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Bienestar:
escuchar con empatía

El ruido puede causar estrés, por lo que le recomendamos que le dé a sus oídos un tónico sonoro

Relajarme no es algo raro para mí —la reducción del estrés es mi fuerte—, pero hace poco me llevaron apresuradamente para atender a alguien, en mi condición de médico taoísta díscolo, en un lugar muy elevado, por encima del límite de las nieves perpetuas de los Alpes. Allí me encontré caminando al aire libre, meditando sobre el milagro de la existencia y admirando los picos que nos rodeaban.

El paisaje era emocionante tanto desde la perspectiva visual como de la espiritual, pero algo mucho más trascendental estaba ocurriendo. Me fui dando cuenta muy lentamente de que estaba relajado de una manera inusual, profunda y visceral que rara vez he experimentado, incluso cuando estoy en plena meditación o practico tai chi. Me pregunté qué podía ser lo que me hacía sentir tan extraordinariamente bien, porque se trataba de una auténtica sensación de serenidad y ausencia absoluta de estrés en medio de la actividad. Luego lo comprendí.

Era la cualidad del sonido. La gruesa alfombra de nieve presente por doquier absorbía las frecuencias sonoras audibles más altas, creando un magnífico efecto de amortiguación sonora que se extendía hasta donde los oídos podían escuchar.
“¡Por supuesto!”, grité en un momento de iluminación a gran altitud: según los médicos taoístas más tradicionales de tiempos antiguos, las orejas y la capacidad de escuchar son las “flores de los riñones”, la expresión física externa de la energía de los riñones. En otras palabras, la energía renal gobierna la relación de una persona con el sonido.

Esto funciona en ambos sentidos: mientras más agresivo es el sonido alrededor de usted, mayor tensión representa el mismo para la energía de sus riñones. Por otra parte, mientras más fuertemente fluya esta energía, mayor capacidad tendrá usted de asimilar niveles de sonidos más agresivos sin sentir incomodidad interna. Asimismo, mientras más placentero, tranquilizador y suave sea el entorno sonoro, sus riñones necesitan usar menos energía, por lo que se sienten más relajados.
Como si esto fuera poco, la energía de sus riñones también es responsable del manejo general de los niveles de estrés interno. Cuando está fuerte, usted puede soportar más estrés y sentirse menos aprensivo, nervioso o temeroso frente al futuro. Si la energía renal está débil, se siente estresado, incluso cuando su vida marcha de maravillas. Cuando el sonido que le rodea es amable y gentil para sus oídos, sus riñones se relajan, su energía fluye con más fuerza y usted se siente placenteramente inundado de lo que sólo puede ser descrito como tranquilidad líquida.

En vista de los elevados niveles de sonidos agresivos y de alta frecuencia creados por el hombre que arremeten contra sus tímpanos día tras día y aumentan sus niveles de estrés sin que usted ni siquiera lo sepa, me pregunté cómo podría compartir este momento de epifanía auditiva y renal con mis lectores de manera provechosa.

Pensé en esos audífonos que anulan los sonidos, pero sentí que ello se salía de mi campo de acción. Luego recordé un maravilloso y viejo ejercicio taoísta que no sólo fortalece la energía tanto en las regiones auditivas como renales, sino que también induce a un maravilloso estado de relajación, y es el siguiente:

Relaje sus hombros. Con la punta de los dedos apoyadas a los lados de su cráneo, coloque las palmas de sus manos sobre sus orejas y presione con suficiente fuerza para anular los sonidos por completo. Ahora aleje las palmas apenas para permitir que el sonido regrese. Moviéndose en cámara lenta —si lo hace apresuradamente no tendrá el efecto deseado— y manteniendo un ritmo constante, presione y suelte de nuevo. Repita el ciclo 36 veces. Cuando oprime, comenzará a notar una sensación como si una presión fuera desviada desde sus oídos hacia la parte media de su cuerpo. Dirija mentalmente esa presión hacia las secciones media y baja de su espalda, porque ello impulsará la energía de sus riñones.

Practique este ejercicio con alegría todos los días durante una semana, y aunque el efecto acumulativo quizás no lo transportará de inmediato a alturas alpinas, ciertamente aumentará sus niveles de relajación interna lo suficiente como para ayudarlo a apreciar de manera más cabal el milagro de su propia existencia ‚—incluso si ésta se torna un poco ruidosa a veces. l

 
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