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La dramática vida
Roman Polanski

Escapó de los nazis, su esposa fue asesinada y ha sido acusado de violación. La vida de Roman Polanski es material de pesadillas, y todo está en sus mejores películas. David Thomson

Cumplirá 71 años en agosto, dato que debería bastar para calificar a Roman Polanski como una persona jubilada. No es una edad en la cual muchos directores se mantengan activos profesionalmente. Está el caso de Robert Altman, de 79 años, quien aún tiene la energía y la paciencia necesarias, además de seguir siendo acosado por persistentes preguntas sin respuesta. Pero no muchos otros resistirían la inestabilidad, la terrible volatilidad del dinero y la presión para desnudar el alma frente a un personal técnico y un elenco conformados por unas 200 personas.

Por casualidad, Polanski tiene un nuevo proyecto en el cual los sólidos escenarios de París, presumiblemente, intentarán recrear el Londres de 1850, adecuado para Oliver Twist, la historia de un simpático niñito que se da a la fuga y debe sobrevivir escarbando entre la basura. Dicho de esta forma, es difícil creer que Polanski esté filmando una obra de Dickens por costumbre o por dinero. Está en búsqueda de su propia y muy atribulada juventud. Además, tenemos motivos para esperar mucho de este Oliver Twist: después de la sobria simplicidad de El pianista, Polanski quizás sea finalmente un maestro del cine.

Que así sea, entonces, pero no nos olvidemos que estamos hablando de un distinguido veterano que aún tiene una orden de arresto en su contra. Este Polanski, quien realizó sus filmes de mayor éxito en Estados Unidos, no puede regresar a "casa" en ese país, no hasta que se aclare todo el asunto de la violación de su libertad bajo fianza. Erase una vez, creo, en que se daba por sentado que la cuestión sería puesta en orden. No se trata de que la violación o el consumo de drogas con una menor de edad sean en ningún momento cosas triviales, pero ha pasado muchísimo tiempo y la muchacha es ahora una mujer que parece inclinada a perdonar y olvidar. Con todo, ni siquiera el galardón del Oscar por El pianista fue suficiente para lograr la reconciliación. ¿Por qué? Bueno, uno de los motivos es que quienes conocen a Polanski lo pueden imaginar a los 90 años aún muy terco, poco confiable, muy peligroso y nada inclinado a ofrecer ni siquiera una disculpa formal.

El menudo muchacho de rostro puntiagudo que de casualidad logró sobrevivir a su propia Europa caótica nunca se ha ido del todo -y quizás nunca llegue a madurar por completo-. Por ello, si en cierta forma resulta asombroso ver cómo el "niño" de ayer se presenta ante la institución británica National Film Theatre para ser objeto de un reconocimiento por su carrera, ello también constituye una gran oportunidad de poner a prueba la noción de que el cine es un arte (o lo que sea) hecho para niños de todas las edades o para espíritus que necesitan sentir que siempre son extraños o están en fuga. Pocas vidas son tan dramáticas (o melodramáticas) como la de Polanski, y su turbulenta carrera deja en nosotros la tarea de decidir si la juzgamos como obra de un aciago azar o la constancia con la cual se impuso al destino.

Fue Kenneth Tynan (su colaborador en una versión fílmica de Macbeth) quien advirtió en Polanski una fiera voluntad de imponerse a todos a su alrededor y al propio destino, una fuerza que generó sus propias tormentas. Sin embargo, así habla el propio Polanski, pensativo y no del todo con los pies en la tierra al inicio de Roman, la reveladora autobiografía publicada en 1984: "Hasta donde puedo recordar, la línea divisoria entre fantasía y realidad ha sido irremediablemente imprecisa... Arte y poesía, la tierra de la imaginación, siempre me parecieron más reales cuando era un niño que crecía en la Polonia comunista que los estrechos confines de mi medio. Desde una temprana edad comprendí que no era como quienes me rodeaban: habitaba en mi propio mundo de fantasía". Este es el sincero alegato (o queja) de los genios y los asesinos, y en su sueño, supongo, Roman Polanski tiene un pie en ambos mundos.
Nació en París en 1933 de padres polacos judíos. Cuando el niño cumplió tres años, la familia se mudó a Cracovia y vivió en un apartamento donde todo marchaba de manera ordenada. Luego el mundo se derrumbó en pedazos. Su madre murió en un campo de concentración; su padre desapareció; el muchacho escapó por su propia cuenta del ghetto en Cracovia y tuvo una niñez horrenda -llena de terror, traiciones, giros de suerte y atrocidades de tal clase que quizás nunca estuvo en capacidad de admitir para sí mismo hasta la introspección de El pianista. Sí, sobrevivió, pero gente cercana a Polanski ha hablado de un endurecimiento, de un valor fiero, de una actitud temeraria ante la ley o la idea de tener algún propósito. También en este caso surge una interrogante para los admiradores del hombre y de sus películas: en qué medida esta clase de vida es la fórmula para ser un director de cine. Pero no tengan duda respecto de las raíces del miedo y del humor negro que fundamentan su visión de las cosas.

Después de la guerra se reunió con su padre; solía vivir en la oscuridad y veía al menos una película por día. En 1954 ingresó en la escuela de cine polaca, Lodz, y pronto ganó premios de festivales con los cortos que realizó allí (entre los que destaca Dos hombres y un armario). Estos condujeron a su primer largometraje, Cuchillo en el agua, un denso estudio sobre la tensión sexual, la intimidación y hostilidad velada, además de ser un modelo de la forma en que los personajes de Polanski se miran unos a otros.

WORLD ACHIEVEMENT AWARD. 2002
UN OSCAR POR EL PIANISTA. 2003
LA PALMA DE ORO. 2002
CON SU ESPOSA ENMANUELLE SEIGNER

La película fue todo un éxito en el circuito de festivales, suficiente para que el joven se hiciera con la idea de que había dinero en la realización fílmica, aunque no en Polonia. Así que se marchó a París, ciudad en la cual entabló una importante amistad con el guionista Gerard Brach. En 1964 estaban en Londres, donde fue uno de los motores de un movimiento que comenzaba. Filmó dos películas en Gran Bretaña -Repulsión y Cul-de-Sac- que todavía se encuentran entre sus mejores filmes. Repulsión muestra a una peligrosamente inocente Catherine Deneuve sola en un apartamento durante un ardiente verano -pronto las propias paredes comienzan a hincharse y moverse con sus pesadillas. En Cul-de-Sac, la hermana de Deneuve, Francoise Dorleac, era la chica hermosa que provocaba a un grupo de excéntricos (Donald Pleasence, Jack MacGowran, Lionel Stander). Estos dos filmes son dos auténticos tesoros.

También fue en Londres donde conoció a la rubia actriz estadounidense Sharon Tate. Se casaron en 1968, y ella por casualidad se encontraba en la casa de la calle Cielo Drive, en las colinas de Hollywood, esa noche de verano de 1969 en que la banda de Charles Manson descendió de las montañas de San Bernardino. Polanski no era un novato en asuntos de asesinatos o atrocidades, pero algunos reporteros quedaron sin aliento cuando posó frente a la casa ensangrentada.

En ese momento, por supuesto, ya era el creador de una película que se transformó en un auténtico éxito estadounidense, aunque por ello no dejaba de ser profundamente perturbadora, en la cual una esposa rubia es violada y fecundada por el diablo: El bebé de Rosemary. Se puede decir que pertenece al género de terror, pero es algo más, en gran medida porque Rosemary -el único personaje virtuoso- es apabullado. Uno tiene la sensación de que es una película que habría deleitado a los maniáticos del clan Manson. Aún hoy en día, los espectadores se pueden preguntar por qué soportan la terrible experiencia de verla. Una respuesta es la increíble habilidad de refrenar a Ruth Gordon y empujar a Mia Farrow. ¿Quién habría creído que Polanski tenía ese don en él?

Sin embargo, ¿quién sabía realmente a dónde se estaba dirigiendo? Su Macbeth fue sangriento; su inverosímil comedia sexual ¿Qué? parecía una pérdida de tiempo. Y en 1974, el experto estaba de regreso, no sólo haciendo que Barrio chino (Chinatown) se convirtiera en una de las grandes películas estadounidenses, sino también imponiéndose en el apacible guión de Robert Towne e insistiendo en un final en que toda esperanza ha sido ahuyentada. Luego vino El inquilino, una desconcertante parábola (en la que Polanski interpretó uno de los papeles principales), antes de la confrontación con la policía en la casa de Jack Nicholson en Los Angeles.

Polanski no negó los cargos. Fue sólo cuando se enteró de que su juez estaba a punto de desechar el acuerdo de declaración negociada que Polanski, temiendo un largo período en la cárcel, huyó de EEUU. Nunca ha regresado a ese país.

Europeo de nuevo, realizó una versión de Tess, novela de Thomas Ardí -con Nastassja Kinski-, y los mejores críticos dijeron que era bonita. Exiliado en París, Polanski se declaró feliz. Actuó más e incluso interpretó el papel principal en Amadeus sobre las tablas. Pero las películas no eran suyas: Piratas, un ostentoso desastre filmado en el norte de Africa; Búsqueda frenética, un filme de suspenso con Harrison Ford y una belleza rubia un tanto fría, Emmanuelle Seigner, quien se convirtió en su segunda esposa; Perversa luna de miel; La muerte y la doncella (con Ben Kingsley y Sigourney Weaver); y La última puerta, una película de horror, siempre y cuando uno se olvide de que Polanksi una vez filmó El bebé de Rosemary.

Es por ello que El pianista representó una recuperación tan sorprendente y una señal de que Roman Polanski quizás haya internalizado ser más común, más vulnerable y menos autoritario. En resumen, se trata de una carrera extraña y desordenada: fascinante en Repulsión; con tendencia al absurdo en Cul-de-Sac; ofensiva en El bebé de Rosemary; no simplemente clásica en Barrio chino, sino también capaz de captar la paranoia especial de la era del escándalo de Watergate. Estas cuatro películas son de primera clase. Vale la pena volver a ver El pianista, El inquilino y Macbeth.

En cuanto a Oliver Twist, apostaría a que es más inquietante que bonita o académica. Es la historia de un niño cuya vida es prácticamente controlada por monstruos -Fagin, Bill Sikes-. Es una historia que creemos que nos sabemos de memoria. Pero Polanski tiene el talento de fracturar esa certidumbre.

Ver también en Encuentros:
- Pura maravilla
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