Un peruano de gran tenor
Juan Diego Flórez
La escena europea se le ha abierto ¡y cómo! a este guapo joven considerado el fenómeno operístico de los últimos tiempos. Confeso admirador, entre otros, de Alfredo Kraus y Luciano Pavarotti, este último no ha sido en nada mezquino al pronosticarlo como su sucesor. Una responsabilidad que Flórez asume con orgullo justo cuando estrena Sentimiento Latino, el disco con el cual honra sus raíces. María Elisa Espinosa

Tiene la agenda copada hasta, por lo menos, el año 2010. Cuestión que lo ha alejado, por un buen rato, de su afición de practicar fútbol, de su gusto por disfrutar a plenitud de su casa en Bérgamo, Italia, de sus ánimos por pasearse como un joven “de a pie” y no tomando aviones como si fueran taxis... Pero, en compensación, allí están los más importantes teatros del mundo esperándolo con sus puertas bien abiertas. Y, lo mejor, con un público espléndido en aplausos, pues, como aseguran los críticos: se los merece.
Juan Diego Flórez, sin embargo, no es sólo eso. A este joven peruano, de 33 años, hijo del cantante y guitarrista de música criolla Rubén Flórez (quien acompañó en sus tiempos a la famosa cantautora Chabuca Granda), no le han faltado calificativos que lo ponen a flotar en las gratificantes aguas del show business y la cultura pop: Que si canta hermoso, pero además se parece a Tom Cruise. Que si es el equivalente de Beckham, sólo que en el terreno del bel canto... Total que físico y talento hacen la suma de este tenor que habló con Estampas al atender la llamada desde una habitación en Zurich. Una de las tantas que —lo sabe bien— tendrá como casa por largo tiempo.
En algún momento, muy joven, y quizás debido a sus antecedentes familiares, le interesó cantar música popular. ¿Por qué dio ese giro hacia lo lírico?
“Bueno, yo en una época hasta tuve un grupo de rock; cantaba y componía mis canciones, lo hacía a los 15 años, y cantaba también música peruana porque mi papá lo hacía. Pero siempre tuve la inquietud de saber más música, de saber tocar el piano, de saber cantar mejor... Entonces, después del colegio, fui al Conservatorio (Nacional de Lima), aunque todo era pensando en una carrera pop. Sólo que allí enseñan también música clásica y entré a ese mundo dándome cuenta de que mi voz cada vez se desarrollaba mejor, que podía hacer muchas cosas con ella... En esa época entré a cantar al Coro Nacional y también eso fue fundamental, porque todos los días me codeaba —digámoslo así— con la música de los grandes maestros: Mozart, Bach, Beethoven… Entonces, esa combinación de estar en contacto con la música clásica y las clases de canto, hicieron que poco a poco me decidiera por esto”.
¿De qué manera le ha influenciado la música de Chabuca Granda? La misma relación de esta artista con el trabajo de su padre debió haberle conectado desde temprano a ella...
“A Chabuca Granda no la conocí, pero la admiro muchísimo, pienso que es la compositora más representativa de nuestro país. La flor de la canela es casi un himno nacional peruano. Precisamente, en mi último disco, Sentimiento Latino, la he incluido junto con otras de sus canciones. Y sí, ella siempre me ha movido, su música, sus letras, sus canciones, sus melodías muy refinadas, siempre hablando de Lima y el Perú”.
¿Cree en la buena suerte? Lo preguntamos a propósito de las circunstancias en que se dio su debut operístico, cuando terminó reemplazando a Bruce Ford como tenor principal de Corradino en Matilde de Shabram. ¿Fue eso un golpe de suerte?
“Sí, claro que sí, eso fue bastante suerte, pero, claro, la suerte en este caso es un factor de los varios que tienen que producirse para que ocurran las cosas. La oportunidad estaba allí, yo la acepté, me di cuenta de que podía hacerlo y entonces la acepté. Faltaban pocos días para la primera función y había que aprenderse toda la ópera; era una ópera que nunca había hecho antes. Ese arrojo, un poco de la juventud que uno tiene, me sirvió muchísimo, pero la preparación es otro factor. Entonces esa combinación de ambas cosas hizo el debut posible”.
¿Se considera un joven normal de su tiempo, o acaso se ve como una rareza del siglo XXI cantando ópera?
“No, porque hay muchísimos jóvenes que cantan ópera; hay muchos teatros de ópera en todo el mundo y para eso hay que contar con cantantes. Así que no, soy normal, bastante normal”.
Luciano Pavarotti lo ha mencionado como su sucesor. ¿Cómo se siente con tamaña responsabilidad?
“Bueno, muy halagado, porque Pavarotti es el ídolo, siempre lo he admirado desde chico; quizás mi primer contacto con una voz fue con Pavarotti, bueno, con Pavarotti y con Alfredo Kraus… Los primeros discos que oí de tenor fueron de ellos, y la voz de Pavarotti desde el primer momento me impresionó muchísimo. Y, bueno, crecí siempre admirándolo y que él haya dicho esto en algunos medios de comunicación para mí es una cosa increíble, un premio que no tiene igual”.
¿Cuál es la ópera en la que todavía no ha participado, bien sea presentándose en un teatro o grabándola, y quisiera por sobre todas las cosas hacer?
“Felizmente las óperas que me gustan las he hecho o las estoy haciendo, y hay algunas que voy a debutar en el futuro, como Rigoletto (de Giuseppe Verdi), que me encanta y la voy a hacer (en el año 2008). Me considero muy afortunado por eso”.
¿Cómo está con el verbo silbar en estos días? Tenemos entendido que le costaba, ¿finalmente aprendió a hacerlo?
“(Risas) Todavía no sé silbar; es decir, sé silbar pero muy fuerte, solamente muy fuerte, como para llamar la atención de alguien (más risas)”.
Lo han llamado el Cuarto Tenor, el Tom Cruise de la ópera, el nuevo Pavarotti, el Beckham del bel canto… ¿Con cuál de estas opiniones se queda?
“Con ninguna, porque yo creo que siempre agrandan las cosas, sobre todo los medios que hacen aparecer más lo que uno no es. Y, sobre todo, cuando a uno le dicen el Tom Cruise, que no me considero para nada; y tampoco el Beckham (risas otra vez)…”.
Sin embargo le gusta mucho el fútbol…
“Sí, me gusta mucho, lo juego cuando puedo y seguí todo el Mundial”.
¿Cuál era su equipo para la final?
“Alemania”.
¿De qué manera le afecta tener un buen físico? ¿Le ha ayudado o, por el contrario, esto se ha convertido en una excusa de los críticos para prejuzgar su trabajo?
“No, creo que siempre ayuda, sobre todo en estos últimos tiempos, cuando los directores de escena quieren figuras que hagan justicia al rol. Que si uno es el joven enamorado, entonces ellos prefieren tener una figura que le vaya al rol. Quizás antes la figura no importaba mucho, pero hoy en día sí. Y, claro, felizmente hay cantantes jóvenes, de esta última generación, que lucen muy bien... Entonces se pueden hacer óperas en donde el teatro es más creíble”.
¿Quiénes son sus referentes dentro del bel canto? Ya ha mencionado a Kraus y Pavarotti, ¿pero hay otros?
“Bueno, hay cantantes que siempre me han gustado por la forma de cantar, como la Caballé, por ejemplo. Ahora, de cantantes modernos, Natalie Dessay es una gran cantante”.
¿Se considera un prodigio peruano?
“(Risas) No, no, no… Para nada. Soy un cantante que trata de hacer bien las cosas, soy bastante autocrítico, me gusta siempre mejorar, estar siempre, como dicen los italianos, ‘Mirando el pelo en el huevo’, aunque no entiendo mucho eso, pero bueno (risas). Quizás todo eso me ayuda a mejorar; el hecho de que nunca esté contento con los resultados, siempre veo el defecto y quiero hacerlo mejor. Claro que eso tiene sus lados positivos pero también sus lados negativos y, quizás, uno no disfruta mucho de los sucesos, pero estoy contento de que los peruanos, sobre todo, estén muy orgullosos de mí… Para mí es una gran satisfacción que tu país te reconozca”.
¿Hay algún teatro en particular que lo intimide?
“No, no. He cantado en los teatros más importantes de ópera: Metropolitan de Nueva York, Viena, Londres, La Scala de Milán… y tengo que decir que cuando regreso a ellos me siento como en casa, todo el mundo te conoce, el público te quiere, es una situación ideal. Aunque eso también depende de que cantes bien, claro, porque cuando uno no lo hace, el público comienza a no estar muy contento y cuando regresas quizás está un poco más hostil. El público es siempre muy cambiante, entonces es bueno tenerlo de tu parte. Pero eso solamente se obtiene con el buen trabajo que haces”.
¿Cómo define su más reciente trabajo Sentimiento Latino? ¿Qué ha querido transmitir con esta producción?
“He querido un poco cantar canciones latinoamericanas que me gustan, canciones con las cuales crecí, está además Alma Llanera (de Pedro Elías Gutiérrez) de Venezuela”.
De hecho la escogió para abrir su disco, ¿eso por qué?
“Porque el arreglo, su comienzo, daba esa atmósfera, se puede decir, ese ambiente latinoamericano, un ambiente un poco exótico…”.
¿Sabía que esa pieza es la que en Venezuela se usa para cerrar las fiestas? A propósito de eso, hay un chiste según el cual, cuando se pone el Alma Llanera, es porque los anfitriones quieren que se vayan los invitados...
“(Risas) ¿En serio? No, pero aquí es para comenzarla… En todo caso, este es un disco que reúne las canciones con las cuales yo crecí, que he ido cantando en los diversos períodos de mi juventud, y un poco el criterio de elección fue: las canciones que me gustan son canciones que también son muy populares y prácticamente hacen ya parte del repertorio del tenor: Granada, Júrame, Estrellita, Princesita… Son clásicos del repertorio del tenor de ópera que canta música popular. He querido poner estas canciones que son muy bonitas con otras menos conocidas mundialmente, pero también muy bonitas y muy de los pueblos de Latinoamérica, como por ejemplo, Ella, La flor de la canela, Fina Estampa, El día que me quieras...
¿Dónde queda su familia en todo esto de su carrera internacional? ¿Está casado? ¿Tiene hijos?
“Todavía no estoy casado, pero quizás muy pronto. Mi novia es alemana”.
Ya se entienden entonces sus preferencias futbolísticas. No le quedaba otra...
“(Risas). Así es”.
mespinosa@eluniversal.com
| DE FRENTE Y DE PERFIL |
¿Qué le agradece a la vida?
“Que me haya dado un talento que hace
que la gente se sienta bien, que la gente
olvide problemas, que la gente crea
en un mundo mejor”.
¿Qué le hace sonrojar?
“El ridículo”.
¿Cuál es el sonido que más odia?
“El de las construcciones, cuando en un hotel me ponen al lado de una casa que se está
construyendo y hay que aguantar el taladro
de la construcción”.
¿Y el que más ama?
“El de las hojas de los árboles cuando
se mueven”.
¿Qué rasgo infantil conserva?
“¿El rasgo infantil que más conservo? ¿Cuál podría ser? Quizás sea la distracción”.
¿Qué le gustaría heredar?
“Los buenos recuerdos”.
¿La palabra más hermosa del diccionario?
“Melocotón”.
¿Y un deseo que le haya sido concedido?
“Que mi madre se sienta feliz”.
¿A quién le revisaría las gavetas?
“(Risas) A nadie”.
¿Cuál sería el título de su autobiografía?
“Juan Diego Flórez”. |
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| DE FINO CURRICULUM |
Nacido en Lima en el año 1973, Juan Diego Flórez ahora es, además, un hijo del mundo.
Del mundo del bel canto. Apadrinado por
su compatriota Ernesto Palacio, quien tuvo
el ojo —y mejor oído— para saber ver en este joven su potencial como tenor, hoy por hoy
es el cantante latinoamericano que más
plazas ocupa como principal figura
de consagradas óperas. En 1996 se estrenó
verdaderamente en ello, cuando las
circunstancias lo llevaron a cubrir a un tenor enfermo en el Rossini Festival de Pesaro.
No será casualidad, por tanto, que sus
interpretaciones de las óperas de Gioacchino Rossini sean las que más lo hayan dado
a conocer desde entonces. ¿Premios?
Por montón: Abbiati 2000 (dado por
los críticos italianos al mejor cantante
del año), el Rossini D’Oro, el premio Aureliano Pertile, L’Opera Award por su actuación
de La Sonnambula en La Scala de Milán
en el año 2001, entre otros. |
Ver también en Encuentros:
- Superman. Regresa con todo
- Contentos y en Caracas |