LA ENCANTADORA
LAURA ERA
LETAL
El aristocrático abogado Alexander Crittend no tuvo reparo en hacerse de una amante, lo cual fue sin dudas un error que pagó con su vida
Habría que decir que Laura Fair no tenía suerte en el amor. A los 16 años, se casó con William Stone, un vendedor de licores oriundo de Nueva Orleans. Un año después, él murió de cólera. Ella, una belleza rubia de ojos azules, regresó a la escuela, pero pronto renunció a su educación superior para contraer nupcias con un tal Thomas Grayson. Mientras que Stone se ocupaba de vender aguardiente, Grayson quería beberse todo el licor de Louisiana. Cuando se embriagaba, lo cual ocurría casi todo el tiempo, tenía el perturbador hábito de irse a la cama con Laura armado con dos revólveres, que disparaba en los momentos más inoportunos. Laura huyó a California y consiguió el divorcio.
La inquieta chica dio el "sí" por tercera ocasión en 1859. El abogado William Fair permaneció casado con Laura dos años, tiempo durante el cual ella dio a luz a una bebé, Lilliam. Desafortunadamente, William se voló los sesos. El hombre les dejó pocas cosas a su esposa e hija, aunque Laura tenía un bien material: un anillo de diamantes que le dio su difunto esposo en tiempos más felices.
En 1863, la joven se mudó a Virginia City, Nevada, en busca de fortuna. Reunió un poco de dinero gracias a su anillo y pudo alquilar una pensión llamada Tahoe House. El establecimiento de 50 habitaciones tuvo éxito desde el inicio.
Un día, el abogado Alexander Crittenden rentó una habitación en Tahoe House. Las vidas de Laura y Alex nunca volverían a ser igual que antes. Alex no era un abogado cualquiera. Tenía sangre azul, y el apellido de su familia, oriunda de Kentucky, destacaba entre las filas de generales y senadores.
Alex se enamoró perdidamente de Laura. El bribón debió pensarlo mejor. Tenía cincuenta y tantos años; una esposa, Clara, y siete hijos. Cuando conoció a Laura, ya había celebrado su aniversario de bodas de plata.
No obstante, el amor no siempre toma en consideración edad u otras circunstancias. Laura y Alex se vieron en secreto durante un año antes de que bajaran la guardia o, quizás, ya sencillamente no les importaba lo que dijeran.
Clara, quien aún vivía en San Francisco, fue a Virginia City a visitar a una de sus hijas. Rápidamente se enteró del prolongado romance. Las historias sobre los amoríos del influyente abogado y de la exitosa mujer de negocios habían estado circulando durante todo un año.
La presión fue demasiado para el lujurioso Alex. Él y Laura viajaron a San Francisco, donde el hombre hizo algo inconcebible. Concertó una cena con su esposa y su amante.
A Laura, Clara le pareció encantadora, si acaso un poco regordeta. De hecho, las dos mujeres se cayeron muy bien, especialmente si consideramos la relación de cada una con el hombre que las vinculaba. Clara le sugirió a Laura que saliera de sus vidas; ella le contestó que nunca renunciaría a Alex. Allí se acabó la cordial cena.
Durante los siguientes años, el romance entre Laura y Alex continuó sin menguar. A menudo conversaban sobre la posibilidad de que Alex se divorciara de su esposa, pero el astuto abogado siempre eludía el problema. Como muchos seductores de su edad, no estaba del todo dispuesto a dejar a la madre de sus siete niños. Por supuesto, tampoco quería renunciar a las emociones que le brindaba Laura. Finalmente, la chica comprendió que Alex nunca abandonaría a su esposa.
Tuvieron discusiones. En una ocasión, Laura perdió la calma y se dirigió a la residencia de los Crittenden en medio de la noche, donde exigió hablar con su amante. Alex apareció en lo alto de las escaleras y gritó: "Estoy sumamente disgustado contigo". Laura se marchó colérica, pero recibió cierta satisfacción cuando, unos meses después, Alex entró intempestivamente en su habitación con la misma exigencia. Las cosas se estaban caldeando.
Durante este turbulento período, Laura conoció y se casó con Jesse Snyder. Jesse estaba plenamente consciente de la relación entre Laura y Alex. En esa época circuló el rumor de que Laura le había pagado 10.000 dólares a Jesse para que se casaran. Ella quizás pensó que, teniendo un marido, sería más deseable para su verdadero amor. Pero el plan no funcionó. Alex le informó que casi nada había cambiado. En lugar de necesitar un divorcio, ahora necesitaban dos. Alex le dijo a Laura que se divorciara primero. Así como Jesse consintió en contraer nupcias, ahora rápidamente aceptó divorciarse. Algunos dicen que Alex le pagó 10.000 dólares. Si esto fuera verdad, sin duda que Jesse no era ningún tonto; logró ganar 20.000 dólares por unos meses en un empleo nada desagradable.
 |
En esa época circuló el rumor de que Laura le había pagado
a Jesse 10 MIL DÓLARES
para que se casaran |
Clara estaba en San Francisco. Laura señaló que ahora le tocaba a Alex divorciarse. En lugar de ello, el abogado dijo que su esposa estaba en uno de sus tantos viajes a Virginia City y sería una descortesía no reunirse con ella. Laura se puso furiosa. Se enteró de que Alex se reuniría con su esposa a bordo del ferry El Capitán, en el muelle Oakland. Sin que su amante lo supiera, planeaba estar a bordo. En un frío día otoñal de noviembre, Alex y Clara estaban juntos en El Capitán. Laura los encontró en la atestada cubierta, sentados y tomados de las manos. Su hijo mayor, Parker, estaba cerca de ellos. Laura sacó una pistola cromada y disparó; Alex se desplomó sobre la cubierta. Laura desapareció entre los numerosos pasajeros del ferry. Parker y un oficial de policía revisaron la embarcación y pronto la encontraron. Parker se dirigió al oficial y le dijo: "Ésta es la mujer que asesinó a mi padre". Laura contestó: "No lo niego. Arruinó mi vida y la de mi hija". Parker se equivocaba. Laura no se convertiría en asesina sino hasta dos días después, cuando Alex expiró.
El 27 de marzo de 1871, Laura fue enjuiciada por asesinar a su amante. El proceso se prolongó por un mes, aunque el resultado nunca estuvo en duda. Laura había planificado hasta el último detalle del asesinato. Había comprado el arma y seguido a Alex hasta el ferry; incluso había visitado la embarcación un día antes para estudiar la escena del crimen.
Ante tales acusaciones, el abogado de Laura sólo pudo alegar que había comprado el arma para su protección y sufrido un ataque de locura en el momento de disparar. Sus abogados aseveraron que ella les había dicho que Dios la había casado con Alex y que ella era su verdadera esposa. El plan no funcionó. El jurado necesitó sólo 45 minutos para encontrarla culpable.
Sin embargo, no todo se había perdido. En febrero de 1872, la Corte Suprema de California revocó la condena de Laura debido a dos tecnicismos. Laura fue enjuiciada por segunda vez; el jurado se retiró por tres días antes de dar un sorpresivo veredicto de no culpable.
Laura comenzó una gira para dictar conferencias y fue una especie de celebridad durante algún tiempo. Pero su prosperidad fue efímera. Sus abogados la demandaron por la suma total de sus elevados honorarios, ganaron y cobraron.
En 1913, la única hija de Laura, Lilliam, fue encontrada sin vida en un cuarto vacío en Nueva York. Había muerto de inanición. Laura Fair vivió hasta 1919, cuando ella también murió en la pobreza en San Francisco.
Traducción: José Peralta.
Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net
|