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La casa de los horrores
Max Haines
John Reginald Christie empezó su
camino en este mundo como un buen chico y terminó siendo
un hombre abominable. Asimismo, hizo más que cualquier otra
persona para que se aboliera la pena capital en Gran Bretaña
De
niño, Reggie fue monaguillo. Se apuntó a los boy scouts
e incluso llegó a ser líder ayudante de grupo. Nunca
bebía ni fumaba. En 1913, dejó la escuela y se puso
a trabajar de proyeccionista a los 15 años. En poco tiempo
inició el servicio militar y en 1928 explotó una bomba
cerca de donde él estaba, quedándose ciego temporalmente.
Se recuperó después de cinco meses y volvió
a trabajar de proyeccionista en Halifax.
En 1920, se casó con una mujer sencilla y regordeta cuyo
nombre era Ethel Simpson Waddington.
Reggie encontró un puesto en el servicio postal, pero el
trabajo le pareció demasiado duro. Le dio por robar el dinero
de algún que otro giro postal. Como su única formación
para este tipo de menesteres era el altar y los scouts, no tardaron
en descubrirle y le sentenciaron a tres meses de cárcel.
Reggie se metió en más líos y, al final, en
1923, se marchó a Londres. Nada cambió para Christie.
Durante los siguientes 15 años anduvo entrando y saliendo
de la cárcel. Eso sí, no era por ningún asunto
serio, tan sólo una pelea por aquí, un robo por allá,
tres meses de pena, luego seis meses, y así.
10 Rillington Place
En 1938, dos acontecimientos cambiaron drásticamente la vida
de Christie. En primer lugar, se mudó al número 10
de Rillington Place, en Notting Hill, North Kensington. Como poco
podemos describirla como una zona gris, aunque más que nada
era un barrio bajo. En segundo lugar, el maldito de Hitler estaba
preparándose para bombardear Londres. Esto resultó
muy duro para la mayoría. En cambio Reggie consiguió
el mejor trabajo de toda su vida: Policía de Reserva de Guerra.
Esto ya era otra cosa. A Reggie le gustaba pasearse por Rillington
Place para ver que no se traspasaba ni una sola luz entre las cortinas,
mientras Jerry andaba por ahí. Durante cuatro años,
nuestro héroe se dedicó a esto en Notting Hill.
La señora Christie tenía familia en Sheffield y solía
visitarla con frecuencia. En una de esas ocasiones, Reggie conoció
a una tal Ruth Fuerst. Ruth era una chica austríaca bastante
atractiva, de 21 años de edad y de ojos azules. Un buen día,
Christie la engatusó para que se fuera con él a 10
Rillington Place. Ulteriormente, Reggie testificaría que
estaba en la cama cuando le llegó un telegrama informándole
que su mujer iba a volver a su casa. La mayoría de los ciudadanos
que acatan la ley por lo menos se levantarían del lecho al
tener semejante noticia. En cambio, Reggie adoptó la única
alternativa que le parecía tener en ese momento. Estranguló
a Ruth. Pero uno no puede ir por ahí dejando mujeres desnudas
por la casa. Reggie la puso debajo de unas tablas del suelo del
salón. Ethel llegó a casa más tarde y hasta
el día siguiente Reggie no tuvo la ocasión de transferir
el cadáver al jardín trasero.
Cocina de gas
En octubre de 1944, las bombas estaban acechando a la población
londinense. La situación se puso tan mal que la Sra. Christie
decidió visitar a su familia en Sheffield.
Reggie engañó a una amiga, Muriel Eady, para que subiera
al piso. Ella se quejó de tener un catarro. Christie tenía
la solución. Con el pretexto de que inhalase un bálsamo,
la conectó a la cocina de gas. Muriel también acabó
en el jardín.
Cuando acabó la guerra, Reggie consiguió un trabajo
de oficinista. Hacia la Semana Santa de 1948, Timothy Evans y su
esposa, que estaba embarazada, se fueron a vivir al piso de arriba
de la vivienda de Christie. Beryl Evans dio a luz a una niña,
Geraldine. Luego, en el verano de 1949, Beryl volvió a quedarse
embarazada. Los Evans solían discutir mucho. A Tim le dio
por beber ron. Luego un buen día, se fue a la comisaría
y le dijo a la policía que había matado a su mujer
y a su hija. Efectivamente, en la vivienda se encontraron los cadáveres,
y, aunque Evans cambió su versión, declarándose
inocente, fue ahorcado. No paró de hacer declaraciones embarazosas
sobre Christie, diciendo: "Christie es el culpable". Nadie
le escuchó. De hecho, Christie fue el principal testigo de
la acusación en el juicio de Evans. Hay que recordar que
nadie sabía que Christie tenía dos cadáveres
abonando las margaritas de su jardín.
Con la muerte de los tres Evans, la vida volvió a perder
su interés, y la aburrida vida barriobajera siguió
su curso.
La señora Christie ya no se iba mucho de viaje. Reggie lo
solucionó. Justo antes de la Navidad de 1952, la mató
mientras dormía y la puso debajo de esa tabla del suelo que
tan bien le venía. Eso sí, la señora Christie
no era como las mujeres que yacían tan tranquilamente en
su jardín. A ella sus amigos la echaron de menos. Lo mejor
que se le ocurrió a Reggie fue que se había ido a
Sheffield a visitar a su familia. Su reumatismo no le permitía
enviar tarjetas de Navidad este año. Evidentemente, con esa
explicación bastó.
A Christie le estaba costando llegar a fin de mes. En esos momentos,
no tenía trabajo y se pasaba las horas echando desinfectante
alrededor de su casa. Incluso llegó a vender algún
que otro mueble para sobrevivir. A Reggie, que tenía todo
el tiempo del mundo, le dio por llevar prostitutas a su casa. Tenía
una cura eficaz para cualquier resfriado o catarro que pudieran
tener. Las conectaba a su máquina infernal y, en menos que
canta un gallo, acababa con ellas.
Durante los meses de enero, febrero y marzo de 1953, mató
a Kathleen Maloney, Rita Nelson y Hectorina MacLennan, todas ellas
prostitutas de unos 20 años. A estas tres mujeres las metió
en un falso armario que después tapó con papel de
empapelar.
Por cierto, por si están contando el número de víctimas,
por ahora llevamos seis víctimas seguras y otras dos posibles.
Christie se mudó
de casa
De todos los personajes que intervinieron en 10 Rillington Place,
el único que quedó relegado al olvido fue un hombre
con el extraño nombre de Beresford Brown. Después
de que Christie se marchara del apartamento, el casero le dio permiso
al señor Beresford Brown para que utilizara la cocina de
Christie. Estaba un poco sucia y desprendía un olor bastante
extraño. Decidió limpiarla un poco. Una pared parecía
hueca.
El señor Beresford Brown arrancó un poco del papel
pintado. Tomó una linterna y miró adentro. Vio una
mujer desnuda, cabeza abajo. Beresford Brown llamó a la policía
y se abrió la caja de Pandora.
De las pruebas médicas se dedujo rápidamente la causa
de la muerte de las tres jóvenes que estaban en la pared.
Había habido una relación sexual en el momento del
fallecimiento. La policía también descubrió
a la pobre señora Christie debajo de las tablas del suelo
y ulteriormente se encontraron las dos mujeres que yacían
en el jardín.
¿Inocente?
Diez días después, un policía arrestó
a Christie que estaba vagabundeando por las calles de Londres. Inmediatamente
confesó ser el asesino de los seis cadáveres que se
encontraron en su piso y en el jardín. Luego, hubo que tratar
un tema espinoso. ¿Había la justicia británica
ahorcado a un hombre inocente; es decir, a Timothy Evans? La probabilidad
de que dos asesinos múltiples vivan en la misma casa al mismo
tiempo parece bastante remota. Para complicar aún más
las cosas, en ocasiones Christie confesaba haber matado a Beryl
Evans, pero nunca al bebé. En otras ocasiones, dijo que en
realidad no había matado a ninguna de las dos. El jurado
tan sólo necesitó una hora y 20 minutos de deliberación
para declarar a Christie culpable. Fue colgado el 15 de julio de
1953.
El caso se convirtió en el caballo de batalla de todos los
abolicionistas de Gran Bretaña. Poco después, el veredicto
de culpabilidad de Evans fue anulado, su cuerpo exhumado y enterrado
en tierra consagrada.
Años después de la ejecución de Christie, visité
el lugar de sus crímenes. La calle donde todo aconteció
se hizo tan famosa que le cambiaron el nombre, llamándola
Rushton Close. El número 10 de Rillington Place ha sido demolido
y toda la zona ha sido urbanizada de nuevo.l
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