendo. Eso sí que es actuar.
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